Incesto - Filial - Sexo con maduras

Novia, tía y madre. Todas para mí (Parte 1)

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Novia, tía y madre. Todas para mí (Parte 1)

RESUMEN

Primero la tía y luego la mamá, las recuperé de la abstinencia sexual, pija y leche para colmar sus necesidades insatisfechas. Vacaciones con harem en casa. Lo que sucedió en verano, se quedó en el verano.

Me agradada escribir, contar historias es una forma de revivir en modo real los sucesos que dejaron huella, la fidelidad de lo esencial y el apego a lo auténtico son premisas al decidirlo, la mayoría son sucedidos personales, todos auténticos, aunque la trama y la forma no lo parezcan, es que la realidad no debe ajustarse a la lógica del relato que todo encaje y esté justificado, la realidad no responde a ninguna de estas conductas, sucede lo que la dinámica de la vida y de sus actores deciden de manera espontánea. Hecha la salvedad por si a alguno le resulta producto de una fantasía, no lo es, cuando lo sea lo declaro.

Esta historia relata los sucedidos cuando estaba haciéndole el novio a Susy, con ella toleraba mi forma de entender la pareja, comprendía mi monogamia flexible, y lo bastante permisiva para aceptar tener algunas escapadas sexuales con mis amigos.

Esta permisividad tenía la recompensa de decirle que sí a muchas otras cosas que no me agradaban demasiado, como fue en esa temporada de verano, que ella me pidió que cuando la lleve de vacaciones a San Bernardo, a la casa que mi familia tiene para veranear, que debía llevar a su madre, viuda desde hace un par de años, para que no se quede sola y como si fuera poco, si podría llevar también a la tía, Erny por que estaba recién divorciada, con el doble propósito de que le hiciera compañía a su mamá y así poder salir las noches que nos antoje.

Como dije, la permisividad y tolerancia de la fidelidad tenía una contraprestación, como el viejo dicho “que el calavera no chilla” acepté sin peros y con una sonrisa.

Los cuatro nos instalamos en la casa de mi familia, bien cerca del centro comercial y casi sobre la playa. La pasaba re bien, como único varón el mimado del gineceo familiar, atendido a cuerpo de rey. Con mi novia cogíamos a morir, había elegido al habitación más al fondo de la casa, porque como Ani, es bastante expresiva y ruidosa, supuse que estando algo más alejados no la escucharan gemir y jadear como hace en el “telo” (hotel), pues me parece que igual se enteraban de las pasionales garchadas (sexo).

Esa noche de viernes se nos había complicado el programa de salida nocturna, en primer lugar porque estaba lloviendo, y mucho, desde hacía varias horas, un par de cortes de luz terminaron por aguarnos la noche. Decidimos que esta noche era para pasarla en casa, pedimos al delivery unas pizzas de jamón y morrones y dos pack de cerveza.

Las velas encendidas por el corte de luz daban una tonalidad de reunión de cómplices para hacer un exorcismo, fue el dicho jocoso de la tía Erny. Las risas se cortaron cuando, como respuesta a esa invocación de la tía, se hizo la luz. Las risas y bromas ameritaron una nueva ronda de rubia cerveza, bebida directo de la lata.

La madre de Ani dijo ya que estamos como en familia veamos la tv, pero por el motivo de los cortes el video cable no tenía señal. – Ufa… y ahora? No trajimos naipes… Luis no habrá un reproductor de dvd para ver una película?

Comencé a buscar, solo encontré una antigua video casetera y una caja con películas, solo era ver si funciona. Volví del altillo con el tesoro y comencé a instalarlo. – Ohh, funciona!!!

Mientras tanto las mujeres buscaron alguna película que fuera de su agrado, no eran tantas pero no acordaban cuál ver, la tía Erny encontró entre el revoltijo de cassetes dos que eran porno.

- Eureka!!! dijo como quien descubre el tesoro. Miren lo que encontré!!! -las otras dos mujeres llenas de curiosidad se ponen a mirar, reírse y mirarme, volver a reír…

- Ohh, y cuál es el problema? Somos adultos vamos a ponerla!!!

Mientras Erny colocaba el cassete, Ani trajo otra ronda de cerveza, y los cuatro, algo apretados, nos sentamos en el sofá dispuestos a ver la elección de la tía.

No hubo sorpresa, era una porno, que había acaparado la atención de las mujeres, sobre todo de la tía, que como al descuido, me echaba una mirada furtiva para observar mi reacción o erección?

De pronto los comentarios y las risas se diluyen, la audiencia se concentre cada uno en sus propias emociones, la tía Erny se codea con la mamá de Ani en el pasaje de una relación anal súper excitante. El ambiente no era incómodo, más bien diría que cargado de ansiedad, de tensión personal, que cada quien estaba inmerso debatiéndose con sus propios demonios, todos tratamos de mantener al vista fija en la pantalla, era la forma más sutil de no mostrar los efectos contagiosos de la calentura de los actores.

Ani me hace ver como la tía está frotándose los muslos debajo de la falda, pero sus manos están apoyadas en su entre pierna y los labios fuertemente apretados.

- Wowww, que cosa tiene este tipo!!!

Fue el comentario oportuno de Ani, cuando el hombre se la saca de la vagina para dársela en la boca y correrse dentro.

- Qué aparato tiene este guacho!!! Dijo la tía Erny. Bueno sobrina vos ahora tienes un buen motivo para…

- Para… nada, esta noche no será, estoy con la regla.

Se cruza sobre mi cuerpo para hablarle al oído, obviamente soy escuchante del secreteo.

- Esta noche y por dos más no tendremos sexo.

- Pobre muchacho… claro que “la paja no es como el trigo”

- Tampoco paja, no se gusta mucho

- Hacele un “oral”… Lo veo calladito pero está caliente como brasa.

- Siempre está así.

- Lo sé, te hemos escuchado como te hace bramar. Me voy a ir a dormir, no puedo soportar más, estoy re caliente, hace tres años que no veo una pija. No aguanto más, me voy a poner a llorar aca y no quiero que me vean así.

Ani, se mostró más que comprensiva, sentía mucho afecto por la tía Enry… Me sorprendió su decisión de tomarme la mano derecha y llevármela hasta ponerla en la entrepierna de la tía, luego puso las de la tía sobre mi mano.

Seguimos mirando la peli, mirando es una forma de decir, dejaba guiar la mano por las de la tía. En un momento ella se subió la falda por mi lado, mi mano fue al encuentro de la humedad de su sexo, por encima de la bombacha, por dentro y adentro de su sexo todo en solo movimiento.

La tía comienza a agitarse, las dos mujeres, madre e hija, son testigos de lo que hacemos.

- Hermana, porque no te vas con Luis a la cama, están incómodos y no podemos seguir viendo la peli, nosotras nos quedamos viéndola.

- Hasta mañana tía, -dijo Ani.

Me tomó de la mano, al dormitorio que usa con la hermana, tras la puerta la decisión no parecía la misma, situación inédita, instantes de duda, silencio de culpas?

- Vamos tía… tócala no te muerde…

- Hmm, está buena, buena, por eso grita la Ani… claro…

- Ahora es tuya. Besa, chupa…

Se la froté en la cara, obedece mansa, se derrite el hielo, mama con algo de timidez al inicio, con mucho de perversa lujuria enseguida. Mientras me la mama baja short, mete la cara hasta los pendejos, frota su nariz en los vellos, me aprieta las nalgas, inicia una cogida bucal sin precedentes, sabe cómo se hace, con tantas ganas de garche, todo le resulta poco. Me sienta en la cama y me hace una mamada como nadie.

- Desnúdate, -gira hacia la llave de luz. – No, no, quiero verte, quiero ver a la mujer convertirse en la puta que voy a cogerme...

- Siento algo de… no soy una pendeja…

- Ni quiero que lo seas, quiero que seas mi puta, entiendes?

- Si, amo, soy tu puta…

Sabía que necesitaba ese trato, entrar en la dimensión de sus deseos, hacer real esa fantasía gestada desde quien sabe cuánto. Ahora se dio de este modo, pues hacérsela vivir a full, todo real, también esa cogida que fue parte de alguna fantasía mientras tenía sexo.

Un rápido inventario bucal de sus bellezas mamarias, para sus cincuenta estaba bien apetecible, podría entrar en la categoría de milf. Recogí buena calificación en el examen del tetero, y un aprobado en manotas en la cachucha, los gemidos premiaron mi soberbio examen a esta hembra que espera ese placer que se le niega hace tres años y medio.

- Llevo mil doscientos setenta y cinco días de deseos, que tu puta va a sacarse con esta “flor de pija” que tiene mi sobrino. Dame esta cosa, estoy ardiendo, porfa…

Tendida piernas flexionadas, abiertas, esperando la visita de esa flor de pija. Sin dejar de mirarla, respira expectante, el momento de apoyarla entre sus labios húmedos, me inclino sobre su cuerpo, me abraza, sus pechos se aprietan, el movimiento de la pelvis pone la cabeza entre los labios, eleva su pelvis para ir al encuentro del miembro, retroceso y puesta a punto para entrarle de un envión. Algo brusco por la tensión y la lujuria nacida en ese momento, el empuje llego bien dentro, el gemido ahogado en la sorpresiva intrusión, pero sobre todo por la estrechez natural y genética de las tres mujeres, se siente mucho más estrecha por la falta de uso. Se dice que luego de tres meses sin uso, se va cerrando, ella tiene mucho más de tiempo sin uso.

El gemido me halaga, el segundo envión, no sin algo de esfuerzo, se la manda toda dentro, hace mención al grosor y entiende los gemidos de su sobrina, ahora ella está en la misma, siente el rigor de la verga que le abre espacio y placer en esa conchita que tuvo que esperar tantos días para sentir nuevamente un hombre dentro. Le exprimía los pechos mientras bombeo con el énfasis puesto en hacerla sentir bien puta.

- Cómo va mi putita?

- Bien, bien… bien cogida, con esta poronga, divina estoy. Cógeme!!

Mamarla y meterle pija fue el monólogo de mi calentura, cuando hablan los sentidos, cuando se expresan los deseos que cada uno va rumiando en sus propias fantasías. La calentura la invade, sus gestos indican que está cercana. No sería justo después de tanto tiempo sin carne, que el gusto sea tan breve, ralentizo la penetración, una fuerte apretada de los pechos y chupada la quitan del objetivo. La pongo encima, quiero verla moverse, el show que me ofreció fue una maravilla de técnica y movimiento, evoluciona, sube, baja, gira, se estruja los pechos, aprieta los pezones, frota el clítoris, todos los ítem de una mujer cuando la estremece la vibración de la lujuria en grado de excitación erótica en su máxima expresión.

Detener el proceso de acosarla hasta llevarla al límite fue una delicia, cortar el encendido de la turbina de placer fue un acto eróticamente sádico, sacársela y cortarle la inspiración al orgasmo, cambiar el escenario, montarla sobre mi cuerpo, acomodar su sexo para enterrarse la verga hasta el fondo de su vagina, fue un delicioso momento, ver y sentirla comenzar a ser artífice de su propia excitación es algo que todos los hombres disfrutamos de ver.

Apoyó las palmas de sus manos en mi pecho, comenzó el balanceo de sus caderas, acomodando el miembro a su gusto. El subibaja de la verga la llena de carne turgente, colma de placer, que acrecienta moviéndose con más vehemencia. La espalda erguida, los pechos basculando en cada evolución de su cuerpo. Nuevamente la ansiedad de sentir la excitación a pleno la pierde, la mano izquierda apretando el pecho, estrujando el pezón, la otra metiendo un dedo dentro de la vagina y frotándose el clítoris, expresan ansiedad y descontrol, el hormigueo propio de estar acercándose al momento de gloria.

Me gusta, la disfruto, coloqué mis manos bajo mis nalgas para ayudar a impulsarme, elevando la pelvis con ella encima, al máximo, para dejarla caer ensartada en la pija. Sujetarla de las caderas, ayudando a elevarse y jalando fuerte en el descenso. Los golpes de pija se suceden, aumenta la excitación, los temblores propios de su calentura se multiplican, no puedo controlarla, ella domina sus propios impulsos, la ansiedad y la urgencia de llegar al orgasmo alteran sus reacciones.

Un gemido ahogado la paraliza, se pone tensa como una cuerda de violín, se mueve con cierta violencia, agitándose durante unos instantes, otra vez esa parálisis total, hasta sin respirar, otro intento por retomar el movimiento y nuevamente ese ahogo y la detención a cero de los movimientos.

Un suspiro venido desde el fondo de los tiempos, los ojos abiertos, la sonrisa y esas lágrimas derramándose por las mejillas. Los latidos dentro de su sexo se repiten, luego retoma lentamente el agite de la cadera, entrándose toda la pija bien adentro, las pausas y retomes son los hitos que jalonan esos saltos de un breve orgasmo a otro, acompaño esas oleadas de pequeños orgasmos con empujones de pija, elevándome y entrando en ella.

Soporté estoico la repetición de orgasmos, ahora es tiempo de ir por el mío. – Dame vuelta, ponme boca abajo.

Accedí a esa postura, es mi preferida, elevé sus caderas para tener mejor ángulo, se la mandé toda dentro, sin sacarla, acomodé la almohada bajo el vientre. Arrodillado entre sus piernas, entrando a fondo, con mis pies sobre sus piernas, los brazos por debajo de sus axilas y la mano tomando con firmeza de los hombros tenía el control sobre la hembra, clásica postura de dominación. El vaivén de la verga entrando y saliendo nos excita por igual, ella puso manos en el clítoris frotándose mientras la penetro fuertemente.

En esta postura, apuro y acelero la penetración, la agitación mutua nos permite hacer un dueto de jadeos, solo interrumpido para consultarle donde me puedo venir, dice que dentro estaría muy bueno, que necesitar sentir mi leche. Un bufido intenso y ronco le avisan que me estoy deslechando dentro de su sexo, pausa y breve movimiento para largar el segundo, tercer y varios más hasta vaciarme por completo.

Antes de salirme del estuche prieto y húmedo pregunté:

- Me sentiste largar mi leche dentro. –Sí, sí, -Acabaste? – Sí, muy rico, me vine cuando sentí tus chorros de leche. Qué caliente!, acabé bien rico…

En cucharita nos quedamos quietecitos. Claro que no duró demasiado, al poco tiempo la tía venía por más.

Giró, de frente, nos abrazamos su pierna izquierda sobre la mía, nos besamos en la boca, con esos besos que solo se da la pareja en los momentos donde sobran las palabras, la lengua es la forma de expresarnos.

Reamente sabe besar muy la tía Enry, sin dejar de hurgar con su lengua dentro de mi boca, saca la pierna para poder pajearme, gira aproximando la boca hasta engullirse la verga, comienza a mamarla con gran entusiasmo, gira hasta un 69 para jugar con los dedos.

Se desliza sobre mí, coloca la verga dentro de la cuquita y comienza el ritual de una cogida, apoyándose en los muslos se inclina para poder balancearse y penetrarse bien hondo, volver a enterrarla en sí y salirse hasta la puertita.

Delicioso espectáculo verme entrar y salir de ella, los labios se aprietan acompañando el metisaca de la verga, el hoyo anal se muestra tentador, una boca que simula un beso cuando se frunce, en mi calentura lo imagino invitándome a visitarlo. Ella sigue en su tenaz lucha por alcanzar ese orgasmo que le está costando más que los anteriores, el dedo ensalivado frota esa “boca” que me desafía, en la segunda frotada se le metí, acusó la presencia del intruso pero no hubo resistencia, más bien el gusto por entrarlo al juego.

En espejo de cuerpo entero ubicado en la esquina del cuarto me devuelve la visión frontal de la tía, evolucionando con la pija bien entrada, navegando en las tumultuosas aguas de un orgasmo en progreso, estrujándose las tetas y metiendo los dedos entre la mata de vellos negros, frotándose, agitada y boqueando aire para poder seguir. Mi dedo índice ahora con el mayor hace presencia en el ano, entrando y girando, haciendo espacio para el deseo de penetrarle “el marrón”. La creciente ansiedad se concreta en las contracciones de sus labios, apretando y enterrándola hasta el mango en la vagina.

Echó la espalda hacia atrás, rígida, tensa para aguantar la primera oleada del orgasmo, afloja y vuelve a inclinarse sobre mis piernas, el segundo y tal vez un tercero, largos y tensos fue la válvula de escape de su deseo ofrendado al macho.

Aunque viaja sola en sus placeres no es ajena a las andanzas del “sobrino” en su ano, se deja estar con los dedos dentro. Giró con una sonrisa cómplice, diría que permisiva, por eso me apreté fuertemente a sus pechos, exprimiendo su esencia y apretándola contra mí.

Sin hablar, me salí de debajo de ella, dejándola que vea reflejada en el espejo, tomada de la pelvis la elevo para que me ofrezca un mejor ángulo, con la pija en mano, ensalivando el hoyo, voy a ponérsela en la puertita. Llevo sus manos a las nalgas, que las separe para poder ver como se la voy apoyando, empujando, entrando despacio, aceptando el pedido de tiempo para hacerle lugar en su ano y en procesar el dolor producido por la desarmonía de tamaños.

- Ahhh, sí, despacio, es gorda, muy. Hace años que no está en uso, poco uso y con una carne más delgada. Esa cosa es gorda, por eso Ani se quejaba la otra noche.

No hubo respuesta, solo seguía tratando de que no grite, que se la aguante, por eso con paciencia y saliva se la fui entrando. En el momento que volqué todo mi cuerpo sobre el de ella, solo tuvo un gemido ahogado por la sorpresa y por el dolor de la apertura del ano, esperar que la ola de latidos por la dilatación cedan espacio para comenzar a empujar en su recto.

Montarla en el empuje final derrumbó la débil resistencia de sus rodillas, una almohada eleva el culito para tenerlo en comodidad de movimiento.

Volcada sobre su espalda, bien acomodado, cubriendo su cuerpo las manos abrazándola, comienza el rítmico balanceo de mis caderas, empujando con variedad de cadencia en el empuje, variando velocidad y profundidad. La calentura acentúa la potencia de la penetración, los brazos por debajo de sus axilas hasta tomarme de los hombros con las palmas hacia arriba permiten el agarre perfecto, en consonancia con la postura puedo ejercitar esa potencia que la calentura exige. – Para!!! Me abres mucho. Me llegas al alma!!

Realmente lo sentía de ese modo, lo gozaba de un modo excepcional. En ese momento de máxima, pasaron por mi pensamiento las fantasías que me hice pensando si tuviera el culo de la tía. Ahora lo tengo, estoy dentro, abriéndoselo como a nadie, disfrutando ese instante que quiero prolongar por la eternidad, pero… la lujuria de vernos reflejados, montado sobre esta hembra, este culazo ensartado, el rostro alterado por la tremenda culeada, es una imagen para recordar.

El momento de acabar venció la resistencia por prolongarlo, seguía enloquecido montando y moviéndome como alucinado, ella ojos cerrados, labios apretados y las manos agarrotadas sobre el borde del colchón aguanta al macho que le hace sentir el rigor de su masculinidad.

- Basta, Luis, basta, acábame de una vez. Quisiera gritar pero no se puede, acaba, no aguanto. Me gusta pero es muy gorda, no te aguanto, por favor acaba….

El ruego llegó para acompañar el bramido ahogado por la discreción, el vergazo con la furia del macho desesperado por venirse, largué el chorro de semen, sentía dilatarse el conducto de la esperma, los latidos se irradian, el culito de la tía también late.

- No te salgas, quédate, abrazado, sin salirte. Necesito sentirte así, quédate…

Los varones cuando desagotamos necesitamos ese momento personal, de duelo por la liberación del esperma, la vida en movimiento, pero debí quedarme cubriendo su cuerpo, y me gustó pasar esos momentos silenciosos, escuchando el latir de nuestros cuerpos retornando al ritmo de la vida normal.

El sueño vino a llenar los espacios, tres gloriosos polvos de su hombre sirvieron para llenar sus orgasmos del placer insatisfecho de los 1275 días sin sexo.

Nos dormimos abrazados, el sentimiento del placer disfrutado nos llenó de paz, no sé cuánto tiempo, estimo que no necesitamos mucho más de tres horas para colmar sus deseos de ese momento, los machos jóvenes podemos todo.

Este no fue el final del relato, antes del amanecer tuvimos la visita de Anna, la mamá de mi novia, pero esta visita amerita detalles que haré en la parte 2 de este relato. Esto va dirigido de modo especial a esa tía, que se vio en el espejo de Enry o fantasea con algo similar, estaría encantado de poder intercambiar detalles, estoy esperándote en loboferoz19438@mail.com escríbeme.

Mañana la continuación parte 2

Lobo Feroz

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