Dominación

Nacimiento del harem (Cap. 7)

Tiempo estimado de lectura del relato 4 Número de visitas del relato 5.825 Valoración media del relato 8,26 (19 Val.)
Nacimiento del harem (Cap. 7)

RESUMEN

A las pocas horas sonó el timbre de la mansión, el Ama de llaves acudió a preguntar quién llamaba, respondió un muchacho y dijo que iba de parte del sex shop para entregar las jaulas solicitadas.

A las pocas horas sonó el timbre de la mansión, el Ama de llaves acudió a preguntar quién llamaba, respondió un muchacho y dijo que iba de parte del sex shop para entregar las jaulas solicitadas. La perra pidió al encargado esperara un momento mientras avisaba a su señora, el encargado esperó como se le indicó mientras la perra avisaba arrodillándose ante su alteza agacho la cabeza y anunció con suma humildad que el pedido del sex shop había llegado.

Las perritas que estaban echadas en ambos lados del trono y a los pies de su Alteza, todas a cuatro patas empezaron a brincar de la emoción causada ya que estrenarían jaulas, el Ama dijo quietas perritas, cálmense y síganme hasta el vestíbulo como se acostumbra. Las perritas formaron dos filas a cuatro patas y siguieron a su dueña a cinco pasos de distancia.

El Ama ya en el vestíbulo se dirigió al empleado del sex shop y le dijo “me comenta mi perrita que vienes a dejar las jaulas”, el empleado respondió “si señora, así es”, el Ama pagó la mercancía y le pidió al encargado le dejar el teléfono del establecimiento por si en un futuro se le ofrecía alguna compra. El empleado obedeció y se retiró.

El Ama que había dejado en espera a cuatro patas a sus perritas, las hizo acercarse para que cargaran sus jaulas y se las llevaran al cuarto de perras donde ellas dormían, las perras una vez más besaron los pies a su Ama agradeciéndoles el regalo, habiéndole besado los pies las perras se llevaron las jaulas a su cuarto.

El reparto y acomodo de las jaulas quedó automáticamente definido, por un lado quedaron las hijas, las perras madres junto con las perras de las que ellas gozaron alguna vez, y por el otro lado quedaron todas las primas, sin embargo todas compartían la misma habitación para poner sus jaulas.

Con el paso de los días todas las perras fueron rompiendo el hielo para convivir y servir al Ama todas juntas, al fin y al cabo todas servían en el mismo lugar y a una misma dueña, así que decidieron unirse en un solo grupo de perras al servicio de Su Majestad.

El Ama dispuso dos platos de perro para cada jaula, el Ama decidió que en vez de comer las perras dentro de la casa, comerían dentro de sus jaulas, de esa manera solo apestaría el cuarto de las perras y no su bella mansión, de todas maneras las perras solo comían de noche una vez cumplidas todas y cada una de sus tareas encomendadas, y ya que las perras orinaban y defecaban en un rincón propio de cada perra, la casa nunca se apestaba.

Las perras una vez que acomodaron sus respectivas jaulas regresaron ante Su Majestad, todas se le arrodillaron y adoptaron pose de adoración en la espera de que su dueña les autorizara otra cosa. El Ama chasqueó los dedos y al instante todas las perritas se acercaron para adorar a su señora, las perritas suplicaron les permitiera dirigirse ante Su Alteza un momento de ser posible. El Ama le autorizó solo cinco minutos.

Todas las perras con la mirada baja y la voz apenas audible le sugirieron a su Ama que ya que eran tantas perras juntas, porque no designaba al aseo interior y las otras que se encargaran del cuidado de los jardines, el Ama se quedó sorprendida de ver como sus propias perras se habían auto sometido asignándose ellas mismas tareas a cumplir.

Su Alteza no solo aceptó esa auto asignación de deberes, sino que además la autorizó diciendo “ya que ustedes se han auto impuesto sus deberes, solo me queda aceptar y definir quienes harán cada asignación”. El Ama dispuso que ya que la mansión era bastante amplia, las veinte perras se encargarían del aseo total de la mansión incluyendo el lavado, planchado y guardado de la ropa de su dueña; el resto de las perras se encargarían de la jardinería, una vez repartidas las tareas cada grupo se retiró de inmediato a cumplir sus nuevas asignaciones.

El Ama ordenó a su masajista que preparara todo lo necesario para un buen masaje de pies y una pedicura total y al Ama de llaves le ordenó tener el baño listo para cuando terminara su pedícurista de servirla, el Ama de llaves respondió “así se hará Majestad” habiendo dicho esto se retiró para tener todo preparado para cuando su Ama llegara.

Comparte este relato

5967
Utilizamos cookies propias y de terceros para prestar nuestros servicios. Información. Si sigues navegando, entendemos que las aceptas. Aceptar