La crisis (I): Ajustándome

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La crisis (I): Ajustándome

RESUMEN

Me despiden del trabajo y no consigo nada, termino repartiendo volantas y en una lluvia torrencial, un hombre potentado se apiada de mí y se ofrece llevarme a casa.

Me despidieron del trabajo, dijeron que era solo momentáneo. Que era una decisión difícil pero la economía no daba para mantenerme. Comencé a buscar inmediatamente, me dijeron que me recomendarían. En cada entrevista me encontraba con decenas de postulantes. Rebotaba en cada entrevista, entonces empecé a postularme en puestos inferiores, con menos pretensión salarial. Aun así peleaba contra decenas de personas muertas de hambre. La cosa se estaba poniendo fea. Con mis 25 años de edad no podía creer como se me complicaba vivir. Siempre viví solo. Me valía por mí mismo en la gran ciudad de Buenos Aires.

Terminé aceptando ser volantero, entregando volantes de una bruja que por unos buenos pesos te aseguraba salud dinero y amor. Me esforcé por entregarlos a todos, se me hizo tarde y un viento anticipaba una tormenta de verano. Comenzó a llover torrencialmente. Yo sin un peso para ir a casa siquiera en transporte público me aventuré a caminar, casi corriendo bajo la intensa lluvia. Llego a una gran avenida, de extenso semáforo verde, cientos de autos por minuto pasaban. Yo empapado, con frio y hambre.

Entonces se detiene delante de mí un Audi

-"hola, estás bien?"

Esa pregunta me descolocó. Estando yo en esa situación jamás me imaginé que alguien se preocupara por mí.

-"subí que te alcanzo donde vayas" -agregó

Casi me largo a llorar, pero accedí. Conteniendo mis lágrimas. Una vez arriba hablamos de todo un poco. De fútbol, de mujeres y de trabajo. Él era un maduro de 40 años, delgado pero con porte. Usaba ropa impecable de marca internacional. Yo era un flaquito morocho que parecía un pollito mojado. Él me dice que es un empresario, que tiene su departamento en la zona más cara de Buenos Aires. Y en el medio del viaje me invita a comer.

-"no me vas a negar probar como cocino, aparte se te ve cagado de hambre" -dijo mientras se reía.

Acepté. Entramos a un garaje de un edificio muy top. Subimos por un glamoroso ascensor. Y entramos al fin a su majestuoso departamento. Cuando entramos, me dice

-"te voy a dar ropa para que te pongas, pasa por acá"

Me lleva a su cuarto y comienza a sacar de su vestidor varias prendas.

-"toma, probate y lo que te guste llevatelo, yo ya no lo uso"

Parecía un enviado, que vino a salvarme por lo menos por un día, con ropa y alimento. Elijo una remera y un pantalón. Pero me quedaba algo suelto, evidentemente estaba muy delgado. Tuve que quedarme sin el slip, porque estaba mojado. Así que solo me cubría ese pantalón y esa remera. Cuando salgo del cuarto voy donde estaba la cocina, y ya se sentía los olores de lo que estaba cocinando. Estuvimos tonteando y hablando de trabajo, del suyo, del mío anterior. De lo que no había hasta que estuvo lista la cena.

Cenamos y seguimos hablando, una vez cenados, ya en sobremesa me pregunta:

-"mira, si vos queres U$S 50 ahora, yo puedo hacer una propuesta laboral"

A mí se me ilumino la cara, la posibilidad de tener un trabajo de una buena vez me llenaba de alegría. La idea de que en un solo día podría tener ese dinero era demasiado. Era definitivamente mi día de la suerte. Él me sonrió y tomo su iPhone último modelo y comenzó a llamar a alguien. Cuando corto, me explicó que vendría su socio, que si para él le parecía bien mi perfil podría comenzar con el trabajo. Unos minutos más tarde suena el timbre y el dueño de la casa abre la puerta. Era el socio.

Nos presentamos, yo estaba muy nervioso. El socio lanza un reconfortante

-"yo confío en el ojo de Ernesto, no necesito hacerte una entrevista, cuando él me dijo que venga era porque seguro sos el indicado"

Ernesto lo interrumpe y me hace tomar asiento en un cómodo sofá, ellos se sientan uno a cada lado.

-"mira pibe, nosotros venimos de un palo que es prejuicioso, nos cuesta tener vida social. Por nuestra posición hay mucho falso que se nos pega y no podemos disfrutar de una vida plena."

Yo no entendía a donde iba, así que siguió diciéndome

-"mira, nosotros somos amplios, como decirte, en el plano sexual. Somos muy abiertos a todo. Y para que vamos a dar más vueltas, queremos incorporar a un jovencito tiernito así como vos a nuestra cama"

Se me congeló la sangre. Toda la supuesta bondad era solo para reclutarme para su perversión.

-"no hay nada malo, es solo sexo, y ya que vos necesitas para tus cositas podemos ayudarte con estos $50" mientras sacaba de su abultada billetera el monto propuesto.

Tenía ganas de salir corriendo y pegar un buen portazo, y en el momento que estaba por levantarme de ese sillón dije tímidamente:

-"acepto"

Inmediatamente ambos sonrieron y se pusieron de pie y me invitaron a seguirlos. Me dijeron que pase por delante de ellos y me miraron de arriba a abajo lascivamente. Iba caminando hacia el cuarto y podía sentir sus miradas en mi culo. Cuando llegamos a esa cama king size ya se habían sacado la ropa. Se acercan ambos hacia mí y me sacan la remera. Yo temblaba, Ernesto por ser quien me cazo parece ser el primero en probar y me mete la lengua en la boca casi ahogándome. Siento una mano que va a mis nalgas, era la de su socio. Que no quería desaprovechar tenerme de espaldas y probaba la redondez de mis nalgas por encima de ese pantalón. Luego de poder liberarme de esa lengua de mi cazador, los miro a ambos y ve como poniendo sus manos en mis hombros hacen presión hacia abajo. Era clara la indirecta, tenía que arrodillarme.

Comencé a chupar suavemente y dulcemente cada pija, una chupada a cada uno, un lengüetazo a cada miembro. Sentir ese sabor a carne de macho en mi boca fue embriagante. La saliva se me caía por la comisura de los labios, cada vez que sacaba mi boca de cada miembro un hilo de saliva quedaba uniéndolos. Mis manos tímidas comenzaron a rodear la base de cada falo. Los tenía a ambos extasiados bajo el control de mi lengua. Como una puta cada vez que volvía a rodear con mis labios la pija, cerraba los ojos. Como disfrutando ese instante que sentía la herviente piel con mis sensibles labios. Mi lengua saboreo el salado néctar del líquido preseminal, prueba cabal que estaban siendo excitados.

Esa ofrenda fue recolectada por mi lengua como anticipo de lo que vendría.

-"vales cada dólar putito" -dijo Ernesto.

Esto no terminaría acá.

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