La posesión de mi esposa (1)

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La posesión de mi esposa (1)

RESUMEN

Somos un matrimonio de 49 y 47 años, que cambió su forma de ser en los últimos 5 años. Mi mujer, Silvana y yo tenemos un matrimonio abierto, permitiéndonos relaciones sexuales con terceros, o inclusos amoríos extras como el que tiene ella con un compañero de trabajo.

Somos un matrimonio de 49 y 47 años, que cambio su forma de ser en los últimos 5 años. Mi mujer, Silvana y yo tenemos un matrimonio abierto, permitiéndonos relaciones sexuales con terceros, o inclusos amoríos extras como el que tiene ella con un compañero de trabajo.

Eso nos llevó a buscar formas de placer diferentes a la de cualquier pareja común, como por ejemplo el intimar con el novio de mi mujer, proporcionándole placer ambos.

Pero ese es otro tema distinto al que me voy a dedicar. Nuestra motivación era buscar transgresiones sexuales que nos dieran placer.

Así me fui adentrando en la web, en la leyenda de los demonios sexuales y la forma de invocarlos. Cuanto más leía sobre ello, más me parecía que debía sorprender a mi mujer con algo como eso. Fui enterándome de la ceremonia de invocación de los llamados “Íncubos”, sobre la forma que se manifestaban, en el sueño de la persona y del intenso placer que proporcionaban a la víctima.

Al fin me decidí a intentarlo por mi cuenta sin poner a Silvana al tanto de ello. En ausencia de ella, dibuje el pentagrama diabólico, bajo el lugar que ella ocupa en el lecho, con tiza blanca, compre las velas negras y escriba la oración de invocación para no olvidarla.

Espere a la noche que la consumiera el sueño y el cansancio y una vez dormida, bajo la cama encendí las velas y repetí siete veces la invocación del íncubo. Y sucedió lo increíble. Una luz invadió la oscuridad de la habitación, y una figura espectral con forma de centauro, con un pene descomunal, apareció ante mis ojos. El miedo me paralizo y fue espectador de lo que iba a suceder.

El ser, ignorándome, se dirigió al lecho y destapo el cuerpo desnudo de mi mujer, y comenzó a estimularlo de la forma más transgresora y sexual que yo haya visto. Pellizco con violencia sus pezones hasta hacerlos sangrar, abrió los muslos de ella y extrayendo una lengua extensa que parecía una víbora la fue introduciendo en la vagina de mi mujer... Ella convulsionaba de placer, sin despertar de su sueño, y pedía más y más.

En determinado momento, exhibiendo un pene demoníaco enorme, fuera de toda imaginación respecto de su tamaño, se recostó sobre el cuerpo de ella, penetrándola de forma salvaje y dolorosa para ella. El cuerpo de Silvana temblaba, y sudaba de manera abundante, hasta que emitiendo un chillido ensordecedor llego al orgasmo. El ser dominando la situación, eyaculo en gran forma dentro de mi mujer, con un líquido rojo del mismo color de la sangre de un humano, manchando por su abundancia, no solo el vientre de Silvana sino también toda la cama.

Luego de eso, de la misma forma que apareció, se volatizo en el aire. Me ocupe de ella, porque me preocupaba su bienestar, ver si no estaba lastimada por lo que acababa de vivir. De a poco fue recuperando el ritmo de su respiración y volvió a tranquilizarse, eso sí, nunca despertando de su sueño. La abrace y la tuve conmigo el resto de la noche. Cuando amaneció, busque ver las consecuencias de tan intensa relación sexual. Su cuerpo estaba normal, las sabanas intactas, solo ella, cuando abrió sus ojos, me dijo que nunca se había sentido tan cansada como en ese momento, y comenzó a relatarme el sueño sexual que había tendió, el cual yo sabía que era totalmente real.

Tiritaba como si la temperatura fuese bajo cero, pero era calor lo que hacía, su cuerpo sudaba en forma abundante mientras me contaba, su supuesto sueño.

Tuve sexo con el hombre más atractivo y potente que se pueda imaginar, su cuerpo era la perfección, sus músculos me envolvieron de tal manera que sentí el placer sexual más intenso de mi vida. La desnudez de los dos, su boca besándome, sus manos acariciando mis pechos hasta sentir que mis pezones reventaban de placer. Fue entonces cuando sentí apoyado en mí un pene descomunal y hermoso a la vez, con una dureza extrema que me hizo sentir un deseo inmenso de ser penetrada. Antes de eso, fui succionada en los pezones, en el vientre, y en ambos hoyos, ano y vagina por una lengua maravillosa, y después si, sentir mi humedad penetrada, mi piel y mis músculos vaginales estirarse al máximo para recibir a ese hombre único.

Me cogió como ni vos podes mi amor, con violencia pero con cuidado a la vez, y en corto tiempo sentí venir mi más hermoso orgasmo, completado por la descarga de su líquido seminal, que invadió todo mi cuerpo.

Solo ese gusto a poco, solo esas ganas de más, superaron mi placer sexual. Me quedaron pendientes, el sentirme preñada de ese macho, y el poder sentir con mi boca, su gusto y su forma.

Casi sin pensarlo, mi esposa en esos momentos, se encargaba de volver a convocar a ese ser, una vez más, hasta convertirlo en su obsesión.

La alce en mis brazos notando su debilidad, y la lleve a la bañera para intentar su recuperación. Hoy no trabajare, no tengo energías ni para vestirme, me dijo.

Quiero estar contigo todo el día en la cama, desnudos acariciándonos.

La bañe como se baña a un bebe, recorriendo su cuerpo de hembra que había recibido ese placer sobrenatural. La sensibilidad de los pezones era tal, que no soportaba ni el paso del jabón, y su vagina cubierta por escaso vello, aparecía como muy dilatada y ahora si chorreando ese espeso flujo que el ser eyaculo. Ella no noto nada de eso, su estado de éxtasis consciente continuaba.

La seque, y se acostó, me desnude completamente y la abrace todo lo que pude. Ella intento sentir atracción por mí de todas maneras, chupo mi pene, mis tetillas, pero nada de eso le dio ganas de tenerme. Perdona amor, estoy como saturada de hombre me dijo.

Así transcurrió el resto del día, ella como sedada, en mis brazos, yo tratando de entender su hice lo correcto, entregándola a ese demonio.

A eso de las nueve de la noche, su aspecto cambio notoriamente. Se levantó por sus propios medios, sin decirme nada y puso rumbo al baño.

A su regreso, su entrepierna lucia totalmente depilada, algo que ella hasta allí no contemplaba, su cuerpo estaba cubierto por una buena capa de crema que lo hacía irresistiblemente suave. Solo me dijo, déjame sola, voy a dormir.

CONTINUARÁ.

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