INICIO » Transexuales

Me cogieron por primera vez

  • 16
  • 9.639
  • 9,56 (18 Val.)
  • 2

Tenía 18 años y estaba en el último año del secundario cuando por el trabajo de mi papá teníamos que mudarnos de ciudad. No quería perder a mis amigos de toda la vida así que les dije a mis padres que no me mudaría. Sorprendentemente ellos lo entendieron pero me dijeron que no podían pagarme un alquiler completo así que necesitaba conseguir un compañero.

A las 2 horas ya había arreglado con mi mejor amigo y al día siguiente señamos un departamento para los dos, todo parecía demasiado bueno para ser verdad. Y lo era. Mi amigo no le había dicho nada de esto a sus padres, que pusieron el grito en el cielo y le dijeron que se quedaría en su casa. Mis padres ya tenían que mudarse y no tenía tiempo de buscar a nadie más, pero mi amigo, que se sentía culpable encontró la solución en tiempo record. Un primo lejano de él quería vivir en nuestra ciudad por un trabajo así que lo llamó y le ofreció vivir conmigo. Estuvo de acuerdo y todo quedó arreglado.

–Hola, soy Juan– me presenté cuando nos conocimos, mientras los dos entrábamos nuestras cosas.

–Manuel– me dijo, y siguió con sus cosas. El apretón de manos que me dio, me hizo doler. Era mucho más grande que yo en todo sentido: medía 1,80 por lo menos, unos 10 cm más que yo, era de contextura grande sin ser gordo, con un torso y unos brazos firmes y tenía 35 años. Me pareció bastante hosco y me preocupé por la convivencia.

Un mes después mis preocupaciones habían desaparecido. Si bien él trabajaba casi todo el día y estaba en nuestra casa casi exclusivamente para cenar y dormir nos llevábamos de maravilla. Parecía saber de todo y tenía mucha calle, por lo que me aconsejaba en cada cosa que hacía, incluso varias veces salimos a tomar algo y trató de presentarme alguna amiga de su ligue ocasional. Para mí pesar no logre nunca pasar de un beso por lo que me mataba a pajas. Sobre todo cuando Manuel traía alguna chica a casa y la escuchaba gemir desde su pieza.

Eso fue lo que desató todo, a mis 18 años y todavía virgen, me masturbaba todos los días sin parar. Después del colegio y de almorzar tenía toda la tarde solo en casa por lo que conectaba la computadora a la tele y veía porno durante horas haciéndome paja tras paja.

Tanto era así que un día en medio de una paja furiosa llegó Manuel y me encontró en plena tarea. Yo me quedé petrificado, pero el no dijo nada. Sólo acomodó su sillón, se bajó los pantalones y exclamando “Que duros los tiempos de sequía” se puso él también manos a la obra. Manuel quedaba sentado a un costado mío, pero no muy cerca, las luces de la tv no iluminaban demasiado así que no había mucha diferencia con estar solo. Cuando pasó la sorpresa por su entrada, me dispuse a seguir con mi paja. Cuando los dos terminamos lo único que dijo al respecto fue: -Mañana esperame, que vengo en mala racha-. Y así fue, desde ese día todas las tardes noches nos masturbábamos a unos metros uno del otro, ya que Manuel no me había dicho nada al respecto, y a mí realmente me excitaban.

Entonces un día mientras los dos nos tocábamos sentí que movía su sillón hasta pegarlo al mío mientras me decía: -Con mis amigos, cuando la suerte no acompañaba, nos ayudábamos uno al otro-. Y sin darme tiempo a decir algo su mano tomó mi miembro. Me quedé petrificado por lo que agarrándome el brazo agregó: -Dale, Juancito, ayúdame vos también-.

La sorpresa no me permitía reaccionar y de golpe me vi agarrando la verga de Manuel. La sentí grande, gorda, caliente y en cuanto empezó a hacerme subir y bajar mi mano noté que era mucho más larga que la mía. Su mano derecha apretaba la mía sobre su verga mientras se masturbaba lentamente con mi mano. Por otro lado su mano izquierda, grande como todo él, sobraba para acariciar mi pija. Con la sorpresa del momento había perdido mi erección por lo que con dos dedos le alcanzaba a Manuel para pajear mi pija fláccida. La situación me tenía mal, incomodo al sentir su verga dura en mi mano y la suya en la mía fláccida, le dije que me soltara, que había perdido la inspiración, con la esperanza que él me dijera lo mismo. Pero no fue así: -Yo no, seguí que ya termino…

La mano que sujetaba a la mía empezó a incrementar la velocidad y la presión sobre su pija. Ahora que Manuel no me tocaba podía concentrarme totalmente en mi mano. Sentía que era una pija gigante, larga pero también gorda, mi mano apenas la rodeaba. La sentía caliente y cada vez más dura. Era un contraste terrible con mi pija, incluso estando yo al palo, nunca había sentido eso cuando me tocaba. Entonces Manuel llegó a su clímax, sentí la vena palpitar cuando escupió un gran chorro de leche y tirando con fuerza saqué mi mano mientras dos o tres chorros más volaban por el aire, antes que el semen empezara a derramarse lentamente sobre esa verga.

Manuel se levantó y se fue luego de limpiarse. Me quedé sólo en la oscuridad me sentía mal conmigo mismo rememorando lo que acaba de pasar, pero cuando recordaba volví a sentir el calor de esa pija en mi mano, su textura, y antes que pudiera pensarlo estaba otra vez al palo, duro como nunca. Miré a la pantalla y el video seguía. Acabé casi instantáneamente.

Al día siguiente cuando Manuel llegó yo estaba sentado en la mesa comiendo algo, tenía vergüenza de mirarlo, pero él no dijo nada ni dio señales de que algo hubiera pasado. Me tranquilicé y seguimos cada uno en sus cosas. Hasta que Manuel conectó la computadora a la tv, apagó las luces y se acomodó en su sillón. –Sentate, dale–. No era una orden, pero tampoco era una pregunta. Era un tono que usaba Manuel y que daba por sentado que yo iba a hacerlo. Lo usaba siempre que me pedía algo y yo accedía. Esta vez no fue diferente y me senté a masturbarme como todas las tardes.

No había hecho más que bajarme los pantalones que la mano de Manuel ya agarraba mi bulto. Esta vez ni siquiera estaba a medio camino, si no totalmente fláccida, en la mano de Manuel desaparecía por completo –Otra vez sin ganas?– dijo –Yo siempre tengo ganas– terminó, dándome a entender lo que esperaba. Por segunda vez en mi vida me vi agarrando una pija que no era la mía. Esta vez la verga de Manuel no estaba todavía completamente erecta por lo que al levantarla podía sentir su peso. Era enorme. La sentí ir creciendo en mi mano, adquiriendo dureza, emanando poder.

Manuel disfrutaba mis caricias y me dirigía para disfrutar todavía más: –Apretá más fuerte, dale… Ahiii… Más rápido ahora… Asíii… Leeento, subí y bajá bien, de punta a punta…– Unos 15 minutos después agarrándome la mano con la suya aceleró la paja para terminar, quise sacar la mano, pero está vez Manuel no me soltó. Sentí 3 o 4 chorros de leche salir volando y luego como con 2 o 3 estertores más el semen chorreaba desde la cabeza, cayendo por el tronco y mojando toda mi mano.

Igual que el día anterior Manuel se limpió y se fue. Yo, al contrario, todavía con su leche en mi mano, me masturbé hasta acabar.

Los diez días siguientes fueron iguales. Manuel no me decía nada, sólo se sentaba al lado mío y yo lo masturbaba hasta acabar, cuando él se iba yo hacía lo mío. Manuel jamás digo nada que me hiciera sentir incómodo, de hecho hasta salimos juntos ese fin de semana y me presentó una amiga de su chica con la que pude darme algunos besos. Del mismo modo, yo sentía todo como una nueva forma de pajearme nada más. No me sentía gay ni me atraían los hombres, igualmente estar con una mujer me hizo sentir más tranquilo.

El fin de semana siguiente estas chicas vendrían a casa, así que compramos unas bebidas para pasar la noche. Para las 11 ya nos habíamos tomado la mitad y todavía seguíamos esperando. Entonces el celular de Manuel sonó y confirmando lo que sospechábamos, no iban a venir. Manuel sirvió dos vasos de whisky, bastante cargados, y brindamos –Ellas se lo pierden! Nosotros no necesitamos a nadie!–. Y acto seguido, conectó la pc, juntó los sillones y me llamó a su lado. 5 minutos y a pesar del masaje que le estaba dando, la pija de Manuel seguía sin ponerse dura del todo, seguramente a causa del alcohol. A media asta y todo, seguía siendo mucho más grande que la mía. Entonces Manuel me dijo: –Hoy necesito más, dale con las dos manos–. Era su tono, ese tono. Dudé un segundo pero agarré ese miembro ahora con mis dos manos y seguí pajeándolo.

Al agarrarlo así ya no podía ponerme de costado, siempre trataba de mirar para otro lado, pero ahora estaba de frente a ese monstruo que iba ganando dureza con el nuevo tratamiento. Lo vi como nunca lo había visto, el hecho de que mis dos manos lo agarraran y así y todo sobrara verga me mostraba lo enorme que era. Me sentí más pequeño que nunca. Sentí su calor y su dureza consciente como nunca que jamás lo sentiría de mi pija.

–No, así no vamos a llegar a nada hoy– dijo Manuel y apartándome se fue hacia su pieza. Entendí que no habíamos terminado porque en lugar de subirse los pantalones se los quitó del todo. Entonces volvió con algo en la mano. –Tomá, ponete esto–. Yo lo miré sin entender. –Se lo había comprado a esta puta que no vino…– y me arrojó un conjunto de ropa interior blanca.

–No, estás loco. Yo…

–Pero tenés una cintura chiquita y un culo nalgón. Te miro un poco con esto, acabo y listo.

–No, yo…

–Dale, te estoy pidiendo un favor– me interrumpió elevando un poco el tono.

Era mucho más que un favor, pero nunca me había hablado de esa manera. La verdad es que un poco me asusté, pero el alcohol me ayudó a convencerme que no tenía nada de malo. Era sólo otro de nuestros juegos para pajearnos.

Comencé a desvestirme para ponerme el conjunto avergonzado. Debo admitir que el roce de la tanga en mi pierna y al acomodarse entre mis nalgas era muy placentero, algo nuevo. Me di vuelta y verlo sentado acariciando esa verga me hizo sentir más humillado. No duró mucho porque Manuel me “pidió” que me arrodillara en mi sillón con las manos sobre el respaldo, para que pudiera verme el culo. Así lo hice y escuché el inconfundible ruido de que había retomado su tarea.

Unos minutos después me tomó del brazo y llevándolo hacia atrás me pidió que lo masturbara yo. Para eso se había parado atrás mío y lo sentía enorme a mis espaldas, me intimidaba. Casi tanto como esa pija que una vez más tenía en la mano. De golpe sentí un calor en mi nalga derecha. La fuerte mano de Manuel se apoyaba y me acariciaba. Quise protestar pero me calló diciendo que así terminaría más rápido.

Los minutos siguientes Manuel apuró la paja que yo le hacía cubriendo mi mano con la suya mientras su otra mano masajeaba y acariciaba mi culo pasando de nalga a nalga. Yo había hundido mi cabeza en el respaldo y esperaba que acabara pronto ya que me sentía asqueado y usado, pero Manuel recién estaba empezando.

-Seguí, dale, lento pero apretando fuerte- me dijo soltándome. Y así lo hice mientras ahora sus dos manos apretaban mi cola. Me detuve en seco cuando sentí que uno de sus dedos presionaba suavemente sobre mi ano. –Dije que sigas…

-Pero…

-Pero qué? Seguí que ya voy a acabar.

-Pero eso no…

-Shhh, basta!

Quise acotar algo más pero las manos de Manuel haciendo fuerza sobre mi culo apretaban mi cara contra el sillón. Enseguida su dedo volvió a presionar en mi ano, podía sentirlo a través de la tela de la tanga. Era una sensación extraña que me molestaba pero no podía hacer nada para evitarlo. Luego de que estos masajes aumentaran en intensidad sentí que me hacía a un lado la tanga y un dedo húmedo presionaba ahora mi hoyito. Ahora sí que estaba yendo demasiado lejos! Empujé con las dos manos para contrarrestar la fuerza de Manuel y conseguí levantarme un poco: -Basta! Una cosa es que te haga una paja pero esto ya es…- No pude ni terminar la frase, Manuel me agarró fuertemente del pelo y tirándome hacia él me dijo apretando los dientes:

-No me voy a quedar con esta calentura, y cuánto más me ayudes mejor para los dos, está claro?

Y me empujó fuertemente contra el sillón otra vez. Me dolía la cabeza por el tirón que me había dado, y el cuerpo por el empujón, por primera vez le tuve miedo, así que me quedé quieto sin saber qué hacer. Enseguida volví a sentir un dedo que presionaba sobre mi ano y lentamente lo sentí entrar en mí. Empecé a llorar por la humillación pero eso no detuvo a Manuel en lo más mínimo. Tras entrar y salir de mi culo volvió a la carga con dos dedos, esta vez con alguna crema o algo por el estilo, lo que facilitó la entrada. Igualmente sus dedos eran grandes y mi culito virgen los sentía, me quejaba del dolor en voz baja, por miedo a Manuel. Él lanzaba cada tanto algún comentario: -Así, qué bien. Ahí, ahí, que lindo culito-. Mi humillación continuó durante unos 15 minutos en los que hasta 4 dedos de Manuel estuvieron simultáneamente en mi culo. Entonces sentí como me soltaba y exclamaba: -Ya está, ya está…

De reojo mi como volvía a agarrarse la pija y se pajeaba, iluso, pensé que ya estaría por acabar al fin. Cerré los ojos esperando que todo terminara cuando sentí lo peor: Manuel volvía a correr mi tanga a un lado, con la otra mano abría mis nalgas y apoyaba la cabeza de su verga justo en mi ano:

-No! Por favor…- Giré mi cabeza para rogarle que no me penetrara.

-Shhh, tranquilo.- dijo él mientras se untaba la crema que había estado usando a lo largo de su pija.

-No, no…- Traté de moverme pero Manuel me sujetó fuertemente con una mano en mi cadera y la otra sobre mi hombro. –Por favor, nooahhh

Sentí como Manuel comenzó a avanzar. La crema hizo su trabajo y mi ano cedió. Ya había tenido dentro sus dedos pero no podía compararse con el tamaño de esa verga. Era más ancha, más dura y más larga. Y Manuel seguía presionando lenta pero firmemente, y yo sentía como me llenaba de una forma que nunca había sentido.

-Ahhh, nooo, por… faaavooor… ahhh... Meeedueeleeeaaahhh

En lo que fue un minuto interminable Manuel me desvirgó hundiendo su verga hasta lo más profundo de mí. Sentía sus huevos apoyados casi sobre los míos a través de la tela de la tanga. Sentía el peso de Manuel apoyado en mi espalda y como me susurraba al oído: -Ya está, ya entro toda. Ahora te vas a acostumbrar, vas a ver…- Y sentía, sobre todo, la humillación. Por un momento tomé conciencia de cómo estaba: vestido con un corpiño, una tanga y unas medias de nylon, en cuatro con una pija clavada en el fondo de mi culo. Volví a llorar al tiempo que Manuel comenzaba a moverse. Lentamente se retiró un par de centímetros y lentamente los volvió a avanzar, retrocedía y avanzaba, retrocedía y avanzaba, lentamente. Mi ano ya no me dolía, se había acostumbrado al tamaño del invasor, ahora lo sentía dentro de mí. Sentía el movimiento de mete y saca cada vez más largo y sentía como al avanzar me provocaba sensaciones extrañas. Era algo extraño que me recorría a cada lenta estocada y me llenaba de sensaciones que no podía procesar.

Cuando me di cuenta mi pene estaba erecto y sobresalía apenas por encima de la tanga. No podía creerlo. Manuel seguía entrando y saliendo lentamente de mí, y mi cuerpo reaccionaba de esta forma. No podía creerlo, mis lágrimas aumentaron y comencé a temblar y sollozar de rabia. No podía estar disfrutando esto, yo era un hombre, esto era totalmente biológico, su pija estaría estimulando mi próstata y nada más. De hecho realmente no encontraba nada de esto disfrutable, incluso mi pene estaba tan duro que me dolía. Manuel sintió mi llanto y volvió a hablarme: -Tranquilo, ya está listo. Ahora te voy a hacer lo que le quería hacer a esta puta- Y dicho esto comenzó a cogerme propiamente dicho.

Tomando fuertemente mis caderas comenzó a entrar y salir de mi culo ahora con estocadas largas y fuertes. A cada momento iba ganando intensidad y ya se escuchaba el golpear de sus caderas contra mis nalgas. En ese momento, en cuánto el mete y saca se hizo furioso la sensación en mí se desencadenó. Una electricidad recorrió desde mi próstata, mi culo y hasta mi pito, que comenzó a eyacular como nunca. Escupí semen durante unos gloriosos treinta segundos en los que me olvidé de todo, excepto del placer indescriptible que seguía. Mi orgasmo se llevó todas mis fuerzas y me hubiese desmayado ahí mismo… si no fuera porque tenía la verga de Manuel taladrando mi culo.

Pasado mi orgasmo volví a la realidad y ahora sí sentía la violencia con la que Manuel me penetraba. Ya no había ningún sentimiento placentero, solamente esa bestia que entraba y salía de mi culo dolorosamente: -Así, así, te gusta???

-Ahhh, nooo, oohhh, paraaaa, aahhhh

-Dale, puto, si sentí como me apretaste recién la pija, como acabaste mientras te cogía.

-Nooo, ahhh, ahhhnoooo- Mis gemidos salían de mi boca a cada estocada. Me estaba perforando con violencia y sin parar. Entraba y salía sin detenerse, si hasta parecía ganar velocidad. Y así era…

-Ahí… ahí… te… va… todooo- Con las estocadas finales, fuertes, profundas, implacables, Manuel acabó dentro de mi culo. En la última arremetida llegó hasta el fondo y agarrándome fuertemente de mis caderas se quedó clavado en mí.

Sentí como esa verga palpitaba dentro de mí y me llenaba de leche. Sentí como latía mientras el calor de su semen me invadía. Yo lloraba ya sin voz cuando Manuel retiró poco a poco su verga de mi culo para descargar lo último de su leche sobre mis nalgas. Sentí como limpió un poco su verga con la pequeña tenga de mi tanga y dándome una nalgada se levantó y se fue.

Ahí me quedé yo. Acostado boca abajo en el sillón. Con ropa interior de mujer. Mi culo desvirgado chorreando lentamente la leche de Manuel, el hombre que me había cogido. Y apoyado sobre mi propia acabada.

Sabía que ya nada volvería a ser igual desde ese momento. Pero no podía imaginar qué tanto cambiaría mi vida.

(9,56)