Gracias a Internet

Tiempo estimado de lectura del relato 12 Número de visitas del relato 6.397 Valoración media del relato 9,50 (12 Val.)
Gracias a Internet

RESUMEN

Nos conocimos en Internet y me encantó, seguimos hablando por meses hasta que me dio la sorpresa de mi vida: se apareció en mi casa con vino y unas ganas tremendas de desvirgarme.

Me llamo Lara y soy una joven muy traviesa y curiosa. Mido 1,62, pelo castaño de rulos, ojos marrones, hoyuelos; delgada con pocas tetas pero un culo de manzanita, para morirse. Bueno, una mujer muy normal, ¿no? Pero tengo una mente de zorra brutal, por eso todos se sorprenden cuando les digo que soy virgen. Les voy a contar uno de mis sueños húmedos, espero que les guste...

Era un día de verano, esos en donde hace un calor insoportable y te dan ganas de andar desnudo. Estaba sola en casa como de costumbre, así que andaba solo en ropa interior, aburrida paseando por la casa, buscando algo para hacer. Ese día Jorge no estaba disponible, estaba de viaje por el trabajo y no podía hablar conmigo, lástima porque me hacía mucha falta, las ganas de masturbarme me tenían loca pero sólo con él podía llegar al orgasmo. Mi celular sonó desde la cocina y corrí a ver quién era, y era él, me había mandado un mensaje diciendo que tenía mucho calor y que estaba antojado de helado. Obvio le respondí al instante de forma traviesa, diciéndole que yo andaba con ganas de chupar un helado.

Mientras esperaba su respuesta la puerta sonó. Sin ganas me puse un vestido playero y fui a abrir la puerta. Casi me desmayo al encontrarme con un hombre de pelo negro, ojos cafés y un cuerpo atlético, mucho más alto que yo, y también un poco mayor que yo, solo tres años.

—¿Jorge? —de repente toda la soltura que tenía con él voló y me avergoncé de inmediato. El hombre con el que me había conocido por internet hace meses estaba en mi puerta, sexy como lo imaginaba, con una sonrisa en la boca— ¿Qué haces acá?

—Vine a verte —su voz era mucha más caliente que por teléfono, pero no podía tirar un comentario sexy o hacer algo, estaba en shock— ¿Puedo pasar, princesa?

No dije nada, pero me corrí de la puerta para que entre. Estaba muerta de vergüenza, no era como si nunca hubiese hablado con él, pero una cosa es hablar a través de una computadora y otra es hacerlo cara a cara, ¿no? Él se acomodó en el sofá con calma y empezó a mirar toda la casa, suerte que había limpiado esa mañana. Me senté en la mesita que había justo enfrente y me sobresalté cuando me tocó la pierna.

—Tremenda sorpresa, ¿no? —tenía muchas ganas de besarlo pero no me animaba.

—Si... ¿cómo sabías dónde vivo?

—Me lo dijiste una vez, ¿te acordás? —cierto, una vez le di mi dirección con la esperanza de verlo algún día y poder hacer realidad todo lo que nos prometíamos por mensaje, pero no estaba preparada— Y como estaba aburrido vine a pasar el día con vos —su mano se apretó en mi pierna y me sonrojé.

—Me hubieses dicho que venías, así me preparaba y…

—Estás hermosa así —se levantó y me puso de pie— Sos más caliente en persona, enana —reí un poco nerviosa mientras él me masajeaba los hombros.

—Vos estás muy caliente —le dije, olvidando un poco mi vergüenza.

—¿Si? —me besó lentamente, mientras sus manos me acariciaban los brazos. Metió su lengua en mi boca muy despacio, con tranquilidad, y se acercó más a mi cuerpo mientras yo hacía puntitas de pie, tratando de alcanzarlo. Mis manos fueron a parar a sus hombros y de un momento a otro él me alzó por mi culito, apretó mis nalgas haciendo que gima y seguimos besándonos así por un buen rato, bien lento y con mucha lengua.

Tuvimos que separarnos por falta de aire y él se volvió a sentar pero conmigo encima, nos miramos y me sonrojé de inmediato. Me daba miedo estar con él así, habíamos dicho tantas cosas guarras que queríamos hacernos el uno al otro, y no era que no tuviese ganas, pero tenía miedo. Era virgen, tenía miedo de no ser perfecta como lo había demostrado cuando hablábamos.

—¿Así que tenías ganas de chupar un helado, enana? —me reí de su pregunta y me mordí el labio. Al diablo la vergüenza.

—Sigo con ganas de chupar, pero ahora mismo no quiero un helado —él estaba duro, lo podía sentir.

—¿Y qué querés, princesa? Tal vez yo puedo dártelo.

Me mordí el labio mientras bajaba mis manos a su pantalón, le desabroché los botones y metí una de mis manos en su bóxer, su verga estaba dura y era gruesa. Jamás había tocado una, pero era la mejor sensación de mi vida. Vi como él reprimía un gemido y mi lado zorra empezó a salir a la luz. Me agaché en el suelo y le bajé un poco el bóxer junto con el pantalón, su pene me saludó y se me hizo agua a la boca de inmediato, lo agarré con un poco de temor y le pasé la lengua por todo el largo, sentí como Jorge tembló y sonreí con satisfacción. Empecé a chuponear la punta de su verga con los ojos cerrados, escupí la punta y empecé a masajearla de arriba a abajo. Hice que se saque por completo los pantalones y el bóxer y él terminó por sacarse la camisa, me besó la boca y empezó a acariciarme el pelo con suavidad. Empecé a chupar los costados de su pene mientras acariciaba sus testículos con paciencia, experimentando cómo se sentía y cómo lo hacía reaccionar. Me mojé de golpe cuando lo escuché gemir fuerte, así que no lo pensé, me metí su pene de una a la boca hasta el fondo, fue algo tonto porque me atraganté pero lo soporté, no entró todo pero más de la mitad iba bien. Empecé a chupar de arriba a abajo con el pene en mi boca, la cara de Jorge era como un poema sexual, lo estaba desfrutando mucho. Se estiró para acariciar mi espalda y mi culito pálido, mientras gemía despacio y respiraba con dificultad. Golpee su pene contra mi lengua un par de veces y absorbí uno de sus testículos con mi boca, babeándolo todo.

Me levantó la cara y empezó a besarme, bajó su boca a mi cuello y lo chupó un poco pero sin dejar marca, después bajó a mis tetas y a mis pezones mientras me pasaba la punta de los dedos por el vientre, haciéndome cosquillas. Me alejé con risas y chillé cuando me agarró bien fuerte, me besó en la boca con un poco más de sensualidad y me sacó el vestido, me dejó un chupón en el cuello y bajó a mis tetas otra vez, mientras yo con mi mano empecé a jalarle la verga. Caminé hacia adelante y Jorge chocó con una pared, me reí y volví a besarlo, pero esta vez le chupé los labios y le mordí también la boca, él me alzó como había hecho y me hizo chocar contra la pared, haciéndome gemir.

—¿Dónde está tu cuarto? Voy a hacerte mía —su voz en mi oreja hizo que otra oleada de fluidos me mojara la tanga rosa que llevaba.

—Arriba —fue lo único que pude decir, mientras me refregaba en su pene.

Subió las escaleras sin problemas y entró a la primera puerta sin fijarse, que por suerte era mi cuarto. Me tiró en la cama y se apuró para comerme a boca, con lengua y mordidas, mientras desabrochaba mi brasier y se movía contra mi vagina. Empezó a hacer un camino de besos desde mi cuello hasta mi pelvis, donde se entretuvo chupando y lamiendo mi piel, me dejó un beso sobre la tanga y empezó a chupar mis muslos, haciendo que pequeños quejidos de placer salgan de mi boca. Me sacó la tanga y lamió toda mi vagina depilada, sonrió con su boca contra mi piel y soplo esa zona, haciendo que gima de sorpresa. Siguió así por unos minutos y yo ya estaba impacientándome, así que enredé mis piernas en su cuello y empecé a tirar de su pelo, bajé una mano a mi clítoris con desesperación y comencé a estimularme. Escuché cómo se rio y me sacó la mano de ahí, en cambio metió su lengua en mi clítoris y empezó a jugar con él, haciendo que gima un poco más fuerte, encantada con cómo se sentía. De repente metió su lengua en mi vagina, hasta el fondo y no pude soportar las ganas de gritar, así que lo hice, seguí acariciando su pelo y tirando del mismo, mientras mi pelvis se movía con mente propia.

—Mierda, que rico se siente —gemí y al parecer le gustó, porque metió su boca aún más en mi centro. Sentí cómo metió un dedo en mi cavidad pero, aunque se sentía bien, no quería un dedo, así que lo saqué— No quiero un dedo, Jorge —me quejé sobre su boca y volví a besarlo, mientras saboreaba mis fluidos.

Sin dejar de besarme se puso encima mío y me la metió bien lento, mientas me miraba desde arriba cómo me retorcía y gemía fuerte. Sus movimientos eran lentos al principio, despacio y con calma, su cadera iba y venía contra mi vagina. Agarré su cara y empecé a besarlo mientras sentía como de a poco las paredes de mi vagina se abrían, era una sensación exquisita. Mis piernas abrazaron su cintura y chillé cuando él se estampó fuerte contra mí, pude ver cómo sonreía y suspiré con placer. Se puso recto y empezó a embestirme un poco más rápido mientras yo me estrujaba las tetas y los pezones, mientras gritaba de placer al sentir cómo se me abría la vagina. Sentí cómo mi cuerpo temblaba, mis piernas estaban débiles y mis gemidos se hicieron gritos automáticamente, exploté y me encantó. Jorge no paró de moverse, era obvio que no iba a parar, él estaba lejos del orgasmo todavía. Quería darle placer así que puse una mano en su pecho y lo besé muy lento, haciendo que sus movimientos paren de a poco.

—Déjame darte placer —susurré contra su boca y gemí mientras Jorge seguía con sus movimientos— Deja que mi culo rebote, por favor, amor —me estampó su verga fuerte una vez más, haciendo que grite, y salió de golpe, uff cómo se sentía eso.

—Mostrame como saltas, enana —se sentó en la cama y me ayudó a acomodarme, me mordí el labio mientras me refregaba contra su verga— Si no querés no lo hagas, Lara, no estás obligada —su boca estaba en mi cuello, dejando tremendo chupón, me estaba marcado como había prometido.

Tiré la cabeza hacia atrás para darle mejor acceso a mi cuello y agarré su pene con una mano, puse su unta en mi entrada y bajé de golpe.

—¡Dios! —grité de sorpresa, no dolió pero había sido muy de golpe, literalmente. Empecé a moverme torpemente, adelante y atrás, mientras Jorge se concentraba en mi cuello, y sus manos estaban en mi cintura ayudándome. Mi zorra interior se apoderó de mí y empecé a moverme más rápido. Se sentía tan bien esa verga dentro de mí, era tan rica la sensación que me ocasionaba.

Puse mis manos en sus hombros y empecé a saltar de a poco, no lo hacía tan rápido por miedo a perder el ritmo así que me quede en la velocidad normal, dando saltitos arriba de su pene. Escuché cómo Jorge gemía en mi cuello y sentí su mano golpear mi culo blanco, que empezaba a arder avisándome que se iba a poner rojo.

—Como me gusta que me nalguees, Jorge —dije en su oreja haciendo que gima aún más, y que me nalguee tres veces más y más fuerte cada vez.

Llegó un momento en que me saqué, estaba súper excitada y mojada que empecé a saltar rápido .Se escuchaba cómo nuestras pieles chocaban con cada salto, cada vez me elevaba más y bajaba con más fuerza, quería clavarme bien entera su verga, quería sentirla muy bien. Jorge puteaba a cada rato por el placer y me elogiaba, mientras seguía nalgueándome y me chupaba la piel, dejándome marcas rojas. Lo acosté por completo en la cama y puse mis manos en su pecho, mientras saltaba muy fuerte contra su cuerpo, quería perforarme su verga bien en el fondo, estaba loca. Jorge me bajó un poco el cuerpo y empezó a chupar mis tetas y mis pezones, mientras gemía cada vez más, sus manos estaban en mi cintura y su pelvis se movía contra la mía para generar una mejor sensación, y dios que si la estaba generando.

—¿Te gusta mi verga, bebé? —me preguntó mientras me acariciaba el pelo muy suave.

—Me encanta tu verga, papi —lo besé en los labios y volví a ponerme derecha para saltar con más facilidad.

—No puedo creer lo cerradita que está tu vagina, hermosa —Jorge empezó a gemir mucho y supuse que iba a llegar al orgasmo también, igual que yo.

—Bien cerradita para que vos me la abras, Jorge —solté un grifo cuando me nalgueó los dos glúteos.

—Que perrita divina sos, Lara —dio vuelta en la cama y empezó a embestirme bien fuerte, haciéndome dar grititos con cada embestida. Mis piernas empezaron a temblar y mis uñas se clavaron bien fuerte en su espalda, baje mis manos a su culo y lo apreté contra mía con una sonrisa juguetona— Me encantas, perrita —me besó con mucha pasión y siguió con sus embestidas fuertes hasta que volví a explotar, sentí cómo mis fluidos recorrían su verga y seguían su camino hasta la cama— Uf, hermosa, ya casi llego —tiró su cabeza para atrás y aproveché para hacerle un chupón también, haciendo que gima bien fuerte.

—Para, Jorge —hice que pare de golpe y me miró enojado, pero le sonreí e hice que se tirara para atrás— El otro día te dije que tenía ganas de tomar tu leche, ¿te acordás? —le sonreí traviesa y me metí su verga resbalosa en mi boca.

La chupé bien fuerte, pasando mis dientes un poco por su largo glande, una de mis manos masajeaba su pene por abajo mientras yo estaba entretenida chupándolo bien fuerte, queriendo absorber toda su leche. Jorge me agarró todo el pelo y se empezó a estampar contra mi boca, se escuchaba cómo me atragantaba cada vez más, mi baba salía sola para mojar todo su pene. Escuché cómo empezó a gemir más fuerte, su respiración se hizo mucha más pesada y empezó a clavarme contra su verga con más fuerza.

Soltó un gemido largo acompañado de una última embestida. Su leche me inundó la boca y tuve que empezar a tragar rápido, pero no fui muy rápida así que saqué su verga de mi boca y su leche me bañó la cara y las tetas. Me mordí el labio mientras me limpiaba la cara y miraba cómo Jorge se calmaba. Cuando lo hizo me miró sonriente y me besó con dulzura.

—¿Te gustó, enana?

—Creo que me volví adicta —pasé mi lengua por su cuello y lo abracé— Esto es mucho mejor que hablar por internet.

(Perdón por las faltas de ortografía)

Comparte este relato

Utilizamos cookies propias y de terceros para prestar nuestros servicios. Información. Si sigues navegando, entendemos que las aceptas. Aceptar