Mi amigo Jan me sorprendió gratamente

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Esa escena de la paja de Jan hizo que me comenzara a correr nuevamente entre sacudidas y gemidos. Me dejé caer por completo sobre la polla de Peter que aún montaba, moví mis caderas violentamente en forma circular, realmente tuve una ráfaga de sensaciones por todo mi cuerpo

Un saludo cordial a todos los fanáticos de este sitio, en especial a los que leen y comentan mis relatos. A continuación, les narraré cuando conocí a un holandés y las sorpresas que me llevé. Me describo para ustedes: soy una mujer morena clara, linda, ojos cafés y cabello largo color negro hasta media espalda, de complexión delgada, pero con un trasero firme y redondeado.

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Hace muchos años, en mi época de soltera cuando yo tenía 26 conocí en una tienda de discos a un chico holandés llamado Jan. Era un tipo joven de 20 años, muy alto, esbelto, manos grandes, ojos azules, y cabello rizado, muy lindo el nene además de simpático. Salimos un par de ocasiones a tomar café y cosas así hasta que un día me invitó al hotel donde se hospedaba.

Cuando llegamos a su habitación Jan me mostró todo lo que había ahí, era un cuarto amplio y bonito, de esos que tienen una puerta que comunica con la habitación de al lado, donde por cierto me dijo que se hospedaba un compañero suyo también holandés de nombre Peter. Me pidió unos minutos para tomarse una ducha rápida, como yo me encontraba algo impaciente me puse a hurgar una de las mesitas de noche y entre sus cosas personales encontré 2 condones que decían “Large” (largo en inglés). Comencé a ponerme nerviosa y sentí algo de miedo. No le había vista la verga aún, pero estaba intrigada si correspondería o no a las dimensiones marcadas en el envoltorio del preservativo, me excité enseguida.

Cuando vi salir a Jan del baño traté de disimular mis nervios mientras él se acercaba a la cama. Nos fundimos en besos y comenzó a quitarme la ropa suavemente, con mucha delicadeza y paciencia. Yo quería que fuera todo rápido, ansiaba por verle la pija. Cuando terminó de desnudarme me le abalancé encima para quitarle la toalla y efectivamente su tamaño superaba los 20 centímetros de larga, con muchas venas resaltadas, blanca y muy gorda, obvio que un condón común no podría resistir una polla como la de él.

Yo moría por chuparla y pasarme mucho tiempo comiendo esa verga, pero Jan fue directo a ponerse la goma y enseguida a metérmela. Me la ensartó como desesperado (como si tuviera años sin follar) y comenzó a embestirme con furia y velocidad. Por supuesto que al principio me dolió tener su polla dentro. Muy apenas me estaba acostumbrando a sus dimensiones cuando Jan se corrió brutalmente, no aguantó ni 5 minutos. Me quedé ahí recostada, molesta y desilusionada, claro, qué se podía esperar de un chico de 20 años. En vista de lo ocurrido, preferí acomodarme a dormir, pero Jan seguía metiéndome mano por todos lados.

De pronto escuché que alguien entró a la habitación, ¡era su compañero Peter! También era guapo, alto, un poco más fornido que Jan, cabello rubio largo y lacio, de ojos verdes. Peter llevaba puesta solamente ropa interior tipo bóxer y una playera de tirantes, lucía unos tatuajes en sus brazos. Se saludaron entre ellos, Peter se acercó a nosotros, se sentó sobre la cama y sin más fue directo a tocarme las nalgas. No me dio tiempo de reaccionar, todo sucedió en un instante. Hablaban en su idioma, no entendía muy bien, solo sonreían, me miraban y ambos me toqueteaban. El recién llegado Peter se encargaba de masajearme el trasero y mi amigo Jan me besaba todo el pecho, senos incluidos. Parecía que la cosa iba bien, me calenté mucho pensando que terminaríamos haciendo trío, pero algo se dijeron entre ellos y su compañero Peter se levantó y regresó a su habitación. Me quedé algo sorprendida, no comprendí qué pasó.

En fin, volví a hacerle caso a Jan que se miraba entusiasmado en tener un segundo encuentro. Me fue besando desde el cuello y bajando por mis pechos, abdomen, vientre, pubis y se estacionó a comerme el coño. No lo hizo nada mal, movía su lengua dentro de mi vagina luego se salía y me chupeteaba el clítoris, después metió un dedo adentro para estimular mi vagina sin dejar de comerme. Sentía poco a poco como mi primer orgasmo se aproximaba, pero no logré terminar con las lamidas de Jan pues las interrumpió para colocarse nuevamente una goma en su verga que ya estaba tiesa de nuevo. Me arrastró hasta al borde de la cama, me levantó las piernas en alto y me la metió. Esta vez ya no me dolió, de deslizó con mayor facilidad y la clavó en mi agujero hasta el tope. Al estarme penetrando me decía palabras en holandés que obvio no comprendía pero que lograba descifrar por la forma en la que me miraba y su tono de voz, estuve casi segura que me decía palabras altisonantes. Me imaginaba las frases que debía estar pronunciando, de esas que me gusta oír mientras me follan: eres una sucia pervertida, qué puta extranjera tan deliciosa me estoy follando, me encanta tu coño apretado, etc. La que no aguantó mucho esta vez fui yo porque en menos de dos minutos ya estaba convulsionándome en mi primer orgasmo.

Cuando Jan vio que me recuperé, me levantó en el aire con sus brazos para cargarme y poder continuar follándome él estando de pie. Mis brazos rodeaban su cuello mientras él sostenía mi cuerpo por las nalgas, haciéndome rebotar salvajemente en su verga. En esa misma posición me fue a apoyar sobre la pared y continuó taladrándome al tiempo que me besaba el cuello y los pechos hasta que me volví a correr muy delicioso. Me cargó hasta la cama para que ambos pudiéramos tomar un poco de descanso.

Me recosté sobre su pecho y desde ahí observé que aún tenía la verga muy tiesa y apuntando al techo, el condón parecía que iba a reventarse en cualquier momento de lo mucho que lo llenaba con su herramienta. Me apetecía mucho comerle esa vergota a Jan pero tenía puesta la última goma “large” disponible y además nunca me ha gustado el sabor del látex. Algo resignada comencé a pajearle la polla, la escupía para lubricarla y usaba ambas manos para masajearla por varios minutos. Como no le miré intenciones de correrse aún, me fui directa a montarme sobre su palo. Comencé a sentarme sobre su tronco lentamente, centímetro a centímetro, sentía su pito muy adentro, me llenaba toda, luego aceleré un poco el ritmo de la cabalgata, me estaba llevando al cielo del gusto.

De repente entra de nuevo al cuarto su compañero Peter mientras yo seguía montada sobre Jan. Algo se dijeron, rieron, y acto seguido Peter arrimó una silla para sentarse enfrente de nosotros y vernos en acción. A mí me daba igual, no sentí pena, estaba desinhibida y mucho muy caliente, incluso la escena me resultó morbosa y excitante. Recuerdo estar cabalgando a Jan al mismo tiempo que lanzaba miradas de lujuria a Peter quien se encontraba sentado disfrutando el espectáculo. Mis ojos se clavaron en su entrepierna, como deseando descubrir lo que guardaba ahí, imaginando si también estaría con buena herramienta como su amigo Jan, se notaba un bulto que crecía debajo de su bóxer. Esos pensamientos y miradas detonaron en mí otro orgasmo más intenso que los anteriores, me convulsioné sintiendo como mi coño se contraía sobre la verga de Jan mientras sus amplias manos apretaban fuertemente mis pechos.

Cuando se desvaneció mi orgasmo, me incorporé enseguida, salí de la cama y me fui a hincar los pies de Peter. Rápidamente metí mi mano por debajo de su bóxer y le saqué la verga. Por supuesto que no era igual de grande ni gorda como la de Jan, pero aun así la tenía de muy buen tamaño, era muy linda, con forma curva, circuncidada y con una tremenda cabezota muy grande, desproporcionada al resto de su miembro, parecía un hongo gigante. Sin preámbulos fui a metérmela en la boca (me urgía chupar un pito) y Peter cerrando sus ojos inclinó su cabeza hacia atrás. Me concentré en darle una buena mamada a su deliciosa pija, creo que le gustaban mucho mis chupadas ya que empezó a gemir fuertemente, eso me excita muchísimo de un hombre, los sonidos y quejidos que hacen cuando les mamo el pito. Sin dejar de comerle la pija de pronto me percaté que yo misma me estaba tocando el coño, tenía los dedos de mi mano derecha entrando y saliendo de mi empapado agujerito.

Al cabo de un rato Peter me detuvo, me puso de pie y me giró de modo que quedé dándole la espalda mientras él permanecía sentado. Me abrió las nalgas con sus manos y me dio unos cuantos lengüetazos por la entrada a mi coño. Luego me tomó de la cintura y me hizo sentarme sobre su polla que me la clavé hasta el fondo de un sopetón. Comencé a darme unos sentones violentos, ensartándome su pito una y otra vez de una forma muy deliciosa. Él no se soltaba de mi cintura, la apretaba y me jalaba con fuerza para que la penetración fuera más profunda. Yo estaba extasiada, gritaba a cada embestida y tocaba mis propios pechos y pellizcaba mis pezones. La verga de Peter estimulaba mi vagina de manera fascinante no solo por tener su cabezota frotándome por dentro sino también porque la curvatura de su miembro que aumentaba la fricción en mis paredes vaginales.

Volteé a hacía la cama buscando a Jan y miré que estaba pajeándose aceleradamente viendo cómo me follaban. Se había removido el condón y se masturbaba la vergota con ambas manos, con una la sostenía de la base y con la otra mano subía y bajaba por todo el tronco. También se ensalivaba dos de sus dedos para frotarlos contra la punta de su miembro y en ocasione se jaloneaba las bolas bruscamente. Esa escena de la paja de Jan hizo que me comenzara a correr nuevamente entre sacudidas y gemidos. Me dejé caer por completo sobre la polla de Peter que aún montaba, moví mis caderas violentamente en forma circular, realmente tuve una ráfaga de sensaciones por todo mi cuerpo.

Cuando salí del trance del orgasmo, noté que Jan comenzaba a emitir unos quejidos, estaba aún recostado sobre la cama masturbándose a un ritmo frenético y enseguida comenzó a expulsar potentes chorros de semen, su leche le cayó sobre el pecho, el abdomen, hizo un batidero el chico, parecía una fuente. Al ver cómo se corría me entraron unas ganas tremendas de semen y como Peter aún no se corría lo llevé hasta la cama, lo acosté y me acomodé sobre él en un 69. Prácticamente mi coño quedó montado sobre su boca y yo comencé a lamerle las bolas que se las había dejado empapadas de mis jugos durante la montada que le di. En esa posición fue más fácil meterme toda su carne en mi boca pues la forma de su pene facilitaba que entrara hasta la campanilla. Su cabezota me llenaba toda por dentro, raspaba mi paladar y las paredes de mis mejillas, luego me la metía hasta que topaba en mi garganta, tratando de que desapareciera toda en mi boca y darle más placer. Peter se retorcía cada que se la devoraba completa, las lamidas que le hice con la lengua sobre su punta y las sorbidas que le propiné sobre la cabeza con mis labios lo volvieron loco. A medida que apresuré mis mamadas él me comía el coñito con más ahínco, me metía lengua por todos lados, labios, clítoris, ingles, pffff hasta el anito alcanzó una buena tanda de lengüetazos. Ambos nos estábamos comiendo el uno a otro como locos, cuando me percaté que se tensó, supe inmediatamente que ya estaba a punto de explotar y efectivamente comenzó a deslecharse. Sentí sus chorros calientes bañar mi garganta, yo solo succionaba con fuerza para sacarle toda esa leche de sabor exquisito. Peter se retorcía al estarse corriendo en mi boca, le temblaban las piernas, creo que hice un buen trabajo chupando su pito. Se lo seguí lamiendo con delicadeza hasta que lo dejé sin gota de semen, que rica estaba su semen.

Después de limpiarnos y vestirnos todos, Jan me acompaño a tomar mi taxi a casa. Así fue mi noche con ese par de holandeses de pijas maravillosas. Nunca más supe de ellos, aún los recuerdo y mojo mi panty, sobre todo cuando pienso en el miembro de Jan.

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Gracias a todos los que se toman el tiempo de valorar y comentar este relato, me alientan a seguir publicando más historias.

Saludos cordiales a todos,

Claudia.

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