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Masturbándose en una playa pública

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  • Mi mujer se masturba hasta el orgasmo en una playa pública, siendo observada por algunos bañistas. Más tarde la exhibo ante un joven que la acaba follando

    Ella solía ponerse el bikini completo y yo el bañador para meternos en el agua, no nos gustaba pasear por la playa desnudos. Durante el baño se sucedieron besos abrazos y algún que otro magreito que nos calentó lo suficiente como para que yo empezara a maquinar alguna situación morbosa. Desde el agua hice una inspección de nuestros vecinos. Nosotros nos habíamos instalado al fondo, junto a las dunas. La playa es ancha, tranquila y la compartían personas con bañadores, otra en topless y los menos desnudos. Justo delante nuestro, bajo una sombrilla, una pareja de mediana edad con un niño, y a la derecha una más joven tomaban el sol. Por la orilla solían pasear los bañistas que procedían de de Matalascañas y como la playa del Coto tiene varias decenas de kilómetros volvían sobre sus pasos pasado algún tiempo.

    Al llegar al punto donde teníamos las toallas Patri la extendió y se tumbó sobre ella, yo me quedé unos metros atrás. Se quitó el sujetador y se aplicó crema solar. La estaba observando, mientras veía a los paseantes por la orilla, se me ocurrió que sería excitante exponerla a todos aquellas personas.

    - ¿No te vas a quitar la braguita?

    - Hay vecinos cerca.

    - ¿Es que eso te importa?

    - A mí no.

    - Pues yo ya me he quitado el bañador, ¿no hemos venido aquí para eso?

    Sin pensarlo dos veces, se la quitó.

    Estaba preciosa. La piel bronceada y brillante por la crema le daba un aspecto de modelo fotográfico.

    Pasaron algunos minutos, yo observaba como los caminantes de la orilla veían su desnudes al transitar y se me ocurrió llegar más lejos aún.

    - Cariño, quiero que te toques.

    - ¿Cómo?

    - Que te masturbes.

    - Estás loco, hay personas ahí al lado.

    - Pues es justamente lo que más me excita.

    Yo sabía que estaba caliente. Los juegos en el agua, un instante antes, le habían puesto húmedo su chochito, lo había comprobado cuando le estuve acariciando su rajita. Además, los mejores orgasmos lo conseguíamos cuando lo hacíamos en público. En un principio ella siembre se cortaba, pero luego se iba animando y terminaba echa una autentica guarra.

    Patri sobre la toalla, boca arriba, se cubría la cabeza y los ojos con un sombrerito para que no le molestara el sol, lo que le impedía ver lo que ocurría a su alrededor.

    - Las gentes están a su bola y nadie se va a dar cuenta de lo que haces.

    - Pero es que están muy cerca.

    - Pues no grites mucho cuando te corras, jiji.

    Bajó la mano a su coñito depilado, las piernas estaban extendidas. Disimuladamente empezó a tocarlo, eran unas caricias sutiles. Metía sus dedos en la vagina húmeda para mojarlos, luego pasaba a su clítoris. Mientras, su otra mano acariciaba las caderas, el vientre y luego los pechos que reaccionaron inmediatamente con unos pezones que crecían y despuntaban. Yo, unos metros atrás, tomé el teléfono y me puse a grabar mientras mi polla crecía con la excitación. Su mano se movía con avidez entre las piernas y ya, más animada, las empezó a separar para dejar entrar un dedo, luego dos, tres… en su coñito a la vez que doblaba las rodillas para facilitar la operación. Mientras ella se masturbaba, yo no dejaba de observar alrededor, la familia a pocos metros delante de nosotros estaba ajena a lo que ocurría, al igual que la chica de la pareja de la orilla, a nuestra derecha, que estaba tendida boca arriba, pero no así el chico que tomaba el sol de espalda y podía observar como levantaba su cabeza y cuando se cruzaba con mi mirada intentaba fingir que leía. Los paseantes se movían en pequeños grupos y algunos lo hacían solos, en esto que observé como uno de ellos se distraía en la orilla como cogiendo conchas, piedrecitas, pero tenía claro que lo hacía para disimular y no perder detalle de lo que Patri hacía.

    - Hay personas paseando por la playa.

    Al instante cerró las piernas y paró de masturbarse.

    - ¡No pares, sigue, sigue!

    Continuó tocándose, estaba muy caliente y creo que ya nada le importaba.

    - Separa más las piernas, quiero que vean tu coño abierto y lo bien que te masturbas.

    Creo que mis palabras la calentaron más, sabía que la observaban y eso le excitaba. Ya no disimulaba, intensifico la paja, las piernas flexionada y totalmente abiertas. Los dedos se movían con más rapidez, entraban y salían de su rajita, machacaban el clítoris una y otra vez. Tenía que estar súper mojada, pues desde la distancia que nos separaba, podía oír el chapoteo de los dedos en su vagina inundada. Su cuerpo se agitaba, su espalda se arqueaba, los gemidos que exhalaba delataban que estaba a punto de correrse y creo que eran hasta perceptibles por los mirones que no podías quitar la vista del espectáculo que le estaba ofreciendo mi mujer. En un instante una convulsión recorrió todo su cuerpo, una oleada de espasmos agitaron con violencia sus caderas y las piernas extendidas aprisionaban fuertemente la mano que apretaba su sexo. Luego la calma, Por unos minutos, pequeños orgasmos se sucedían en intervalos hasta quedar totalmente agotada sobre la arena. Cuando se incorporó, me miró sorprendida al observar como sus espectadores aún seguían atentos todo lo que ella hacía.

    - ¿No has tenido un súper orgasmo?

    - Grandísimo – contestó con la voz aún entrecortada por la excitación.

    - Pues se lo debes a tus espectadores, en el fondo eres una exhibicionista viciosa y a mí me encanta que los seas.

    La playa se fue quedando desierta, nos gustaba regresar al atardecer. Desde hacía un rato llevaba observando entre las dunas la presencia de un hombre que nos espiaba. Yo seguía muy caliente con el espectáculo de Patri en la mañana y pensé que no había una sin dos. Acabábamos de darnos un chapuzón y teníamos los bañadores puestos, yo me senté en la toalla, mientras Patri se cepillaba el pelo. De nuevo vi al mirón entre unas matas. Yo me senté y le hice gestos a mi mujer para que se acoplara entre mis piernas, su espalda reposaba en mi pecho y su cabeza en mi hombro. Empecé a besarle, lamía su cuello, le mordisqueaba las orejas… eso le excitaba mucho, mis manos acariciaban el pelo, la cara, hurgaban dentro del sujetador. Nuestro espectador no tardó en darse cuenta de lo que ocurría, y yo decidí alegrarle la fiesta. Mientras manoseaba sus tetas fui apartando la tela que las cubría hasta dejarlos totalmente descubiertos, ya en este momento los pezones estaban totalmente abultados y crecían conforme los iba pellizcando. Patri con el cuello extendido y la cabeza sobre mí, no se percataba de lo que ocurría a pocos metros de nosotros. Una de mis manos descendía por su vientre hasta alojarse dentro de su braguita. Ella separó un poco las piernas invitándome a su sexo, lo acariciaba sin prisas, podía notar su clítoris crecer entre mis dedos y su rajita humedecerse con cada pasada. Con mi otra mano solté los nudos que sujetaban el biquini y fui forzando la postura para girarla hasta enfrentarla al observador, que resultó ser un joven de no más de 20 años, que a estas alturas se había desprendido del bañador y sin el más mínimo reparo se masturbaba. Mientras la acariciaba, ya totalmente desnuda, ella metió una de sus manos en mi bañador y agarró mi polla que ya rezumaba líquido seminal. Mis dedos separaban los labios y se internaban en su vagina, ella se abría más y más, el clítoris húmedo de sus flujos, parecía querer escapar de entre su sexo. Yo lo amasaba, lo apretaba, lo contorneaba ente mis dedos y ella se agitaba. Mientras, su mano apretada en mi polla se desplazaba arriba y abajo al ritmo de su propia excitación. El chico que nos miraba se deslizó por la duna y seguía masturbándose, ahora a sólo unos pocos metros.

    - Patri, tienes frente a ti un tipo que se va a correr antes que nosotros.

    Ella se incorporó y miró por un instante a nuestro invitado, su calentura era tal que no se inmutó, seguía en lo suyo, no le importaba lo de su alrededor. Yo también estaba a punto de correrme, pero quería dilatar la situación, quería saber hasta dónde seríamos capaz de llegar. Patri se agitaba, gemía, la presión de su espalda sobre mi pecho me empujaba hacia atrás. Mis manos recorrían su cuerpo y se afanaba endurecidamente sobre su coño húmedo. Ella tensaba todo su cuerpo, se aflojaba y se volvía a tensar. Mientas sus gimoteos se hacían más intensos, su mirada perdida encontró al joven desconocido que se acercaba sacudiendo frenéticamente su enorme polla, hasta que un chorro de leche saltó al aire de entre sus manos y un gritó escapó de lo más profundo de Patri, un inmenso orgasmo la hizo estremecerse, su mano apretó mi polla mientras yo también me corría.

    Salí de debajo de su cuerpo, el extraño nos miraba en pie con la polla empalmada entre la manos, ella quedó tendida, con la mirada invité el desconocido.

    - Ábrete, quiero que te folle.

    - ¿Como?

    - Siempre habías fantaseado hacerlo con otro.

    No la dejé responde, la tomé por los brazos, los extendí por encima de la cabeza y la inmovilice. El desconocido entendió lo que se le ofrecía, se arrodilló delante de Patri y le abrió las piernas, ella se resistía, me miraba.

    - ¡follatela!

    - Pero cariño…

    - No decías que querías follar con otro.

    - Pero eran fantasías.

    - Pues se van hacer realidad.

    - ¡Te he dicho que te la folles!

    El desconocido me miraba perplejo, Patri también. Ella intentó incorporarse, pero yo la sujeté y la volví a tender. Fuertemente con mis manos impedí que pudiera de nuevo levantarse y con un gesto ordené al pajillero que actuara. No se lo pensó dos veces, la agarró por las rodillas forzándolas hasta que las separó. Con un gesto rápido le clavó la polla de una sola envestida. Brincaba rápido sobre mi mujer, congestionado y sudoroso no tardo ni un minuto en correrse. Saco la polla chorreando de lefa y dejo el coño totalmente inundado. A Patri no le había dado apenas tiempo de reaccionar, pero al soltarla, se llevó la mano a su coño, recogió entre sus dedos el semen que brotaba de su vagina y se lo restregó con fuerza sobre su abultado clítoris. No hicieron falta más que unas cuantas pasadas sobre él para que otro intenso orgasmo la hiciera retorcerse mientras resoplaba extenuada. Tras un ligero reposo, se llevó los dedos impregnados de semen de aquel desconocido y los introdujo en su boca, su lengua se recreaba limpiándolos, volvió a repetir la operación y esta vez los metió en la mía, un sabor acido inundó mi garganta mientras sus labios se sellaban con los míos.

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