Un auténtico dolor de guevas

Tiempo estimado de lectura del relato 3 Número de visitas del relato 6.916 Valoración media del relato 9,30 (10 Val.)
Un auténtico dolor de guevas

RESUMEN

La ansiedad de penetrar a mi prima, me costó un dolor indescriptible

En diciembre de 2001, recién me había graduado de la escuela militar y vine con mis padres a pasar vacaciones en Cali, tenía 21 años y me encontraba en todo mi furor sexual. Estaba saliendo con mi prima Katherine, una trigueña muy bonita, con unos senos talla 32, duritos, deliciosos, un culito hermoso de tamaño mediano, tenía cerca de 18 años y un cuerpazo, delicioso. Decidimos salir mi prima Katherine, mi prima Mónica, mi amiguita con derechos Diana y unos amigos.

Salimos a rumbear al sector de la quinta, las cosas eran claras, a pesar de que mi prima Kathe y yo ya teníamos nuestro guardado, aparte de nuestra prima Mónica, nadie lo sabía, así las cosas quedaron. Yo salía con Diana y mis primas cada una con un amigo el plan era completo; salimos a bailar y tomarnos unos tequilas, yo le mostraba a mi prima Kathe como era que se tomaba el tequila, le puse sal en el cuello, limón en la boca y el trago en la mesa, tomé el trago con la boca, le pasé la lengua por el cuello y le quité el limón con los labios, el nivel de excitación fue tremendo. Esto lo aproveche mientras Diana se encontraba en el baño, paso el tiempo y Diana se fue, entonces me toco quedarme de violinista.

Salimos de la discoteca y nos fuimos para una casa, mis primas cada una se metió con su acompañante a terminar la noche, después de un rato los celos me pudieron, les dije a mis primas que me iba, ellas con la calentura encima accedieron, como dicen por ahí les corte el polvo, llegamos a la casa de Katherine, ella vivía con mi tía y la hermana, pero esa noche no estaban, nos acostamos a dormir y ahí termino la noche…

A la mañana siguiente simplemente nos levantamos, no tenía ropa para estar en la casa, entonces mi prima Kathe me presto una pantaloneta azul que me quedaba muy pequeña dejando ver mi bulto y trasero, en un momento nos quedamos solos y Kathe me miraba con morbo, me decía ¨entre más parientes más calientes¨ y ¨entre más primo más me arrimo¨, esto me puso a mil e hizo que mi verga quisiera salirse de esa pantaloneta, me le fui encima y comenzamos a besarnos, la subí a su habitación y la desnude, ya conocía ese cuerpo espectacular, ya habíamos tenido algunos encuentros unos días antes, le toque esos senos duritos, deliciosos, los chupe con deleite, me desnude y sin más ni más, la penetre, le di una embestida tremenda, fue una delicia, las ganas me podían cuando comencé a sentir un ardor en mi pene, la excitación era tal que no le ponía cuidado a eso, debíamos hacerlo rápido porque mi prima Mónica estaba abajo haciéndonos el cuarto, el resto de la familia estaba por llegar, en un momento mire hacia mi entrepierna y me di cuenta de que había mucha sangre, por un momento creí que ella era virgen, en otro momento que tenía el periodo.

Escuché que llego la familia y apresurado saque mi pene de esa deliciosa vagina y me fui para el baño, me metí a la ducha para disimular y bajarme la erección, cuando el agua cayo en mi verga, sentí un ardor tremendo, que por poco me hace gritar, me lave bien con mucho cuidado, cuando me di cuenta que la sangre era mía, me había desgarrado la piel del pene, estaba tenía algo parecido a una cortada y dolía de mil demonios. Termine de bañarme y me cambie, todo siguió como si nada, las cosas con mi prima se acabaron y no hubo más chance de finiquitar ese asunto, m pene quedo incapacitado por una semana, ni siquiera se me podía parar sin causarme un dolor tremendo, hoy en día tengo una cicatriz, un recuerdo de una hermosa mujer y de una oportunidad perdida. Yo hoy en día la llamo una herida de guerra.

Comparte este relato

Utilizamos cookies propias y de terceros para prestar nuestros servicios. Información. Si sigues navegando, entendemos que las aceptas. Aceptar