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Si hago algo, lo hago bien

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Era un buen verano, ya hace años. Había vuelto al lugar habitual tras unos años de ausencia, por vacaciones y estaba todo igual, los sitios, las playas, la gente, los amigos... me alegró el reencuentro, pero especialmente con ella, hacía años que no la veía, y me sorprendió gratamente su aparición. Amiga mía desde niños, siempre nos habíamos llevado muy bien, mucho cariño y admiración mutua. Ya de niña era guapa, pero a sus veintitantos estaba mejor que nunca. La saludé en la playa, iba en bikini negro, la expresé mi alegría de volver a verla, ella hizo lo mismo, y para mis adentros además, pensé "está exquisita de veras”. Siempre la había visto como amiga, pero era imposible no mirarla como mujer: su negro cabello liso, largo, su blanca piel, su esbelto, duro y bien formado cuerpo, sus curvas, y sus pechos, grandes, exuberantes... era una delicia la muchacha, así da gusto reencontrarse!!

Pasaban los días como soplos, lo típico cuando lo pasas bien, todos los días en la playa, muchas conversaciones, y las noches todas de fiesta toda la panda que nos juntábamos, bebíamos, bailábamos, reíamos, cerrábamos todos los garitos... que mejor? Lo mejor estaba por llegar.

Así paso la corta semana de vacaciones y llego la última noche. Entre ella y yo había habido una gran complicidad todos esos días, un buen rollo mutuo, nos alegrábamos de habernos encontrado de nuevo, y esa noche había cierta tristeza porque de vuelta a los quehaceres poco íbamos a vernos ya, la magia resisa allí.

Salimos como cada noche, y ella y yo estuvimos más juntos que los anteriores días, hablando, tomando copas, bailando... En el último garito dos chicas me dieron conversación en la barra y ella llegó presta a "rescatarme". "No voy a dejar que te vayas con esas dos mientras este yo aquí eh?” -dijo riendo pícaramente. A mi aquello me subía de tono la verdad. No había tramado yo nada, pero las cosas parecían pasar solas.

Al amanecer, ya de vuelta a casa, unos cuanto acabamos en mi piso, ella incluida claro, y allí empezó a crecer mi deseo de quedarnos a solas, pero los amigos borrachos ya sabéis lo que tardan en largarse cuando más deben, lo harán adrede? Fijo. El caso es que ella parecía querer lo mismo y hubimos de hacer una pantomima de irnos todos a la calle y yo prestarme a acompañarla. Una vez solos, nos sentamos y entre el alcohol ingerido y la desinhibición del último día la propuse regresar a mi casa, ella pareció resistirse, estaba cansada, la esperaba un viaje en apenas 2 horas, pero acepto finalmente. Ya en casa de nuevo las conversaciones se llenaban de picardías e indirectas

"Me has traído para violarme no"? -decía ella entre risas "No, para que me violes tu" respondía yo.

Y nuestras bocas estaban tan cerca que creo que solas se lanzaron una a la otra para comerse con ansia, la contenida de 8 días. Respiraciones agitadas, manos traviesas, ansia, placer.

"Eres un cabrón, me voy en 2 horas y estoy aquí en vez de durmiendo" decía ella sin dejar de comerme los labios.

Mis manos acariciaban su pecho y deseosas se deslizaban hacia sus tetas, que habían sido fuente de mis fantasías desde hacía mucho, y allí estaban, suaves, de gran tamaño, estaba perdiendo la cabeza mientras se las acariciaba y pellizcaba sus erizados pezones... no pude más y la tumbé en la cama, poniéndome sobre ella. Levante su camiseta y sujetador y las miré, su tamaño y forma me sorprendieron, mi gesto de vicio debía ser considerable y sin poder más lamí sus tetas, las acariciaba y chupaba en todo su contorno, ella respondía con sonoros jadeos.

"Sabes que siempre he querido hacer esto? Lo confieso", dije yo sin dejar que mi lengua se retirara de sus pezones.

"Lo se lo sé... siempre lo he sabido cabrón" dijo ella entre gemidos y risas. Eso me hizo hacerlo con más ansia, quería comerle las tetas con el deseo acumulado de años... y vaya si lo hice. Bajé después por su liso vientre disfrutando del sabor de su piel y desde ahí me llegaba el dulce aroma de su sexo, intenso y dulcísimo, me recordó al licor de mora y no pude demorarme más en bajar a sus bragas, bajárselas con la boca y lamer su clítoris. Ella jadeó más intensamente aun, gritó, le gustaba, lo deseaba y se lo di, lamí su clítoris velozmente con la punta de mi lengua, y luego lamidas más intensas hasta que lo cogí con mis labios y se lo chupé intensamente sin dejar de acariciar sus tetas, sus costados, sus piernas. Estaba poseído por una lujuria irrefrenable.

"Aaahh no nooo, cabrón noooo" gritó ella, pero era tarde y lo más dulce de su ser lo depositó en mi boca, moviéndose para restregarse más, y prolongar su orgasmo, sus jadeos acariciaban mis oídos, mis manos agarraban fuerte su culo para darle más gusto.

No la dejé reponerse y me puse sobre ella queriendo penetrarla fuerte, la puse sobre su sexo húmedo pero ella me apartó "nooo no me folles, que me tengo que ir yaaa" dijo riéndose... "me van a matar". Uno respeta a sus amigas por muy caliente que vaya, y me retiré, con la entrepierna reventando en mi pantalón siempre demasiado ceñido.

"No te preocupes que no te voy a dejar así" dijo bajando a mi bragueta, admito que se me iluminó la cara, y más cuando la sentí desabrocharme y bajarme los vaqueros, no se demoró y chupó dulcemente, aunque había prisa quería hacerme gozar y vaya si lo hizo. Tenía a mi tan deseada amiga comiéndome donde más placer me daba, realmente increíble. Hizo una mamada a mi glande tras bajar la piel que me costara olvidar, el mismo placer era sentirla que verla, lo metía en su boca de una forma estilizada y dulce, su lengua por dentro hacia maravillas en mi glande, sus succiones, las caricias de sus manos, en mi pene, mis testículos, también los chupó y comió, alternaba y daba placer por igual a uno y otro, y volvía a chupar mi durísimo miembro que poco ya aguantaría y así se lo hice saber, no es por presumir pero yo aviso porque no sé si ella quiere hacerlo hasta el final y ella manifestó su voluntad:

"Si lo hago, lo hago bien, así que disfruta", dijo con una voz pícara y cansada, morbosisima. Admito que me alegré, siempre es un placer que te hagan acabar así o no? Meneó fuerte mi palo dentro de su boca dándome un gusto infinito y entre grandes gritos tuve un orgasmo bestial eyaculando en su boca repetidas veces sin perder detalle de cómo lo tragaba y algo se le iba por los bordes de la boca, fue muy placentero y de verdad que no me importo no follar.

Risas, miradas "raras" de lo que acababa de ocurrir, y complicidad ante todo, cierta culpa porqué no decirlo rápidamente esfumada, porque cuando algo apetece, que se puede hacer?

Y así nos despedimos, y poquísimo nos hemos visto desde entonces, aunque por circunstancias que no contaré puede que en breve nos volvamos a ver, y me da la misma emoción que morbo lo admito.

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