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Semen en las piernas de mi prima Isabella

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Me masturbé con los pies y las piernas de mi prima hasta terminar en sus chamorros enfundados

Todo pintaba de maravilla para que fuera una fiesta completa. Estaba toda la familia reunida y no era para menos, cumplir 35 años de casados no sucede a diario y mis abuelos lo estaban logrando. Llegaron los tíos de Toluca, los que viven en la ciudad de Puebla y hasta los de Monterrey. En fin, creo que en casa estábamos fácil más de 40 personas.

Todos lucíamos creo que nuestras mejores galas, pero la que si se quedó corta con mi descripción fue mi prima Isabella. Ella viene de Monterrey, estudia en uno de las mejores universidades de la ciudad, mis tíos trabajan en una cervecera y ganan lo suficiente como para llevar una vida holgada, eso les permite tener algunos lujos extras; por ejemplo, tienen en casa servidumbre suficiente como para que mis tíos solo se levanten a desayunar y se vayan a trabajar sin preocupación. Y mi primita, bueno, ella vive de lujo. Siempre bien arreglada y con las mejores ropas, distinta al resto de las primas.

Recuerdo perfectamente cómo iba vestida ese día, recuerde su aroma, exquisita. Toda ella es una muñequita. Llevaba puesto un vestido corto a medio muslo, unas pantimedias opacas y unas zapatillas, se veía como una reina. La verdad es que es muy presumida, pero lo hace porque sabe lo que tiene.

Cerca de las 3 de la madrugada algunos de los tíos ya estaban bastante entonados, medio borrachos. Algunos de mis primos, los más pequeños ya habían caído dormidos por el cansancio. Otros más, quienes estaban conmigo ya también estábamos contentos por los tequilas bebidos. Isabella se había tomado solo dos copas de vino y se retiró a una de las habitaciones del segundo nivel, me imagino que no se sentía muy a gusto estar conviviendo con los jodidos de la familia.

No pude evitar las miradas que le hacía a mi prima, se veía preciosa, me encantó. Sus piernas se veían delgadas, pero bien formadas. Cuando estaba ella sentada y cruzaba las piernas, yo intentaba agachar mi cabeza para ver si podía lograr ver algo más, pero era imposible.

Cuando ella se subió a descansar, ya en mi mente estaba maquinando la forma en cómo llegar hasta la recamara. Después de unos cuantos tequilas más, ya con más valor que al principio, me despegué de los borrachos de mis primos y comenté que también me iría a descansar. Me subí a mi recamara, pero poco después y sin zapatos me fui a la recamara donde descansaba Isabella, pero esta cabrona le había puesto seguro por dentro, seguramente para que nadie la molestara. Casi me muero del pinche coraje.

Regresé a mi habitación y me disponía a hacerme una chaqueta a la salud de Isabella cuando escuche unos pasos en tacones. Me incorporé y me pegué a la puerta para saber quién subía. Era Martha, la mamá de Isabella. Le tocó la puerta en repetidas ocasiones y le habló fuerte para que le abriera la puerta. De chismoso, abrí mi puerta y escuche una ligera discusión, Isabella no estaba a gusto en casa, mi tía le mencionaba que se aguantara y que por favor no volviera a cerrar la puerta, solo se cambiaría los zapatos altos, pero que en breve se subirían a descansar y que temprano regresarían a Monterrey.

Cuando escuche lo que escuche, la verga se me paró de inmediato. Salí con mucho cuidado y abrí la puerta de la recamara donde descansaba Isabella. Todo tembloroso y con mucho miedo, pero muy excitado me acerqué a su cama, ella solo tenía puesta una sábana muy delgada, pues en realidad en casa no se sentía frío.

Sus pies no estaban cubierto. Me acerqué a la cama, me hinque y comencé a olérselos, tenían un aroma exquisito. La luz que daba al patio permitía que dentro de la habitación no estuviera totalmente oscuro. No pude aguantar más las ganas y lamí con mucha delicadeza sus platas de los pies y me metí todo un dedo a la boca.

Casi puedo estar seguro que ella se dio cuenta de todo porque se acomodó boca abajo, entonces las plantas de sus pies quedaron exactamente frente a mí.

Con mucho cuidado toque sus chamorros poco a poco con mis manos hasta agarrarlos completamente. Estaba tan, pero tan excitado que me saqué la verga del pantalón y la cabecita la roce con sus pies. En seguida comencé a pegarle en sus chamorros con mi verga bien erecta, pero no aguante mucho, pues mi cabeza rozaba sus pantimedias opacas hasta que tuve un pinche orgasmo tan cabrón que terminé temblando de la emoción.

Parte de la leche que me salió se quedó en sus piernas y me vi en la necesidad de embarrárselos en lo que más pude abarcar de sus piernas expuestas.

Al otro día amaneció sin sus pantimedias puestas, lo cual me dice que efectivamente se dio cuenta de lo sucedido, pero no dijo nada, solo que a la hora de despedirse de mí, lo hizo de forma más efusiva de lo que fue en la recepción.

Ojalá y algún día vuelva a regresar a mi ciudad para pedirle de manera formal, me de las nalgas.

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