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Tarde de pasión

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Esta aventura transcurrió en mi trabajo, hace unos años atrás. Soy empleada administrativa, y mi trabajo es bastante monótono y aburridos la mayoría de los días. Gracias al grupo de compañeros que tengo y una oficina cerrada se hace más llevadero entre bromas y risas, sin ser descubiertos por nuestro jefe. Entre ellos esta Aníbal.

Aníbal, es un hombre de 53 años. En muy buen estado físico, gracias a que dos veces por semana juega tenis y entrena a diario. Sus ojos verdes, su pelo castaño entrecano y su bella sonrisa pueden enloquecer a cualquier mujer, entre las cuales estoy yo, que a pesar de diferencia de edad, a mis 30 años me robaba más de un suspiro diario.

Por el estilo de trabajo, debo vestir bien con pantalones o Jean que ajustan mi cola y dejan ver su redondez y camisas o blusas con algún escote tímido haciendo notar el naciente de mis pechos medianos y Aníbal en cada oportunidad que tiene, se deleitaba con ellos. Al principio solía molestarme un poco, pero a la vez lo provocaba para que los viera.

Era jueves por la tarde y nos quedamos solos en la oficina y siguiendo instrucciones de nuestro jefe, trabajamos con unas planillas bastantes tediosas. Teníamos que hacerlo en su escritorio dado que la información estaba en su computadora. El escritorio no era muy amplio pero podíamos trabajar los dos.

Era un día bastante caluroso por lo cual decidí esa mañana ponerme un vestido corto, una tanguita pequeña de color blanca que hacia juego con el corpiño y zapatos de tacos altos, sin saber que a la tarde pasaría algo inesperado para mí.

El trabajo entre los dos, ese día era fluido, y en una oportunidad descubrí la mirada de Aníbal en mis pechos a lo cual le devolvía una sonrisa picaresca y pregustándole…

- ¿Tomamos un café?

- Si, por favor. Mientras voy al baño a lavarme las manos. – me responde de prisa.

Salgo del escritorio para preparar el café para ambos. Dado al tiempo que llevamos trabajando juntos, ya conocía sus gustos y se lo prepare tal como le agrada, y me coloque perfume en el cuello y pechos.

Lo espere a que regresara del baño, con las dos tazas de café, pero esta vez mas retirada del escritorio, cruzada de piernas, oliendo un exquisito perfume. Escuche la puerta del baño y sentí en el estómago un cosquilleo y dirigí mi vista hacia él. Al verme en esa posición, quedo paralizado, casi con la boca abierta y me dice con la voz entrecortada

- ¡No había notado lo linda que estas hoy!

- Gracias… Mientras le respondía, no dejaba de mirarlo y tome un sorbo de café.

Aníbal se dirige a su silla para tomar el café que le prepare, diciéndome lo sabroso que estaba.

Continuamos con el trabajo en forma normal, pero ambos estábamos muy inquietos y nerviosos.

En un momento de silencio siento su mano cálida y suave recorriéndome la pierna y se aloja muy cerca de mi entrepierna. Tengo que confesarles, que comencé a temblar y al instante escucho un susurro en mi oído.

- Tranquila hermosa… –Su mano siguió moviéndose hasta llegar a meterla por debajo del vestido.

Esas palabras hicieron que me humedeciera al instante. La verdad, no tenía ganas de seguir con el trabajo, sino sentir la mano de Aníbal en todo mi cuerpo.

Me relaje y apoye la espalda en la silla, provocando una pequeña apertura de piernas y libre acceso a mi vagina.

Aníbal, entendió el mensaje y sus dedos recorrieron el elástico de mi tanga haciendo estremecer mi piel al ritmo de su paso. Cerré los ojos y empecé a disfrutar de ese festín, olvidando donde estaba. Sus movimientos eran lentos pero intensos. En un momento comencé a sentir su respiración más cercana a mi cuello, el cual empezó a besar. Eso produjo un pequeño gemido de mi parte y la penetración de un dedo en mi vagina y acariciando mi clítoris con su dedo gordo

- Ay sí bonito, seguí así… -Suspire entre gemidos

Esas palabras intensificaron los movimientos de su mano, provocándome un gran placer, al punto de casi llegar a un orgasmo delicioso.

Pero en un momento de lucidez de su parte, me hace recordar que estamos en el trabajo al decirme

- No podemos seguir esto acá, cualquiera nos puede ver.

Esas palabras me volvieron a la triste realidad y asentí con la cabeza, sabiendo que la salida del trabajo no sería igual a la de todos los días…

De común acuerdo quedamos que a la salida íbamos a ir a un hotel cercano para continuar lo que empezó en la oficina.

Para no levantar sospechas, salí primero de la oficina y espere a unas cuadras que me pasara a buscar con el auto.

Al llegar donde estaba, estaciona y detiene la marcha del auto. Subo y automáticamente nos besamos con pasión. Como lo suponía, tenía una gran experiencia en el tema. Con una mano me toma del cuello y la otra recorre todo mi cuerpo. Me dejo llevar por sus besos y la pasión del momento y acaricio su bulto, que ya estaba duro. Al sentirlo así, sentí un deseo muy fuerte de tenerlo entre mis brazos y sentirlo completamente mío…

- Vamos… por favor –casi le suplique

Arrancó el auto y como estaba pautado fuimos al hotel. Al ingresar a la habitación nuestros cuerpos se volvieron a encontrar con un beso intenso. Sus manos rodearon mi cintura y cadera, acercándome a él. Me moje de inmediato al sentir la dureza de su pene haciendo presión sobre mi pelvis.

Nos fuimos desnudando mutuamente entre besos y gemidos. Sentía sus manos en todo mi cuerpo y eso elevaba mi excitación. Me toma de las caderas y me alza, rodeando con mis piernas su cintura llevándome así hasta de cama, donde me deja caer lentamente y el encima mío, quedando muy cerca nuestros sexos. Mi cuerpo se empezó a mover por instinto, haciendo que ese roce nos lleve a la locura. El encontró el ritmo y en la segunda embestida, sentí como me penetro. Arquee mi espalda de placer, alce un gran gemido mientras su boca devoraba uno de mis pechos. El movimiento siguió y sentía como iba abriendo paso mi vagina cada embestida, provocando un placer inigualable, al punto de provocarme un gran orgasmo.

- Me encanta hacerte gozar, espere este momento mucho tiempo… me digo mientras me penetra profundo, llenando todo mi interior.

Yo no podía hablar, solo quería gozar de ese momento. El siguió con sus embestidas majestuosas.

Sale de mí y trae a mi boca su pene mojado por mis jugos. Lo empiezo a lamer, sintiendo su sabor. Mi lengua inquieta juega, mientras con una mano lo seguí estimulando. Jadeaba de placer y me gustaba escucharlo… Comienzo a chuparlo en forma rápida y constante.

- Oh así nena… Me encanta… Estoy a punto de acabar…

Al terminar de esa frase entre gemidos y jadeos, mi boca se llenó de su leche espesa y caliente. Trague algo, pero una parte se derramo por la comisura de mi labio. En su rostro se reflejaba la satisfacción y placer por lo vivido.

Nos dirigimos a la ducha, mientras se llenaba una bañera hermosa con burbujas de jabón y agua tibia. Nos relajamos un buen rato entre besos y caricias.

Esa tarde, volvimos a hacer el amor dos veces más y cada jueves, después de la jornada laboral nos esperaba una gran tarde de placer.

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