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Y nos envolvieron en su trama

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Me llamo Carlos, cuando ocurrió todo esto que voy a contarles estaba a punto de cumplir los 30, Llevaba 3 años con mi esposa Juliana que era, es y espero que siga siendo la mujer de mi vida. Todo lo que les he de contar nos ha hecho mucho más fuertes, pronto lo comprenderán. He visto que la gente suele describirse en estos relatos, espero hacerlo bien. Ambos somos bogotanos. Aunque no sea el mejor para describirme he de decir que soy bastante resultón, en realidad nunca he tenido problemas para ligar. Soy normal o eso considero, pelo castaño claro y con ojos muy cafés. Suelo vestir normal juvenil.

Dicen los psicólogos que buscamos parejas parecidas, pues bien, Juliana lo es. Es igual de alta a mí, creo que 1,65, tiene un pelo castaño claro medio mono, liso y muy brillante. Unos 90 de pecho, muy firme, de tacto fabuloso. También está delgada, con un trasero estrecho y durísimo. Lo cierto es que se cuida, le gusta tener el vientre plano, la piel suave y es del tipo de mujer, reservada y elegante, que me dejaría de hablar si se enterase que les estoy contando todo esto. En fin, somos una pareja bastante compenetrada, apenas reñimos, hablamos un montón y nos entusiasma salir a divertirnos.

Una de aquellas salidas es la que les voy a contar, y lo haré porque sin duda, nos ha cambiado la vida. Por entonces hacíamos excursiones de fin de semana. Solíamos salir solos y, en ocasiones, con algunas parejas de amigos. Para el fin de semana anterior a la navidad teníamos reservada una finca en Girardot. Había hablado con el dueño por teléfono, él vivía en la propia casa, en el primer piso y a nosotros nos reservaba la superior, con un magnífico salón, 2 habitaciones, aseo, un gran ventanal que daba al bosque y su propia salida independiente al exterior. El caso es que se apuntaron a la excursión un par de conocidos, que no amigos. Era un conocido de mi esposa pero no mi amigo, la verdad me molestaba porque en alguna ocasión supe que aconsejaba a mi esposa y eso no me daba buena espina, y ella decía que el tipo no le agradaba o no le llamaba la atención y que por el contrario le serbia de vez en cuando en cosas laborales de hecho le había ayudado a conseguir un empleo con un amigo de él y por eso hablaban de vez en cuando, y precisamente por eso las relaciones entre él y Juliana eran francamente malas decía ella. Carlos Alberto era un fulano normal más bajito que ella siempre de traje; de estos que hicieron ejercicio de jóvenes, pero que en realidad empiezan a ser gordos. Moreno, calvo, ojos oscuros, de esos que le dicen a uno las cosas sin pensar o importarles lo que uno pueda pensar, un tipo con labia. La esposa era bastante silenciosa, muy de su gusto. Bajita como él, pechugona, morena de pelo rizado, con un culo estupendo y unos lindos ojos cafés.

Resultamos al paseo porque en la empresa que trabajaba mi esposa Mónica realizaron la fiesta de despedida de año y por ese motivo asistimos juntos y por obvias razones el conocido de mi esposa y su esposa, y nos tocó la misma mesa durante el evento, por lo cual hablamos y nos contamos muchas cosas, baile con su esposa que me pareció agradable y ellos bailaron pero no escuchaba lo que decían, cenamos en el lugar y al final con los tragos que teníamos todos y la euforia del momento mi esposa les conto lo de la casa alquilada y estúpidamente los invito a compartir, que pensamos que habían aceptado por cortesía, pero cuál fue mi sorpresa cuando el día para irnos mi esposa Mónica me confirmo que nos veríamos con ellos lo bueno es que en el carro de ellos nos facilitaban las cosas para ir, pues si queríamos salir en la noche a rumbear lo podríamos hacer sin problemas.

Salimos el viernes después de comerlos cuatro en un lugar cualquiera, La carretera era bastante buena, sin muchas curvas que es como nos gustan y con poco tráfico. Íbamos a buen ritmo, parando un par de veces por el camino y llegando antes del anochecer, cuando nos disponíamos a sacar las maletas Carlos Alberto cogió una bolsa que traía yo a escondidas para mi esposa Juliana donde le había comprado una lencería especial para las noches de esos días pues como pensé que íbamos solos la aria desfilarme y hacerme un estriptís bien rico para mí, y pues obviamente tuve que contarle y como tenías dos le pareció muy buena idea y me ofreció que me compraba uno para su esposa así ambos tendríamos algo para ellas especial a lo que no le pude decir que no, pero le dije que el rojo era para Mónica por que el otro era demasiado insinuante y mostrón pero a él eso no le importaba me dijo, cogimos las maletas y entramos al lugar.

No nos costó nada encontrar la casa. Por fortuna era la más agradable del caserío. Con gruesas paredes de piedra, ventanas de madera, junto a un río, rodeada de árboles, en fin, muy acogedor todo. Por suerte no desmerecía a las fotos de la revista. Hasta el dueño era típico. Como era de esperar el tipo era parco en palabras, por no decir que bastante grosero.

La noche empezó bastante bien. Para demostrar que sí éramos de ciudad necesitamos encender una chimenea para disfrutar de la noche y espantar mosquitos, varios periódicos, tres pastillas y algo de gasolina para darle al fuego en la fantástica chimenea del salón. A su lado había dos sofás de piel oscura, donde habríamos de pasar la noche. Una botellita de Jack Daniels desentumeció nuestros músculos, soltó nuestras lenguas y rompió el hielo entre Juliana y Carlos Alberto. Su esposa también empezó a soltarse, riéndonos de todas las tonterías, poniendo de su parte y hasta diciendo alguna que otra cosa con doble sentido. Por desgracia Juliana no estaba tan contenta, bebía, aunque no es muy dada y sonreía de compromiso.

Al rato a Carlos Alberto se le soltó del todo la lengua y les descubrió nuestro gran secreto de la noche. En principio eran para sacarlas una vez nos diésemos las buenas noches, pero él dijo de dárselas ya. Así que las sacamos, yo le había comprado a Juliana un magnífico corpiño rojo, con encajes negros, sin tirantes, que subiría su pecho haciéndolo muy apetecible. Siempre tuve predilección por las cabareteras al tipo burlesque. Debajo unas braguitas negras muy minis, llegando a ser tangas, y también unas medias altas. Para Yeymy fue algo más atrevido. Un traje cuasi transparente. Muy ceñido. El caso es que se lo dimos y se partieron de risa. La sorpresa vino cuando Yeymy dijo de ir a su habitación y probárselo. Yo pensaba que Carlos Alberto le iba a decir que más tarde, pero la animó a hacerlo. Decía que ya nos habíamos visto cada uno con su pareja, y en bikini, y que eso no cambiaría mucho.

La verdad me sorprendí mucho porque primero con Yeymy no teníamos tanta confianza como para que decidiera ir y probárselo así nada más, y segundo yo pensaba que con Juliana no eran muy amigas como para que mi esposa le siguiera la cuerda máximo si toda la tarde había visto que no se sentía muy cómoda, a lo mejor pensaría que así podría salir de allí de aburrida que estaba y hablarían entre ellas dejándonos en la sala y de ahí cada uno cogería a su habitación a lo suyo y ya.

Cuando Yeymy apareció por la puerta me quedé sin respiración. Era una de esas esposas que normalmente, por la ropa que llevan, no suelen llamar la atención mucho aunque es muy linda, pero con menos trapos te dejan impresionado. Apareció con un traje de cuerpo entero, abierto a ambos lados de las piernas, que transparentaba unos grandes pezones y las sombras, las magníficas curvas de unos pechos soberbios. Debajo un tanga negro que no dejaba demasiado a la imaginación. Debía tenerlo todo muy, pero que muy recortado. Carlos Alberto dijo un par de procacidades, ella se las rio ruborizada y se sentó junto a él en el sofá. Juliana siempre había dicho que Yeymy era muy conservadora y quisquillosa, (pero como ella sospechaba que a su marido le gustaba mi mujer y que por eso él con escusas y pretextos había dicho que debían ir a la invitación que mi esposa les hizo, para dejarle clara las cosas a mi mujer, que de hecho mientras se cambiaban hablaban algo de eso, y que cuando vio como le quedaba la lencería a mi Juliana tomo la decisión de salir a sentarse en la sala así al lado de su marido retando a la mía para que hiciera los mismo si era capaz, ahí están pintadas las mujeres de cómo son de jodidas ambas) una mojigata, así que aquello la dejó tan pasmada o más que a mí.

Mi mujer juliana siempre ha sido muy vergonzosa y a esas alturas de la noche no llevaba demasiado alcohol en la sangre como para empezar a desvariar.

Cuando no despertaba de haber visto a Yeymy lo despampanante que se veía, me suelta mi esposa: No pongas esa cara de tonto, ¿quieres ver cómo me queda eso que me has comprado?- Dijo Juliana desde la puerta de la habitación donde se cambiaron sin acercarse. A Carlos Alberto casi se le salen los ojos de las órbitas. Ella había pedido mi aprobación para el atrevimiento.

No tuve más palabras que decirle: Para eso te lo he comprado cariño, para vértelo puesto- solo que no esperaba que fuera allí mismo delante de Carlos Alberto y su esposa.

Tardó un poco como que pensando si lo hacía o no, pero cuando apareció en el salón, con la luz del fuego, desee por un segundo que estuviésemos solos. Los corpiños le encantan, y este le quedaba de impresión, Su alto precio merecía la pena. Muy ceñido en la cintura y, como me imaginaba, levantándole los pechos provocativamente; Creo que ella se los subió más de la cuenta porque los pezones amenazaban con salir por el escote y la aureola se empezaba a insinuar. Sus hombros, su cuello con el pelo recogido… “su todo” la hacían increíblemente apetecible, un auténtico bocado al paladar, Más abajo la vista era aún mejor. Esas braguitas discretas, negras y en tanga, Unas piernas larguísimas, con medias negras que parecían salir de un anuncio.

-Guau mujeres, están que quitan el hipo de cualquiera- Carlos Alberto no se cortó un pelo en mirar, la verdad es que nunca lo hacía, Le faltaban ojos para mirarlas a ambas de arriba abajo; Lo cierto es que me sentí un poco molesto, bueno, bastante molesto, de que mirase así a Juliana. Por fortuna el alcohol empezaba a hacer sus efectos y preferí sonreír. Por el contrario y siendo como soy un tipo muy vergonzoso, preferí mirar a su esposa discretamente, aunque a ella parecía que al ver el descaro de Carlos Alberto le agraciaba que la mirara sin importarle lo más mínimo, bueno, a ambas a decir verdad. Se veían deseables y seguro que, como nosotros, ya se fantaseaban una noche de sexo genial en la habitación de cada pareja.

– La verdad las dos se ven estupendas muy hermosas, ambos somos muy afortunados. Seguro que a nosotros no nos quedan los bóxer igual.- Traté de ser lo más correcto posible, pero ya empezaba a retorcerme pensando en esas miradas lascivas a Juliana.

-No seas modesto, están para irnos ya a la cama y sin cenar.- Todos reímos la gracia a Carlos Alberto y ayudó a relajar el ambiente. La cena fue estupenda, una tabla de jamones, mortadela y quesos bañados de aceite de olivo y algo de vino tinto; Ellas ni siquiera se cambiaron, no me cabe duda de que había algo de pique entre ellas. Una por ser mujer de mundo, elegante, independiente y segura de sí misma, y la otra por todo lo contrario, era la belleza evidente contra la discreción más absoluta. Podríamos decir que eran dos formas de ver la vida, y ambas pugnaban por llevarse todas las miradas.

Tras el postre vinieron unas copas llenas gracias a Carlos Alberto que buscaba tenerlas atendidas a mas no poder. Yo empezaba a atolondrarme y Carlos Alberto no dejaba de sacar conversaciones con doble sentido, estaba realmente excitado y las insinuaciones a Yeymy subían de tono cada vez más. En un momento dado ella se levantó. Estábamos todos sentados en la alfombra, alrededor de la mesa. Entonces se puso de pié mostrándonos sus tremendas curvas.

-¿Nos sentamos?

-Si claro, estoy incomodísima con este corpiño, se me corta la respiración- Dijo Juliana. En ese momento me levanté para ocupar uno de los dos sofás que había en el salón, Un mueble robusto forrado con tela color verde oliva y puntos de color dorado muy confortable a pesar de ser tan viejo ya. En principio y dado que no había sitio para los 4, la idea era sentarme para que Juliana se pusiese encima mío. Pero según lo hice, fue Yeymy, que ya estaba de pie, la que pidió hueco y se sentó sobre mis muslos, con sus piernas colgando en un costado. Yo sonreí, tratando de quitar hierro. Pensaba que Carlos Alberto se iba a molestar, pero de eso nada, por alguna extraña razón sonreía (ahora que o pensó Yeymy lo hizo con el ánimo de molestar a Juliana y de provocar a Carlos Alberto pero el tiro le salió mal). La verdad es que ella estaba buenísima, Sentí su piel suave tras la tela del vestido, Hasta su olor era pura lujuria en ese momento.

Trataba de no mirar, levantando los ojos, pero en algún descuido pude ver unos muslos estupendos y sus pechos fabulosos, que se movían con la respiración chocando contra mí. Ella, conocedora de todas sus armas, se echó para atrás, como queriendo estirarse, pero ofreciéndolo todo, dejándolo al alance de la mano; De buena gana la habría devorado, pero abstuve no quería hacer algo que luego me costaría. Juliana me miraba con los ojos muy abiertos, observando cualquier detalle, por mínimo que fuese y sabiendo perfectamente cuales eran mis pensamientos.

Para no quedar como un tonto, como un cortado, le puse la mano en la cintura, justo donde empieza el trasero. Un lugar que, por cierto, me entusiasma.

-Oye bonita, creo que ese es mi sitio ¿no te parece?-

-¿Pero qué miedo tienes Juliana?, lleváis toda la vida de esposos y esposos, no irás a pensar que ahora voy yo a tontear con Carlos y él se va a excitar- vaya con la mojigata. Y para más morbo, TODO lo que había dicho era cierto, estaba tonteando y me estaba excitando.

-Ven Juliana, no te pongas celosa. Siéntete encima mío.

-Eso no te lo crees ni tú, me quedaré aquí mismo, en el suelo, hasta que a tu mujer se le ocurra bajar de mi esposo- Lo dijo con cierta gracia, así que nos reímos.

-Bueno, pues tú te lo pierdes. Por cierto, he traído un tema que les puede gustar, Si quieren lo probamos un poquito y nos vamos a dormir… o a lo que sea- Carlos Alberto era el típico mente abierta que siempre está experimentando cositas y le va el morbo como a pocos. Así que sacó unos chicles marca Libid Power Gum para comer que jamás había ni visto ni escuchado y unas bebidas energizarte que nunca había visto color rojo para ellas y naranja para nosotros de marca Sex Shots Ultra. Tenían pinta de ser inofensivas, un poco acidas, pero no sabían mal y al mezclarlas como decía Carlos Alberto sabían delicioso, pero con el trago que llevábamos y esas cosas uno sentía como un ardor en la tráquea por donde pasaba y te ponías más eufórico como borracho pero muy despierto, y ellas se les noto en su rostro mucha más euforia y se pusieron coloradas, juliana no quería probar las bebidas así que cogió dos chicles y se los empezó a masticar le parecieron bien porque su sabor era acido pero a menta, pero cuando vio que Yeymy se mandó el vaso de una y se comió varios al tiempo, se mandó por un vaso y otro chicle haciendo cara de impresión pero cada vez quería probar y comer más al punto que ella sola se comió como cuatro y dos vasos de esa cosa que sabía cómo red bull pero más fuerte.

-Vamos, anímense, ya verán que bien vamos a dormir-

– ven que no es tan malo juliana ya se comió la dosis de todos ella sola y nos reímos todos, pero ellas se veían muy eufóricas.

-Yeymy, ¿me lo alcanzas?-

-Si claro- Yeymy hizo un pequeño esfuerzo levantando su estupendo culo y poniéndomelo, tras el vestido, frente a los ojos. Al dejarse caer se sentó un poco más arriba de los muslos, en mis piernas… ya estábamos muy, muy juntitos. Juliana con cara de muy pocos amigos por el comentario quería dejar de probar pero la cosa era medio adictiva para ellas como que a medida que masticaban algo les pasaba o las ponía eufóricas, y Yeymy con gran entusiasmo siguió comiendo. Seguimos charlando y al rato los afrodisiacos empezaron a hacer sus efectos; A mí, que ya tenía bastante alcohol, me dio por reírme de todo, lo más curioso de todo, es que aunque me sentía excitado por tener a Yeymy sentada en mis piernas, sentía que mi verga se quería salir y la sentía más dura que nunca no tenía control de mi verga y Yeymy lo sentía todo el tiempo y por el contrario disimuladamente se restregaba en ella con cada risa, como si me hubieran dado una dosis de energía me quería coger allí mismo a Yeymy ya no me importaba mi mujer pero aún me quedaba cordura y solo atinaba a mover mis manos frotando ese culito por deba sin que mi pareja lo notara.

Juliana, al rato de tomar las bebidas y de estar masticando esos chicles se levantó cansada de estar en el suelo, me miró, miró a Carlos Alberto y se sentó sobre sus piernas. El otro abrió muchísimo los ojos al ver a semejante mujerón sentarse sobre él, Ella lo hizo con gran delicadeza, como suele hacerlo todo, Y Carlos Alberto, a diferencia mía, no le puso la mano en la cadera, lo hizo directamente sobre el culo, apostaba a que mi esposa le daría un bofetón, pero éste no llegaba, La estaba contemplando anonadado, de arriba abajo en otro escenario juro que lo hubiera levantado a bofetadas pero eso hoy no paso.

-Oye creo que con el meneo se te ha salido un pezón.- Era cierto, el corpiño, que todo lo levantaba, sacó uno de sus deliciosos pezones, una pequeña y saltarina maravilla de la naturaleza.

-Sí, es cierto- Juliana no hizo ademán de esconderlo, muy al contrario me miró a ver qué cara ponía, Yo no podía molestarme por el contrario me gustaba lo que estaba pasando y verla tan desinhibida, incluso empecé a pensar que me orinaría encima de lo mismo excitado pues mis líquidos pre seminales eran muchos, Yeymy parecía muy acelerada sobre mi pecho y con su mano derecho frotaba cada rato mis piernas haciéndose la que se movía para acomodarse pero lo que se acomodaba era mi verga entre sus nalgas y yo comenzaba a tontear con ella, tal y como estaba haciendo su esposo con mi esposa.

-Pues cúbrelo mujer, que se va a enfriar- El muy descarado, con la mano que le quedaba libre, cogió el borde del corpiño y lo subió, tratando de rozar con sus dedos la sagrada piel de mi esposa, Ella miró atenta, con cara de excitación, pero no movió ni un dedo, los chicles ya estaban haciendo su efecto y empecé a temer enormemente el descontrol; Era una situación delicadísima y yo no podía decir ni “mu”, a todos los efectos yo estaba demasiado excitado con Yeymy encima mío y ella me cogía las manos y me las hacía pasar por sus piernas y por su abdomen muy suavemente, Mi propio cerebro no quería dar las órdenes para que los músculos se movieran y esa es una sensación que hasta hoy al recordarla me excito, por un lado quería pararme y quitar a mi mujer de sus piernas pero por el otro quería cogerme a su mujer así que debía tomar la decisión de o seguir adelante o de frenar esto de una vez, además yo le había comprado esa lencería a mi mujer para mí y el que parecía que la iba a disfrutar era el otro, pero Yeymy también se veía muy rica, muchísimo. Un escalofrío me recorrió la espalda, tenía que intentar salir de allí, moverme, respirar aire fresco, pero no había forma. Además empecé a darme cuenta de que Carlos Alberto, el maldito Carlos Alberto, no había tomado ninguna bebida, nos lo habíamos tomado todo nosotros tres.

-Oye, a Yeymy le encantan estas braguitas que llevas, ella se lo afeita entero ¿sabes?, ¿tú te lo afeitas?

-Eres muy directo sabes Carlos Alberto, a mi esposo no le agradas porque dice que siempre hablas con doble sentido mirando a ver que pescas. Y escribes unos relatos muy morbosos, que tu mujer no tiene ni idea de lo que escribes y a veces me los mandas y me pones muy mal pero yo amo mucho a mi marido y por eso no te paro bolas nunca pero si me logran excitar demasiado; – Caray, pues los chicles le habían soltado mucho la lengua a mi esposa, Mejor perder la amistad que verla en brazos de otro tipo, Respiré tranquilo.

-Vale, vale, si ya sé que tú y yo no nos vamos a enredar bien nunca, solo era curiosidad- Todo parecía ir bien, Juliana hizo ademán de levantarse, pero no era así, Se tumbó de lado tendiéndose frente a él.

– Yo solo me afeito la línea del bikini, bueno eso y un poco más.-Juliana levantó la pelvis para enseñárselo, Se quedó tendida en horizontal, apoyada en los brazos del sofá, como la bandeja del desayuno; A Carlos Alberto se le salían los ojos, Juliana retiró un poco la tela para enseñar sus ingles afeitadas, la siguió retirando hasta que apareció una ligera franja de pelo oscuro, ensortijado y brillante.

Ni corto ni perezoso, Carlos Alberto dirigió sus dedos hacia ese lugar, recorriendo la línea de las braguitas, ayudándola a retirarlas y no tardó en juguetear con el pelo ensortijado que asomaba, Juliana parecía disfrutar, ahí me di cuenta que muchas veces habían flirteado ambos y yo no tenía ni idea, Yeymy me dijo al oído pegándose a mi pecho que viera como tenía ella su vagina a lo que atine a mirar por encima de su hombro como ella levanto la tela de su tanga y se veía completamente rasurada cogió mi mano derecha y muy suave se la metió entre sus piernas haciendo frotar esa cuca que estaba muy mojada ya, la vista se me nublo y todo del momento, pero no podía dejar de mirar a mi mujer divirtiéndose con el otro. Él, ni corto ni perezoso, aprovechando la postura, se agachó un poco, retiró las bragas a un lado y hundió su nariz entre el bello aspirando, oliendo profundamente.

-Ohhh Dios, hueles tal y como me lo había imaginado.

-¿Y que más cosas te habías imaginado?

-Tus pechos, me los he imaginado más de 100 veces

-Si abres el cordel que corre entre ellos podrás ver si son tal y como pensabas- Y Carlos Alberto, ni corto ni perezoso, procedió a abrirle el corpiño que yo le había regalado; El tipo era un sádico, porque en lugar de abalanzarse sobre ella, de devorarla que es lo que yo hubiera hecho, seguía tonteando, volviéndola loca, Con increíble parsimonia fue soltando el cordel y cuando ya estuvo todo suelto lo abrió descubriendo paulatinamente los pechos de mi esposa. Allí estaban frente a él, totalmente disponibles para chuparlos, morderlos, manosearlos… pero el desgraciado no lo hizo.

-¿qué tal, te gustan?

-Me encantan, así era como me los imaginaba, ni más ni menos, son los mejores que he visto sin despreciar las hermosas tetas de mi mujer, ¡se las muestras amor para que vea!- No mentía Carlos Alberto, una talla 90, en su sitio perfecto, proporcionados, suaves, duros y con un pezón que era una delicia, Juliana se estaba volviendo loca y la tenía a su disposición, El carísimo corpiño quedó tendido en el suelo, Yeymy se quitó el corpiño y puso mi otra mano libre en sus senos mirándome de medio lado, yo no le quitaba la vista a mi mujer, pero tampoco sacaba la mano de la vagina de Yeymy quien saco mis dedos y me dio a probar uno que delia sabia mejor que el de mi mujer, o yo ya no sabía que decía o pensaba, sus tetas eran suaves ricas más grandes que las de mi mujer, pero nosotros no hablábamos nada ellos eran los que hablaban y hacían como si nosotros no estuviéramos allí, no sé si por los chicles o por las bebidas mi mujer solo miraba a Carlos Alberto y participaba en lo que él le decía, mientras que Yeymy y yo jugábamos pero no decíamos nada como quien está viendo una película porno en silencio.

-¿Algo más imaginaste?-

-Si claro, siempre me ha gustado ver cuando caminas tu trasero, ¿por qué razón crees que siempre dejo que vayas primero? Tu culo, entre la tanga y los ligueros se ve una maravilla; Desde que te lo vi, hace 4 años cuando fuiste a mi casa a ayudarnos una vez a hacer aseo, no he dejado de pensar en él- eso que conto era cierto mi esposa no trabajaba y se fue a ayudarles a ellos ahí recordé que ellos se conocían hace mucho pero no me imaginaba que éste personaje llevara tantos años planeando como cogerse a mi mujer y lo peor delante de mí al punto de dejarme su mujer como premio por dejarlo; Juliana, ya medio desnuda, se dio la vuelta, tumbada boca abajo en horizontal, con los brazos del sofá y el abdomen sobre los muslos de él.

-Mira a ver si es igual a como esperabas- Yo me quería morir, Carlos Alberto dirigió sus manos hacia las braguitas negras de Juliana y las fue bajando lentamente, por un momento me miró a los ojos cerciorándose de que no me estaba perdiendo detalle, El culo de Juliana apareció en todo su redondo esplendor.

Yo ya frota más duro la vagina de Yeymy y oía sus gemidos en mi cuello junto con su respiración que estaba a cien por hora, ella de una manera muy hábil había metido una mano suya en mi pantalón y lo había desabotonado sacando mi miembro, pero como a la otra pareja no existíamos, ni nos miraban así que en media de mi crisis de celos y de excitación tenía que disfrutar ese momento al máximo, pues no creo que haya otro.

-Bueno Carlos Alberto, ya me tienes totalmente desnuda frente a ti, ¿por dónde vas a empezar?, soy tuya.- Pensé que el corazón se me salía por la boca. Carlos Alberto me miró y me hizo una leve sonrisa, Una de esas sonrisas que te echaban en la universidad cuando te ganaban el partido; Lo imposible, lo impensable estaba ocurriendo delante de mis narices, bajo los efectos de las bebidas y sin poder mover ni un músculo.

Carlos Alberto puso la mano abierta sobre el moreno cachete de Juliana, lo acarició suavemente, después el otro, pasó la mano por la espalda y volvió a amasarle el culo, Mientras, ella gemía como una gatita, impaciente por ser devorada; Carlos Alberto se llevó los cuatro dedos de la mano a la boca, como queriendo recoger el sabor de mi esposa antes de tiempo, Después los metió entre los cachetes del culo de ella, queriendo averiguar cómo estaba la temperatura, Para mi vergüenza el gesto que me hizo fue elocuente, decía “ella está MUY excitada”. Carlos Alberto siguió masajeando, con mucho arte todo sea dicho, y ella se retorcía sobre sus piernas, Por los gestos deduje que había explorado en profundidad todo lo explorable… y ese, supuestamente, era mi territorio.

-Date la vuelta Juliana.- Y ella, obedientemente lo hizo. Le temblaban las piernas de placer. Pude ver brillar húmedos sus muslos a la luz del fuego.

-Siéntate sobre mis rodillas- Juliana, con mucho cuidado, apoyó su culo sobre la pierna izquierda de él y le echó la mano por detrás del cuello. Sus pechos nunca me habían parecido más bellos. La derecha de Carlos Alberto siguió el masaje, de un pecho pasaba al otro, los estrujaba, los pellizcaba y ella echaba la cabeza para atrás disfrutando, en su aturdimiento, de aquel momento, En un momento él aprovechó la postura y bajó la cabeza para devorar tan suculento manjar; se lo introdujo en la boca con deleite, los sacaba y paseaba toda la lengua por su blanca piel. Primero uno, luego el otro, y así una cadencia interminable que me estaba desquiciando, Cuando acabó el repaso, con su acostumbrada-enfermiza paciencia, la echó para atrás y volvió a meter su mano entre las piernas, esta vez con un poco más de brío, con cierta agresividad, Ella gimió de placer, había alcanzado un orgasmo tremendo y se estremecía en manos de otro hombre.

-Juliana, la verdad es que también tenía curiosidad por saber cómo la chupabas, ¿qué tal si te pones de rodillas y me demuestras que la mamas como los ángeles?- Ella actuó obediente, las bebidas y el placer que estaba sintiendo le hacían tambalearse atontada. Con alguna dificultad se puso, desnuda como estaba, de rodillas, frente al sofá y entre las dos rodillas de Carlos Alberto, Él puso sus dos manazas sobre la cabeza y la empujó hacia la entrepierna, Desde donde yo estaba no podía ver la felación, tan solo la espalda de Juliana, su hermosísimo trasero desnudo y las plantas de sus pies, Pero tampoco hacía falta ver demasiado, la cabeza de mi esposa empezó a subir y bajar según le indicaban las manos de Carlos Alberto, al rato las retiró poniéndolas en los reposabrazos del sofá dejando que fuese ella la que hiciese todo el trabajo. Carlos Alberto, como de costumbre, iba sobrado.

Yeymy y yo mirábamos la escena con mucho morbo, cuando Yeymy me soltó que si me gustaría lo mismo, por primera vez en ese rato la mire a los ojos y solo atine a pararla y dejarla que se arrodillara frente a mi verga que hace rato había sido sacada por ella y vi como acaricio mi miembro como para conocerlo y ver si le gustaba o no y me la froto muy delicioso, le acariciaba el cabello, la verdad estaba tan excitado que me vine muy rápido sin que me lo hubiera mamado aun entre sus tetas que ella se sorprendió y me miro a los ojos hecho que me dio mucha pena, y ella siguió frotándomela sin importarle lo que me había pasado que estúpido era yo, haciendo que se me parara otra vez.

Ni me preguntó que estaba pasando, ni por qué lo consentía, ni nada de nada, solo permanecía de rodillas frente a mí y se bajó el vestido dejando al aire dos magníficos pechos, verdaderamente grandes, morenos como los de juliana pero más grandes, con unos pezones muy oscuros y tremendos, Una maravilla. Tan aturdido estaba que no me había dado cuenta, pero estaba a punto de estallar, en la vida me lo he visto así, sentía mal genio por haberme venido tan rápido.

-Caray, parece que te está gustando lo que le está haciendo a Juliana. Yo sé que él llevaba años mandándose correos y cosas morbosas, sé que la desea más que nada en el mundo ¿sabes?. No va a desaprovechar esta oportunidad Pero tú y yo vamos a disfrutar también, siempre me has caído bien.-

No pude más que abrir mucho los ojos ante semejante revelación, Yeymy sonrió y se lo puso entre los pechos con todo el mimo del mundo, Yo no tenía ni vergüenza, solo unas ganas tremendas de quitarme esa presión, ese tapón. Al rato de mover los pechos y jugar con mi sexo se lo introdujo en la boca y afortunadamente pude sentir el calor de sus labios. Empezó besándolo con muchísimo cariño, un beso muy sonoro, con la boca abierta rodeando todo el glande, un beso tierno, muy sentido, Pero no tardo abrir más los labios, metérselo entero en la boca y empezar el sube y baja; Ella también estaba un poco mareada, no acababa de atinar, Se le salía unas veces o no acertaba a metérselo bien, en cualquier caso en la vida he sentido tanto placer ni juliana lo hacía como ella de delicioso. Y ella, mientras me lo devoraba, porque eso no era chupar, escondió una de sus manos en la entrepierna para satisfacerse, Hacía bien en no contar conmigo.

Levanté un rato la vista para ver que tal iban los otros dos, Juliana seguía con la cadencia, ver su trasero me hizo desearla muchísimo, incluso en ese embarazoso momento, aunque ahora me arrepiento, pensé que me gustaría estar detrás para mientras se la chupaba a ese desgraciado, poder penetrarla tan a gusto como lo solíamos hacer.

Carlos Alberto quitó las manos del reposabrazos, volvió a cogerle la cabeza para que no la moviese ni un milímetro y de repente se retorció, gimiendo, Yo nunca había visto a un hombre teniendo un orgasmo, el suyo me pareció espectacular he de decirlo. Yo nunca he bramado de esa manera, ni creo que lo haga jamás; Y Juliana no se movió ni un pelo, siguió subiendo y bajando sumisa, como si nada hubiera ocurrido. Carlos Alberto se reía de placer, sin duda era el tipo más feliz del mundo, Y yo no podía quejarme; De alguna manera que no alcanzo a entender me excité una barbaridad cuando él tuvo su orgasmo en la boca que yo besaba a diario y seguí el ejemplo, Un escalofrío me recorrió toda la espalda, pude sentir un estremecimiento por todo el cuerpo, y me alegré al descubrir que tenía sensibilidad en manos y pies. Yeymy no fue tan obediente, después de semejante efusión se la sacó de la boca, Seguía masturbándose lentamente y gimió como una posesa, estaba teniendo un auténtico torrente de orgasmos; Yo deseaba abrazarla, magrearla, Derramé sobre sus pechos otra vez como al comienzo, y ella empezó a restregar la viscosidad sin parar de gemir, nunca he visto cosa igual.

Ya más tranquilo volví a la otra pareja, Juliana seguía igual, seguro que no se estaba enterando de nada, y Carlos Alberto enseñaba todos los dientes en la sonrisa más grande que he visto jamás; De pronto la apartó, la puso de pie y le abrió las piernas para sentarla sobre él, Ella seguía dejándose hacer. Esta vez sí que pude ver como él se agarraba el miembro y lo dirigía a su objetivo, La verdad es que del hombre se veía muy bien, era tremendo, quizá no tan largo como el mío, pero gordo como un salchichón. Le costó un poco atinar, pero cuando lo consiguió debió llegar hasta el fondo, La cogió de los hombros y la bajó, Ella gimió de gusto y empezó a subir y bajar mientras Carlos Alberto se distraía tocándole los pechos, agarrándole y arañándole el culo como un ave rapaz. En un rato el ritmo era frenético, Y mientras Yeymy, que había tenido un montón de tremendos orgasmos, se incorporó y de lo excitado que estaba viendo a mi mujer ensartada por otro volvía a tenerlo parado, por lo que ella se sentó metiéndoselo en la vagina mirando hacia ellos subía y bajaba muy delicioso y roba porque esta vez aguantara un poco más, Con la luz del fuego estaba preciosa, ambas lo estaban.

Carlos Alberto volvió a correrse como un salvaje, cogió a Juliana y la abrazó contra su pecho, Pude ver como su verga se tensaba y curvaba debajo de ella, Juliana estaba agotada; Carlos Alberto dio un larguísimo beso en la boca, él también parecía destrozado. Solo habían sido dos orgasmos pero parecía que se le había ido la vida en ellos, Ahora esa vida estaba guardada dentro de mi esposa, Ella se quedó desnuda, tendida de lado sobre la alfombra, a la luz de un fuego que ya agonizaba.

-En fin, creo que nosotros nos vamos a ir a dormir, Ha sido una noche estupenda, a ver si la repetimos, Carlos Alberto me sonrió; Desee levantarme y destrozarle la cara hasta dejársela irreconocible, pero seguía Yeymy montándome y por estar como un estúpido mirando a mi mujer ensartada por otro no estaba disfrutando del placer que me daba semejante hermosura que logro hacerme llegar pero antes se paró y dejo que yo llegara hacia la alfombra cuando yo también quería llenarle las entrañas como estaba llena la de mi mujer con el semen de él, tanto por el que se había tragado como por el que tenía dentro de su vagina. Él cogió de la mano a Yeymy, la ayudó a levantarse y la limpió un poco con un paño de cocina antes de llevársela al cuarto, Ella también estaba muy mareada, o dormida o vete a saber.

El sol entró por la ventana y nos descubrió en la cama, Yo me desperté primero con un salto, Llevábamos el pijama, uno al lado del otro. Todo aquello parecía un recuerdo, muy real, muy morboso y sin duda desquiciante, pero yo ya había tenido algún sueño, e incluso pesadillas parecidas. Juliana se despertó como si tal cosa, como otro día cualquiera, Los miembros me respondían perfectamente, la ropa estaba donde tenía que estar y me encontraba extrañamente bien.

-Vaya fiesta nos cogimos anoche, increíble, Te recuerdo en el sofá riéndote como un loco, Creo que me llegué a ponerme celosa y todo; Espero que ellos estén igual o peor, no me acuerdo bien y me duele todo el cuerpo, estoy molida-

-Yo tampoco cariño, pero los chicles esos me han dado una cantidad de pesadillas y alucinaciones increíbles, Cosa rara me encuentro estupendo-

-Pues a mí me duele todo el cuerpo, creo que me cogiste muy duro anoche pues mi cuca la siento muy inflamada y mi boca sabe muy a semen, como que te aprovechaste de mi borrachera y me hiciste tragar sabiendo que yo no hago eso no sinvergüenza, menos mal mi culo no me duele o si no te cortaba las bolas aquí mismo, vamos a desayunar- Nos vestimos, salimos al salón y allí no había nadie.

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