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Piscis, una esposa angelical, hermosa y muy puta

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Voy a iniciar por describir a Piscis (No es nombre real) es una mujer de más de 40 años, de 1.60 de estatura, de piel blanca, 64 kilos de peso, delgada, unos pechos copa c, y unas nalgas de infarto.

Empezaba ella a tener sus primeros amantes, consentidos por mí. Esa noche, ella llevaba un vestido formal, pero por debajo traía una tanga de hilo que cuando se las puso en la casa estuve a punto de penetrarla, pero ya habíamos quedado con Alberto (Si es nombre real), pasamos por él y luego por unas bebidas y empezamos a pasear dentro del vehículo, era noche de viernes y no había mucho tráfico en la ciudad donde vivimos. Después de 15 minutos de charla, le dije a ella que Alberto iba muy solo en el asiento trasero, pasándose atrás con el: ya con la primera bebida y el morbo de saber a lo que íbamos, él le coloco la mano en la pierna y ella se dejó acariciar. Alberto inicio a llenarle de halagos, a decirle lo hermosa que se veía, a decirme a mí que soy un suertudo por tenerla (cosa que yo sé muy bien) y en fin, mientras yo seguía manejando. Momentos después, por el retrovisor, vi cómo se besaban con lujuria, mientras las manos de él ya levantaban el vestido hasta casi descubrir su tanga y le agarraba las nalgas amasándolas de forma casi salvaje, ella mientras se colgaba a su cuello y solo gemía (Piscis es poco expresiva, solo gime cuando siente placer). Unos minutos después piscis se separa de él y se saca el vestido y el sostén, quedando solo en tanga, y le empieza a agarrar la verga por encima del short tipo bermuda que el portaba, abre el cierre y ella misma saca de debajo del bóxer, una verga de unos 17 cms, morena, de buen grosor, la cual empezó a acariciar hasta casi masturbarla, se acomodó de tal forma para iniciarle una mamada espectacular que solo ella sabe dar, dejando su culo entre los dos asientos delanteros, por lo que aproveche para acariciar sus nalgas y buscar esa rajada que estaba ya inundada en flujos, mientras ella mamaba la verga de Alberto yo introducía mis dedos en su mojada vagina y cada vez que podía los chupaba y saboreaba su esencia de hembra, de esposa puta bien calentada por otro que no era yo, su marido… mientras ella seguía mamando verga, yo seguía introduciendo mis dedos en su mojada vagina, a esas horas ya ansiosa de verga.

Para disfrutar mejor de lo que veía y oía en ese momento, me salí un poco de la ciudad y ya en las orillas, detuve el carro en un aparcamiento a orilla de la carretera. Al detenerme, ella se separó de Alberto, se fue hacia mí y me beso con pasión; se sentía su aliento a macho que se mezcló con el sabor de su vagina, que quedo impregnado en mi boca al chupar los dedos cada vez que se los metía.

Luego ella se volteó, volvió a besar a Alberto, le puso un condón y se sentó sobre él, lanzando un pequeño alarido al sentir como la taladraba ese cipote oscuro que hurgaba sus profundidades: volví a la carretera y me dirigí de nuevo a la ciudad, mientras ellos cogían, yo manejaba con un dolor en la verga y sin poder masturbarme, pero oyendo gozar a mi esposa, a mi amor, a mi diosa en manos (o mejor dicho, en la verga) de otro hombre. Se escuchaba el chapaleo de esa verga en la cuca inundada de excitación, y ambos gemían tan, pero tan rico que llego el momento en que ella solo suspiro y dejo de moverse para resistir el orgasmo al que había llegado, unos momentos después y tras levantarla con su cadera para seguir el va y viene de las arremetidas de cadera, él soltó un gemido y se vino en el condón sin sacarle la verga de la vagina... se quedaron abrazados y besándose, nos dirigimos a un motel, entramos a la habitación, ella me besó a mí, luego a él y seguimos la noche de placer…

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