Entrevista con Jennifer, una sexo servidora

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Llevaba la falda por sobre las rodillas y se le podía ver esas bonitas piernas que tiene y le sobresalía ese hermoso trasero que en ese momento era tan solo un signo de interrogación en su disponibilidad

Tengo siempre por ahí algunas amigas con beneficios, pero en ocasiones, así como los planetas se alinean, de vez en cuando por alguna razón, motivo o circunstancias, ninguna está disponible y es cuando me asalta la idea de contactar a alguna chica de compañía y experimentar algo diferente a lo usual. Aquel día después de algunos diez días sin actividad, contacto a mi amigo José y es él quien me hace llegar un enlace y esa misma tarde llamo.

Gracias a que menciono el nombre de mi amigo José, ese protocolo de seguridad se me hace más fácil a mí, y en minutos recibo un correo electrónico con fotografías de las chicas disponibles y los servicios que proveen. Cada una tiene un perfil de lo que hacen, de lo que les gusta y de lo que no están disponibles hacer. Entre ellas aparece una chica con el nombre de Jennifer, a quien la agencia promociona como una de sus más recientes adquisiciones y su precio por una noche completa es de $1500.00. Me gusta, pero tengo una duda, en la sección donde especifica si el sexo anal es disponible, no hay una respuesta definitiva, solo aparece un signo de interrogación.

Jennifer es una chica que casi pellizca los 19 años, de 115 lbs. de peso, un metro y 64 centímetros de altura. Muestra un escultural cuerpo en ropa íntima, usa un arete que me gusta como se le mira en la nariz, pero lo que me llama la atención además de ese bello rostro oriental que tiene, es su cabello oscuro que le cubre buena parte de su trasero. En sus fotografías usa su cabello para cubrir en algo sus pechos, que tienen una simetría redonda y que según su perfil, son de una talla 34C. Sin tener la certeza que ese culito está disponible para poderlo gozar, tomo la decisión de llamarle y concertar una cita con ella. Quedamos en vernos en un restaurante a las 6 de la tarde.

En la plática me dio opciones de cómo quisiera que ella fuera vestida y qué tipo de lencería me gustaba, y solo me limité a decirle que me sorprendiera, que tenía la seguridad de que no importara lo que vistiera, ella se vería sensacional. Apareció con un vestido de una sola pieza de una tonalidad de color oro y algunos relieves en negro. La falda por sobre las rodillas y se le podía ver esas bonitas piernas que tiene y le sobresalía ese hermoso trasero que en ese momento era tan solo un signo de interrogación en su disponibilidad. Ella me reconoció a la misma vez que yo lo hice, pues el protocolo de seguridad me obligaba a enviarle dos fotos.

Escogí este restaurante italiano por una sencilla razón, tiene algunas mesas bastante privadas como si de una pequeña sala de comedor se tratara, pues por aquí me encontraba con potenciales empleados o cuando quería tener una reunión confidencial con algún empleado. Jennifer me saludó con un beso en la mejía, como si viejos amigos fuéramos y se sentó a la par mía a pesar que la mesa era amplia y la cual es diseñada para 6 personas. Fue ella quien comenzó la plática con una obvia observación:

- ¡Es usted alto!

- ¿Te parezco alto? Solo mido 6 pies y dos pulgadas. (metro 90)

- ¡Pues si es alto! – y sonríe.

Ordenamos algo de tomar y algunos aperitivos e hicimos un plática trivial para luego tomar de nuevo la rienda del porque estábamos ahí. Fue ella la que me pregunta:

- ¿Cuáles son los planes para esta noche?

- ¿Tienes alguna sugerencia?

- ¡Bueno! Estoy aquí para ponerme a su disposición y ser parte de su plan para esta noche.

- ¿Realmente, no tienes una sugerencia para mí?

- Podemos ir a las Vegas y pasar ahí la noche. – y Jennifer ríe.

- ¡Las Vegas! En lo que llegamos, se nos pasa esta noche. ¿Algún lugar local donde te gustaría ir?

- ¿Le gusta el baile? ¿La música?

- ¡Si, me gusta el baile! Aunque no sé bailar.

- ¿Le gusta la música latina? ¿Salsa?

- Sí, me gusta la salsa…

- ¿Habla español?

- Si.

- Mire, nunca imaginé que hablaría español.

Desde ese momento como que el ambiente se hizo más familiar y de vez en cuando las preguntas se hacían en español.

- ¿Tony, es casado?

- No, ¿por qué lo preguntas?

- Bueno, no le veo ni anillo ni la marca que dejan los anillos, pero un hombre tan apuesto como usted que no esté casado, difícil de creer o de encontrar.

- Estuve casado, pero mi esposa murió hace más de 20 años y nunca me volví a casar.

- ¿Tiene novia?

- ¡Tampoco! No tengo novia.

- Por lo menos ha de tener una de esas amigas con derechos… ¿verdad?

- ¡Algo así!

- Lo sabía, usted es un hombre muy atractivo para que no esté ligado a una mujer o varias mujeres, porque esa es la talla que tiene: el de un picaflor.

- ¿Te parezco así?

- Dígame, ¿Por qué me llamó? A usted le faltaran muchas cosas en la vida, menos la compañía de una mujer.

- ¿Por qué crees que te llamé? Porque me hace falta la compañía de una mujer.

- Se me hace que usted me llamó por pura curiosidad, por experimentar algo nuevo o diferente, pero a usted las mujeres le han de sobrar. De eso no tengo duda.

- ¿De veras te parezco tanto así?

- ¡Sin lugar a dudas! Mire, le voy a hacer una pregunta y si gusta me la contesta: ¿A cuántas mujeres se ha llevado a la cama?

- ¿Crees que si tuviera ese talento estuviera llamando a una agencia para tener compañía?

- Ya le dije. Lo suyo es solo curiosidad y nada más.

- Dime Jennifer, ¿Cómo y por qué te inicias como dama de compañía?

- ¿Quiere la verdad o la línea que muchas arrojan a sus clientes?

- Las dos. –le dije.

- La verdad es que esto me ayuda a pagar mis estudios universitarios. La otra verdad, es que eso es mentira y la razón porque lo hago es por lo mismo que usted está aquí: Curiosidad.

- Explícame.

- Bueno, la verdad que mi fantasía es experimentar con un hombre a quien no conozco, que por su edad tenga la experiencia suficiente para llegar a satisfacerme. Mi amiga me habló de esto y pensé que esta era mi oportunidad de cumplir esta fantasía.

- ¿Es un riesgo?

- Sí, pero todo tiene su riesgo. Lo único que tenía seguro, es que iba a suceder con un hombre guapo. Porque déjeme decirle, no pensaba aceptar venir hoy si es que no tenía a un hombre guapo frente a mí.

- ¿Te parezco guapo?

- Tony, no trate de sonar modesto, usted sabe que lo es.

- Tú eres una chica muy linda también. Lo sabes, ¿verdad?

- Si, sin querer sonar engreída, creo que tengo lo mío y es por eso que usted me ha llamado.

- Por supuesto. Me has gustado y decidí llamarte. ¿Puedo preguntarte cuanto tiempo llevas en esto? – Jennifer me mira y sonríe.

- No le miento… usted es mi primer cliente. Las fotos que usted vio, apenas ayer las envié a la agencia.

- ¡Mira que suerte tengo! ¿Estás nerviosa? ¿Con ansiedad?

- Ambas cosas, pero usted me parece un hombre muy pulcro y muy culto. Eso me hace sentir mucho mejor. Tony, ¿qué edad tiene?

- ¿Dame tu mejor estimado? Pero no intentes hacerme sentir bien… ¿dime cuál es tu calculo?

- De 40 a 44, pero no pasa de 44. ¿Estoy cerca?

- Tengo 49. En dos meses llego a 50. –le dije.

- Realmente se mira muy bien. Tiene un aspecto jovial y es obvio que cuida de usted. Como quisieran muchos tener ese cuerpo atlético que luce a sus 49 años. ¿Qué medida de zapatos usa? –me preguntó.

- ¡Mira, que pregunta más extraña me haces! Mis zapatos los uso entre 12.5 y 13.

- ¡Esa medida es de afligirse!

- ¿Por qué lo dices?

- No ha escuchado que la medida de sus pies es la misma medida de su miembro viril. –y sonríe.

- ¡Ya me hiciste reír! Y en las mujeres, ¿hay alguna referencia en la medida?

- No sé, pero yo uso 7 a 7.5. Casi la mitad de lo que usa usted.

La plática se hace amena, o por lo menos a mí así me parecía. Poco a poco Jennifer se va abriendo y siento que la tensión de los primeros minutos desaparece. Ella está a un lado de mí y de vez en cuando ha puesto su mano en mi rodilla izquierda. Yo he absorbido su perfume y le he dado sus cumplidos a como viste y como huele. Realmente las feromonas se han expandido y creo que yo también le provoco a como lo hace ella. Pienso en ir más allá y calentar la plática mientras nos refrescamos con una bebida sin alcohol, pues por su edad, Jennifer no puede consumir.

- ¿Cuando perdiste tu virginidad?

- ¡Uh! Tengo dos datos y dos fechas. Una cuando tuve mi primer orgasmo y la otra cuando por primera vez mi novio me penetró y no tuve orgasmo. La primera es algo curioso. Estaba viendo una película de terror que me tenía tensa y de repente viene una escena donde el hermano que esta poseído por un mal espíritu viola a su hermana. Yo recuerdo estaba a solas en la sala sentada en el sofá frente al televisor y tenía una almohada que instintivamente me ponía entre las pierna y esta tenía como adorno hilos, muchos hilos alrededor del relieve y esto me provocaba un cosquilleo en mi entrepierna y al ver aquella escena donde no se miraba bien el acto sexual, pero sugerían que eso sucedía con los gemidos y expresiones faciales, repetí la escena no sé cuántas veces hasta que por primera vez con solo rozarme ese relieve de hilos contra mi sexo, alcancé por primera vez un orgasmo.

- ¿Estuvo rico imagino?

- Fue el placer más delicioso que haya experimentado, pero que a la vez me dio mucho miedo, pues no entendía y los espasmos fueron tan fuertes que me fui de lado y sentí como si calambres me daban en el abdomen.

- ¿Y tú segunda vez?

- Bueno, eso me llevó a experimentar la auto satisfacción y luego tuve el valor de penetrarme con mis dedos, pero la primera vez que mi novio me penetró fue en esos meses finales de mi segundaria. Fue en un cine y obviamente buscamos el lugar donde menos gente había, y como fue entre semana, pues el lugar estaba bastante vacío. Nos comenzamos a calentar y de los besos pasamos a masturbarnos ambos y él me tenía ya mis pantis abajo. Me pidió que me sentara sobre él en la butaca y me penetró desde la parte posterior. El pompeó por unos cuantos segundos y eyaculó afuera de mí. El problema fue que el guardia de seguridad hacía la ronda y quizá nos vio. Nosotros asustados hemos salido corriendo y solo me subí mis pantis y afuera.

- ¿Solo una vez con tu novio?

- No, lo hicimos varias veces, pero el siempre acababa rápido y nunca conseguía llegar al orgasmo.

- ¿Ha sido tu único novio? ¿Tienes novio ahora?

- No, ahora no tengo novio, y solo he tenido dos.

- ¿Qué tal con el otro?

- El otro era igual. En tres minutos se corría y solo me hacía llegar al orgasmo de manera oral o él masturbándome.

- ¿Has experimentado sexo anal? ¡Tu perfil tiene un signo de interrogación!

- No, nunca lo he experimentado. El signo de interrogación es porque puede ser una posibilidad. Creo que con la persona correcta puede ser posible.

- ¿Cómo te gusta el sexo? ¿Tosco, delicado, tienes una medida, parámetros?

- Bueno, todo depende. Creo que me gusta que comience lento, con su tiempo y que se acelere al pasar los minutos.

- ¿Cuál consideras es tu zona más erógena, apartando lo obvio?

- ¡Uh! Creo que ningún hombre se puede equivocar con besar y acariciar el cuello de una mujer. Lo que he descubierto, cuando me auto satisfago, es que me gusta apretarme el pezón y me gustaría apretarme ambos, pero no puedo. –me lo dice sonriendo.

- ¿Te gustaría que te apretaran ambos pezones cuando llegas al orgasmo?

- Antes y al llegar al orgasmo me gustaría que me aprieten el pezón. Debe ser un apretón firme y constante. ¡Me encanta!

- ¿Te estás poniendo caliente Jennifer?

- ¡Usted me está poniendo caliente! Mire que nunca he hablado así con nadie más que alguna vez con mi amiga.

- ¿Tu amiga sabe que eres dama de compañía?

- Si, ella fue la que me habló de esto y conociéndome que soy curiosa y que quería experimentar algo nuevo, no le tomó mucho tiempo convencerme.

- ¿Te atrae tu mismo género?

- Definitivamente no. Soy heterosexual el 100%.

- ¿Qué es lo que te gustaría experimentar la noche de hoy hablando sexualmente?

- Bueno, además de lo que le mencioné, sentir ese apretón en mis pezones, me gustaría experimentar con juguetes sexuales: quizá sentir una doble penetración.

- ¿Tienes juguetes sexuales?

- NO. –me lo dice riendo.

- ¿Quieres que consigamos unos esta noche y experimentamos?

- ¿Si usted gusta?

- ¿Nunca has experimentado con uno? ¿Nunca en tu vida?

- Nunca me he atrevido atravesar esa puerta donde los venden. Siento que les daré lástima y que dirán que me debo conformar con un juguete por no poder conseguir novio o pareja. No sé, me da pena.

- Hablas de sentir doble penetración. ¿Te gustaría ser penetrada por dos hombres a la vez? ¿Es una de tus fantasías?

- Honestamente lo pienso, pero tengo la seguridad que no me atrevería. No sé, quizá… quizá tendría que estar bajo la influencia de algunas cuantas piñas coladas y no vírgenes como las que ahora estoy tomando. –y Jennifer ríe.

- ¿Por qué si gustas, puedo llamar a un amigo para cumplirte tu fantasía?

- No lo creo. Primero, déjeme superar la idea de ir con usted a donde usted me llevará y no sé qué tantas cosas me hará, que solo la idea esa me toma con sorpresa y me da enorme ansiedad, especialmente que usa zapatos talla 13… eso si me da nervios. –ahora soy yo quien me rio.

- ¿Quieres calmar un poco la ansiedad?

- ¿Cómo?

- ¡Puedes tocármelo sobre el pantalón!

- ¿Puedo?

Solamente era cuestión que Jennifer dejara de poner su mano sobre mi rodilla izquierda y que la llevara a mi entrepierna y lo hace de manera como masaje y llega al bulto donde mi verga esta algo erecta, pero no en todo su potencial, pues la plática la ha llevado con un mecanismo hidráulico de erecciones potentes, que en otros momentos se apacigua. Jennifer exclama:

- ¡My god, it feels huge! (Dios mío, se siente enorme)- y continúa preguntado. Tony, ¿se la puedo sacar y poder verla? ¡Si la saca prometo darle un beso! – y ríe de forma picaresca.

Le doy la aprobación y es Jennifer quien me baja el cierre y logra sacarla, pues por lo erecta que está y en esa posición sentado, se le hace un tanto difícil, pues tenemos que estar atentos al mesero y algunas otras personas que caminan en el restaurante. De repente Jennifer se agacha y rápidamente se lleva mi glande a su boca, pues siento como sus labios lo aprietan y su lengua intenta masajearlo. Le tengo que dar la señal que alguien se acerca y tomando la servilleta se limpia y bebe de su refresco. Ella me dice en español:

- ¡Está llorando la pobrecita y la tuve que consolar con un beso!

- Como me gustaría corresponderte, pero como que para una mujer es un poco más difícil en estas condiciones y circunstancias, especialmente dependiendo de los panti que uses.

- Realmente creo que no. ¿Es algo que usted quiere hacer lo podemos intentar?

- ¿De veras te atreves?

- ¿Usted quiere?

Su vestido color oro le llegaba a las rodillas y fue solo cuestión que ella se alejara a una de las esquinas, tomó una posición doblando sus piernas y subiéndolas al asiento tipo sofá del restaurante, vimos la oportunidad. Jennifer me abre las piernas y se mueve lo que parece ser una tanga negra y me lanzo rápidamente a su conchita, que está pero súper mojada y bebo de esos jugos espesos y que me saben como el mejor aperitivo. Yo me tomo unos segundos más y le paso mi lengua en unas cinco o seis ocasiones de arriba abajo y succiono un par de veces su clítoris y me incorporo y hago lo mismo con la servilleta y me limpio y me queda el sabor y olor de su sexo.

- ¡Me gustas! ¡Eres atrevido! – me dijo.

- ¿Quién no se atrevería a hacer algo así con una chica tan linda como tú? ¡La tienes súper mojada!

- ¡Usted me ha puesto así de caliente y a la vez nerviosa!

- ¿Por qué los nervios?

- Usted sabe el paquete que tiene y eso si me pone bastante nerviosa.

- ¿Qué hay con mi paquete?

- ¡Tony, es grande y grueso! No es que haya tenido muchas experiencias con hombres diferentes, pues honestamente los resuelvo en dos, pero lo suyo es enorme.

- Creo que exageras, quizá es un poquito más grande y grueso que el promedio.

- Usted si fuese actor porno, se le buscaría por el menú donde se encuentran los penes monstruos.

- ¿Miras porno?

- ¿Quién no? ¿Quién nunca ha curioseado una película pornográfica?

- ¿Te gustan mucho?

- Lo suficiente para calmar de vez en cuando las ganas.

- ¿Te masturbas seguido?

- No tanto como antes. ¡Hoy quizá unas tres veces por semana! ¿Usted lo hace?

- ¡Fíjate que no! Quizá sea de los pocos que no tanto le place la auto satisfacción.

- ¡Quizá el único si lo que dice es cierto! Pues por lo que sé, el 100% de los hombres se masturban. ¿Pero si le gustan que le masturben?

- Sí, eso es diferente. Sentir la piel de una linda mujer masajeando mi pene es diferente al hacerlo uno mismo. Es como esa sensación que tú tienes con tus pezones. Te aseguro que si alguien más lo hace para ti, es más excitante y placentero. ¿No es así?

- ¡Probablemente! En mi caso, no he tenido esa confianza con mis parejas para decirles lo que me gusta o lo que no.

- Conmigo no tienes ese problema, quiero conocerte lo más que pueda para darnos placer mutuo.

- Dígame Tony, ¿qué es lo que a usted le gusta hacer en la cama con una mujer? ¿Qué es lo que no va con usted?

- ¡Soy muy abierto a casi todo! Excepto a los golpes, al sexo sadomasoquista, eso como que no va conmigo. ¿Qué te gusta a ti?

- ¡Lo normal! ¡Quizá todo como a usted, pero tampoco me gustan los golpes!

- ¿Qué tal el sexo anal?

- Nunca lo he experimentado pero con la persona adecuada creo podría suceder.

- ¿Te parezco la persona adecuada?

- Usted me gusta, es un hombre muy guapo, pero me da nervios su tamaño, pero veremos con el correr de las horas. No le digo que no o que sí, creo que es cuestión de averiguarlo con su trato.

- ¿Le habías mamado el pene a alguien antes, así como me lo hiciste a mí hace unos minutos en un lugar público?

- ¡La verdad que no! Lo había pensado pero nunca di ese paso. Ni para mamarle a alguien o como usted hizo de chuparme la conchita.

- ¿Te gustó?

- ¡Usted sabe que si! Sentir la punta de su pene y saborearlo me ha calentado y al sentir su lengua rondando mi conchita, pues me ha puesto a mil.

- ¿Tienes mojadito tus pantis?

- ¿Lo duda? ¿Quiere tocarlo?

Meto mi mano por debajo de su vestido dorado y ella abre sus piernas para hacerme fácil el acceso. Toco su vulva llena de sus jugos vaginales y su calzón está totalmente mojado. Introduzco dos de mis dedos y los retiro llenos de esa miel cuyo olor me vuelve loco y ella mira como me llevo esos dedos a mi boca y los saboreo. Ella me toma la mano y se lleva esos dedos con el olor y sabor de su vagina y me lame mis dedos como si estuviera chupando una verga. El mesero se sorprendió cuando nos encuentra de esa manera, pero Jennifer ni si inmuto y siguió mamándome los dedos de una manera muy sugestiva que de seguro puso nervioso al muchacho que nos servía más refresco.

Continúa.

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