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La señora Antonia y la promotora

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Una señora mayor se apasiona por una joven promotora

Antonia regresaba a su hogar después de una extenuante jornada en el Hospital donde trabajaba de enfermera. A su edad, llegando casi a los sesenta, estas largas guardias la dejaban muy cansada, deseaba llegar a su casa para descansar y reponerse.

Decidió hacer unas compras en el Súper que quedaba a solo una cuadra de distancia de su vivienda, tenía apetito y seguramente en su heladera no encontraría nada que la gratificara antes de irse a dormir. Una vez dentro del Súper, se puso a recorrer las góndolas sin decidirse que comprar cuando llego al sector de congelados y en un rincón habían puesto un pequeño mostrador donde ofrecían algún producto para que probaran los clientes.

Antonia quedo impresionada por la visión de una escultural belleza rubia que daba a probar un jugo de extraño color azul. La promotora era una chica de no más de 19 o 20 años y estaba ataviada con un uniforme también azul que le llegaba a medio muslo. Era alta y lo parecía mas por su calzado, unas sandalias de taco alto que realzaban las espectaculares piernas de la muchacha, de un bronceado que le daba un aspecto deportivo y sensual.

Antonia se olvidó por completo de comprar algo y se acercó hacia el pequeño mostrador para ver más de cerca a esa celestial criatura. La chica estaba concentrada llenando pequeños vasos con jugo y al ver a Antonia le dijo "Quiere probar este jugo de arándanos, no tiene aditivos ni colorantes" repitiendo lo que le habían enseñado en el curso preparatorio.

Antonia asintió sonriendo mientras decía "Si gracias, con el calor que hace me viene bien" y se quedó parada tomando el jugo mientras miraba sin disimulo a la belleza que tenía enfrente. La chica era preciosa de cara y tenía una expresión aniñada que la hacía aún más deseable. Desde donde estaba parada Antonia tenía una visión apropiada del cuerpo de la chica, su uniforme no hacía más que resaltar sus curvas pero lo que tenía enloquecida de deseo a la mujer mayor eran las piernas de la joven, sintió la tentación de alargar su mano y sentir la suavidad de esos muslos.

La chica sintió, un poco extrañada, como la miraba esa señora, una forma de mirar que reconocía como cuando la miraban los hombres, ya sea chicos o mayores y pensó, con un poco de morbo "Me parece que si yo la dejo, me hace de todo" y sintió un calorcito entre las piernas.

Como Antonia no se retiraba la chica le dijo "Le gustó? quiere otro vasito? y se inclinó para buscar más refresco bajo el mostrador, al hacerlo su corta pollera se subió aún más y la visión de sus piernas dejo sin habla a la mujer mayor que notaba que estaba sintiendo una atracción irresistible por esa chica.

Como pudo, Antonia disimulo su excitación y le dijo "Si te agradezco" y mientras aceptaba su segundo vasito agrego, como para entrar en conversación:

"Debe ser cansador estar parada aquí tantas horas"

La chica la miro sonriendo y dijo "Por suerte ya cumplo el horario y me voy, es muy cansador estar parada tanto tiempo sobre todo con estos tacos" y le adelanto una pierna para que viera, a lo que Antonia, que ya se moría por tocarle las piernas, dijo: "Claro, mucho rato con esos taquitos, nena te tiene que cansar" y no apartaba la vista de esas espectaculares extremidades.

"Lo único malo es que me tengo que ir sin duchar porque acá no hay duchas y recién cuando llegue a casa me puedo bañar" dijo la chica haciendo un gracioso mohín.

Antonia decidió arriesgarse y le dijo "Mira, yo vivo a una cuadra y para mí no es molestia si querés darte una ducha así viajas cómoda a tu casa"

La chica la miro indecisa, se daba perfecta cuenta que esa mujer quería llevarla a su casa, no podía disimular lo caliente que estaba con ella y la situación la ponía un poco temerosa y a la vez la excitaba. Había estado con chicas anteriormente pero nunca con una señora tan mayor, que podía ser su abuela, quien sabe todo lo que le haría tomando en cuenta la afiebrada mirada que sentía en su cuerpo.

Finalmente dijo "Pero yo no quiero molestarla, me gustaría pero me parece un atrevimiento de mi parte si me baño en su casa"

"No es ninguna molestia, nena, y te vas bien fresquita después de un día de trabajo"

"Bueno" dijo la chica "Si no es molestia entonces voy, espéreme un segundo que voy a buscar mis cosas y ya nos vamos"

Antonia no podía creer que le estuviera pasando esto, mientras esperaba trataba de controlar su ansiedad y la excitación brutal que tenía.

Cuando la chica volvió, todavía ataviada con su uniforme, se marcharon hacia la casa de Antonia.

"Cómo te llamas preciosa" le pregunto la mujer mayor, a lo que respondió la chica "Me llamo Denisse y usted, señora?"

"Antonia y por favor no me digas señora que me haces sentir más vieja"

Llegaron a la casa y Antonia le indico a la chica donde estaba el baño, le proporciono una toalla y le dijo que podía cambiarse en el cuarto.

Mientras la chica se bañaba, la mujer se desesperaba de ansiedad y pensaba que hacer para poder disfrutar de esa belleza.

Al rato, Antonia sintió que una voz la llamaba y fue hasta el cuarto. La chica se había cambiado y lucia ahora una infartante minifalda, estaba descalza al borde de la cama y ni bien la mujer entro le dijo "Me duelen mucho los pies, Antonia, no me harías unos masajes?"

Antonia no daba crédito, parecía un sueño, pero ni lerda ni perezosa se acercó hasta la cama y dijo "Si preciosa sentate aquí y dejame hacerte unos masajes"

Denisse percibía claramente lo que estaba por ocurrir, se sentó en la cama y estiro sus piernas hacia la mujer que tomo uno de sus delicados pies y comenzó a masajearlo con suavidad. Lo acaricio por su empeine y luego por la planta haciendo masajes muy sensuales en los pies de la chica que comenzó a gemir en voz baja mientras le decía "Hmm que bien masajea, Antonia, que bien me hace"

"Que lindos pies tenés chiquita, y que lindas piernas" dijo Antonia que ya no aguantaba la alta tensión sexual que le provocaba ese monumento de mujer. No pudo reprimirse y empezó a acariciarle las piernas, muy suavemente y con caricias que iban subiendo lentamente. De repente Antonia tomo el pie que tenía más cerca. Se lo llevo a la boca y empezó a chuparle los dedos. La chica entrecerraba los ojos y suspiraba quedamente mientras decía "Hmm me gustan sus masajes señora Antonia". La desquiciada mujer siguió lamiendo hacia arriba por las piernas y llego hasta los muslos que acariciaba febrilmente mientras lamia esa suave y aterciopelada piel, dándose cuenta que la chica no se resistía, sino que al revés parecía disfrutar de las caricias y lamidas que le proporcionaba.

Llego un momento que la lujuria se desbordo y Antonia busco con desesperación sacarle la minifalda a la chica, lucho unos momentos y lo logro mientras la muchacha suspiraba de placer, Antonia vio la minúscula tanga que llevaba Denisse y comenzó a acariciarla la concha sin sacarle la tanga, y prácticamente se zambullo sobre esa concha pasando la lengua por encima de la tanga a lo que los suspiros de la chica se intensificaron lo que enardeció a Antonia.

Tomo con ambas manos los tirantes de la tanga y la despojo en dos tirones para abalanzarse con su boca y lengua sobre la mojada concha de Denisse, la chupo ávidamente y le metió la lengua buscando el clítoris en forma salvaje, la chica profería pequeños gritos de placer y Antonia estaba en la gloria disfrutando de una hembra que jamás creyó que pudiera tener.

Acrecentó los lametones y le introdujo dos dedos en la concha a la chica que en pocos momentos lanzo un gemido profundo al alcanzar un enorme orgasmo.

Antonia se subió sobre la chica, le levanto su blusita para mamarle las tetas y sorberle los pezones mientras frotaba su mojada concha contra las piernas de la chica y de repente experimento un brutal orgasmo. Continuo frotándose contra la chica que gemía sin cesar y así se quedaron un buen rato.

Luego, después de un largo rato, Antonia, mirando el espectacular cuerpo de la chica, le dijo "Nena, me parece que vas a tener que bañarte de nuevo".

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