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Entrevista con Jennifer, una sexo servidora (3)

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Me arrodillé por un par de minutos y saboreé su conchita ahora con un olor a jabón de hotel. Todavía tenía evidencia de sus jugos vaginales al hundir mi lengua en su hueco

Entramos a la habitación del hotel con esa desesperación para descubrir de una sola vez totalmente nuestra desnudez. Ambos nos asistimos el uno al otro al desnudarnos y ambos aprovechamos la ocasión para saborear el uno al otro nuestra piel, mientras lentamente nos descubríamos. Jennifer no solamente es un rostro bonito, tiene un cuerpo exquisito y ese cabello largo es como un velo que casi le cubre la totalidad de su bonito y rico trasero. Sus pechos no se quedan atrás, quizá los pechos más simétricamente redondos que he visto hasta el momento y cuyos pezones erectos hacen una delicia de apreciar.

Ahora entiendo a eso pobres muchachos a quien ella identificó como sus novios que hayan eyaculado tan prematuramente, pues el cuerpo de esta bella mujer te absorbe totalmente con esa cintura y un plano abdomen que es el contraste de esas curvas de sus ricos glúteos que según las medidas que provee su agencia, llegan a los 98 centímetros con una piel sedosa y al tocarlos se siente la firmeza de su joven edad. Había tenido culos con estas dimensiones, pero no con la misma firmeza de los de Jennifer. En el nivel superior, sus pechos aunque no los más grandes, eran de muy buen tamaño para balancear la delicia que conllevaba en su trasero. Yo admiraba su hermoso cuerpo y me imaginaba follándome ya ese rico y pronunciado culo, y estaba pensando que cumplido darle, pero fue ella quien comenzó a adularme:

- Tony, me gusta tu cuerpo. Tus pectorales, tus glúteos son espectaculares. Tienes una hermosa verga que de seguro mi amiga me envidiará cuando le cuente y se la describa. ¿Seguro que vas a cumplir 50 años?

- ¡Gracias por tus cumplidos! La verdad que yo no encontraba palabras para decirte lo bella que eres. –y ambos nos restregábamos el uno al otro con jabón.

- La verdad que si me dieran la opción por quedarme con una parte de ti, no sé con cual me quedaría… lo más probable que esta preciosa verga. – y me la pajeaba con sus manos enjabonadas.

- Yo diría lo mismo. En mi caso, si me vería forzado en escoger una parte de tu cuerpo, me quedo con ese espectacular culo que tienes.

- ¿Te gusta mi culo?

- Me gustaría morir de un ataque al corazón mientras te estoy clavando tu rico culo. –y se ríe.

- ¡Eres chistoso! En ese caso es lo último que te voy a dar, pues por lo menos quiero sentirte adentro de mis otras tres veces más. –y vuelve a reír.

- ¿Qué crees que les llama más la atención a los hombres de tu cuerpo?

- ¡Pues creo que mi trasero! Siempre mis amigos me hicieron bromas por mi trasero: No cierren la puerta, el trasero de Jennifer no ha entrado todavía. Cosas así que me decían.

- ¿Te molestaba?

- ¡Pues cuando uno es más joven, como que me molestaba! Incluso creo que me provocó algún tipo de trauma al ser constantemente señalada por mi trasero.

- ¿Te molesta ahora?

- Creo que los muchachos de mi edad ya no son tan infantiles para hacer ese tipo de bromas, pero sé que les llama la atención el volumen de mi trasero.

- ¿Y eso te gusta o te molesta?

- ¡Todo depende de quién sea y como sea esa mirada! Hay hombres tan pervertidos que inclusive yendo con sus hijos y sus esposas, me dan esa mirada como desnudándome… esos son los que me molestan.

- Yo quisiera volverte a desnudar y no solo lo he hecho con la mirada, sino que literalmente lo he hecho con mis manos. ¿Te molesta?

- Sabe, quizá me sentí más confortable al desnudarme ante un totalmente desconocido por lo que pasó en el restaurante y que me quitó el panti en su carro. Bueno, que ya me folló y me sacó un rico orgasmo, pero al principio me ponía nerviosa la idea de quitarme la ropa ante alguien a quien no conozco.

- ¿Y ahora nos estamos bañando juntos? ¿Lo habías hecho antes?

- ¡No, nunca! Ahora me está usted enjabonando como cuando lo hacía mi mamá.

- ¿Qué te diría tu madre si lo supiera?

- ¿Cómo? Creo que si supiera que estoy sexualmente activa y me encontraba con alguien así, pues reaccionaria como lo haría cualquier madre. Pero en estas condiciones, que yo soy su dama de compañía y ella se da cuenta, se muere. Pero antes de ella morirse, me mata.

- ¿Qué edad tiene tu madre?

- Tiene su edad. Acaba de cumplir los 49.

- ¿Y tu padre?

- Él tiene 52.

- ¿Es tu madre tan guapa como tú?

- Uno de hija, a su madre siempre la verá hermosa. Pero creo que sí, sé que le llama la atención a muchos hombres.

- ¿Cuál es su ancestro? ¿Qué país es su origen?

- Mi madre es de la Republica Dominicana. Una hermosa morena dominicana.

- ¿Podríamos decir que tu padre es un hombre suertudo?

- Mi padre es muy guapo también. Él es inglés, y todavía habla con ese acento británico.

- ¿Cómo te sientes el haber tenido sexo con un hombre de la edad de tu padre?

- ¡Satisfecha y extraña! Mire que hacerme acabar en minutos, eso no me había pasado antes y es extraño, pues sin deseos de incomodarlo a usted, cuando mi amiga me habló que lo más probable que mi primera cita pudiera ser con un hombre mayor, siempre imaginé a alguien de 30, máximo 40 años. Nunca imaginé estar y tener sexo con alguien quien tiene la edad de mis padres.

- ¿Pero viste mi foto y aun te inclinaste por mí?

- Como le dije, me gustó su rostro y la edad que ambas calculamos fue que tenía 40.

- ¿Te arrepientes de algo hasta el momento?

- ¡La verdad que no! Hasta el momento, a pesar de mi nerviosismo y ansiedad, me ha gustado lo que ha pasado.

- Jennifer, ¿me dejas chuparte la conchita?

- ¡Si usted quiere! Soy su dama de compañía, aunque usted puede llamarme como usted quiera.

- ¿Quieres ser mi puta?

- ¡Tony, estoy encantada de ser su puta!

Me arrodillé por un par de minutos y saboreé su conchita ahora con un olor a jabón de hotel. Todavía tenía evidencia de sus jugos vaginales al hundir mi lengua en su hueco, pero Jennifer me interrumpió al pedirme:

- ¿Podríamos ir a la cama? Ahí usted continúa con lo que hace y yo puedo hacer lo mismo para usted.

- ¿Te refieres a hacer el 69?

- Sí, creo que es así como le llaman. ¿Quiere?

- Por supuesto. –le he contestado.

Nos hemos secado he ido a la cama. Jennifer me pide que es ella quien quiere estar arriba y en esa posición comenzamos lentamente a hacer un rico 69, el cual empezó con ricos y delicados besos, hasta llegar con los minutos a intentar hundirle tolo lo que podía de mi lengua y ella a introducirse lo más que podía de mi verga. Creo que solo podía con la mitad, pero debo decir que pese a su edad y con lo inexperta que decía que era, esa felación estuvo divina, pues creo que la óptica de tener su rica conchita que Jennifer me restregaba en la cara y a la vez acariciando con mis uñas su ricos y pronunciados glúteos hicieron de esta acción algo muy sensacional. El éxtasis le llegó a Jennifer cuando ocupando mi dedo pulgar lleno de sus jugos y mi saliva, he comenzado a masajear el ojete de esta linda chica. Ella me lo anuncia soltando mi falo y diciendo: ¡Tony, me corro, me vengo…Uh que rico, me está haciendo acabar… uh que rico. –y Jennifer me restregaba más violentamente sus rica concha contra mis labios y mi cara empapada de sus ricos y espesos jugos vaginales.

Al pasarle los espasmos de su orgasmo, ella me pide que me venga otra vez en su boca, que se la llene de nuevo y es más agresiva en su mamada, pero soy yo quien toma el control y le digo que me quiero follar esa panochita la cual solo tiene un pequeño arbusto de vellos en el pubis. Me limpio con las mismas toallas con que nos hemos secado al salir de la ducha y ella me queda mirando y me besa el rostro y la boca, aunque tengo su olor y sabor de su panocha. Ella toma la posición del misionero y era lo que yo iba a intentar, pues ella misma me ha dicho que es lo que quería experimentar conmigo. Abre las piernas para recibirme y me da una linda sonrisa.

Me había corrido en su boca una hora y minutos antes, así que esa presión ya no la tenía como cuando le dejé ir la corrida de diez días sin liberar esperma, ahora podía follármela y controlar el deseo de eyacular a mi antojo y le miré a sus bonitos ojos color de miel y frunció sus labios como una muestra de placer cuando mi verga se hundía totalmente hasta que mis testículos chocaron en su rico culo. Comencé a pompearla lentamente, con un ritmo semi-lento y Jennifer cerró sus ojos y se mordía el labio inferior. Dejé de verle el rostro, pues curvé mi espalda para alcanzar y comenzar a mamar sus pezones, los cuales succioné violentamente por intervalos de minuto a cada uno y fue cuando Jennifer me dijo: ¡Así Tony, que delicioso se siente!

Fue Jennifer quien comenzó lentamente a mover su pelvis mientras mi boca succionaba y mordía sus oscuros pezones que deberían tener el mismo tamaño de su clítoris. Ella me aprobaba y me sugería a cada vez que fuera más tosco con el masaje a sus tetas y fui sintiendo como poco a poco la temperatura de su vagina se fue elevando y podía sentir lo húmedo de su concha y como mis testículos chocaban contra ese rico culo lleno y empapado de nuestras secreciones sexuales. El olor era penetrante, el cuarto olía a sexo, se escuchaba ese golpeteo de nuestros sexos con el mismo ritmo que crujía la madera de la cama. Volví a apretarle los pezones con mis manos, mientras ambos ya habíamos acelerado el ritmo sin llegar a ser muy violento. Ella abrió los ojos y me miró ida, como perdida en otra dimensión y me volvió a anunciar que se venía: Tony, me vengo, que rico coge usted… deme, deme, apriéteme los pezones… deme así, así… me vengo Tony, que rico, que rico, me vengo, me vengo… Uh… que rico.

Mirar a Jennifer alcanzar este orgasmo, mirar ese bonito rostro y sus expresiones de placer; como se mordía los labios y como los abría como deseando que mi lengua la penetrara, eso es un espectáculo a parte, una experiencia que siempre evocaré. Le besé el cuello, le dije tantas cosas al oído, como lo mucho que me gustaba y finalmente le besé la boca y fue en ese enredo de nuestras lenguas, que me corrí en ella. Pasamos así recuperando la compostura por unos 5 minutos, hasta que mi verga se fue poniendo flácida y Jennifer sintió que mi esperma le salía de su rica concha.

- ¡Tony, usted es increíble!

- ¿Te parezco increíble?

- ¡Súper increíble! ¡Que corrida me ha sacado!

- ¿Te gustó?

- ¡Que va! ¡Me fascinó! A eso le llamaría, un orgasmo total.

- ¿Y eso?

- Mire, la corrida en el carro fue diferente, la corrida haciendo el 69 fue también diferente. Esta que me acaba de sacar, es una corrida donde sentí una combinación de las dos. Yo le llamo la corrida total. ¿Usted se fue rico?

- Pensaba durar un poco más, pero al verte y oír correrte, me has hecho acabar a mí también.

- ¿Cómo logra aguantar tanto? Eso es lo que me parece increíble de usted… esa resistencia. ¿Ha tomado Viagra?

- No, no tomo Viagra todavía… quizá lo necesite en un futuro, pero no por el momento. –y me río.

- Dígame, ¿cuantas veces lo ha hecho en un día o una noche?

- Bueno, cuando era joven recuerdo haberlo hecho 8 veces.

- ¡Que chica más suertuda!

- ¿Y últimamente, cuantas veces lo ha hecho en una sola noche?

- Si bien recuerdo, unas 5 veces.

- O sea, ¡me faltan por lo menos tres ricas folladas a mí!

- Posiblemente… ¿Y tú, cuantas veces lo has hecho en un día?

- ¡Uh! Lo mío es lastimoso. Con mis novios, lo máximo fue dos veces, aunque debo admitir que más de alguna vez, tuve tres orgasmos a través de la masturbación. Hoy con usted he tenido tres ricos orgasmos en menos de dos horas y me dice que todavía hay más. ¡Hoy es mi día de suerte! – y se ríe.

- ¿Quieres intentar con juguetes sexuales?

- Si usted gusta, lo podemos intentar.

- Bueno en ese caso, duchémonos y nos vamos a una tienda donde adquirirlos.

Para este tiempo ya son casi las diez de la noche y nos preparamos para ir a esta tienda de novedades para adultos. Localizamos una a través de internet y para nuestra suerte hay una a dos cuadras. Jennifer en esta ocasión ya se cambia de vestido, y me pide mi opinión, pues lleva dos opciones para que yo escoja. Se prueba ambos y ambos le quedan divinos y lo mismo hizo con su pantis y le pedí que se pusiera una tanga roja con su vestido rojo que le ciñe sus bien simétricas curvas. No ocupa brassier, pues estos vestidos no lo requieren y de esta manera ella vuelve a conducir mi Shelby Mustang y que ahora va bien con ella, pues mi coche es de color rojo con líneas negras y de oro.

Entramos a la tienda con cierto nerviosismo de Jennifer, pues creo que como todos a esa edad, pensamos en una sorpresa de encontrarnos a alguien conocido en estos lugares. Ella se sorprende de todo lo que hay de disponible. Consoladores de todos los tamaños y grosores y hasta se atrevió a compararlos con mi falo. Le pedí que ella misma escogiera lo que gustaba, pero por su inexperiencia, pues siempre recurría a mi opinión.

- ¡Es que eso se mira muy grande y tosco!

- Bueno, pidamos ayuda y la opinión de los expertos.

- ¡A mí me daría pena hacer eso! ¿Qué le podríamos preguntar?

En eso se acerca una chica rubia quien trabaja en el lugar. Tiene una bonita fachada y muestra unos tatuajes en su cuello. Quizá nos escucha nuestros cuestionamientos y nos ofrece ayuda para sorpresa de Jennifer.

- Mi amiga y yo estamos interesados en unos consoladores, pero no tenemos idea que adquirir. Es la primera vez que intentamos algo así.

- Entiendo… bueno, como podrán ver, hay de todos los tamaños y grosores. Para darle una idea: este tiene tres escalas de vibración, pero el material no es tan natural como este otro y usted lo puede deducir por el precio.

- El precio no es un problema… ¿Qué nos aconseja?

- Mire, en mi opinión personal, esto es de lo más natural. Viene en la medida promedio, de 4 a 5 pulgadas (12 a 15 centímetros), el término medio de 6 a 9 (18 a 27 centímetros) y esta gigante que a mí me parece exagerada y no tan natural, pero que muchas mujeres quizá fantaseamos. Las primeras dos son las que más vendemos.

Y esta muchacha se dirige a Jennifer con una gran naturaleza y le dice:

- Mi consejo es que busques algo similar al tamaño de tu pareja y si intuyo bien, creo que la segunda opción es la que te recomiendo. Aunque también tenemos consoladores más pequeños, más personales. Esos que llamamos los novios desapercibidos y que puedes llevar en cualquier cartera y pasan con si fuesen un pinta labios.

Y nos muestra algunos, nos habla de los precios y calidades como también de ciertas ventajas y desventajas. Pero ahora esta chica es más directa con Jennifer y se dirige más a ella.

- Mira, yo te recomiendo que te lleves estos tres: este pequeño personal, este que es de tamaño mediano y que tiene esta curva para alcanzar el punto G, y este que es un poco más grueso y que tiene la ventaja de ser inflado al grosor que tú desees.

- Me llevaré los tres. –contestó Jennifer.

- ¿Necesitas lubricantes?

- ¿Qué me aconsejas?

- ¡Creo que deberías tenerlo por cualquier cosa! Mira, este es muy bueno, tiene un mentolado que creo que le va a gustar a ambos. Y este, te lo recomiendo si es que practican el sexo anal. ¿Qué dices?

- Si, llevaré los dos.

Habían entrado varios clientes y esta chica Jennifer era el centro de atracción. Creo que todos envidiaban el culo que estaba a punto de cogerme, creo que me envidiaban las tetas que ya había gozado y esa panocha a la que ya le había sacado tres orgasmos. Pagué la cuenta y aquella chica nos deseó una excitante noche.

Continúa.

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