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Laura y el tanga

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  • Los imaginó sobre aquellas sábanas gozando. Notó como su coño se empezaba a humedecer solo de pensarlo. Se estaba excitando. Se sentó en la cama. Los imaginó desnudos. Acariciándose. Besándose. Dándose placer

    Laura se quedó pensativa. Encontrarse el tanga debajo de la cama le hizo pensar. Eso significaba que Gustavo no había pasado la noche solo. Es más. Habría tenido una noche divertida. Seguro que excitante. Las manchas sobre las sabanas eran la prueba de ello. Su mente empezó a imaginar. Su subconsciente lujurioso le traicionaba. Y el haber visto a Gustavo con la ropa deportiva ajustada le vino a su memoria. Pensaba en cómo habría disfrutado su amante de ese cuerpo de Adonis. Los imagino sobre aquellas sabanas gozando. Noto como su coño se empezaba a humedecer solo de pensarlo.

    Se estaba excitando. Se sentó en la cama. Los imagino desnudos. Acariciándose. Besándose. Dándose placer. Se dejó caer de espaldas en la cama. Le llegaba el olor de Gustavo impregnado en las sabanas. Y notaba crecer su humedad. Su mano soltó los botones de su short. Empezó a acariciarse por encima de la fina tela de su tanga. Los veía ahí mismo gemir. Acoplados. Follando con intensidad. Aparto ahora su tanga y llegó a su vagina. Quería darse placer allí mismo. Pensando en que era a ella a la que montaba. A quien le metía aquel pene que imaginaba todo erecto. Rosado casi púrpura. Lo deseaba dentro de ella. Introdujo sus dedos. Los noto húmedos al momento. Estaba muy cachonda. Mucho. Ese olor a hombre. Quería tenerlo entre sus piernas. Pero ahora deseaba su lengua. Sus labios. Quería tener su lengua acariciando lo que ahora acariciaban sus dedos. Imaginaba que sus dedos eran su lengua.

    Ahora era ella la protagonista bajo la acción de Gustavo. Pensaba en él lamiéndole. Comiéndole ese coño que ahora estaba tan mojado. Notaba su lengua suave. La notaba dándole unas caricias tremendas en su clítoris. A la vez le iba metiendo los dedos en su vagina. La combinación le estaba matando de placer. Lo sentía. Lo disfrutaba. Era tan real en su mente. Estaba sintiéndolo. Sentía el roce de su barba en la piel de sus muslos. Era su zona más sensible. Su boca la estaba devorando. Lamia su coño con sabiduría. Con toda la lengua. De abajo a arriba. Con la punta de la lengua. De lado a lado. De arriba abajo. Deprisa. Rápido. Luego lento. Eso la mataba. La desesperaba. Sentía. Gozaba. Disfrutaba. Era intenso. Y veía como el alzaba la mirada y le guiñaba un ojo. Paro y le vio su sonrisa.

    Y de nuevo sintió su lengua. Sus dedos. Como sus brazos se aferraban a sus muslos. Como la inmovilizaba cuando se revolvía ante sus caricias. Era algo sensacional. Se estaba masturbando como nunca. Jadeaba. Gemía. Le puso su mano sobre su cabeza acariciando su cabello negro. Le apretaba contra su ingle para sentir más intensidad. Estaba al máximo de placer. Hoy estaba excitadísima. Sus manos no pararon de acariciar su propio cuerpo. Su coño. Sus pechos. Sus pezones. Tiro de ellos. Endureciéndolos más. Los pellizco. Estaban muy erectos. Y se acarició más y más. Sintió la lengua y los labios de Gustavo mil veces sobre su inflamado clítoris. Hasta que al fin grito. Estallo su orgasmo. Su explosión de placer fue casi infinita. Se tensó. Todo su cuerpo se puso rígido. Tembló. Disfrutó. Agarro las sabanas con una mano mientras la otra culminaba su última e intensa caricia sobre su empapado coñito. La corriente eléctrica que recorrió su cuerpo fue tremenda. La convulsiono. Se revolvió llena de gozo sobre aquellas sabanas que la habían transportado a vivir el mejor orgasmo de su vida.

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