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El bosque continuación (2)

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A la tarde siguiente fui otra vez corriendo y vestido de mucama a la cabaña de los dos viejos. Me di cuenta de que estaban muy calientes, porque enseguida empezaron a besuquearme y a meterme mano

Y me llevaron a través del bosque a una casa con paredes de ladrillos a la vista, donde vivía el tal Cristino, un setentón con cara de perverso que nos recibió entusiasmado.

-Así que éste es el chico… ¡Un manjar!... Es más lindo de lo que imaginé… Casi una chica de tan lindo… Pero habría que hacerle un par de retoques…

Los tres estaban sentados a la mesa del living, conmigo de pie a unos pasos, para que me apreciaran bien.

-Explicate… pidió el señor Gervasio…

-Acentuar un poco eso de femenino que tiene… No digo hacerlo un travesti, eso no me interesa, pero por ejemplo, delinearle las cejas, depilárselas y hacer que el pelo le crezca hasta los hombros…

-¡Gran idea, Cristino!... ¿Oíste? Ya no más a la peluquería…

-Está bien, señor Rolando… -acepté mientras sentía cada vez más claramente cuánto me excita ser dominado y obedecer…

-Y eso de las cejas… -intervino el señor Gervasio. -¿Vos podrías hacerlo?

-No, lo haría una amiga que tiene un salón de belleza…

-Che, ¿y es de confianza? No vaya a ser que se escandalice…

-Para nada, es una vieja guarra, jejeje…

-Ah, bueno… -se tranquilizó el señor Gervasio…

-¿Y cuándo podemos llevarle al chico?

-La llamo ahora por teléfono y arreglo…

-¡Perfecto!

Y arreglaron llevarme inmediatamente al salón de belleza…

Cuando entramos, yo vestido de mucama salió a recibirnos la dueña, una cincuentona con el pelo teñido de rubio que me envolvió enseguida en una mirada caliente mientras nos observaban las varias clientas que había en el salón…

-Mmmmhhh, hermosa la mucamita… -dijo y nos guió hacia uno de los gabinetes…

-¿Cómo se llama? –peguntó…

-Le decimos Yoyi… -contestó el señor Rolando…

En el gabinete debí sentarme en un sillón, con un gran espejo al frente…

La señora tomó una pequeña pinza depilatoria y dijo:

-Bueno, ¿le delineamos un poco las cejas entonces?

-Tal cual… -confirmó el señor Gervasio… ¿Será rápida la cosa, Carmen? Porque el chico vive con sus padres y ellos vuelven a eso de las ocho…

-¡Ay, Gervaso!... me llevará unos minutos…

La señora se puso a hacer la tarea y al terminar me encantaron mis nuevas cejas…

-Ahora le hemos dicho que no vaya más la peluquería hasta que el pelo le llegue a los hombros… -comentó el señor Rolando…

-¡Sí!... le va a quedar hermoso… -dijo la señora… -Y me encantaría ocuparme de ese cabello, mantenerlo, recortarle las puntas…

-Delo por hecho, señora, él será su cliente…

-¡Ay, cosita hermosa!... –dijo la señora y me pellizcó una mejilla…

Yo realmente estaba encantado con mis nuevas cejas… Me veía todavía más lindo y que ese detalle acentuaba lo delicadamente femenino de mi cara…

El señor Rolando pidió un radiotaxi y llegó en cinco minutos conducido por un vejete que, como el taxista anterior, no dejó de mirarme por el espejo, pero éste fue más lejos:

-¿Qué es, un chico o una chica? –preguntó a poco de andar…

-Adivine, amigo… -le propuso el señor Gervasio…

-Mmmmhhh, creo que es chico, pero no estoy seguro…

-Acertó, amigo… -intervino el señor Rolando… -pero es tan lindo que parece una chica, ¿cierto?...

-Así es… -coincidió el taxista… -y ya no hablaron más, aunque siguió mirándome durante todo el viaje y a mí sus miradas me excitaron como me excita todo viejo que se fija en mí…

(continuará)

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