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Una pareja lo hace frente a mi casa

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Una noche. Verano. Calor. Y una pareja se detiene con su coche ante mi casa. Quieren hacerlo. Y yo los puedo ver sin problemas

Llegué a casa del trabajo. Viernes. Qué diferentes eran los viernes a los treinta largos de edad que cuando se era más joven. Sobre todo ahora que uno estaba casado y vivía con su mujer e, incluso tenía un pequeño en casa.

Mi mujer y el pequeño pasarían aquella noche en casa de mis suegros, ya que al sábado siguiente ella trabajaba y la casa de mis suegros le evitaba un buen trayecto de coche.

Pero vamos, tener la casa para mí no implicaba lo que significaba en una mentalidad de alguien más joven. Una noche solo en casa era sinónimo de cerveza, pizza y tele. Por eso me había detenido en un supermercado de camino a casa. Cuatro latas de medio litro de cerveza (cerveza Ámbar, una de Zaragoza, en esta ocasión) y una pizza fue todo lo que compré.

Ahora la pizza se calentaba en el horno, de las cuatro latas quedaban tres y yo descansaba en el sofá viendo la tele. Estaba siendo un verano caluroso y yo vestía solo unos shorts del pijama. La ventana abierta traía algo de frescor, pero el calor seguía siendo asfixiante.

Comí la pizza y me terminé otras dos latas de cerveza. Vi una película y luego jugué un rato a la consola.

Así se me pasó el tiempo. Era ya tarde. La una y media. Cerré la ventana, abrí la nevera en busca de la última lata y me subí a la terraza.

Vivía en una casa de dos plantas. La parte de arriba tenía una terraza que quedaba frente a un parque tranquilo. Era una terraza bastante coqueta en la que se estaba muy cómodo. Las farolas de la calle eran de esas nuevas de led cuyo foco sólo ilumina hacia abajo, así que en aquella noche sin luna la terraza estaba oscura y tranquila, dejando ver un cielo todo lleno de estrellas. Me eché en una tumbona, abriendo la lata y aspirando los olores que venían del parque. Una brisa llegaba hasta aquella altura, aliviando algo el calor. Se veía que ninguno de mis vecinos andaba en casa. Nada raro en mi barrio ya que era un barrio joven y los fines de semana estaba bastante solitario.

Allí estaba yo tomando cerveza y medio adormilado cuando escuché un coche llegar y aparcar justo abajo de mi casa, en el espacio entre ella y el parque. Suponía que sería algún vecino de vuelta que no quería usar el parking subterráneo que tenían aquellas casas o alguna pareja que iría a la zona de bares que no quedaba excesivamente lejos. Así que pensé que tras detenerse el motor escucharía abrir y cerrar las puertas. El motor se detuvo. Si. Pero las puertas no se abrieron. Además se escuchaba música provenir del coche. No muy fuerte, pero se escuchaba.

La curiosidad hizo que me levantara y que, acercándome a la pared, me asomara por encima del borde de la pared de mi terraza. Es cierto que era difícil que desde abajo me vieran, pero mi instinto me hizo que me acercará a la pared por si acaso.

Eran unos aparcamientos en batería los que había debajo en mi casa. Sólo un coche estaba allí aparcado. Era un monovolumen Citröen aparcado de frente a casa. Dentro una pareja charlaba y estaba abriendo una bolsa de cartón de las del McAuto que había cerca de casa. Genial, pensé, mañana tendré restos de ketchup en la puerta fijo.

Me fije en que era una pareja joven. Gracias a la gran luneta del vehículo los podía ver perfectamente. Él, un polo azul y vaqueros de esos slim. Ella una falda blanca y una camisa negra, con los botones superiores abiertos. Él luciendo moreno, se veía que había estado ya en la playa ese año, mostrando unos brazos musculados. Ella de pelo rizado y abundante, rubia, con gafas de pasta negra.

Lo más llamativo para mi es que, desde mi posición, veía los muslos de ella, ya que la falda se situaba a medio camino entre las rodillas y la cintura. Eran buenos muslos, sí señor. Aunque su visión duró poco, ya que se puso la bandeja de cartón donde viene la bebida encima, para comerse su hamburguesa y se tapó toda.

En fin, volví a mi tumbona y a mi lata de cerveza.

Pasados unos minutos escuché lo que temía: cosas caer al suelo. Mi levanté y volví a mirar, pegado a la pared, hacia abajo. Habían terminado de comer las hamburguesas y patatas y habían tirado los restos por la ventanilla al suelo.

Hijos de puta, pensé. Mañana tendré la puerta llena de mierda gracias a vosotros.

Sólo tenían los grandes vasos de refresco todavía en el coche. El seguía en la misma posición pero ella estaba girada, con la espalda apoyada entre el respaldo del sillón y la puerta del coche. Así podía ver mejor sus muslos. Estaban también morenos, aunque menos que los de su chico. Estaba sin zapatos. Supuse que los tendría a los pies tirados, pero la guantera me los tapaba. La verdad es que aquella posición era sugerente. No enseñaba mucho pero lo que enseñaba sirvió para ponérmela morcillona.

La pareja reía mientras apuraban los refrescos. El muy cabrón del tío parece que se lo terminó porque con un movimiento lento lo dejó caer por su ventanilla abierta. El vaso golpeó en el suelo, perdiendo la tapa de plástico y desparramando el hielo en el suelo. Hijo de puta, volví a pensar, no sabes lo que es una puta papelera o qué? El tío se encendió un cigarro y se quedó allí fumando, hablando con su chica, que apuraba el refresco. Yo me volví a mi lata y le día un sorbo. Luego me fui para adentro en busca del baño. Necesitaba mear algo de los casi dos litros de cerveza que tenía en el cuerpo. Lo hice sin encender ninguna luz. Apoyé la mano en la pared de azulejos, me saqué la polla bajando la cinturilla el short y miré como el chorro iba saliendo. Con un suspiro terminé y la volví a guardar, ya habiendo perdido el estado morcillón que tenía antes.

Volví a la azotea. Le di un sorbo a mi lata, que ya estaba en las últimas, y volví a mi esquina junto a la pared para mirar si la pareja se había ido.

No, no lo había hecho. El vaso de ella ahora también estaba en el suelo de la calle tirado. Y del cigarro de él no había rastro. Se lo había quitado de la boca. Pero porque ahora tenía la boca entretenida en otra cosa. Él estaba girado ahora hacia ella. Inclinado sobre ella mejor dicho. Una mano estaba sobre el borde del sillón de la chica y con la otra sujetaba la cara de ella por la mejilla. Se estaban besando de forma apasionada. La falda de ella estaba más subida, casi al borde de enseñar la ropa interior. Desde mi posición lo veía perfectamente. Veía la cara de ella con los ojos cerrados, veía las dos lenguas bailando un sensual baile juntas… y vi la mano de él, que abandonaba el borde del sillón para subir por el muslo de la chica hacia arriba. Eso bastó para subir la falda lo necesario para ver una ropa interior de color celeste. No es lo único que subió: mi polla ya estaba erecta.

El chico recorría la cara externa del muslo... se pasó a la interna... la chica abrió algo más las piernas sin dejar de comerle la boca. Ahora yo veía perfectamente la ropa interior de la chica. Un triángulo celeste enmarcado por su morena piel y la falda blanca que se encogía ante la exploración del chaval. Al final el chico llegó a su destino y empezó a acariciar a la chica por encima de su ropa interior. Creí escuchar un gemido de ella, aunque no estoy seguro, la verdad.

Ella seguía besándolo, con sus manos sujetando la cabeza de él. Una de mis manos, a esa altura, estaba ya entretenida también con mi polla. Notaba que había manchado ya algo hasta el short. La escena me estaba poniendo a mil. Deseaba y rezaba porque fuera a más.

Y fue a más.

El chico cambió de posición, abriendo la camisa de la chica. Quitó todos los botones lentamente. Un par de tetas asomaron bajo un sujetador blanco. Se las veía grandes aprisionadas por la prenda. El chico agarró el pecho derecho de la chica y se lo sacó por encima del sujetador, sin quitárselo. Lo pude ver perfectamente. Tenía las marcas de haber estado tapado con el bikini. La piel del pecho era más clara que la del resto del cuerpo de la chica. Y eso me gustaba. El chico retiró su cara algo para ver la teta de ella, la miró a la cara, la morreó y bajó la boca hacia el pezón. No pude ver como se lo chupaba pero intuía que lo hacía bastante bien porque la chica tenía la cara hacía atrás, los ojos cerrados tras las gafas y las manos sobre la cabeza de él. Yo diría que estaba disfrutando.

Aproveché para deslizar mis shorts hasta mis tobillos. Iba a pajearme con aquella parejita.

El chico se deleitó con el pezón un par de minutos. Luego se incorporó y miró de nuevo a su novia. Ella sonrió, lo apartó hacia el sillón de él, y se quitó las gafas que dejó sobre el amplio salpicadero. Se quitó también la camisa y el sujetador al completo, dejando ya libres dos grandiosas tetas. Ya sin nada de sujetador se veían tal como eran: dos tetas jóvenes y firmes, con los pezones erectos. Ella se empezó a recoger el pelo rizado en una cola, así que me imaginé lo que iba a venir a continuación. Algo que confirmó ver como él se desabrocha el pantalón y se lo bajaba. La polla del chico quedó allí expuesta, erecta. Él mismo se la agarró y le dio un buen par de meneos, aunque pronto la soltó ya que la chica se puso de rodillas sobre su sillón y se la agarró con fuerza. De rodillas sobre el sillón, le comía la boca al chico al mismo tiempo que lo pajeaba.

Mi polla estaba ya como os la podéis imaginar.

La paja de la chica fue sustituida por una felación. Se movió ella algo para tener una buena posición y empezó a comer. En la posición que estaba ella, la falda se había bajado tapándole de nuevo. No le veía el culo ni el coño, pero si veía un bamboleo sin igual de las tetas que se movían al son de la mamada. Con una mano se apoyaba en el sillón de él para no caerse y con la otra apretaba el nabo que se comía. Lo hacía con fuerza, de forma contundente.

Yo le estaba dando a mi polla también un buen meneo ya.

La chica se detuvo. Levantó la cabeza algo, incorporándose y besó al chaval, dejando la cara cerca de él. A continuación volvió a echarse ella hacia atrás y pude ver como dejaba caer un largo hilo de saliva sobre la polla del chaval. Luego volvió a bajar a comérsela. El chaval puso una mano sobre la cabeza de ella, acompasando sus movimientos. Con la otra presionaba los pechos que se movían entre la palanca de cambios y su sillón. El lavado de nabo que le estaba haciendo era de aupa, y eso se traducía en la cara del chaval. El subió un poco la pierna izquierda, y pareció una señal para que la chica cambiará de “menú”. Siguió con la mano meneando el nabo del novio, pero bajo la cabeza algo más con el objetivo de comerle los huevos. Él abrió algo más las piernas para que ella pudiera hacerlo.

Contuve la respiración, detuve mi paja y me asomé algo más. No veía nada como ella se estaba deleitando con sus huevos… pero la cara del muchacho lo decía todo.

En ese momento, unas luces iluminaron la calle. Di un paso atrás. Vi que era un coche de la Guardia Civil que entraba en la calle. También vi como el chico con la mano echaba el cuerpo de la chica contra el sillón y que ella se mantenía agachada con la cabeza entra las piernas de él.

El coche de la Guardia Civil pasó lento. Pero pasó. Yo temía que aquello hubiera roto la pasión de la parejita y que tras ello se fueran. Afortunadamente fue girar el coche de la benemérita la esquina, y ellos volver al show.

Ella volvió a la paja y a la comida de huevos. Y él a disfrutar. Ella volvió a incorporarse algo para volver a meterse la polla en la boca. Pero también hizo algo que me llamó la atención. El chico se dejó resbalar algo sobre el sillón del coche y ella usó un dedo de la mano para jugar con su ano. Mientras le comía la polla yo podía ver como recorría la circunferencia del ano del novio y como el dedo, incluso se aventuraba a entrar tímidamente.

No fue durante mucho tiempo porque la chica se echó hacia su sillón. Dejando de nuevo la espalda apoyada en la puerta del vehículo, levantó las rodillas y se deshizo de su ropa interior. Desde donde estaba pude verle perfectamente el coño. Totalmente depilado. El chico fue ahora el que comió. Puso sus dos manos sobre las caderas de la chica y se afanó en comerle el coño. Ahora era ella la que cerraba los ojos, e, incluso se mordía un dedo. Ahora si estaba seguro yo de escuchar los gemidos de ella. Eran gemidos y suspiros mezclados que en el silencio de la noche llegaban perfectamente a mis oídos.

Yo seguía con mi paja, aunque ya tenía que detenerme a menudo, porque la leche llamaba ya para salir y el sudor empezaba a recorrer mi cuerpo.

Vi como el chico, además de meterle la lengua a ella, usaba un par de dedos para aumentar el placer de la novia. La situación era muy morbosa.

Y lo veía todo desde mi palco particular.

El chico no fue tan caritativo con la chica porque su comida duro mucho menos que la de ella. Se sentó en su sillón de nuevo, con la polla apuntando al techo, sacó un condón de algún sitio, se lo puso y le dijo algo a la chica. Ella se incorporó, se quitó la falda, pasó por encima de la palanca de cambios, se sentó encima de él y agarrando la polla se la metió dentro. Lo hizo del tirón, sin dudarlo lo más mínimo.

Desde donde yo estaba veía los huevos del chaval, y sobre ellos el culo de ella. Al igual que el pecho, tenía bien a las claras las marcas del bikini, delimitando una zona de piel mucho más clara que el resto del cuerpo. Veía los músculos de ella contraerse al moverse sobre la polla del novio, los de su culo y los de su espalda. El chico colocó una mano sobre el culo de ella y la apretó. Estaba siendo una monta sin contemplaciones.

De nuevo un coche, maldita sea, apareció por la otra esquina, iluminando con sus luces la calle. Era un coche normal. Otra vez me chafarían el espectáculo…

Para mi sorpresa la chica no se detuvo. Siguió con lo suyo mientras pasaba el coche. Estoy seguro que los que iban dentro de este segundo coche vieron perfectamente lo que ocurría porque enlenteció su paso el coche. Pero no se detuvo. Siguió adelante. Como seguía adelante la rubia. No se paraba y los movimientos cada vez eran más fuertes. El chico golpeó el culo de la chica de un manotazo y escuche su gemido. Ese se había corrido, algo que confirmó que la chica detuviera su cabalgada.

Apoyó ella una mano en su sillón y sonriendo se volvió a él. El chico sujetaba la polla con la mano. El condón se veía lleno de semen. El muy cabrón, para no perder la costumbre de lo que había hecho con los restos de la comida, se lo quitó y lo tiró por la ventanilla. Mismo camino que siguió un pañuelo con el que terminó de limpiarse.

La chica estaba todavía desnuda. Yo aproveché para terminar mi paja, ya que notaba que la tenía a punto. Me la agarré y empecé a meneármela mientras miraba aquella desnudez.

Pero parece que no era el único que necesitaba terminar. La chica miró hacia atrás y luego abrió las piernas y empezó a masturbarse. Se veía que no había terminado. Podía ver perfectamente su coño. Y veía como se metía un par de dedos. Veía la cara de placer, y veía como la chica se separa los labios del coñito enseñándole el sonrojado interior al novio que sonreía al lado.

Mis movimientos sobre mi polla se hicieron más duros. Noté como un chorreón de mi leche volaba fuera de mi polla hasta la pared y el suelo de la terraza. Le siguieron tres más, dejando un charquito brillante en el suelo.

La chica seguía a lo suyo. Sus movimientos eran furiosos. Veía los dedos entrar y salir de ella cada vez de forma más contundente. Y lo que tenía que pasar pasó. La vi morderse el labio, soltar un par de gemidos y parar el movimiento. Veía sus tetas moverse al ritmo de la respiración que empezaba a relajarse.

Miraba al novio con la boca abierta, allí desnudo, sudorosa y despatarrada. El chico se acercó y la besó. Debió decirle algo que la hizo reírse.

A continuación volvió a vestirse. En cinco minutos el coche se había ido.

Quedaba como recuerdo de todo el suelo de la calle lleno de cartones de hamburguesas, un condón rebosante de leche, un pañuelo sucio y mi propia leche manchando mi terraza. Mi subí el short. Agarré mi lata de cerveza y sorbí lo que quedaba. Lo escupí al momento. Se veía que el polvo había durado tiempo y la temperatura de la cerveza la hacía asquerosa.

Me metí en casa en busca de algo con que limpiar mi semen del suelo.

Mañana tendría que limpiar la puerta de casa de los otros restos de la noche.

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