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Enfiestada con mi hijo

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Por fin llego el día, después de casi seis meses íbamos a salir de noche, yo y mi mejor amiga. Ella se llama Alejandra, yo Marcela, las dos tenemos 38 años y nos conocemos desde los 13. Éramos inseparables durante la escuela en la que cursamos juntas, pasábamos días sin dormir, de fiesta en fiesta, luego el tiempo y las circunstancias nos alejaron, no tanto, pero lo suficiente como para sentir que juntarnos era una necesidad.

Alejandra se casó y tuvo dos hijos, sigue casada, yo en cambio me separé al poco tiempo de casarme, tengo un solo hijo Ignacio, es mi vida. Hablamos mucho por teléfono pero se nos complica salir a algún lado, su marido es muy pesado y no la deja, menos salir de noche como en otras épocas.

Pero un día se alinearon los planetas, su marido por razones de trabajo iba a dejar el país por una semana y llevaría con él a sus hijos, para dejarlos con su suegra, con la que ella no se habla desde hace años. Que mejor circunstancia para juntarnos como hacíamos en nuestra adolescencia.

Me llamó por teléfono y me comenta su suerte, también me propone que salgamos una noche, yo le digo que sí inmediatamente y que podíamos aprovechar una fiesta que organizaban después de una convención de relaciones diplomáticas organizada en la embajada en donde trabajo. Tuve suerte en lo laboral, trabajo desde hace años en una embajada como traductora, lo que me ayudo en lo económico y a no depender de mi ex marido.

Ella aceptó con agrado mi propuesta, sólo teníamos que asistir a la convención vestidas formalmente y de ahí saldríamos a la fiesta que organizaban en un barco amarrado en la costa. Sabíamos que todo era gratis y que podríamos beber toda la noche sin que nadie nos controlara. Alejandra quedo en pasar a buscarme por casa, pero iríamos con mi auto, para ir juntas a la convención, teníamos que ir temprano a eso de las seis de la tarde, pero eso no nos molestaba.

A las cinco y media golpea la puerta de casa, yo todavía no había terminado de cambiarme por lo que fue a recibirla a la puerta Ignacio.

-Hola Ignacio, que grande estás, ¿Tu mamá?

-Todavía no termino de cambiase, está en su habitación.

Sube a mi habitación donde me estaba preparando. Abre la puerta sin golpear, yo estaba en ropa interior, una tanga de encaje blanco, haciendo juego con el corpiño del mismo color.

-Hola Ale ¿Cómo estás?

-Bien Marce (me da un beso en la mejilla, mientras me abraza fuerte)

-Que linda estás (le digo mientras la recorro con la mirada)

-Gracias, quiero infartar. Y vos, mira cómo estás (mientras me alaga me hace girar sobre un pie y me mira como si fuera a comprar un esclavo)

Cuando estaba de espaldas, siento su mano entre mis nalgas, con un dedo buscando el agujero. Aprieto el culo y lo alejo de su mano.

-jajaja ¿qué haces?

-Dale, que te gusta, me acuerdo cuando éramos chicas como te ponías cuando te tocaba.

-Shhhh, que puede escuchar Ignacio.

Era verdad lo que decía, hasta el día en que quedé embarazada y me case casi a la fuerza, éramos muy unidas, como muchas amigas, pero pensábamos todo el día en sexo, cuando estábamos en mi casa o en la de ella, nos encerrábamos en la habitación con la excusa de estudiar y nos masturbábamos juntas pensando en hombres, pijas, porongas, vergas, cualquier cosa con forma de falo. La calentura nos llevaba a pajearnos mutuamente, a mí me enloquecían sus tetas, le chupaba los pezones y se los dejaba puntiagudos, sobresalían duros mientras le pasaba la lengua, hasta de tanto chupar muchas veces le sacaba leche. En cambio a ella le fascinaba mi culo, se podía pasar horas pasando su lengua por el esfínter, no me puedo olvidar como me corría, chorros fuertes que mojaban todo. Fuimos incontrolables, después la vida nos fue apagando, por lo menos eso pensaba.

-Ignacio. Jajajaja, está para chuparle la pija.

-¿Qué decís? Es mi hijo.

-Vamos, Marce, me vas a decir que nunca se te paso por la cabeza en chuparle la pija, con ese cuerpo que tiene. Seguro la tiene larga como tu ex.

-Estás loca.

-Me acuerdo como se la chupabas a ese hijo de puta.

-Estás muy caliente hoy

Nuevamente no mentía, mi ex tiene una verga gigante y lo conocí gracias a ella. Alejandra me vio chuparle la pija y ella también se la chupo, en realidad tuvimos sexo los tres, eran tiempos descontrolados pero que llevaron a mi embarazo. Ella, aunque no lo crean, formo una familia muy normal, dos nenas y un padre ultra católico. Se llevan relativamente bien, por lo menos en lo económico le da una buena vida, en lo sexual no se puede decir lo mismo.

-Sí, la verdad estoy muy caliente y hoy vamos a romper la noche. Vamos a conseguir dos negros y le vamos a sacar toda la leche.

-Shhh, no hables tan fuerte. Vamos que se hace tarde. Ayúdame a vestir.

Me visto formal, un trajecito gris claro, como una ejecutiva. Alejandra estaba un poco más atrevida con una pollera corta colorada y una camisa blanca, unos botones desprendidos dejaban asomar sus grandes y bronceadas tetas. Estábamos listas, bajamos las escaleras como modelos en la pasarela. Mi hijo estaba abajo y Alejandra lo sorprende al pedir su opinión.

-¿Cómo estamos? ¿Lindas?

-Si

-¿Nada más?, no te gusta cómo le queda el traje a tu mamá, como le marca el culo o ¿no tiene lindo culo?

-Sí, pero…

-Déjalo tranquilo y vamos que se nos hace tarde.

-jajajaja, bueno vamos

Salimos hacia la convención como cuando éramos adolescentes e íbamos a alguna clase pesada de contabilidad, la idea no era escuchar sino estar juntas y reinos de los demás, mientras pasamos las horas hasta la fiesta en el barco.

La convención fue aburrida como pensábamos, pero fue la oportunidad de Alejandra de ver a los hombres que irían a la fiesta, la mayoría conocidos míos, lamentablemente muchos casados y casi todos con sus mujeres. Después de la convención salimos hacia el barco donde se realizaba la fiesta. Llegamos esperando locura descontrolada, pero no fue así, música y baile sí, pero casi como en un tímido baile de egresados se formaron grupos de parejas que conversaban bajo el ruido de la música, golpeados por los haces de luz intermitentes que marcaban un ritmo inexistente. Alejandra bailaba sola, como poseída delante de mí, contorsionando su figura para atraer algún hombre. Después de una hora salimos a la cubierta del barco para tomar aire y alguna decisión para terminar la noche.

Contemplábamos el mar con la música de fondo y unas copas en nuestras manos.

-Ale, ya me quiero ir, estoy aburrida.

-Yo también, no hay un solo hombre libre o son todos maricones. Te acuerdas como la pasábamos en los bailes de la escuela.

-jajaja, sí me acuerdo, siempre terminábamos borrachas.

-jajaja, sí y cuando te hiciste la borracha y nos acostamos con tu ex.

-Por tu culpa, terminamos cogiendo con ese hijo de puta.

-Sí, pero te gusto chupar esa poronga, puta.

-jajajaja, ¿por qué a vos no?

-Claro y lo repetiría. ¿Por qué no hacemos lo mismo?

-¿Con quién?

-Con cualquier pajero de la fiesta.

-Ni loca, son todos compañeros de trabajo, casados o de novio, no quiero tener problemas, yo los tengo que ver en la semana.

-Dale, estoy caliente, quiero una noche para mí, quiero coger con otro hombre, no aguanto al enfermo de mi marido, me trata como si fuera la Virgen María. Quiero divertirme. ¿Por qué no vamos a tu casa y excitamos a Ignacio?

-¿Estás loca? Es mi hijo.

-Dale, no le vamos a hacer nada, lo calentamos un poco como hacíamos con los chicos.

-No, ni loca.

-Pero vamos, es un juego, me quiero reír un poco, te haces la borracha y lo manoseamos un poco cuando nos ayuda, un juego inocente.

-No, te conozco, cuando empiezas con algo no puedes parar.

-Vamos, acá no pasa nada y no quiero perder toda la noche.

-Bueno vamos, pero no quiero hacer de borracha.

Bajamos del barco, caminamos por la costa mientras se desvanecía la música y nos acercábamos a mi automóvil. Quería manejar Alejandra, yo la deje, no me molestaba, al contrario había tomado algo de alcohol y era mejor si ella se sentía más lucida para conducir.

Estábamos a una media hora de casa, yo estaba cansada y en el viaje entre en un profundo sueño, sólo me desperté cuando se detuvo el coche. Abro los ojos y no veo al volante a nadie, miro por la ventanilla y ahí estaba Alejandra, hablando en la puerta de mi casa con Ignacio. Gesticulaba con las manos como dando algún tipo de explicación, lo toma de un brazo y se acerca hablando en voz alta para que la escuche bien claro.

-¡Mira como está! No se puede mover, tomo demasiado, pero así es tu mamá cuando empieza no puede parar.

No podía creer que le estaba diciendo a mi hijo mientras me guiñaba un ojo. No sé porque razón le sigo la corriente, una decisión que tomé en breves segundos. Ya no podía tirarme atrás, sino le estaría mintiendo a mi hijo, no me podía mostrar recuperada por arte de magia de una tremenda borrachera. Cierro los ojos y me dejo llevar por la situación.

-¡Vamos Ignacio! Ayúdame. Yo la agarro de los pies y vos de los hombros.

Un poco exagerada mí amiga, pero así es ella, no me quedó otra que hacerme la muerta. Era muy tarde a la madrugada, sabía que no habría ningún vecino que pudiera ver mi estado, así que no sentía vergüenza de hacer el ridículo. Puedo sentir las manos de Alejandra cuando me toma de los pies y los saca afuera del auto, yo estaba sentada y me hace girar, por lógica no me quedo otra que acostarme sobre mi espalda simulando mi inconciencia. Ella mientras tira de mis piernas me deslizo hacia afuera del auto, antes de tener todo el cuerpo afuera las manos de Ignacio rodea mi espalda y me toman desde mis axilas.

Por suerte no peso mucho, entran a mi casa y me tiran literalmente sobre un sofá del living, mientras Alejandra le empieza a dar instrucciones a Ignacio.

-Dale Ignacio mientras voy arriba a preparar el baño, sácale el vestido y la blusa.

Me quedo helada, no podía creer en que me había metido, no sabía cómo reaccionaría Ignacio, no dijo nada. Yo permanecía con los ojos cerrados simulando inconsciencia, tenía apoyada la cabeza sobre uno de los apoyabrazos, escucha los pasos de Alejandra subiendo las escaleras.

De repente siento las manos de mi hijo empiezan a desabrochar mi camisa, sigo inmóvil, acomoda mi cuerpo y me la saca, luego baja el cierre del costado de mi polera y comienza a deslizarla sobre mis piernas, me deja en ropa interior. Mi ropa interior no dejaba mucho a la imaginación, era de encaje blanco muy pequeña y de lycra transparente, mi hijo en varias oportunidades me había visto en ropa interior, pero no como la que llevaba ese día, yo fui prepara para excitar a algún hombre, este resultó ser mi hijo.

Nuevamente escucho los pasos en las escaleras, Alejandra se acerca a mi hijo y le dice.

-la vamos a llevar arriba, ¿la puedes levantar o te ayudo?

-yo, puedo solo

-¿seguro?

-Sí, puedo solo.

Me alza en sus brazos como una novia recién casada. Me dirige por las escaleras al baño, que había preparado no sé para qué cosa Alejandra. Llegamos y me pone de pie a un costado de la bañera. Me toma de mis hombros para mantenerme de pie, yo simulaba estar borracha, abría los ojos a medias y veía a mi amiga con una sonrisa dibujada en su cara, mientras que mi hijo estaba rojo como un tomate.

-Le voy a sacar la ropa y me ayudas a meterla en la bañera.

Con toda naturalidad me deja completamente desnuda frente a mi hijo, luego me meten en la bañera, no podía creer lo que estaba pasando.

-Bueno, Ignacio yo vuelvo enseguida. ¿La puedes enjabonar o te da vergüenza?

-Sí, puedo

-Veo que eres todo un hombre, no tengas miedo que no se da cuenta de nada. Mientras me voy a poner algo más cómodo, no me quiero mojar la ropa.

Ella se fue, quede en manos de mi hijo. Me sostenía con una mano mientras con la otra abría la ducha hasta que el agua empezó a caer sobre mi cabeza, empecé a balbucear algo inentendible para demostrar mi borrachera, eso sirvió para que tomara coraje.

Con torpeza me llenó la cabeza de jabón líquido que se empezó a escurrir por mi cara, luego con una esponja me empezó a enjabonar por la espalda, yo sacudía la cabeza para los costados, como si no pudiera mantener la cabeza erguida, luego soltó la esponja y continúo con las manos pero enseguida fue a mis tetas, las acariciaba mientras los pezones se ponían duros, parecía apurado, tal vez no quería que lo viera Alejandra cuando volviera. Pero ella tardaba en venir y él aprovechaba, yo seguía diciendo incoherencias en voz baja y él me contestaba en voz más baja, casi no lo podía escuchar, pero no podía creer como me trataba, tal vez por lo excitado que estaba.

-vamos, puta, te gusta

Apenas me dice esto, pone su mano derecha en mi entrepierna y mete sus dedos en mi vagina, yo no podía más de excitada y por lo que veía él también lo estaba, un bulto impresionante formaba una carpa en su pijama. Luego me hace girar con violencia y me mete la mano en el culo, con un dedo busca mi cerrado agujerito, el jabón facilitaba la tarea. En ese momento escucho la voz de Alejandra y se detiene de golpe.

-¿te gusta? (le dice en voz baja)

-Si

-Mira cómo se te paró. ¿Te molesta que esté así? No encontré nada para ponerme.

Estaba en tetas, esas hermosas tetas bamboleantes al aire y una pequeña tanga blanca.

-¿te gusta el culo que tiene, es hermoso?

-Si.

-Mira como lo tiene.

Me toma de un brazo y me lo apoya en la pared, luego el otro. Yo no podía ver nada, pero siento cuando Alejandra mete la cara en mi culo y me empieza a succionar el ano, luego se detiene.

-Dame que te ayudo con eso (le dice a Ignacio)

Yo estaba de espaldas pero escucho como le succionaba el pene, hacia un ruido escandaloso.

-Vamos Ignacio llevémosla a su habitación y la vamos a probar los dos.

Mi hijo me envuelve en una toalla y me toma con sus brazos, me lleva a mi habitación, él estaba completamente desnudo con el pene erecto y escandalosamente grande, como el de su padre. Yo estaba entregada, solo quería que hicieran lo que quisieran con mi cuerpo.

Cuando llego a mi habitación me tira sobre la cama y me deja desnuda.

-Ahí la tienes, es toda tuya. Hace lo que quieras.

-Pero es mi mamá, no la quiero embarazar.

-jajaja no seas tonto, para que tiene ese culo, dale vamos, ponla boca abajo.

No tardó un segundo en hacerle caso, mientras ella se acostó a un costado sobre la cama para no perderse nada.

Yo esperaba la embestida y eso fue, su pija entra en mi culo con fuerza, siento su calor entrando a mis entrañas, mientras ella escupía para lubricar la entrada. Empieza a moverse con fuerza, un mete y saca que me hacía pegar pequeños gritos.

-Para, para (le da la orden y saca el largo pene, siento como que estoy cagando una anaconda)

Después escucho como se lo chupa, hasta que le dice.

-Ahora le toca a ella

Entre los dos me ponen boca arriba con la cabeza colgando por un lado de la cama. Alejandra me tomaba de la cabeza mientras Ignacio empezaba a meter la poronga en mi boca.

-Dale métela toda.

Empieza a sacudir con fuerza su pija en mi boca, salía y entraba cada vez con más fuerza, ello lo alentaba.

-¡Vamos! ¡Vamos! empuja que entra toda.

Casi no podía respirar pero ellos seguían empujando, de pronto siento que llega a mi garganta y tengo arcadas, pero él parecía más empecinado en meterla hasta el fondo y empuja más, siento que me la estoy tragando y de repente sale un chorro de semen que inunda mi boca.

La saca y se la mete Alejandra en boca, la chupa con fuerza y enseguida empiezan a coger a mi lado. Yo ya era un accesorio, estuvieron cogiendo como una hora en todas las posiciones posibles, yo me hice la dormida. Luego me dejaron y se fueron a la habitación de Ignacio.

Quede sola, todavía me dolía el culo y la garganta, podía escuchar los gemidos de Alejandra, luego quedo dormida.

Al otro día me levanto temprano para preparar el desayuno al media hora llega Ignacio.

-Hola Ma ¿Cómo estás?

-Bien, me duele la cabeza, pero bien.

-Debe ser porque tomaste mucho anoche.

-Sí, puede ser.

No sé si sabía que yo no estaba borracha, pero se ve que los dos decidimos seguir el juego e hicimos como si todo hubiese sido un sueño.

A la tarde me llama Alejandra y esa es otra historia.

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