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Amor y odio (Parte 5 de 5)

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Emily estaba ya en la habitación con una sonrisa de oreja a oreja, casi desnuda, solo lucía una pequeña less hilo dental que dejaba sus nalgas al descubierto, zapatos tacos altos, se veía hermosa, vino a mi lado, refregó sus duros pezones contra la tela de mi camisa

Cuando abrí los ojos no entendía nada, me dolía todo el cuerpo, se me partía la cabeza, estaba tirado sobre el alfombrado de la habitación, enfoqué la mirada, sobre la cama, de lado dormía plácidamente Emily, dándome un primer plano de su enorme culo, noté unas marcas y moretones, honestamente no recordaba haber sido el causante, pero me quedé varios minutos solo observando, como un tonto adolescente que se nubla con una actriz porno antes de masturbarse.

Recordé a Elizabeth, la busqué con la mirada, pero no la encontré, me levanté, fui hasta el baño, tampoco estaba, solo había desaparecido.

Miré la hora, dos de la tarde, diablos…

Llegado el momento le pregunté a Emily quien era Elizabeth en realidad, de donde la conocía, no le creía nada de lo que me había contado, si me preguntan, pienso que era una prostituta, pero Emily me juró y re juró que decía la verdad, el problemas es que yo ya no le creía una palabra…

En un momento le dije

- Te gusta jugar al gato y al ratón verdad? disfrutas con eso…

Ella rio y contestó

- Sí, pero tienes que saber que yo siempre tomo el papel del gato…

Y era verdad, ella me tenía a sus pies, ella hacía, ella deshacía, ella era quien movía las fichas a su antojo.

Pasamos unos días hermosos, cogiendo como animales, obviamente otra vez quise conocer la casa de sus abuelos, obviamente otra vez se negó, a pesar de eso, perecía que esta vez, todo terminaría bien, que esta vez sí había salido el sol y ya no habría más tormentas…

Pero Emily… Emily siempre me sorprendía, siempre caminando por la cornisa, siempre disfrutando con mi amor y con mi odio…

Faltaban dos noches para mi regreso a Argentina, había tenido una reunión programada con la gente americana de la sociedad, no lo mencioné pero aprovechaba estos viajes para encuentros ‘face to face’, no todo en mis días era sexo, ella según me dijo, aprovecharía para ir hasta de sus abuelos y nos encontraríamos nuevamente por la noche, en la suite del hotel.

Volví tarde, Emily estaba ya en la habitación con una sonrisa de oreja a oreja, casi desnuda, solo lucía una pequeña less hilo dental que dejaba sus nalgas al descubierto, y unas medias sobre sus estilizadas piernas, zapatos tacos altos, se veía hermosa, vino a mi lado, refregó sus duros pezones contra la tela de mi camisa, me besó profundamente y susurró.

- Te extrañé mucho papi, tardaste demasiado…

Sonreí, ella tomó una de mis manos que como siempre hacían acariciaban sus glúteos, la llevó hacia adelante conduciéndola bajo la tanga, me miraba fijamente, con ojos perversos, acaricié su pubis depilado con una nueva erección de mi parte, llegué a su clítoris, jugué ahí, entonces me dijo en voz baja, al oído, casi en tono imperceptible, con cara de puta

- Más abajo… méteme los dedos…

Le metí dos dedos, comprobé que algo no estaba en su lugar, estaba empapada, pero era leche… los saqué con premura, me los toqué, los miré, hasta los olí… puta! era semen…

Ella se distanció de mí, se sentó al borde de la cama y empezó a reírse a carcajadas, mi cara se transformó, y más me enojaba mes se reía

- Puta… me explicas que es esto?

- Ja! ja! que querés que te explique? no ves? no te das cuenta?

- Si! con quien cogiste puta?

- Bueno, bueno… cuanto enojo… te molesta?. Si quieres saber… es que te extrañaba mucho, y no me pude aguantar, me crucé con un chico, estaba guapo y bueno… fue solo un ‘touch and go’, me explico?

- Pero por qué? por qué me haces esto? nunca terminaré de conocerte!

Emily borró la sonrisa de su cara y me dijo en tono de reproche

- Francesco, tengo apenas veinte años, que esperas que haga de mi vida? tú tienes a tu esposa, coges con ella, crees que no me molesta? crees que no me importa? crees que no siento celos? que es lo que imaginas? como será nuestro futuro? Solo debo resignarme a esperar que el señor venga cada tanto y me coja un poco? Digamos, una amante en tierra extraña? Esa es tu idea?

Ella me ametrallaba a preguntas, y entendí que todos sus reclamos eran correctos, pero me molestaba la forma, la forma en que los hacía, era necesario que cogiera con un extraño? Ciertamente ya no sabía si era verdad o era mentira, tal vez tuviera un amante, me enloquecía, siempre sería el ratón en esta historia, y se lo hice saber, la desafié sin querer, le dije abiertamente que tal vez el uruguayo estuviera por ahí, que seguramente se estarían riendo a mis espaldas…

Emily estaba en verdad enojada, no dijo nada, solo se puso una remara blanca ajustada que marcaba sus pezones en forma exagerada ante la falta de brassier y una mini de cuero negra brillante, que hacía resaltar su generoso trasero, se veía como una puta y eso me excitaba.

Tomó su cartera de mano, me dijo que la acompañara.

Bajamos raudamente por el ascensor, en tenso silencio, como la calma que presagia la tormenta.

Tomamos un taxi, ella le indicó una dirección y unas cuadras después me di cuenta que no tenía idea donde estábamos, miré de reojo mi celular, comprobé la carga de la batería porque concluí que si por casualidad me separaba de ella, mi móvil sería mi única ayuda.

Llegamos a un antro, ella pagó las entradas, yo solo la seguía en silencio, solo observando, noté que la un par de personas que custodiaban la puerta la llamaron por su nombre, seguramente ella era cliente de ese lugar, seguro no era su primera vez.

Adentro la música retumbaba, locura, hombres, mujeres, cada uno haciendo la suya, sin importar que hacía el vecino, se respiraba una densa humareda, mezcla de encierro, cigarros, drogas, el calor humano era insoportable, pronto mis axilas transpiradas marcaron toda la camisa, luego siguió mi espalda y mi pecho, me di cuenta que estaba pasado de años para ese sitio.

Emily comenzó a bailar como loca, traté de estar a su lado, pero percibí que ella tenía otras intenciones, no me había llevado a ese lugar para pasar la noche bailando, no, ella solo quería que estuviera presente y viera con mis propios ojos lo que tenía en mente. Poco a poco se alejó de mi lado y empezó a coquetear con extraños, como loca, como puta, su corta falda se había subido y podía ver parte de su culo desnudo, tenía una erección entre mis piernas y a pesar de la multitud solo tenía ojos para ella. Pero no solo eso, también mi cólera subía, mi enojo subía, mi bronca subía...

Entre tantos, un tipo rubio y musculoso se acercó a ella, tuvo mejor suerte que otros, Emily pareció escogerlo entre otros, empezó a coquetear, a tocarlo y él la manoseaba impunemente, ella me miró, se aseguró que yo estuviera observando, entonces se estiró y lo besó en la boca…

Todo esto me causaba morbo, bronca, deseo, odio, locura, excitación, ella lo tomó de la mano y lentamente se abrieron paso entre la gente, la música me retumbaba en la cabeza, los seguí como pude, a metros de distancia, fueron a un lugar apartado, un tanto oscuro, un poco más privado.

Se acomodaron contra una columna, se besaron apasionadamente, se tocaron, se desearon, las manos de ese muchacho recorrían incansablemente los muslos desnudos de mi hermosa Emily, sus labios besaban su cuello y ella se llenaba de pecado, entonces se dio vueltas sobre sí misma y apoyó su frente contra la columna, dándole la espalda al tipo de turno, respiré profundo, acepté lo que vendría, pude verlo entre penumbras, él aflojó su cinturón, sacó su miembro, levantó la pollera de Emily hasta su cintura y sentí como un puñal cuando la ensartó hasta el fondo, él se movía frenéticamente ante la pasividad de ella, solo se dejaba coger, pero adiviné su perverso gozo, cuál era su juego, en todo momento mientras ese extraño saciaba sus instintos ajeno a todo, ella me miraba fijamente, disfrutaba eso, como diciéndome ‘ves? cojo con quien quiera, no eres nadie especial, no soy tuya’, recordé sus palabras típicas ‘tengo ganas horribles que me cojan’, y entendí ese ‘cojan’ para ella no era yo, para ella era cualquiera…

Cuando terminaron noté que Emily se lo sacó de encima con suma facilidad, solo había sido un tipo más, había sido solo eso, sexo con un extraño, ella me había llevado al límite y apenas pude fui tras ella, enceguecido, la tomé del brazo y la arrastré nuevamente a esa columna, donde estaba antes, la obligué a ponerse en la misma posición que había estado con ese tipo, levanté su pollera, le di una nalgada, y otra, y otra y corrí el hilo de su tanga, el semen chorreaba entre sus piernas, no me importó, arremetí enceguecido, saqué mi pija dura y se la metí hasta el fondo, patiné en su concha impregnada de jugos, la odiaba en ese momento, ella se entregaba, la jalé de los cabellos, fue rápido, cuánto? treinta segundos? Posiblemente, era imposible, Emily era imposible… la llené de leche caliente…

No hablamos durante el viaje de regreso, no tenía mucho que decir, que le podía decir? Me había enamorado de una extraña, me había enamorado de alguien a quien creía conocer, pero en verdad a cada momento me hacía ver que no conocía nada de ella, porque Emily siempre sería así, ella siempre jugaría conmigo al gato y al ratón, y ella siempre sería el gato…

No queda mucho por narrar, esta historia no tiene final, porque en este presente escribo desde Argentina, aun no resuelvo mi situación con mi esposa, por cierto, sigue ajena a todo. La sociedad viaja viento en popa, y eso me seguirá dando excusas para visitar ese maldito hotel americano, una y otra vez, no tengo paz, no tengo descaso…

Aun no puedo darle una repuesta a Emily, ella me espera, lo sé, pero por cuánto tiempo? Cuanto podrá esperarme esa chica de ensueño? Que debería hacer? me resigno a compartirla, pero no me resigno a perderla…

Solo sé que ella me enloquece, sé que no puedo vivir con ella, sé que no puedo vivir sin ella…

FIN

Si te gustó esta historia y eres mayor de edad puedes escribirme con título “Amor y odio” a [email protected]

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