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Jaque mate (Parte 4 de 8)

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Gustavo enreda a Nora en una discusión de moralidad y dinero, insiste que todas las personas tienen su precio, incluso Nora ¿podrá torcer su brazo?

Como un caballero me acompañó hasta el coche, abrió la puerta y esperó a que me sentara, su mirada estaba perdida en mis piernas, esperando que en mis descuidos la corta falda se subiera más de lo conveniente y le dejara ver algo que no debía ver, pero no tuvo suerte.

Emprendimos el retorno hacia el centro, hacia mi domicilio por el camino de la costanera, pero al poco tiempo de dejar ese restaurante paró nuevamente en un conocido bar que está sobre el río

- Qué hacemos? – pregunté mientras estacionaba el coche al costado de la avenida

- Tomemos un par de cervezas.

- No, basta, ya es suficiente... – sabía que debía parar, si yo no paraba el no pararía.

- Solo una, prometo, aún es temprano…

Él se bajó del auto y sin perder tiempo ya estaba a mi lado, ayudándome a bajar, evidentemente era un tipo perseverante. Entonces sentencié

- Solo una, promesa?

- Promesa de caballero.

Cruzamos la calle y enfilamos hacia el bar, que a esa hora de la madrugada estaba bastante colmado de adolescentes de unos veinte años, nos sentamos en una de las pocas mesas que quedaban libres.

Ahora se sentía a flor de piel la densa humedad del verano, ya no se sentía el frío del acondicionador de aire del lugar anterior, y había un bullicio de juventud que era más acorde a mi nivel social.

En la noche, la negrura del cielo se confundía con la del río que estaba a nuestras espaldas, dibujando un cuadro un tanto escalofriante, una tenue brisa que venía desde esas tinieblas ayudaba a disimular el calor sofocante.

Gustavo pidió dos cervezas, una rubia para mí y una negra para él, bebimos el primer sorbo desde el pico y tomé las riendas de la conversación

- Siempre haces esto?

- Hacer qué? – repreguntó dejando en claro que ahora él se hacía el que no entendía, como antes yo lo hacía

- Esto… tu sabes… te gusta una chica, la seduces, la enredas, la embriagas, le haces preguntas que no quieren contestar, en fin… esto…

- No… - solo dijo haciendo una pausa de la cual no parecía dispuesto a moverse

- Vamos, espero tu respuesta – apuré la charla

- Mira Nora, antes todo era más alocado para mí, era más joven, no le daba tiempo al tiempo, era solo elegir la chica que quería, poner la tarifa, sexo y listo! misión cumplida!

- Pero… - metí ese bocado como animándolo a seguir en algo que no estaba segura que quisiera seguir

- Pero… era solo sexo, estaba vacío… entonces me di cuenta que el valor está en la conquista, en la gloria del guerrero, en llevar a tu rival donde no quiere estar, el hermoso juego de la seducción, como el cazador y la presa, entiendes?

- Y se supone que yo soy tu presa?

- Primero recuerda que tu pones los límites, lo dejé en claro, recuerdas?, segundo, te miras al espejo? ves tu rostro, tus pechos, tu cintura, tu cola, tus piernas? que hombre no se perdería por tenerte? me tienes loco desde el momento en que te conocí y aunque no obtenga nada de ti, al menos vale la pena intentarlo, y por último, tengo dinero, mucho dinero…

Tomamos un nuevo sorbo, medité cada palabra que diría a continuación

- Pero a mí no me importa tu dinero, ni tu coche, ni ninguna clase de ostentación que hagas conmigo, yo no soy una putita como esa que acostumbras a andar, yo soy diferente y amo a mi marido…

El solo sonrió meneando la cabeza, pidió dos nuevas botellas, aunque yo ya no quería beber más, prosiguió entonces con su discurso

- Tú crees en el amor verdad? Está bien, yo lo creía a tu edad, tenía ideales, iba a cambiar el mundo…

- Y eso está mal? – pregunté un tanto molesta

- Yo no digo que esté mal, pero el mundo no gira por amor, el amor gira por dinero, por dinero y por poder, creo que algo ya habíamos hablado…

- A mí no me interesa tu dinero – respondí aún más molesta por su soberbia

- El ser humano se quiebra por dinero, todo se compra, todo se vende, todo tiene precio y todos le venden el alma al diablo…

- Yo no, yo no soy así, pruébame! – ya estaba realmente molesta por su altanería

Gustavo terminaba la segunda botella, la dejaba sobre la pequeña mesa y aceptó mi desafío

- Ok, ok… veamos, quieres jugar? me gustan los juegos…

Observé en silencio, quería ver cuál sería su próxima jugada

- Sabes, me encanta esa tanga blanca toda calada que traes puesta…

- Qué diablos! quien te dijo eso? – me tomó por sorpresa

- Lo he visto… por más que te cuides al subir y bajar del coche soy hombre, lo llevo en los genes…

De no ser por el estado de ebriedad que avanzaba en mí ser, me hubiera muerto de vergüenza, pero el alcohol me mantenía desafiante, igual no entendía que tenía que ver esto con lo que terminábamos de charlar, entonces Gustavo sacó su billetera, la abrió y sacó un billete de cien pesos para ponerlo sobre la mesa, bajo el culo de su botella, entonces comenzó el desafío

- No te ofendas, pero esa tanga no debe haberte costado ni cincuenta pesos, te la quiero comprar…

- Cómo que me la quieres comprar? – esta vez sí que no entendía el juego

- Ahí tienes cien pesos, seguramente duplico con creces su valor, seguro tú no querrás vendérmela, seguro yo querré comprártela, te ofrezco el dinero, pero dado que tienes tantos conceptos moralistas no creo que te interese…

- Y qué debo hacer yo? – pregunté confundida

- Te la estoy comprando, por lo que si aceptas, deberás entregármela, solo vas al baño de damas, te la quitas, me la traes y listo…

- Ja! ja! me das gracia… piensas que por cien pesos te daré mi tanga?

- Tal vez no por cien, pero si por doscientos… - mientras decía esto agregaba un segundo billete bajo la botella.

- Ni loca, crees que andaré desnuda porqué a ti se te ocurre? no me conoces…

- Nora, Nora… todos tenemos precio! – en ese momento duplicaba los billetes llevando la suma a cuatrocientos.

Ahora ya empezaba a dudar, cuatrocientos pesos, no era mucho por solo quitarme la tanga, pero no podía aceptar, y mi orgullo? y mi dignidad?

- Lo siento Gustavo, no puedes comprarme…

- Tal vez no por cuatrocientos… pero que me dices de ochocientos?, es demasiado dinero… no vas a tragarte tu orgullo?

Diablos, Gustavo había acomodado prolijamente en abanico los ocho billetes bajo la botella, se me iban los ojos, no podía resistirme, para él no era nada, para mi demasiado dinero por una sucia tanga, tragué saliva, me sudaban las manos

- Basta de juegos Gustavo! – creo que en mi tono de voz se notaba más una imploración que una orden

- Agrego dos más… redondeamos en mil pesos es un muy buen número que dices?

Mil pesos! Mil pesos por un pedazo de trapo embebido en mis jugos, mil pesos…

Mi jefe sabía que me tenía contra las cuerdas, sabía que me tenía en un puño, dio la estocada final, tomó los billetes para acomodarlos y llevarlos a la billetera nuevamente, un tanto resignado dijo

- Está bien, parece que tú ganas… al fin una mu…

No lo dejé terminar, tomé su brazo y contesté

- No… tú ganas, maldito, tú ganas…

Tomé sus billetes y los acomodé en mi mano para llevarlos a mi cartera, una sonrisa lasciva se dibujaba en el rostro de ese hombre, que otra vez, como toda la noche me llevaba la delantera y me ganaba en la discusión, me levanté y fui hacia el baño de damas, me senté en el inodoro a orinar otra vez, la cerveza había hecho su trabajo, pasé los delgados elásticos para sacarla de entre mis piernas, la puse en la cartera y me tomé unos instantes para odiarme a mí misma, que diablos estaba haciendo? me estaba portando como una auténtica prostituta, acaso había perdido la cabeza? Y en el supuesto caso que tuviera un accidente y despertara en un hospital, que le diría a Marito? que él se ausenta de la ciudad y su esposa aparece vestida como una puta sin bombacha! Y si me viera mi padre desde el más allá? se revolcaría en la tumba…

Abría la cartera para volver todo atrás y anular el juego, pero además de la tanga estaban los mil pesos, diablos, toda una vida y educación de santa mujer se contraponía en ese instante con la tentación de experimentar cosas nuevas, de vivir al límite, con una excitación que jamás había experimentado…

Me acomodé la pollera ya sin ropa interior, al pasar por donde estaban esos jóvenes silbidos lujuriosos salieron de sus labios, quería que la tierra me tragase, me sentía tan puta, y adivinaba sus miradas clavadas en mi cuerpo, y en mi mente sentía que observaban mi vagina desnuda, pero aunque solo yo lo sabía la imagen no dejaba de taladrarme el cerebro

Al fin llegué a la mesa donde Gustavo ya me esperaba con dos nuevas cervezas, metí la mano en la cartera y con desprecio tiré la prenda a su alcance

- Ahí tienes… tu ganas!

El degenerado tomó mi prenda íntima para blandirla como un triunfo de guerra, la pasó perversamente por su nariz y por su boca, en forma desinhibida, cosa que me pareció humillante, me encendí como un tomate y supliqué clemencia

- Por favor, Gustavo! ya quiero que la guardes! esto es humillante…

- Está bien, está bien… - mientras la llevaba al bolsillo de su pantalón

- Hasta dónde llegarás?

- No se… de ti depende… pregunto, siempre usas esas tangas? – preguntó dando un nuevo sorbo

- Si… que tiene de malo

- Dios! terrible culo que tienes para usar ese ‘trapito’ me lo imagino como te lo debes comer todo!

- Basta Gustavo… por favor!

- Dices basta, dices basta… pero bien que estaba empapada en tu flujo, tan mal no la estás pasando no?

- Esto ya no me gusta Gustavo… - ya no sabía que decir, o que hacer, como en un juego de ajedrez me iba acorralando y en cada tiro me daba un ‘jaque’

- Nena… te imagino toda mojada, sabes cómo tengo de dura la verga en este momento?

- Dije basta! en qué idioma tengo que hablar? – el alcohol evidentemente también hacía efecto en mi jefe quien iba perdiendo compostura poco a poco

- Y dime, te depilas?

- Qué? – respondí con un monosílabo mientras bebía algo desesperada

- Tu conchita, sabes… casi todas las de tu edad se depilan, cuestión generacional.

- Basta, no pienso contestarte…

- Me dejas ver? Un poquito, solo un poquito… - y al hacerlo se inclinaba lentamente con la esperanza de que abriera mis piernas

- Basta, Gustavo, basta… hacemos el ridículo, tu, en ese papel de magnate ricachón, eres un viejo en este lugar, no te das cuenta que no cuajas? y mírame, luzco como una puta, crees que es justo? sé que quieres cogerme y no cesarás en el intento, pero estoy harta de estos jueguitos! se terminó! quiero que me lleves a casa!

Había levantado demasiado la voz, había perdido mi eje, atraje la mirada de algunos de los jóvenes y de alguna manera era yo quien lo ponía a él contra las cuerdas, percibí en el rostro de Gustavo la furia por ponerlo en ridículo, esperé su respuesta furibunda, pero solo dijo

- Perdón, tienes razón… me dejé llevar, pago las cervezas y vamos…

- Ok, me parece bien, y mientras pagas me devuelves mi tanga y se terminó la historia…

- No, la tanga es mía, tú me la vendiste, recuerdas?

- Diablos! me das la tanga he dicho!

Continuara

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