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Jaque mate (Parte 7 de 8)

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Cerré los ojos y tiré bien atrás su cuero, apoyé mis labios en su glande, estaba todo mojado con sabor a él, evidentemente tantas erecciones a lo largo de la noche lo habían puesto al límite más de una vez, comencé entonces a besárselo como poseída

Él se abalanzó sobre mí y me rodeo como pulpo con sus brazos, su paquete duro como piedra comenzó a refregarse en mi trasero, esta vez empujé hacia atrás y lo acompañe en los roces, giré mi cabeza y busqué sus labios con mis labios, lo besé con pasión, nos pusimos ahora frente a frente, nos miramos, le dije

- Haceme mujer, haceme gozar, quiero probar otro vino… - haciendo analogía con sus palabras de la cena

- Cuando pruebes mi sabor, ya no querrás probar otro… - sentenció en tono arrogante

Las palabras fueron acalladas por los besos, nuestras manos recorrían nuestros cuerpos, estaba mojada, mis pezones querían romper el corsé en el que estaban prisioneros, mi trasero era centro de sus caricias y mi respuesta fue acariciar su slip, notando abajo una dureza de apetecibles proporciones…

El llevaba el ritmo y yo dejaba que lo llevara, me gustaba que fuera de esa manera, besó mis labios, besó mi cuello, besó mi pecho, me levantó en el aire tomándome fuertemente por la cintura entre sus poderosos brazos, mis tetas quedaron al alcance de su boca, comenzó a besarme lentamente los sectores desnudos que escapaban al corsé lejos de mis botoncitos, lo deseaba, pero él sabía cómo hacerlo, con cadencia, tomaba todo su tiempo pasando su lengua húmeda por mi piel, no aguantaba más, me derretía en su brazos, hice que me soltara y bajé un poco la prenda que me tenía sometida, desnudé mis pechos para él, sin decir palabra lo tomé de la cabeza y se la enterré al medio, entonces si me lamió con dulzura cada pezón, los cuales se elevaban amenazantes y calientes, la electricidad iba derecho a mi clítoris, no aguantaría demasiado…

Me hizo recular hasta la mesa, me levantó haciéndome sentar primero y recostar después para levantar mis piernas que habían quedado colgando al borde de la misma, él se sentó en una silla al medio, fue lo último que vi, ya cerré mis ojos y me dejé llevar, los labios y la lengua de mi amante se fundieron en mis genitales, por mi mente pasaban nuevamente esas imágenes de infidelidad, las que venían cuando sola me masturbaba, solo que ahora era real, su pulgar acarició mi clítoris por sobre la tanga, su lengua hizo lo mismo, con la punta rodeaba los elásticos de mi prenda íntima haciéndome arder en el infierno, estaba inundada, al fin se apiadó de mí y fue a mi zanja, lo sentí disfrutar mis flujos mientras yo acariciaba mis duros pezones, al fin corrió a un lado la tela que le impedía llegar limpiamente a mi sexo, al fin sus labios se pegaron a mi clítoris, me sentí llegar, grité, fue grandioso, terminé contrayéndome por la sensibilidad extrema que me había provocado.

Muchas cosas pasaron por mi mente en ese instante, mi esposo, mi hija, mi madre, pero lo hecho, hecho estaba, entonces le dije

- Cogeme, ahora cogeme toda, quiero tu pija…

- No tan rápido – contestó el mientras me ayudaba a incorporarme

- Qué quieres? – pregunté sabiendo la respuesta

- Ahora te toca devolverme el favor… - sentenció apoyándose al filo de la mesa e invitándome desde los hombros a que me arrodillara.

Así lo hice, mi cara estaba sobre su bulto que lucía duro como piedra, aún oculto bajo el slip lo acaricié de punta a punta, la comparación con el único pene que conocía se me hizo inevitable y me sentí culpable al percibir con lujuria que era bastante más grande que el de Mario, necesitaba verlo, bajé el calzoncillo con violencia con un tirón seco, de tal manera que su bestia enjaulada saltó golpeando en mi rostro, la tomé con una mano y descubrí lentamente su glande, era más grande de lo que imaginaba, no me llamaba tanto el largo, sino lo gorda que era, me pareció el doble de la de Marito, Gustavo creo que en ese momento estaba el límite de sus posibilidades, me imploró

- Vamos nena! hazlo! qué esperas? hazlo una vez por todas…

Cerré los ojos y tiré bien atrás su cuero, apoyé mis labios en su glande, estaba todo mojado con sabor a él, evidentemente tantas erecciones a lo largo de la noche lo habían puesto al límite más de una vez, comencé entonces a besárselo como poseída, a lamerlo todo como una simple mortal que se arrodilla ante su ser supremo, recorrí su cabeza en círculos, al mismo tiempo lo metía y lo sacaba de mi boca. Acariciaba sus testículos y lo masturbaba con la otra mano, el solo repetía

- Si nena, si nena… - una y otra vez.

Cuando el lamía mi vagina, estaba concentrada y perdida en mi propio placer, pero ahora, que tenía su sexo en mi boca, mi mente se daba el lujo de pensar, y me sentía culpable, culpable por saber que estos labios eran los mismos labios que besaban a mi esposo, culpable por el morbo que me producía el tamaño exagerado de ese pene y tener que admitir que me encantaba, culpable por sentirme una sucia puta chupa pijas, culpable por no poder evitarlo, porque era como una droga y más se lo chupaba más quería hacerlo…

Y peor aun cuando lo sentí susurrar

- Diablos… ves como si sabías hacerlo? conozco a las de tu clase…

Pasados los minutos suficientes, noté que Gustavo se acercaba a su orgasmo, por lo que intenté sacarla de mi boca, pero el por el contrario sujetándome de los cabellos la metió más profundo todavía, hasta el fondo de mi garganta, y no valieron mis reclamos ni mis intentos de zafarme, el maldito iba a acabarme en la boca y yo necesitaba impedirlo, pero no podía arrancarlo de mi lado, tenía demasiada fuerza y el sentimiento de sentirme violada comenzaba a gustarme, los músculos de sus piernas se contrajeron de golpe, su verga estaba tan profundo que por suerte mis papilas gustativas no sintieron nada, solo una melaza espesa cayendo en lo profundo de mi esófago…

Nunca había pasado por una situación similar, dulcemente humillada había bebido por primera vez en mi vida el semen de un hombre, tantas veces Mario me lo había pedido y yo me había negado, porque él jamás me lo había hecho por la fuerza? como sea, Gustavo sacó su verga aún caliente y dura de mi boca y en una defensa de mi orgullo mancillado golpee con discreta furia su pecho con mis puños cerrados, pero él se rio de mi falsa reacción y sentenció

- Te gustó puta? Vas a saber lo que es un hombre…

Él se mantenía erguido como si nada hubiera pasado, se agachó y haciéndome apoyar el vientre en su hombro me levantó como si fuera una bolsa de papas, me tomó con fuerza por los muslos, mi torso quedó colgando en su espalada y mi cabeza en esa posición me hacía ver el cuadro pata para arribas, avanzó decidido al dormitorio, en el camino sentí caer uno de mis zapatos que quedó tirado en el piso, estaba deseosa de ser penetrada, me tiró con furia sobre el colchón, reboté, lo volví a provocar

- Ahora si quiero tu pija dentro…

Gustavo arrancó la tanga de mi cuerpo con un gesto animal, la tenía apretada en su puño derecho cuando la introdujo en mi boca ordenando

- Tomá cerda puta, chupa pijas, chupate tus jugos…

Y levantó bien mis piernas, me abrí toda y a fin me la enterró arrancándome un sordo grito, se movió con ritmo dentro de mi concha, se sentía hermosa, larga, gruesa, tan gruesa…

Llevé una mano a mi clítoris y seguí masturbándome, la otra mano acariciaba mi pecho izquierdo, y mi otro seno era acariciado a su vez por su mano, Gustavo apretaba sutilmente con su otra mano mi cuello, quitándome el aire, llevándome lentamente a la asfixia, me excitaba, me enloquecía.

Ahora podía comparar, si bien siempre había jurado que me encantaban los penes pequeños comprobé que solo lo pensaba por no saber lo que era uno grande, me maldecía a mí misma porque debía aceptar que la pija de Gustavo me daba más placer que la de mi propio esposo, estaba experimentando cosas nuevas, en lo profundo, bien en lo profundo, me sentía toda dilatada, sentía cosas que jamás había sentido, y como fichas de dominó pequeños orgasmos salían de mi interior, uno tras otro, infinitas sensaciones de placer que me hacían gritar, al punto de perder la cordura…

Perdí la noción del tiempo, Gustavo me cogió en cuanta posición quiso cogerme, nunca me había sentido tan mujer como esa noche, me solté, me desinhibí, hice cosas que jamás hubiera hecho con mi esposo, quería engañarme a mí misma pensando que lo hacía por despecho, o fingiendo estar alcoholizada, mentiras, puras mentiras, lo hacía porque me encantaba esa verga y la forma en que me cogía, la forma en que me llenaba, la forma en que me acariciaba, la forma en la que me besaba.

El mejor momento fue cuando lo sentí llegar por segunda vez, su pene se inflamó de golpe, lo apreté con fuerza para que no escapara y le susurré

- Dale! dale! quiero que me la llenes de leche…

Gritamos juntos, su placer fue mi placer, su semen me inundó por completo, nada me importó en ese momento, su respiración agitada y entrecortada por el orgasmo que acababa de tener me dejaba extasiada y enloquecida, nuestros cuerpos estaban embebidos en mutua transpiración a pesar de la baja temperatura mantenida por el acondicionador de aire, supuse que era el final, pero él seguía moviéndose en mi interior, sin perder rigidez, me estaba matando!

El me hacía descubrir como multiorgásmica, tuve que suplicarle a Gustavo que se detuviera, estaba ardida de tanto dale y dale, ya me dolía el útero en lo profundo, pero solo se detuvo al llegar por tercera vez, a esa altura del juego, en mi caso ya no sabía cuántos orgasmos había disfrutado.

Nos desacoplamos, di por terminado el encuentro pero para mi sorpresa el miembro de Gustavo no perdía erección, sospeché que seguramente había tomado viagra en algún momento, a su edad era imposible mantenerse estoico, pero sabía que no debía hacer preguntas de ese estilo a un caballero, pero más allá si había tomado o no, tenía cosas más importantes en que ocuparme, ya estaba fuera de juego, no quería saber más nada, pero él tenía otras intenciones…

Me tomó de la mano y me condujo hasta la cocina, donde había una barra de desayuno como dividiendo ambientes, cuatro banquetas modernas decoraban el lugar, con asiento pequeños, cromados, brillantes, de al menos un metro de altura, el me invitó gentilmente a sentarme en una como si fuera a ofrecerme un desayuno, le hice caso, el frío extremo del metal al apoyar mis nalgas me arrancó un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo, mis caderas y mis glúteos quedaban grandes por donde se mirase, como rebalsando el pequeño asiento, el me indicó como acomodarme, tirando mi trasero bien atrás, de modo que mi sexo quedara expuesto, comprendí la jugada, el parado a mi lado me acariciaba las nalgas, le supliqué

- Basta Gustavo, estoy exhausta…

- Perra, yo voy a decir cuando es basta… - al decirlo me dio un terrible chirlo en una de mis nalgas, como queriendo marcar su territorio de dominio.

Empujó sutilmente mi cintura hacia adelante, haciéndome arquear un poco más de forma que la redondez extrema de mi trasero quedara más expuesta todavía, se agachó lentamente hasta perderlo de vista, sus manos bajaron desde mi espalda hasta parar nuevamente en mis nalgas, una en cada una, se tomó unos minutos, creo que para disfrutar el cuadro que le regalaba, la suavidad de su lengua los recorrió lentamente, sentí la humedad de su saliva, desde afuera hacia adentro, cerrándose en círculos cada vez más pequeños, para centrarse en mi culito, toda su atención de centraba ahora en mi esfínter, lo dejaba hacer un tanto confundida, no creía que fuera a hacer lo que me imaginaba que intentaría hacer, me sentí nerviosa y me contraje por instinto, habrá estado cinco minutos lamiendo mi agujerito, se paró y se acomodó, sentí su verga entonces acariciarlo, como buscando centro al tiempo que susurraba en mi oído

- Qué hermoso culito que tienes, apuesto que es virgen, cierto? – su pregunta me sonó morbosa

- Si! lo es y lo seguirá siendo! - respondí convencida para que desistiera

- Eso está por verse! – dijo levantando la apuesta

- No Gustavo! por el culo no! tengo límites y principios!

- Callate puta! te las vas a comer toda!

- Yo no soy una de esas putitas con las que acostumbras a estar!

- Veremos, me vas a suplicar para que no te la saque

- Te dije que… ay! ay! pará hijo de puta!!!!

Noté que mientras discutíamos el dio un primer topetazo con su pija, provocando en mi un profundo dolor, esto estaba lejos de parecerme normal, mis convicciones con las que fui criada no me lo permitía, pero a pesar de todo, seguía ahí, en el mismo lugar, hubiera sido fácil para mí solo salir de la banqueta, pero por alguna extraña razón no lo hacía, sabía que perdería la virginidad de mi cola, pero nada convincente hacía por evitarlo.

Las palabras fueron cambiando a medida que Gustavo, una vez más, se salía con la suya, el dolor insoportable del principio se transformó en un dulce dolor a medida que mi esfínter se dilató para adaptarse a su grosor, quise evitarlo, pero gemidos de placer comenzaron a brotar de mi boca, eso encendió y enloqueció a Gustavo, nuestro juego dialéctico era ya diferente

- Te gusta? te gusta puta?

- Si! me gusta! dale! rómpeme todo el culo, no pares!

- Viste que tenía razón, eres una puta!

- Si papi, soy más puta que esas putas con las que andas, te gusta? te gusta?

Para mí desgracia las palabras solo aceleraron el proceso, era mi primera vez y hubiera querido tenerlo dentro más tiempo pero noté que él no duraría mucho más, fui por todo

- Dale! lléname el culo de leche! dale! es lo que querías no?

Las uñas de mi jefe se clavaron en mis carnes, mis uñas se clavaron en la mesada del desayunador, volvió a gritar hasta llenármelo por completo.

Ahora si habíamos terminado, nos desacoplamos, me dio unos últimos besos y fue al baño a higienizarse un poco, me quedé inmóvil unos minutos meditando lo que había hecho, que había hecho! La sombra de la culpa me avanzó como un frente de tormenta, Mario, Romina, mi madre, mi difunto padre, no podía tocarme los pezones de tan adoloridos que los tenía, llevé por detrás una mano para comprobar con mis dedos cuan dilatada había quedado, el semen me chorreaba de ambos agujeros cayendo hasta el piso, dios! diablos! cielo e infierno se mezclaban en súplicas y maldiciones.

Continuará.

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