Mi alumno de inglés

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Me tomó por la cintura y apretándome a su cuerpo, buscó mis labios con pasión inusitada y repentina. Le respondí con la ansiedad que venía de años sin tener caricias ni relaciones con ningún hombre. Este atractivo muchacho me excitaba tanto, que no podía controlar mis actos

Pasados 3 años del accidente de mi esposo, que me dejara viuda a los 28 años, daba clases en dos colegios y con las clases particulares de inglés a alumnos particulares tenía ingresos suficientes para tener un pasar cómodo sin preocupaciones económicas.

Mis padres vivían en Córdoba y la familia de mi esposo, cada vez me frecuentaba menos. Eso me hacía un poco solitaria, lo que hacía que mis compañeras de colegios insistieran en buscarme algún "amigo" conveniente.

No me interesé en las oportunidades que me sugerían, pero el paso del tiempo fue mitigando mi pesar y ahora que habían cesado las propuestas, sentía necesidades afectivas e inclusive, físicas.

Soy de 1.65 m. de altura, tengo un cuerpo armonioso, pelo ensortijado castaño, bastante bonita y con busto provocador y la cola firme y bien marcada. Miraba a veces películas porno en la T.V. que me ponían muy cachonda. A veces me masturbaba para calmar mis ansiedades. Pero al no frecuentar ambientes mixtos, debía conformarme sola a mí misma.

Un día, en el grupo de alumnos del sábado a la mañana, noté que uno de mis alumnos, miraba descaradamente mis pechos insinuados por una remera algo escotada.

-Pablo -le dije- no estás prestando atención.

-Perdone miss Daniela -contestó con algo de rubor en sus mejillas.

La verdad, que lejos de molestarme, esa noche, pensando en el asunto me sentí algo excitada. Pablo, es un muchacho apolíneo de 18 años, muy buen mozo, que siempre luce bronceado perfecto y su presencia en los gimnasios, le da un cuerpo musculoso que es tentador para algunas de las compañeras de estudio.

Me dormí esa noche, pensando en Pablo y en su interés por mis pechos. La falta de un hombre en mi vida me dejaba un poco a merced de alguien que mostrara interés por mí, Dejando de lado prejuicios de diferencias de edad y la condición de alumno-profesora que debía haber respetado.

El sábado siguiente, no dejaba de pensar en lo que había sentido con este muchacho. De todas formas, con algo de malicia nuevamente, me puse una camisa abotonada al frente con 2 o 3 botones desprendidos. Por supuesto, Pablo nuevamente me observaba entusiasmado y no me perdía mirada a mis pechos ni a mis piernas cuando subía los escalones que separaban el living del comedor diario.

A primera hora de la tarde, llamaron a mi puerta y me encontré con una señorea muy bien puesta, que me dijo:

-Profesora, soy la madre de Pablo, su alumno -se presentó y agregó:- Pablo tiene compromisos deportivos los sábados por la mañana y me pidió que le solicitara a Ud. a pesar de no acostumbrar, si podría darle lecciones los sábados por la tarde.

-Normalmente no doy clases por la tarde -le dije- pero haré una excepción con Pablo. Dígale que el próximo sábado venga a las seis y lo atenderé especialmente.

Cuando se marchó la madre, sentí inquietud por mi decisión y nuevamente me puse nerviosa y esperé con ansias el próximo sábado, que atendería a solas a Pablo.

Cuando llegó Pablo la tarde del sábado, me había puesto un vestido con cierre el frente y falda mini, que mostraba mis bien formadas piernas. Siempre saludaba a mis alumnos particulares con un beso y esta vez fue un poco más húmedo el contacto de sus labios en mi mejilla.

- Hola miss Daniela -dijo- gracias por darme esta oportunidad...

- No hay porqué -agregando- espero que aprovechemos la tarde.

Él, me miraba a los ojos y parecía como si supiera mis pensamientos non santos para con él.

- Haremos un intermedio en la clase -dije cerrando el libro y abanicando mi vestido dejé que se desprendiera otro botón del mismo- ¿Tomamos algo fresco? Tengo calor y estoy sofocada.

Creo que se estaba dando cuenta de mis íntimos deseos, porque me siguió a la cocina donde serví un par de vasos con refresco helado. Se quedó detrás de mí y me dijo murmurando sobre mi hombro:

- Si tiene sofocación, debiera usar algo más liviano. -dijo con picardía.

- Para que me mires los pechos -siguiendo su juego- como hiciste la otra semana.

- Es que me encantan -dijo. Y agregó:- en realidad es Ud. tan hermosa, que me quedaría todo el tiempo mirando su cuerpo.

-¿Te me estás insinuando? -y agregué:- Eres muy joven y yo soy grande para ti.

Poniendo sus brazos a cada lado de mi cuerpo, se apoyó en la mesada y arrimando su boca a mi oído, dijo:

-Me calienta tanto sentirla cerca -murmuró en mi cuello- Ud. sigue sofocada y me cuesta mucho controlarme.

-Mejor será controlarnos -advertí.

-para mí, es imposible miss Daniela -dijo.

Me tomó por la cintura y apretándome a su cuerpo, busco mis labios con pasión inusitada y repentina. Le respondí con la ansiedad que venía de años sin tener caricias ni relaciones con ningún hombre. Este atractivo muchacho me excitaba tanto, que no podía controlar mis actos.

Nuestras lenguas se empujaban con violencia, mis manos en su nuca, apretaba su boca a la mía y sus brazos empujaban mi cuerpo contra el suyo. Sentía su miembro presionar sobre mi pelvis ansiosa. Los jugos me empapaban la vagina y la excitación ya era incontrolable.

-Hazme tuya -rogué- quiero sentirte dentro mío.

-Es hermosa y la deseo tanto -dijo mientras desprendía mi vestido.

Me quitó mi ropa interior y poniendo mis nalgas sobre la mesada de la cocina, se puso en cuclillas y besó mi vagina. Con desesperación, tiraba de sus cabellos, mientras su lengua lamía mi clítoris.

-Por favor. Necesito que me penetres ya -grité.

Su miembro, bastante considerable, se acomodó en los labios de mi vagina. Y de poco a poco, fue penetrando mi sexo.

Mi pelvis embestía la suya con violencia y su mete y saca era cada vez más rápido.

-La voy a llenar con mi semen -decía en medio de suspiros y jadeos.

-Sigue... Sigue... No te detengas. Asiiiii... Asiiii... Ahhh

Pablo, jadeaba ruidosamente y llegué a un violento orgasmo mientras lo sentía eyacular en mi vagina mezclando su semen con mis jugos explotando.

El reposo posterior a semejante orgasmo, fue muy tierno. Me dijo en mi oído, si quería que fuéramos al dormitorio a lo que accedí de inmediato. Quería compensar esta tarde, años de soledad. Y vaya si lo compensé.

Fuimos amantes durante 2 años, hasta que se puso a noviar con una chica y fuimos espaciando nuestros encuentros... Fue un amante impetuoso y el sexo que practicábamos era intenso y hermosamente violento.

Danino

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