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Jaque mate (Parte 8 de 8)

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El fin de la historia, Nora comprende que ha jugado una partida que tenía perdida antes de empezar a jugarla

Gustavo volvió ya cambiado, gentilmente me dijo

- Gustas ducharte?

- Gracias, es tarde, necesito volver a casa… - las cuatro de la mañana marcaba el reloj de la pared.

- Ok, como quieras entiendo… - contestó a secas, como una fría persona que ya se había sacado las ganas y no tenía muchas intenciones de retenerme a su lado

- Te pido un favor? me traes mis ropas?

- Si, las dejaste en la pieza, cuando te cambiaste, recuerdas? – dijo señalando la pieza

- No, no ‘esa ropa’, necesito ‘mi ropa’, mi jean y mi blusa de croché que dejamos en el baúl del coche con mi notebook, recuerdas?

- Y por qué debo ir a buscarla? – preguntó mostrando cierta apatía

- Porque no puedo llegar a mi casa vestida como una puta, creo que es obvio…

Gustavo dejó el lugar y lo sentí bajar por el ascensor, me quedé sola, respiré profundo, resignada, saque las medias, los portaligas, el corsé, fui al baño a higienizarme un poco, lavé mi cara con agua y jabón, saqué todo rastro de maquillaje, me miré al espejo fijamente como esperando que la imagen reflejada me devolviera una respuesta, pero nada me devolvió.

Pasó el tiempo y poco a poco me transformé nuevamente en esa mujer decente que había salido de casa la noche anterior, mi jefe aguardó paciente a que yo me arreglara y mientras lo hacía se encargó de acomodar todas las prendas que había comprado en un coqueta bolsa, la pollera, la blusa de hombro caído, y hasta la lencería erótica que había usado, mientras me alcanzaba el zapato que había quedado en el camino con una sonrisa

- No te olvides de esto…

Lo acepté con otra sonrisa en muestra de agradecimiento.

Bajamos en el ascensor en silencio, sin mediar palabra, una pequeña garúa de esas que no hacen daño pero que molestan se había desatado en ese casi amanecer veraniego. Los quince minutos que tardamos desde las torres Dolfines hasta mi hogar transcurrieron casi sin hablar, como al bajar por el ascensor, eso me hizo sentir molesta, acaso para Gustavo solo había sido un juego de conquista? acaso ya era parte de su colección? Intenté sacarme las dudas y pregunté

- Te gustó?

- Claro que me gustó! me encantó mi reina!!!

Pero no me sonó convincente, y no quise profundizar en mis preguntas, lo notaba un tanto frío y distante, de pronto había perdido toda esa verborragia embriagante con la que me había seducido.

Al llegar nos despedimos con un beso en las mejillas, bajé y esperó a que ingresara al palier del edificio, lo vi alejarse.

Llamé al ascensor, en una mano tenía mi notebook y mi cartera, en la otra la bolsa con las prendas, me di cuenta que esa bolsa no cerraría en mi familia, yo no usaba minifaldas, yo no usaba lencería erótica, y menos esas marcas impagables para un matrimonio humilde de clase media, con todo el dolor del alma volví a la acera, hasta el basurero, para depositar ahí mi querido obsequio, suspiré resignada, seguramente jamás volvería a tener ropas tan finas y caras.

En algún punto, mi zapato perdido que Gustavo me alcanzó con una sonrisa, y al verme nuevamente vestida en forma tan natural, me recordó al cuento de ‘La Cenicienta’ que mi madre me leía una y otra vez en mi niñez, como en ese cuento, la magia se había esfumado.

Subí hasta el departamento, entré casi en puntas de pies, solo me asomé para comprobar que mi pequeña hija dormía abrazada a su abuela.

Pasé por el baño y me rendí en mi cama.

Estaba agotada, destruida, me dolía el cuerpo, en especial mis zonas erógenas, la resaca me invadía, me dolía la cabeza, pero no podía conciliar el sueño, era raro, odiaba a Mauro pero cuanto lo hubiera necesitado en ese momento para abrazarlo y dormirme en sus brazos, revivía una y otra vez cada instante vivido con Gustavo, jamás me habían hecho el amor como el me lo había hecho pero yo amaba a Maurito, me había encantado pecar de esa manera, pero la imagen de mi padre se presentaba acusándome, una y otra vez, todo se mezclaba, no podía poner blancos sobre negros entre tantos tonos de grises…

La dulce voz de mi madre me despertó casi susurrándome al oído, el almuerzo estaba casi listo, me levanté, me cambié y fui a la mesa, Romina estaba a los gritos y se me partía la cabeza, pero no era su culpa, la besé con amor y le di un abrazo fraterno de madre, revolví los espaguetis por largo tiempo, casi sin probar bocado, con mi mente perdida buscando respuestas, mi corazón estaba tan descolorido como el día, la lluvia se había hecho presente borrando toda huella del sol.

Luego de almorzar Romi siguió con sus juegos, mi madre comenzó a lavar la vajilla y yo a secarla, entonces pregunté

- Mamá, puedo hacerte una pregunta?

- Claro Nori, que pasa?

- A veces me pregunto, vos y papá, tantos años juntos… nunca se separaron…

- Sé dónde vas, el matrimonio no es fácil, no todo es color de rosas…

- Y cuando había problemas?

- Cuando había problemas? fácil, nos sentábamos y lo charlábamos, nunca permitíamos que nadie interfiera en nuestro matrimonio, ni amigos, ni vecinos, ni conocidos, ni tus abuelos ni siquiera tú y tu hermano, las cosas hay que decirlas de frente…

Seguí secando mientras meditaba, y si me hubiera apresurado, había condenado a Mario sin siquiera darle el derecho a defenderse

- Mamá… papá siempre te fue fiel?

- Si! bah… supongo que sí, y si no lo fue se llevó el secreto a la tumba.

- Y tú? Siempre le fuiste fiel?

- Nora, Nora, que preguntas son esas a tu madre? sabes de mis creencias religiosas, aunque tú hayas abandonado al Señor.

- Pero nunca apareció otro hombre en tu vida? – tratando de llevar la conversación hacia donde yo quería y no donde ella quería

- Hombres? no… tu padre fue mi único hombre, el amor de mi vida…

Más hablábamos y más dentro del laberinto me metía, la conversación no me llevaba a ningún sitio, mis ojos pasaron de casualidad por la botella de vino que habíamos bebido en el almuerzo, pregunté tomándola entre mis manos

- Mamá, mira este vino, es un… ‘malbec’ según leo acá

- Yo de vinos no entiendo nada – contestó secamente

- Sí, yo tampoco, pero supongamos que sabes… y que en tu vida, solo has probado ‘malbec’

- El punto es? – preguntó sin entender

- El punto es que si no has probado en tu vida un ‘sirah’, o un ‘cabernet sauvignon’ como podrías asegurar que un ‘malbec’ es realmente lo mejor para ti?

En ese instante mi madre cerró la canilla y mirándome a los ojos preguntó

- Estás bien? qué te pasa hija? problemas con Marito? anoche llegaste muy tarde…

- Nada mamá, no me hagas caso… - contesté terminando de secar el último plato

Comprendí que de seguir la conversación me metería en temas que no quería meterme, mi madre me conocía demasiado y era transparente en mis pensamientos hacia ella.

La tarde pasó aburrida, solo con la constante y molesta lluvia, a pesar que mi pequeña y mi madre estaban conmigo, yo me sentía sola, en mi cabeza trataba de armar un rompecabezas al que le faltaban demasiadas piezas, reviviendo una y otra vez las últimas horas, poniendo en los platillos de la balanza el bien y el mal, lo bueno y lo malo, lo aceptado y lo prohibido, buscando un eterno equilibrio, cosa que no lograba conseguir.

Me fui a dormir un poco más tranquila, sabiendo que el lunes me reencontraría con el hombre que me había cogido como nunca Mario lo había hecho.

Para el lunes la lluvia había cesado, pero el cielo se mantenía gris y una fuerte ventisca sur presagiaba una pronta mejora y un poco de refresco para las altas temperaturas de verano. Dejé a mi pequeña en el colegio y fui rápidamente al estudio, una emoción especial me llenaba, una rara sensación, reencontrarme con el hombre que de alguna manera me había embriagado y de alguna manera había conseguido dejar a mi amor en segundo plano, Mario no me había llamado la noche anterior, y la verdad era que no me había molestado, en ese momento tenía las cosas todavía demasiado confusas.

Como era costumbre, llegué primera para repasar todo y ver que cada cosa estuviera en su lugar, solo que esta vez me sentía diferente, con un nuevo impulso.

Media hora después llegaron Gustavo y María José, los saludé efusivamente, en especial a el que sin embargo contestó un tanto distante, fueron a su despacho y sin que me lo pidieran les alcancé café negro para él y cortado para ella, la sonrisa se me escapaba por los labios, los coqueteos y las miradas también, yo no lo notaba, pero inconscientemente me mostraba como una perra caliente, sin darme cuenta que su esposa estaba presenciando todo.

Gustavo, frío y distante, casi sin dirigirme la mirada me dijo

- Nora, favor prepará la carpeta de Esquivel y asegúrate que todo esté en orden.

María José había prestado mucha atención, había captado esas cosas que a las mujeres no se nos pasan por alto, de pronto exclamó

- Hijo de puta! te la cogiste! – en un tono intimidante

- De que hablas? estás loca? – respondió el sin levantar la mirada

- Qué hijo de puta, te saliste con la tuya… te la tenías que coger nomás…

Mi jefa solo hablaba sin esperar respuesta, como monologando segura de sus pensamientos, Gustavo bajaba la mirada respondiendo dubitativamente, enterrándose a sí mismo segundo tras segundo, cada negación era una confirmación, y yo me quedé paralizada, sin saber qué hacer, que decir, él me había dicho que no pasaba nada entre ellos, pero si acaso me hubiera mentido? Si todo hubiera sido una novela solo para tener sexo conmigo? en que problema estaría metida, de repente ella, haciendo una pausa y mirándome fijamente me dijo

- Nora, esto no tiene que ver contigo, por favor nos dejas a solas, gracias!

No me atreví siquiera a mirarla, bajé la mirada y salí del lugar tan pronto como pude, directo a mi escritorio, ella cerró la puerta tras mío con un fuete portazo que hizo templar los vidrios de la oficina, al sentarme también cerró los cortinados para obtener privacidad con su marido.

Me puse muy nerviosa, demasiado, las manos se me inundaron en transpiración, se me secó la boca y casi no podía tragar, tenía un nudo en la garganta.

A pesar de la intimidad buscada, María José hablaba tan fuerte que podía escuchar todo, eran casi gritos de su parte, Gustavo contestaba tan bajo que no me daba opción a escuchar, por lo tanto tenía que ‘armar’ en mi mente el resto de la conversación, solo tenía sus reproches:

- Te dije que no te metieras con ella! ella es diferente a esas putas que frecuentas!

(Silencio por no poder oír)

- Pero por qué? siempre tienes que salirte con la tuya? Bastardo!

(Silencio por no poder oír)

- No me importa! y grito todo lo que quiera, si?

(Silencio por no poder oír)

- Te vas a la mierda! vos, el estudio y todo!

(Silencio por no poder oír)

- Yo te había advertido que no quería que te fijaras en ella, o no?

La discusión seguía en esos términos hasta que de repente María José abrió la puerta con un nuevo golpe y dirigiéndose a mí me dijo

- Vamos, acompañame, vos y yo tenemos que hablar…

Tomé temerosa mi cartera, miré a Gustavo esperando su aprobación, pero el solo había salido del despacho y miraba por la ventana con la vista perdida en la nada, dándome la espalda.

Mi jefa no tenía cara de buenas amigas, la seguí casi sin pestañar, salimos a la calle, caminaba demasiado rápido por lo que debía esforzarme para no perderle pisada, hicimos las seis cuadras que nos separan del cruce de peatonales casi sin respirar, llegamos al popular McDonald y ahí si un tanto relajada, hicimos la cola como dos mujeres normales, me preguntó que quería, era media mañana, apenas un café que en ese momento no sabía que podría pasar, ella se pidió una clásica hamburguesa con papas fritas y gaseosa, en cierta medida la envidiaba en este punto, su delgadez le permitía acumular toneladas de comida chatarra sin el menor cargo de conciencia, fuimos a un rincón, un tanto apartadas, entonces me dijo

- Tranquila Nora, estoy de tu parte… - mientras daba el primer mordisco a su comida

- No entiendo… - era lo único que podía decir.

- No me equivoco si afirmo que mi esposo te llevó a la cama? verdad?

Yo no sabía que responder ante una pregunta tan directa, que diablos se suponía que debía responder, entonces ella prosiguió sin esperar mi respuesta, como asumiendo un ‘si’ que nunca había pronunciado

- Voy a contarte una historia, que seguro ya conoces en parte, verás, hace años que me une a Gustavo solo relaciones comerciales, nada más, él tiene sus aventuras, yo las mías, ya sabes, él es un tipo ambicioso, es un ganador, pero no todo es lo que ves. Está enfermo, realmente está enfermo, para él las mujeres son un deporte, las colecciona, una tras otra, no distingue entre putitas y verdaderas mujeres, el solo hace daño…

María José hizo una pausa para beber un trago y mirándome a los ojos prosiguió su relato

- Cuando te tomamos como empleada, le hice jurar que no se metería contigo, lo vi cómo te miraba y lo conozco muy bien. A él le encanta seducir mujerzuelas quienes ciegas con su dinero y su poder, les promete el cielo, para solo acostarse con ellas. A mi poco me importa, siempre son esas chicas que no dudan en acostarse por un roce con la fortuna, pero él sabía muy bien que eras diferente, que tenías familia, esposo, tu entiendes – en ese momento volvió a clavar los dientes en su comida

- Pero él me dijo que… - no me dejó terminar

- Qué te dijo? es un mentiroso profesional… seguro te hizo el verso del dinero, no? tan predecible… sabes que las cosas no son lo que parecen? Nuestras cuentas no están nada bien, no podíamos decírtelo, pero solo somos una sombra de lo que fuimos, nuestro prestigio hoy solo se basan en apariencias y recuerdos del pasado.

- No entiendo, el coche, el piso en las torres Dolfines, las tarjetas, el efectivo…

- Ja! ja! - rio en forma sarcástica – te llevó a las torres? diablos! realmente le gustaste nena!, ese piso es de un amigo íntimo, donde suelen llevar damas de ocasión, no me cuentes más, seguro te compró ropas finas, te llevó a cenar y hasta te narró las historia de los vinos, me equivoco?

- No… - dije tímidamente bajando la cabeza, como empezando a entender un vil engaño, y que solo era parte de un todo, una pequeña parte, nada especial, traté de confundirla entonces

- Me dio un cheque en blanco!

- A ti también? Ya no sé cuántos le rechazaron por faltas de fondos…

María José ya terminaba su hamburguesa y comía las últimas papas fritas, mi café se había enfriado y no había probado un trago, ella siguió entonces

- Te voy a dar un consejo, olvida lo que pasó, olvídate de él, piensa en tu familia…

- Mi familia? En mi hija querrás decir, porque el cerdo de mi esposo me engaña, y lo se gracias a Gustavo! – contesté levantando la guardia nuevamente

- Si? y que dijo tu marido en su defensa?

- Nada, todavía no hablo con él, no está en la ciudad, pero cuando llegue…

- Cuando llegue qué? qué harás? que le dirás? que te dijo Gustavo exactamente? no hablaste aun con él? perdona mis palabras pero lo que tienes de bonita lo tienes de estúpida.

- Me mostró los comprobantes de su cuenta bancaria, y de su telefonía celular!

- A ver?

- A ver qué?

- Quiero verlos, los comprobantes…

- No los tengo, no me los dio…

- Ja! ja! mi niña… que inocente eres…

Mi jefa me invitó a salir, había terminado su comida, mi café quedó servido y sin tocar, tomamos peatonal Córdoba hacia el este, buscando el río, esta vez caminando lentamente, ella encendió un cigarrillo y retomó el diálogo, pero esta vez como haciéndome reflexionar para que yo misma sacara conclusiones

- Así que te mostró los comprobantes de tu marido, y como sabía que tu no los habías visto previamente?

- No se… intuición? – pregunté desconcertada

- Intuición… si claro… él es muy inteligente, no pierde detalle, y tú eres muy inocente, hablas demasiado, seguramente laguna vez hablaste de ello…

- No recuerdo…

- Y de donde los sacó? no te lo preguntaste?

- Me dijo que tenía contactos, en el banco, en la compañía telefónica…

- Si… también tiene contactos en informática, que pueden falsear cualquier documento, haciéndolo ver como real…

No daba crédito a sus palabras, me parecía una fábula demasiado grande para ser real, seguro hablaba por despecho, además no me consideraba una mujer tan tonta para caer en tales engaños, entonces siguió

- Escucha mi inocente criatura, nuestra profesión nos ha llevado a conocer y trabajar con mucha gente, no siempre es gente buena, muchas veces nos pagan para que la justicia no sea justa, para ‘esconder’ billetes de sucios negocios, no siempre estamos del lado del bien y el roce permanente con esta gente hace que tarde o temprano termines manchado, me explico?

Todo giraba demasiado rápido en mi cabeza, era posible esta versión de los hechos? acaso había sido engañada desde el primer minuto? acaso mi pobre Marito era un santo y yo lo había sentenciado solo por prejuzgar? no tenía respuesta a una pregunta que ya me saltaba otra, ella después de unos minutos de silencio preguntó

- Entre nos… te cogió rico verdad?

- Cómo? – repregunté fingiendo no haber escuchado lo que había escuchado

- Vamos… entre mujeres, con confianza… te cogió bien cogida, me equivoco?

- No… fue lindo… - me daba vergüenza hablar de estas cosas íntimas abiertamente con la mujer que era su mujer y además mi jefa

- En fin… - suspiró – Gustavo es muy profesional, inteligente, siempre se adelanta a tus jugadas y además, coge como ninguno, y mira que he probado, además no deja cabo suelto, ni pienses en recriminarle nada…

- Por qué no puedo recriminarle nada? – en ese momento la furia me invadía y tenía deseos de matarlo, ella me tomó por los hombros y me dijo

- Mi chiquita, tú no lo sabes, pero puedes apostar que él ha filmado todo el encuentro…

- Cómo?

- El ‘colecciona’ sus encuentros, es un enfermo, sádico, manipula todo a su antojo, en una época era confidente conmigo, sabía que tenía más de cuarenta filmaciones, y si alguna le hiciera el más mínimo escándalo, él tendría armas para defenderse, de hecho a varias les ha sacado bastante dinero…

- No te puedo creer…

- Yo no puedo asegurar que lo hiciera contigo, con el tiempo me transformé en una amenaza para el por lo que ya dejó de ser confidente conmigo, así que nena, ve con cuidado y piensa bien lo que vas a hacer…

Pasábamos ya por el monumento a la bandera, llegando al río, fin de un recorrido que no habíamos planificado, el día seguía desapacible, María José aun hablaba cuando sonó mi celular, era mi pobre Mario, traté de sonar lo más natural posible, me pidió disculpas por no poder comunicarse antes, pero me aseguró que tomaba el vuelo vespertino y que al anochecer estaría en Rosario, mi jefa había sido testigo casual de mis palabras, cuando corté las lágrimas rodaban por mis mejillas, me abrazó dulcemente sabiendo el infierno que vivía en mi interior.

No queda mucho por narrar, debo afrontar mi vida, soy prisionera de mis acciones, Gustavo me había cogido como seguramente no volverán a cogerme en mi vida, cuando lo haga con Mario desearé estar con él, pero al mismo tiempo nunca odiaré a nadie como odio a ese tipo. Tengo que replantear muchas cosas, mi amor con mi esposo, mi vida con él, poder ver a mi hija a los ojos, hablar con Gustavo, pensar en mi empleo, las cosas cambiaron, ya no quiero equivocarme…

Si tienes comentarios, sugerencias al respecto puedes escribirme a:

[email protected]

Gracias.

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