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El delfín negro

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Ahí me sentí raramente observada por los dos hombres que se quedaron mudos en un silencio sepulcral, ahí estaban los dos viejos amigos clavando su vista en mi figura, mi hombre actual, al que amaba, mi hombre anterior, al que añoraba

Fines del dos mil dos, era apenas una veinteañera que había decidido hacerse su primer tatoo, unas pequeñas gaviotas apenas debajo de la nuca.

Siempre me gustaron las aves, sus vuelos me inspiran libertad, y envidio esa posibilidad que tienen de separar las patas del suelo y poder ver el mundo desde otra perspectiva.

Busqué varios sitios al azar, y en esa búsqueda conocí a Roque, la persona que sería quien plasmaría ese dibujo en mi piel.

Lo elegí porque me dio confianza y me explicó serenamente como haría el trabajo, su voz me dio seguridad en ese momento, aunque mientras él hablaba yo solo miraba sus enormes ojos verdes, diablos… que ojos!

Roque era un joven que no me llevaba muchos años, de cabellos entre castaños y rubios, bastante más alto que yo, bastante fornido, y con varios tatuajes en su piel que despertaron mi curiosidad.

Ese primer tatoo dio pie a que empezara una relación de amistad en principio, empecé a visitarlo casi a diario, me gustaba cebarle unos mates mientras compartíamos algunas facturas o biscochos, todo se fue dando, nos enamoramos y terminamos armando nuestra familia.

Voy a hacer una mención de Marcelo, amigo íntimo de Roque, a quien también conocí en esos días, y con quien de alguna manera establecí también una amistad. Nunca me pareció atractivo, al menos no de mi tipo de hombre, de cabellos rizados, oscuros, como sus ojos, bastante musculoso, grandote, de labios gruesos, creo que su mejor cualidad era su simpatía, al menos lo más me llamó la atención de él.

Como dije, en esos momentos… solo buenos amigos.

La convivencia con Roque empezó viento en popa, fuimos felices, en esos primeros años, me regaló varios tatuajes, siempre me gustaron los pequeños, tatuajes que significaran algo para mí, como esas gaviotas…

Pero con el correr de los años todo se fue desgastando, solo sucedió… no fueron peleas, ni gritos, ni nada, solo poco a poco la llama se fue apagando y fue cuando Marcelo…

A medida que mi relación con mi esposo se iba enfriando, empecé a sentirme sola, desprotegida, frágil, y encontré en su amigo un apoyo, y empecé a conocerlo como hombre.

Empecé a encontrarme a escondidas con él, me confesó que siempre había estado enamorado de mí, pero que, por respeto a mi marido, su amigo, nunca había dicho nada, en principio eran solo charlas, pero luego intentó robarme un beso, y mis defensas poco a poco cayeron… cuando me di cuenta, me había atado a ese hombre y le había sido infiel a Roque, su mejor amigo…

Fines del dos mil diez, cambiaba de hombre, Roque y yo quedamos muy bien, solo se había terminado, lo nuestro fue edificar un castillo hermoso a orillas del mar, lo descuidamos, no le dimos importancia y cuando nos dimos cuenta, las olas y el viento se había llevado todo…

Sabía de lo mío con su amigo, no le molestó, hasta vio con alegría que, si yo había elegido otro hombre, ese hombre sea su mejor amigo…

Y empecé mis días de convivencia con Marcelo y ahora creo que el error fue no haber cortado los lazos con Roque, porque ellos siguieron siendo mejores amigos y yo lo seguí frecuentando, y me di cuenta que el haberlo perdido solo había despertado el deseo nuevamente, porque diablos… esos ojos verdes…

En resumen, era feliz junto a Marcelo, pero añoraba mis días con Roque…

La loca situación que leerán a continuación ocurrió hace un par de años, Marcelo quería formalizar nuestra situación de pareja, un casamiento por civil, anillos, fiesta, todas esas cosas, pero yo siempre fui enemiga de todas las formalidades, así que puse mala cara a su idea, pensamos las cosas y decidimos hacernos un nuevo tatoo, cada uno el mismo, que simbolizaran esos anillos que nunca tendríamos…

Pensamos un poco, descartamos algunas ideas y decidimos hacernos un delfín negro, símbolo de la fidelidad, rodeado por pequeñas estrellas.

Le pedí a Marcelo que se lo hiciera en su pecho, cerca de su corazón, me pareció muy romántico. El por su parte, eligió mi pubis, algo muy íntimo, cerca de mi clítoris, lugar que siempre queda oculto bajo la ropa interior, me reí mucho con su loca idea, pero por qué no darle el gusto?

Y ya adivinarán que sucedió… a quien recurrimos por ese tatuaje, si… Roque, quien si no… él y Marcelo eran como hermanos y yo era su ex, conocía cada rincón de mi cuerpo y no habría nada nuevo para él, ni para mí, ni promiscuo o vergonzoso en esta situación.

Y todo lo que se suponía un simple trámite cambió sin quererlo…

Esa mañana Marcelo se tomó el trabajo de depilarme por completo, dejando mi sexo como el de una niña pequeña, usó un jabón mentolado que me dio cierta excitación, como adelantando lo que vendría.

Viajamos a lo de Roque, mi ex dejó en claro la situación, él iba a ser muy profesional con todo, por respeto a su amigo, quien se quedaría observando a un costado y por respeto a mi persona, así que me pidió que pasara al baño y me desnudara de la cintura para abajo y me ofreció una toalla blanca para que me cubriera.

Roque empezó a preparar sus cosas, sus instrumentos, sus guantes, Marcelo solo se acomodó en una silla, al costado y yo me dirigí al baño a quitarme la ropa. Mientras lo hacía, escuché sus jocosas charlas de hombres, hablaban de futbol, cosas que no eran de mi interés.

Pasados unos minutos, estaba desnuda de la cintura para abajo, ajusté la toalla en mis caderas y salí de regreso, ahí me sentí raramente observada por los dos hombres que se quedaron mudos en un silencio sepulcral, ahí estaban los dos viejos amigos clavando su vista en mi figura, mi hombre actual, al que amaba, mi hombre anterior, al que añoraba…

Un escalofrío corrió por mí espalda, solo tuve una rara sensación, un presentimiento, las cosas no serían solo un trámite como había imaginado.

Me acomodé sobre la camilla, quedando de lado de Marcelo quien observaba todo con suma atención, Roque con sumo cuidado y respeto me bajó la toalla justo, justo hasta donde empieza la línea de mi vagina, me sentí rara… y luego empezó a delinear el modelo de delfín con estrellas que ya teníamos definido…

Y empecé a sentir sus dedos sobre mi pubis, tan pero tan cerca… y sus brazos apoyados en mis piernas, y su respiración sobre mi piel, diablos, aun sentía la química, un extraño tan íntimo…

Dejé caer mi cabeza de lado, mis ojos se cruzaron con los de Marcelo, y sentí una rara conexión, sentí que el disfrutaba verme en esa situación.

Los minutos pasaban y todo esto me llevó a un lugar peligroso, a un lugar donde no quería estar… sentí mis pezones duros bajo el sostén, y esa electricidad recorriendo mi cuerpo, sentí que me humedecía, y es inútil, cuando una no quiere… parece a propósito, solo se da la inversa…

La atmósfera se había enrarecido, el silencio se hizo tenso, Los ojos de Marcelo me quemaban, suspiré profundo y cerré los ojos tratando de esquivar su mirada, pero sabía que me miraba…

Cuando Roque terminó los preparativos y empezó a tatuar mi piel sentí que me moría, sentí que me perdía, siempre fui un tanto masoquista, pero este dulce dolor tan cerca de mi clítoris era demasiado, sentí que empezaba a mojarme a mares, sentí deseos de tocarme, y que Marcelo me estuviera observando solo aumentaba mi hoguera.

Por si algo faltara, la toalla parecía correrse, insistentemente, poniendo de mal humor a Roque, por lo que se repente solo la arrancó y la tiró con furia, mierda… como decirlo, mi sexo depilado totalmente desnudo ante sus ojos, en una posición sumamente incómoda para mí, porque Marcelo hasta parecía cómplice de todo, observando como sui amigo posaba sus dedos a milímetros de la locura…

Solo me mojaba, más mojaba y más me mojaba, apreté los puños con fuerza, cerré los ojos, no puede evitarlo, un orgasmo me sorprendió en todo el trance, no supe si ellos lo notaron, no supe si largué algún gemido, no supe… solo no supe…

Casualidad o no fue cuando Roque se detuvo y me pidió que fuera frente al espejo a ver cómo iba todo, si me gustaba la siluetad del delfín negro, me alcanzó la toalla, pero decidí hacerme la tonta y dejarla a un costado, me incorporé semi desnuda y caminé hacia el espejo de pared, pero no miré mi pubis depilado y el tatuaje que empezaba a tener forma, solo miré por el espejo lo que sucedía a mis espaldas, ambos hombres permanecían inmóviles mirando mi trasero, es que tengo buen trasero…

Y me sentí puta en ese momento, tenía la atención de dos hombres solo para mí…

Volví a la camilla con una sonrisa en mis labios, pero algo me avergonzó al llegar, sobre la sábana había una gran mancha circular producto de mis flujos que no había notado al levantarme, me quedé en silencio y sentí vergüenza, como diablos había chorreado tanto…?

Los ojos de Roque se posaron en mi como en aquellos años, respiré resignada, acarició mis cabellos, incliné mi cabeza para sentir el roce de sus dedos, ahora desprovistos de guantes, Marcelo seguía sentado, observando sin decir palabra, solo me giró para que le diera la espalda e hizo que reclinara mi pecho sobre la camilla, mi culo entonces quedó indefenso apuntando a ellos, las manos de mi ex acariciaron la piel de mis nalgas, no hice nada, no pude hacer nada…

Solo lo dejé hacer, Roque me penetró como en los viejos tiempos, su verga entró por completo en mi concha, limpia hasta el fondo, empezó a empujarme y en cada empuje me arrancaba un gemido, me tenía fuerte por la cintura, entregada, toda suya, se sentía muy rico, demasiado rico…

Empezaron a llegar orgasmos, en cada empuje la camilla se corría unos centímetros chirreando las patas en el suelo, y más, y más, sin proponerlo llegamos a la pared de fondo donde hizo tope y ya no tuve escapatoria, en cada empuje profundo el me arrancaba un grito, aflojé los botones de mi camisa, pasé una mano bajo el sostén y me acaricié unos de mis pezones, tan rico…

Mi ex hizo entonces algo que le encantaba hacerme, sin pedirlo, sin insinuarlo, saco la verga de mi concha jugó un poco, hizo puntería en mi culo y empujó hacia adentro, me contraje, me arrancó un grito en tono se protesta, pero como dije, soy una tanto masoquista, lo dejé hacer…

Pronto su pija estaba en mi otro agujero, bastardo…

Llevé mi mano a mi clítoris, metiendo al mismo tiempo mis dedos anular y mayor en mi concha mojada, empapada en flujos, la moví con frenesí sintiendo la pija de Roque en mi culo, refregarse contra mis falanges que estaban en el otro hueco, recuerdo que le pedía que me acariciara las tetas…

El solo tomó el sostén y lo tiró hasta hacerlo crujir y romperlo entre sus manos, fue tan erótico que entre gritos y gemidos me acabé en sus manos, cuando el acariciaba mis pechos…

Roque no demoró mucho, aún estaba dentro de mi culo, aún tenía los dedos en el interior de mi raja, el sacó la verga de un agujero y volvió al otro, todo dentro de mi concha, refregando su sexo dentro del mío, con la interferencia de mis propios dedos, era tan rico…

Lo sentí estremecerse, apretó mis tetas con fuerza, me arrancó gemidos, explotó en mi interior… mi dulce Roque…

Se retiró un tanto agitado, saqué mis dedos, mezcla de flujo, mezcla de semen, empecé a chupármelos, como una niña disfruta un dulce… el me miró fijamente con esos ojos verdes y me dijo

No te olvides de Marcelo… él es tu hombre…

La situación me había hecho dejar de lado a mi pareja, Marcelo estaba sentado en el mismo sitio, expectante, como observador de lujo de lo ocurrido, su entrepierna evidenciaba una hermosa erección, como si hubiera disfrutado cada segundo de ver a su amigo cogiendo a su mujer…

Mis pudores habían quedado en segundo plano… solo caminé hacia él para arrodillarme a sus pies, bajé presurosa sus pendas para desnudar su sexo, y ahí estaba ella… erguida, imponente…

Llevé mis labios a su tronco para besarlo, pasé la lengua rozando la punta, por su agujerito, estaba empapada en jugos producto de la excitación, la masturbé lentamente con una mano, sin perder ritmo, solo muy lentamente, estaba tan rica…

La metí profundo hasta llegar a mi garganta, una y otra vez, haciéndolo estremecer, llegando casi al ahogo…

En un instante abrí mis ojos, la mirada de Roque me sorprendió a un costado, ahora él era espectador y decidí jugar para él, regalarle los mejores planos, solo lo masturbé desde la base, dejando que el viera como pasaba la lengua por el glande de Marcelo, haciendo un juego que hacen las mejores putas…

La pija de Marcelo se contrajo, llegaba el momento, su semen empezó a brotar, lentamente primero, explotando luego en un par de chorros, yo solo seguía pasando la lengua por su glande, por su tronco como si nada ocurriera, llevando la leche de un lado a otro ante la atenta mirada de Roque, que parecía quemarme…

Solo seguí jugando, metiendo semen en mi boca, para volver a largarlo luego, hasta sentir la mano de Marcelo acariciando mis cabellos para decirme que ya estaba bien…

Roque me alcanzó la toalla, para que me limpiara, habíamos terminado…

Nos despedimos en silencio, no hablé con mi pareja, no hablé con mi ex, no hablaron los viejos amigos, todo fue muy raro a partir de ese momento…

Nunca supe si todo había sido solo casualidad, si las cosas se dieron para que así fuera, tal vez ellos lo habían planeado, no se… nunca lo dijeron… siempre lo negaron…

Ese juego jamás se repitió, Roque terminó el tatoo en unas sesiones más, con Marcelo sentado a un costado, en un tenso silencio, como si algo no estuviera bien entre los tres.

Y mis sentimientos fueron confusos, por una parte, me sentía una reina, una mujer por la cual dos hombres disputaban su amor, pero también era cierto que me sentía como una horrible puta, que había cogido con uno y con otro, sin el menor prejuicio…

Y Marcelo fue quien dio vuelta la historia… él había cambiado mucho desde ese día, pensativo, callado, meditando cada palabra, mi delfín negro estaba terminado sobre mi pubis, lucía hermoso, y era el turno de comenzar con el suyo, en el pecho, cerca de su corazón, fue cuando tomándome de las manos me dijo

Eleonora, lo estuve pensando mucho, sabes… no tiene sentido seguir con esto, por más que lo intente, solo tendremos unos delfines en nuestra piel, pero sabes qué? El delfín verdadero, el que está en tu corazón, ese, el que te hace feliz, el que te hace suspirar tiene otro nombre… se llama Roque…

Y bueno, no tardaría mucho tiempo en volver a mi primer amor, Roque, con quien comparto hoy mi vida, esa es mi historia, la historia del delfín negro.

Si eres mayor de edad puedes escribirme a con título “El delfín negro” a [email protected]

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