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Un fin de semana tórrido

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Me deshice de mi toallón y lentamente la llevé a recostarse en la cama. Nuestras bocas se buscaron con ternura en principio, pero de inmediato la pasión y el desenfreno se apoderaron de mi nuera. Sus brazos rodearon mi cuerpo y bruscamente se apretó contra mí

Mi señora y mi nuera, con su hijo, estaban en la costa.

Mi hijo, estaba en EE.UU. haciendo unos cursos de capacitación en tecnología espacial, cosa que ocuparía todavía otros 4 meses más de estudios. Yo viajaba ese fin de semana a Pinamar y me quedaría una semana con ellas. Salí sábado a la mañana, para llegar después del mediodía a nuestra casa en la playa.

Soy gerente en una empresa petrolera, mi esposa, es abogada y mi nuera no trabaja. En el viaje, recibí en mi celular un llamado de mi señora, que me dijo que debía viajar a Bs. As., pues tenía el Lunes o Martes, una conciliación obligatoria improrrogable, de manera que nos cruzaríamos en el camino, pero que descartara vernos en la ruta.

Era un día de calor elevadísimo y al llegar y no sentir ruidos, pensé que mi nuera y nieto estaban en la playa. Me propuse dar una ducha y me desnudé en el dormitorio y me encaminé al baño de la planta alta a darme una ducha antes de ir a comer algo al parador de la playa.

Cuando llegaba a la puerta del baño, ésta se abre y aparece mi nuera totalmente desnuda, con una toalla sobre los hombros.

-Daniel -me dice- No escuché que llegara. -y trató inútilmente de cubrirse con la toalla de mano que llevaba.

Mi nuera, tiene 26 años, mide aproximadamente 1.65 m., tiene una cabellera castaña que llega a su espalda, es una muchacha hermosa, tiene una cola redondita y un par de pechos firmes, que ahora veía, con pezones oscuros y paraditos.

Yo no me preocupé de cubrir mis partes, pues no tenía sentido hacerme el moralista.

- Disculpa esta situación, pensé que estarías en la playa -dije.

- Iré a mi habitación, para que Ud. no esté incómodo. -contestó,

Se acercó a mí, me dio un beso en la mejilla. Sentí sus pechos desnudos en mi cuerpo al apoyarse inclinando su cuerpo.

-Bienvenido -sonrió al decirlo- me alegro de verlo.

- Más me alegro yo de verte como te veo -contesté- No tengo muchas oportunidades de ver cosas tan deseables y bonitas.

-Siempre tan agradable en sus comentarios -dijo y se metió en su habitación.

Entré al baño, bastante excitado por lo que había sucedido. Me di una ducha rápida y me fui a mi habitación luego de tomar un toallón del placard del baño.

Estaba por vestirme cuando golpea la puerta Gimena, y dice:

-Puedo pasar Daniel.

- Adelante. Adelante -reiteré.

Pasó al dormitorio, todavía cubierta solo por un toallón.

- Seguimos bastantes desnudos todavía -dijo al verme cubierto solo por el toallón. Y agregó:- No quiero que se entere la familia de lo que nos pasó. Sería incomodo explicarlo. Especialmente a su hijo. A pesar de…

- A pesar de qué? -pregunté.

- Es que mi esposo, su hijo, hace meses que está lejos -dijo mientras se sentaba en la cama- y es natural que me sienta sola y me entusiasme ver a un hombre desnudo.

- a vos, te entusiasmó, verme desnudo? -interrogué.

- Una no es de fierro, tampoco -dijo maliciosamente, y agregó- A Ud. también noté que algo experimentó, porque lo vi excitándose al verme desnuda. Por eso, después de ver durmiendo a mi hijo en la pieza, me decidí a venir acá.

Me senté a su lado en la cama y poniendo mi mano sobre la suya, le dije:

- Me parece que estás sintiéndote muy sola -dije- Y ahora que mi esposa se fue a Bs.As. yo también voy a sentirme solo.

- Amo a Marcelo, No me animaría a serle infiel con nadie. -y bajando la vista, musitó- aunque a Ud. Daniel lo aprecio muchísimo y sé de su capacidad de comprender a una mujer y sus necesidades físicas.

Tomándole la barbilla, le hice girar la cabeza hacia mí y mirándole los ojos oscuros y bellos dije:

- Yo te quiero mucho. Sos una mujer hermosa y deseable. Estoy feliz que ames a mi hijo y vuestro matrimonio siga firme en el tiempo. Hay relaciones sin culpa y que solo el silencio debe ser su estado.- ¿me comprendés?

- Perfectamente  dijo- esto debe quedar entre nosotros y sin culpas.

Me puse de pie y tomándole la mano, hice que se pusiera de pie también.

Al pararse el toallón que la cubría, cayó a sus pies. Me miró con profundidad a los ojos.

-¡cuánto lo necesito, Daniel!

Me deshice de mi toallón y lentamente la llevé a recostarse en la cama. Nuestras bocas se buscaron con ternura en principio, pero de inmediato la pasión y el desenfreno se apoderaron de Gimena. Sus brazos rodearon mi cuerpo y bruscamente se apretó contra mí.

Besé su cuello y sumergí mis labios en su vientre. Recorría las líneas de su cuerpo, besaba y mordía sus tetas.

-Hágame suya Daniel, por favor -gemía- Lo quiero dentro mío. Hace tanto que necesito un hombre.

Busqué su pelvis con mi boca y bebí el néctar de su vagina. Ella casi lloraba desesperada ante mis caricias y besos. Sus manos se aferraban a las sabanas sollozando y girando violentamente la cabeza hacia ambos lados.

-No se detenga, Daniel -gritaba roncamente- Penetreme. Quiero sentir su miembro dentro de mí. Lo necesito.

Mi erecto miembro lo arrimé a su húmeda vagina y lentamente fui buscando su profundidad. Su pelvis embestía contra mi vientre y sus uñas se hundían en mi espalda... Iniciamos con pasión desenfrenada un mete y saca, casi violento.

-Asssi... Asiiii Ahhhhh... Haga de mí lo que quiera... Dios mío... cuanto lo necesito. -Gemía desaforada y temblando de placer.

Yo sentía mi sexo en las profundidades de su vagina. Sentía los jugos que mojaban su pelvis y la mía. Nuestros labios desesperadamente daban paso a las lenguas ansiosas y salvajes. El desenfreno imperaba, la falta de sexo de tanto tiempo se hacía carne en este momento. El orgasmo y la eyaculación nos llevaron al paroxismo, en medio de gemidos y reclamos imperativos de correspondencia mutua. El perfume de sexo inundaba el lecho del incesto salvaje.

.................

Exhaustos quedamos tendidos, desnudos y rodeando nuestros cuerpos con brazos fatigados y labios trémulos. Reposando el violento sexo vivido.

- Me hizo muy feliz Daniel -y agregó- el secreto de este encuentro, será por siempre un recuerdo maravilloso.

- Debo agradecerte yo, el que me diste la alegría y el placer de tener a una mujer con tal vehemencia -le contesté.

Ni ella, ni yo, jamás sentimos culpa por ese encuentro, producto del cariño o la pasión.

Danino

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