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Una para todos (Segunda parte)

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Cuando Juan Carlos entro, la casa estaba en silencio. Luego de unos minutos su papá salió del baño envuelto en la toalla.

—Hola papá, ya es tarde. ¿Te quédate dormido?

—Sí, me visto y nos vamos. ¡Es tardísimo!

Aunque no sabía que pasaba, estaba claro que la actitud de su padre no era normal. Estaba nervioso y sonreía como un bobo.

—Me pareció ver al novio de Fer allá afuera, ¿está todo bien?

—Sí, creo que por fin lo botó.

En la noche Juan Carlos le mando por Whatsapp un mensaje a su hermana Fernanda.

“Hola Fer, puedo platicar contigo. Pasó por ti y te llevo a la universidad”.

Ella no contestó, pero el a modo de afirmación le mando uno más. Y las palomitas azules confirmaban que ella lo recibió.

“Seis en punto”. Y a la mañana siguiente, los dos estuvieron puntuales.

—Hola hermano, ¿qué es tan urgente?

—Nada, solo quería platicar con mi hermanita. ¿No puedo?

—Eso es raro…

—Ayer vi a tu novio afuera de la casa, decía cosas muy locas. Que tú y papá estaban fornicando y así.

—¿CON PAPÁ? ¡¿Qué le pasa a ese idiota?!

—Lo mismo pensé, incluso estuve a punto de patearle el trasero. Pero… cuando entre a casa no te vi, mi papá estaba en la ducha y un montón de ropa estaba tirada por todos lados.

—¿Y por eso das por hecho que yo…?

—¡Y la casa apestaba a sexo!

Fernanda se quedó en silencio y bajo la mirada, y Juan Carlos frenó a unas calles de la universidad.

—¡Dime algo chingada madre!

Pero, lo único que se le vino a la mente a Fernanda y con lo que había resuelto sus problemas últimamente. Su mano buscó la bragueta del pantalón de Juan Carlos y ahora él fue quien se quedó helado. Apenas alcanzó a negar con la cabeza cuando su verga ya se asomaba por el pantalón y la boca de Fernanda succionaba. Juan Carlos miraba a todos lados, no concebía lo que pasaba. Mientras el tráfico de la ciudad se volvía un caos, su hermana menor le estaba chupando la verga.

—¡Puta madre Fernanda no mames!

—...

—¿Entonces tú y papá… cómo?

—Yo no sabía que era el…

—¿cómo… no mames…?

Fernanda se tomó un respiro, y corroboró con la mirada que el pene de su hermano estaba bien duro.

—Ricardo… mi novio… estábamos… me vendo los ojos y…

—¿PAPÁ?

—Tomó su lugar y… olvídalo…

—¿estaban de acuerdo?

Fernanda negó con la cabeza. Por sus labios resbalaba la verga de su hermano y trataba de que entrara la mayor cantidad de verga posible. Y aunque un par de ocasiones parecía que se ahogaba, volvía a llenar su boca, Juan Carlos tenía los ojos en blanco. Tenía años que no recibía una buena mamada. Su esposa nunca fue tan atrevida, prefería cosas más tradicionales. Fernanda en cambio mamaba como una puta de las que hacen porno, jugaba con su lengua, chupaba como a una paleta y no paró hasta el semen de su hermano pasó por su garganta. Juan Carlos liberó un grito reprimido.

—¿Entonces… si lo hiciste con papá?

—Y ahora también contigo hermanito.

—¡Yo no! ¿Que?

— Date prisa o no llegó a la primera hora.

Sin decir nada, Juan Carlos arranco y no se detuvo hasta que estuvo frente a la universidad. Al bajar, Fernanda lo beso en los labios. El sabor a sexo se mezcló con su saliva. En todo el día Juan Carlos no se pudo datar de la cabeza la imagen de Fernanda mamándole la verga, desde muy joven todos sus amigos cambiaron su nombre por “cuñado” y no le molestaba, pero de eso a pensar en su hermana como mujer había un abismo de distancia.

Por la noche, el teléfono de Juan Carlos con un zumbido le avisaba de un nuevo mensaje.

—“Hola menso”

—“¿y ahora que quieres?”

—“Yo, que no le cuentes nada a mamá”.

—“¿y yo que gano?”

La espera por una nueva notificación lo tuvo despierto hasta las 2:00 a.m. y por fin.

“El combo completo”

Una hora antes, Don Antonio entró a la habitación de Fernanda. Sin decir una palabra le arranco la pijama y la puso en cuatro. A Fernanda no le dio tiempo de contestar el mensaje de su hermano.

—¿Y mamá?

—Se acaba de dormir… pero no hagas ruido. Daniel no duerme por estar en el internet.

Fernanda estaba completamente desnuda y empinada. Su padre se colocaba un preservativo y apuntaba su miembro en dirección a ella. Cuando Fernanda tomó el pene de su padre para acomodarlo y sintió el preservativo, lo arrancó.

—quiero sentirte papi, nunca lo uses conmigo.

—Bueno…

La verga entro hasta el fondo, el culo de su hija apuntaba al techo y para don Antonio admirar el hermoso culo de su hija rebotando en sus bolas era rejuvenecer, sentirse vivo, apretaba sus nalgas para azotarlas con más fuerza contra él y no podía parar, aceleró más y más hasta que terminó dentro de ella. Sabía que de ahora en adelante, sería suya cuando le diera la gana. Se subió los calzoncillos y salió en silencio hasta su habitación. Cuando todas la luces se apagaron. Su hermano menor Daniel, salió del baño. Con la duda más grande de su vida. ¿Su papá estaba cogiendo con Fernanda? ¿Esa especie de aplausos era lo que él se imaginaba?

A las 6:00 Juan Carlos tocó el claxon, Fernanda vestía una minifalda que mostraba sus hermosas piernas. Y Juan Carlos tenía un discurso convincente para hacerle saber que sería solo una vez. Que jamás se repetiría. Que estaba mal y que tenían que parar. Además, quería hablar de lo que sucedía con su padre.

—Ok, me llevas. Si quieres te la mamo, pero pasas por mi a la salida. De ahí nos vamos a donde quieras.

—¡Buenos días Fer!

—No seas aburrido, esa esposa tuya te amargo la vida.

—No hables de ella… por favor.

La mano de Fernanda hurgaba en el pantalón de su hermano y comenzó a masturbarlo en cuanto pudo, Juan Carlos pensó en estacionarse en el mismo lugar del día anterior. Pero una patrulla de tránsito estaba ahí. Siguió hasta la escuela y pensó que la mamada esperaría. Pero Fernanda se inclinó y mamo con tal salvajismo que en un dos por tres logro que su hermano se viniera.

—Hasta al rato.

Mientras se despedía, levantó su falda para dejarle ver a su hermano que no usaba ropa interior. Siguió manejando y pasaron dos semáforos para que se diera cuenta que tenía el miembro afuera del pantalón. Y una gran sonrisa lo acompañó hasta la oficina. Igual que la culpa por no aclarar y detener aquella situación.

Cuando llegó la hora, Juan Carlos vio a Fernanda tomada de la mano de su novio, pensó en arrancar y alejarse, por fin las cosas volvían a su cauce. Pero ella se despidió del novio y subió a su auto.

—¿Se reconciliaron?

—¿Si tu fueras el… me dejarías así de fácil?

—Mira Fernanda, esto tiene que parar y...

—¿Ya te dio miedo? ¿Tu si me dejarías?

Sabia la respuesta, así Fernanda prendió la radio mientras se adentraban a Tlalpan, y una gran variedad de hoteles aparecían frente a ellos. Entro al garaje de uno y miro a su hermana. Ella sonreía y le frotó la mejilla.

—¿Vamos?

Siempre le gusto el modo de vestir de su hermano, camisas almidonadas, trajes y corbatas de diseñador. Elegante. Soñaba con ir quitándole cada prenda. Y ahora lo estaba consiguiendo. El suelo se llenó de prendas costosa y al fin tenía el torso marcado por el ejercicio de su hermano frente a ella. Bajo la ropa interior y una verga dura le rozaba el ombligo. Su hermano levantó la falda y la tomó de las nalgas. Comenzó a besar el cuello d su hermana, mientras comprobaba cómo sus labios erizaban la piel de Fernanda.

—¿Lo estás disfrutando verdad?

— Me encantas, miraba tus revistas…

—¿mis…?

—Abajo del colchón, y te veía jalártela en el baño… luego yo me encerraba en mi habitación y me masturbaba.

—¿Me espiabas…?

—¡Cállate ya!

Los besos de su hermana le cerraron la boca y rodaron hasta la cama, el recorrió todo su cuerpo con los labios y se hundió entre sus piernas. El sabor de su hermana estaba en él, luego le dio vuelta y abriendo sus nalgas su cara se hundió para sentir esa humedad en su boca, ella gemía de placer. Aunque tenía la convicción de que solo sería esta vez. Que no se repetiría, porque estaba mal. Por su parte Fernanda buscó la verga de su hermano y comenzó a mamar, su hermano metía sus dedos en su sexo y en su ano. Y parecía que le inyectaba energía. Se colocó sobre ella y la penetro. Seguía besándola, ni siquiera su novio la besaba tanto.

—Sabes… siempre me gustaste. Mi hermanita la más bonita en la escuela y en las fiestas… haaa! Haaa! siempre con novios tontos...

—¿Siempre me estabas molestando… huuuy si sigue… que vergota tienes!

—Cada día que pasaba te ponías más buena, miraba tu culo, he cachado a Dany mirándote. A los tíos, a los vecinos, a las vecinas… todos te desean… te deseamos… hermanita. Estás bien buena.

La giro y boca abajo empezó a sentir a su hermano entrar a su cola, aún le dolía un poco del día anterior, pero no importó. Juan Carlos empujó y ella soltó un gemido impresionante.

—Siempre quise tenerte así, me encanta estar en ti.

—¡QUE RICO ME COGES!

—Estás loca…

—¡CÓGEME MÁS DURO! ¡CÓGETE A TU HERMANITA!

—eres una pinche hermana, ¿lo sabes?

—¿SOY TU PERRITA?

—siiii. Eres mi perra ahora… y de papá… y…

—Solo tuya… CÓGEME! Soy tuya!

—¡PUTA!

De un movimiento la empinó, al parecer ese era el paisaje favorito de todos. Cuando la penetro, le tomó el pelo y la jalo.

—Solo será esta vez…

— Soy tu perrita… CÓGEME cuando quieras…

La primera nalgada fue tibia, pensó que su hermana se enfadaría, a su esposa le molestaba mucho, la segunda sonó por toda la habitación y le dio confianza. Después perdió la cuenta, pero el enrojecimiento delas nalgas de su hermana indicaban que eran suficientes.

—Te amo hermanita, eres hermosa.

—¿voy a seguir siendo tu perrita?

—Ya veremos…

—Veremos... menso…

Habían llegado al clímax, y ahora estaban abrasados, y besándose dulcemente. Luego de una sesión más corta, su hermano le embarró las nalgas de semen.

Se bañaron y se vistieron llenándose de caricias, luego salieron tomados de la mano.

—¿Y ahora también la traes a casa?

—Solo fue hoy, andaba por la zona y aproveché para convivir con mi hermanita.

La risa pícara de Fernanda hizo que a Don Antonio le hirviera la sangre, Juan Carlos se despidió sabiendo que su padre también usaba a su hermana como su puta. Un poco después llegó Daniel. Había estado parado en la estación del metro Villa de Cortez, vio el auto de su hermano entrar a un motel, le pareció una equivocación, no podía ser, tampoco lo de anoche, esperó a que saliera para comprobar que la acompañante era… su hermana Fernanda.

Esa noche Daniel aguardó en la sala, su padre salió y caminaba por el pasillo, cuando la voz de Daniel lo hizo brincar.

—¿A dónde vas?

—¡PUTA MADRE ME VAS A MATAR DE UN SUSTO! Salí por… un poco de agua.

—La cocina está del otro lado.

—¡Ahora me vas a venir a decir dónde queda cada cosa en mi casa! Deberías de dormir, mañana tienes escuela.

Con una molestia evidente, Don Antonio regresó a su habitación, luego Fernanda salió y caminó hasta la cocina con unos shorts que dejaban asomar sus nalgas.

—¿Que tu no duermes?

—Parece que nadie duerme aquí hermana.

—Cuando abrió el refrigerador se agachó innecesariamente. El short se metió entre sus nalga y Daniel tragó saliva, la luz del refrigerador dejaba ver la silueta perfecta de Fernanda. Ese trasero causaba el mismo efecto en todos, la verga de Daniel se estaba poniendo dura. La vio caminar de regreso a su habitación y entonces él fue a la suya. En cuanto cerró para masturbase con la imagen de su hermana. Escucho pasos en el pasillo. Su padre no se daría por vencido.

—¿Pensé que hoy no vendrías?

—Tu pinche hermanito es un dolor de huevos chingao. ¿Qué pedo con el Carlos?

—¿De qué?

—No te hagas pendeja, ese no le hace favores a nadie, ¿y ahora pasa por ti y te trae?

Mientras le reclamaba, le arrancó el short y después de escupirse sobre la verga la metió en su hija. Sin ninguna compasión entraba y salía de Fernanda bruscamente.

—¿Pensé que eras mi puta?

—¿Que insinúas haaa haaa! Despacio!

—No soy pendejo. Eres bien pinche puta y tu hermano es un hijo de la chingada.

—¿Estas celoso?

—Chinga tu madre!

Con más enojo que pasión, Don Antonio seguía metiendo su pene, no hubo besos, no busco ninguna otra posición o acabar en la boca de su hija, terminó sobre las nalgas evidentemente rojas de Fernanda.

—¿Y te pega el pendejo?

—¡PAPÁ YA PÁRALE…!

Salió sin decir nada más. Y de nuevo Daniel le saco el alma.

—¿De nuevo por agua?

—¡CON UNA CHINGADA YA DUÉRMETE CABRÓN!

Más que el susto, a Don Antonio tenía un temor que le carcomía el alma, estaba convirtiendo a su hija en un juguete sexual, y ahora su hijo también la usaba, de eso estaba seguro. ¿Y qué hacer para que Daniel cerrara la boca?

Continuará…

@MmamaceandoO

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