INICIO » Transexuales

Una pesada broma

  • 12
  • 5.531
  • 9,92 (12 Val.)
  • 0

Todo empezó como una broma que me gastaron mis compañeros de oficina, en esos días, Gastón, mi hijo menor, cumplía doce años y cuando le preguntamos con mi señora, que regalo le gustaría recibir no dudó en decir ‘un bate de beisbol’.

Hacía ya un par de años que, en su colegio, en educación física le daban esa disciplina y a él le prendió demasiado, pero el beisbol casi ni se practica en mi país, así que donde conseguir un bate?

Y con Sandra, mi mujer, nos pusimos en campaña, fuimos a varias casas de deportes, no abundaban y los pocos que había eran demasiados costosos, buscamos en internet, y fue más o menos lo mismo.

Y ya hacía un tiempo que venía comentando este tema con los muchachos de la oficina, se acercaba el día y no aparecía la respuesta en el futuro cercano, y así fue que, en una de las charlas de almuerzo, mientras hablamos de nuestras cosas, salió a luz lo del regalo, el gordo, que era el bromista del grupo, entre cosa y cosa me dijo:

-Anotá, te paso el celu de Amalia, es una vieja amiga, hacer rato que no la veo, ella se dedicaba a importar artículos deportivos y vivía de eso, quien te dice… a lo mejor tengas suerte…

Y si el gordo, era el chistoso del grupo, bueno, yo era el crédulo… porque se respiraba en la mesa un aire de complicidad y sonrisas disimuladas, pero que tendría por perder? Un mensaje? Una llamada, no era mucho… así que solo agenté el número sin imaginar lo que seguiría en mí vida.

Al anochecer, al llegar a casa, me decidí a mandarle un WhatsApp, busqué su número y escribí

“Hola, me pasaron tu número, puede ser que importes juguetes? busco un bate de beisbol para el cumple de mi hijo”.

La respuesta fue casi instantánea

“No corazón, me parece que te hicieron una broma, yo no soy quien te dijeron”.

Presté atención, me puse los lentes de leer de cerca para ver mejor, abrí entonces su foto de Whatsapp, y ahí comprendí todo, una morena de cabellos largos y enrulados, bronceada, de ojos verdes, con una remera azul eléctrico, adherida, remarcando dos tetas enormes, del tamaño de su cabeza, bastardos… esta chica solo podía ser una prostituta, la foto no dejaba ninguna duda, por lo que cortésmente me despedí de ella

“Ok, discúlpame, soy un tanto crédulo, que tengas buenas noches”.

Me quedé observando su foto, se veía muy bonita, fue cuando entró un nuevo escrito

“Sabes, vi tu foto, me parece que te conozco…”

“No creo” –respondí inmediatamente

“Creo que si… tu cara me resulta conocida…”

Puedo ser crédulo, pero no soy tonto… aprovechando la oportunidad ella evidentemente solo estaba “pescando”, el Whatsapp era su caña, sus palabras la carnada, y yo era el pez que rondaba el anzuelo. Y solo nos escribimos algunas cosas más, le elogié los ojos, me lo agradeció, luego las enormes tetas, y me regaló un smile, hasta que me decidí a preguntar lo que hacía rato quería preguntar, lo que me dejaba adivinar su foto

“Perdón, no te ofendas… pero sos una chica T, cierto?”

“Si corazón… algún problema?”

“No ciertamente no… así que adivino que tendrás una “hermosa conchita”

“Ja, ja! si, una hermosa y “enorme” conchita”

Honestamente, seguro iría a increpar al gordo y el resto por la “original broma”, pero también empezaría un secreto en mi vida, una relación con una chica trans, porque siempre me había excitado ese mundo oculto, me hacía hervir la sangre, y yo solo era un tipo casado, buen esposo, mejor padre, solo eso, ante todos, un tipo ejemplar, modelo a seguir.

Y nos seguimos escribiendo, a escondidas de mi mujer, Amalia debería estar contenta, había mordido el anzuelo.

Me pasó algunas fotos suyas, en la playa, fotos sexis, en ropa interior, pero ella se cuidaba de no mostrarme lo que yo deseaba ver… su pene…

Cuando me sentí con la suficiente confianza, se lo pedí directamente, pero ella, toda una experta me lo negó, y me dijo que, si tan intrigado estaba, que bueno, pagara unos pesos, me daría una cita y ya saben…

Le pregunté

“De cuánto dinero hablamos?”

“Depende, un tradicional o un completo?”

“No se… cual es la diferencia?”

“El tradicional, yo hago de mujer, te la chupo y me haces la colita, el completo, yo te la chupo vos me la chupas, yo te la pongo vos me la pones”

Me reí, escogí un tradicional, era mucho más barato y no pensaba pasar ciertos límites, acordamos horarios y busqué una buena excusa en casa, y así empezó mi primer encuentro con una chica trans…

Ella me dio el lugar de cita, llegué una poco más temprano de lo pactado, toqué timbre, y al abrirse la puerta tuve mi primer contacto con Amalia, me saludó con un beso en la mejilla y me invitó a pasar.

-Hola bombón… llegaste temprano…

Fueron sus primeras palabras las que dejaron notar su masculinidad, ella lucía una vieja remera blanca donde parecían explotar sus pechos y un gastado jean celeste, estaba descalza, aun así, me llevaba unos veinte centímetros…

No hablamos mucho, fuimos al grano, primero lo primero, el dinero pactado, contó los billetes y me pidió unos minutos para “producirse” según sus palabras, pasó a lo que adiviné como el dormitorio y la perdí de vista.

Tuve unos minutos para entretenerme con el modesto comedor, solo noté precariedad en todo, como un sitio donde no abundaba el dinero, al fin su voz me llamó y me invitó a pasar.

Fui entonces al dormitorio, estaba a media luz, Amalia recostada de lado atravesaba el colchón, semidesnuda, sus curvas me impactaron, con un diminuto culote rojo y zapatos de altísimos tacos aguja del mismo tono, con una larga bata de tul que en verdad no ocultaba nada, por primera vez veía sus enormes pechos desnudos, eran como dos pelotas incrustadas, pero le quedaban perfectas, con pezones que apenas se marcaban, era tan sexi…

Y no pude dejar de recordar en ese momento a Sandra, mi mujer, solo por el motivo de comparar, porque Amelia, a pesar de ser hombre, era perfecta por donde la mirara…

Pero yo estaba como paralizado ante lo que sería mi primera vez, sentía las manos impregnadas en sudor, la boca seca, me costaba tragar, ella lo notó y me dijo dando unos golpecitos sobre la cama con la palma de su mano

-Tranquilo bebé, vení sentaste a mi lado… no voy a comerte…

Fue cuando me avancé y me entregué, me senté a su lado, empezó a besarme, boca a boca, labios a labios, lengua a lengua, yo veía a una mujer, sabía que besaba a un hombre, no me molestó, no sentí asco, solo placer, y entré en el jugo, abrió la bata, tomó mis manos y las puso en sus tetas

-Te gustan? -preguntó en forma sexi

Solo asentí con la cabeza, eran duras como piedras, pero que tetas! solo las chupé en forma golosa, y cayeron todas las barreras, todos los prejuicios…

Ella dejó a un lado la bata, y yo me desesperé quitándome una a una las prendas con una dureza infernal entre mis piernas, ella reía un poco por mi torpeza, yo era un tornado, ella una brisa de otoño…

Fue cuando dijo:

-Estás preparado?

Y en forma sensual se quitó ese culote, una hermosa verga de medianas dimensiones saltó al aire, con un grueso tronco que se afinaba en un pequeño glande circunciso, como una punta de flecha, totalmente depilado, se erguía como un monstruo amenazante, se veía precioso, excitante, un pene erecto en el cuerpo de una mujer…

-Y? te gusta? era lo que esperabas? -preguntó sacándome de mi letargo.

-Si… mucho… -respondí casi sin darme cuenta lo que decía…

Amalia volvió a mi lado, era enorme sobre esos tacos, por lo que los dejó a un lado, me quedé parado al borde de la cama y ella se sentó a mi lado, se acercó y empezó a lamerme la pija, lo hacía muy rico, muy profundo, tocando cada punto sensible de mi sexo, ella gemía en placer, era demasiado buena, recordé a mi esposa, jamás me la hubiera chupado tan rico, era imposible no comparar, desde mi perspectiva veía sus largos caballos moverse rítmicamente, pero mi vista iba más abajo, incluso pasando por esas enormes tetas que lucía, llegando a esa hermosa verga erecta que se dibujaba entre caderas de mujer, que rica pija…

Tuve que apartarla a la fuerza, porque si la dejaba continuar en esa perfecta mamada, y con mi vista llena de esa dualidad sexual, pues hubiera acabado en poco tiempo…

Ella se paró nuevamente a mi lado, frente a frente, empezó a besarme otra vez, acariciando mi nuca con una mano, con la otra, había juntado su pene erecto con el mío, lado a lado y masturbaba a ambos al mismo tiempo, hay dios… ese roce continuo de mi verga contra la suya se me hizo tan loco…

Además empezamos un juego de palabras, su boca tenía sabor a mí, le dije

-Putita, que sabor a pija que tenés en la boca…

-Te gusta papi? a mí me encanta tener sabor a pija en la boca…

-Si? y tuviste muchas pijas en la boca…

-Mmmm… no imaginas cuantas… sentirlas duras, ricas, el semen chorreando…

-Si? mucho semen chorreando?

-Que rico… sabes que estas metiendo tu lengua en un lugar que siempre saborea leche caliente?

Que mierda, imaginar todo eso me hacía acabar, era inminente, nuevamente tuve que cortar todo eso para poder enfriarme y no terminar prematuramente, solo le dije

-Dale Amalia, quiero cogerte, quiero tu culo…

Ella me dio un hermoso beso y se puso receptiva en cuatro patas, abriendo sus nalgas con las manos, dejándome ver un dilatado y depilado esfínter dispuesto a recibirme, me coloqué un preservativo, lubriqué apenas y toda hasta el fondo…

Pero que rico se sentía, y los gemidos de mi amante se me hicieron sexis…

-Si bebé… dale! que rica verga… ay! ay!... ay!... dale bebe…

Y fue cuando otra vez las comparaciones con mi esposa se me hicieron inevitables, ella jamás me hubiera permitido siquiera tocarle el culito, y sus formas estaban a años luz de la perfección de ese trasero que me estaba comiendo, y además… en el fondo la chica trans era hombre, y sabía por dónde ir para enloquecer a un hombre, saben, por un momento odié a Sandra y amé a Amalia…

La giré y la puse de espaldas, levanté sus piernas sobre mis hombros y se la metí toda, quería ver su rostro mientras se lo hacía, quería ver su placer…

La curvatura de su espalda provocó que naturalmente la punta de su verga quedara muy cerca de sus enormes pechos, que sexi figura, y mientras la culeaba sin piedad ella empezó a masturbarse…

Llegamos juntos, ella apretando en contracciones mi sexo con su esfínter, me sentí morir en su interior, ella largando largos chorros de semen, que por la posición bañaron todo a su paso, sus tetas, su cuello, su rostro, su boca, sus cabellos, terminamos riendo por lo loco de la situación…

Nos relajamos y mientras ella se limpiaba con una toalla yo retiraba el preservativo lleno de semen, miramos la hora, curioso, no había pasado mucho tiempo, y sobraban demasiados minutos que yo ya había pagado…

Y lo que sucedió luego, solo fue culpa del destino…

Estábamos desnudos, en silencio, cada uno a un lado de la cama, se dejó caer y yo hice lo mismo a su lado, me quedé mirando el techo.

De pronto sentí como una de sus manos acariciaba nuevamente mi verga, y como mi verga volvía a endurecerse, y sentí sus labios otra vez en mi pija.

Yo seguí con mi vista clavada en la blancura del techo, hasta que Amalia decidió acomodarse, pasó un pierna a cada lado y quedamos en un peligroso sesenta y nueve, ahora veía a centímetros de mi rostro su verga colgando flácida, sus bolas depiladas y sus glúteos más que generosos, podría haberla apartado, pero no quise, no tuve intenciones de hacerlo.

Empecé a acariciar sus nalgas, su culito estaba abierto, llevé mis dedos, índice, mayor y anular mano izquierda, índice, mayor y anular mano derecha, entraron las primeras falanges y solo busqué de abrir, a ella le encantó percibí sus jadeos y el esmero en chuparme la pija, y no solo eso, su propia pija se puso enorme de golpe…

Saqué una de las manos para acariciarle sus bolas, y alternar con su culito, masajearlo por fuera, y otra vez sub bolas, recorriendo con mis yemas le línea que va desde las bolas al esfínter, haciendo ese camino una y otra vez, y mierda, agarré su pija también y la masturbé como si fuera la mía…

Ya imaginarán, y si, no pude resistirlo, tiré su verga hacia atrás y me la metí en la boca, y me gustó, fue mi primera mamada, quedamos ambos con nuestros sexos y nuestras bocas intercambiadas…

Que rico… ella se mostró receptiva y poco a poco se dejó caer enterrando más y más su sexo en mi boca llevándome al borde de la asfixia… y saben que fue lo único que deseaba en ese momento? Que ella acabara, que lo hiciera en mi boca…

Y no tardó en suceder, penetraba su culo con mis dedos cuando un espeso y amargo jugo comenzó a llenarme, a empalagarme, pero esos empalagos de los que uno no se arrepiente…

Sentí el sabor de su leche en mi boca, me encantó, y seguí lamiendo hasta beber toda su lechita, hasta terminar, entonces solo vino a besarme profundamente, sin separar sus labios de los míos me masturbó hasta hacerme llegar por segunda vez, esta vez, fui yo quien quedo cubierto de semen…

Ahora si todo había terminado, mientras nos vestíamos ella me dijo:

-Considera lo último como un regalo por ser tu primera vez… pero la próxima, piensa bien lo que quieres…

En ese momento supe que algo cambiaría en mi vida, una doble sexualidad? Puede ser…

Y la segunda vez, pagué un servicio completo, por primera vez Amalia me rompería el culo, la primera de muchas…

Y hoy en día soy feliz con mi vida, sigo junto a mi esposa, mi familia, con quien tengo una vida digamos normal, corriente, amor de mujer, pero también disfruto el pecado de la clandestinidad, de andar pagando por ahí chicas con pene, pera disfrutar un placer diferente, porque amigos, Amalia solo fue la primera de muchas…

Si eres mayor de edad puedes escribirme a con título “Una pesada broma” a [email protected]

(9,92)