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Venancio, el viejo tendero

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  • Pues eso tiene fácil solución me decía el viejo, sin dejar de menearme la polla. Como veía que no le decía nada y me había quedado quieto, el viejo se iba animando, y ahora me estaba bajando poco a poco el pantalón del chándal

    El viejo tendero, Venancio, solía parar en el mismo bar que yo paraba desde hacía unos años. Siempre solía estar hasta altas horas de la noche, hacía ya bastantes años que había quedado viudo. Tenía una tienda de ultramarinos en la calle donde yo vivía, la misma además de tienda, era también su vivienda.

    Siempre que me veía, me saludaba, pues aunque no iba a comprar a su tienda; solamente había ido en contadas ocasiones; él me conocía desde que yo era un niño, y desde que yo había quedado ciego hacía 5 años en aquel accidente que había tenido, siempre que me encontraba, me saludaba y me preguntaba si necesitaba ayuda.

    Los recuerdos que tenía de él, es de un viejo fortachón, y de más o menos 1,75 metros de estatura, y no muy agraciado en cuanto a belleza; vamos que era de cara fea; al menos esos eran los recuerdos que tenía del viejo tendero.

    Aquel sábado, como todos los días, se encontraba en el bar que solíamos parar. Yo había llegado a eso de las 11 de la noche con los amigos; veníamos de pasar el día en la playa; allí siempre solíamos hacer la última parada antes de marchar para casa. Pero como al día siguiente era domingo, ese día no teníamos prisa por marchar.

    A eso de las 12:30 horas de la noche, empezó a sonar el teléfono móvil que me habían regalado en casa; era mi madre que siempre que iba solo, o con los amigos, me llamaba por si necesitaba que me fueran a buscar; contesté a la llamada y después de decirle que estaba bien y que no necesitaba nada, que se quedara tranquila que seguramente llegaría bastante tarde y que no se preocupara, que estaba acompañado y no necesitaba que me fuesen a buscar.

    Poco a poco los amigos se fueron marchando, pero yo estaba muy a gusto y no tenía ninguna prisa por marcharme. Les iba diciendo a los amigos que no se preocuparan que no tenía ningún problema por llegar yo solo desde allí a mi casa; además para algo llevaba el bastón blanco.

    Ya eran las 3 de la madrugada, y el dueño del bar ya estaba esperando para cerrar, además las cervezas que había bebido, empezaban hacer su efecto. En el bar solo quedaba un par de parejas, Venancio el viejo tendero y yo. Así que me dispuse a pagar y coger la pequeña mochila en la que llevaba la toalla de playa, el bañador que estaba mojado, y donde también llevaba el teléfono móvil, la cartera y llaves de casa.

    El dueño del bar me dijo que si quería lo esperara que el mismo me acompañaba hasta el portal de mi casa; no te preocupes, que se el camino y estoy bien; como quieras me contestó el dueño del bar.

    Cuando estaba saliendo por la puerta, Venancio, el viejo tendero me agarró por el brazo y me dijo que esperara que él también se iba para casa, y como íbamos en la misma dirección, podríamos ir juntos; así nos haremos compañía mutuamente me dijo mientras salíamos por la puerta.

    Iba agarrado a su brazo izquierdo con mi mano derecha, mientras en la mano izquierda llevaba el bastón blanco para poder detectar cualquier obstáculo. Íbamos hablando de todo un poco. Me preguntaba qué tal llevaba el haberme quedado ciego, si me defendía con los quehaceres de la vida, etc. etc. etc.

    A mitad de camino nos paramos pues él quería encender un cigarrillo, me ofreció otro a mí; toma fuma uno de los míos me dijo; me lo puso en la boca, y con su mechero me dio fuego.

    Seguíamos el camino sin mucha prisa ya que íbamos hablando, y a cada paso hacíamos una parada para seguir con la conversación. Cuando llegamos a la altura de la tienda donde tiene su vivienda, nos paramos y durante unos 15 minutos, estuvimos parados mientras seguíamos con la conversación.

    Sacó otra vez el paquete de tabaco, y me volvió a ofrecer otro cigarrillo; nos vamos secar la boca de tanto hablar y fumar, la verdad es que ahora sí vendría bien otra cerveza le comenté. Pues si tú quieres entramos en mi casa, y te invito a una. No, le contesté, es tarde y además me está apretando las ganas de mear.

    No te preocupes, y agarrándome por el brazo me llevó hasta la puerta de la tienda a la vez que me decía que en la tienda tenía aseo, además del aseo de su vivienda. Abrió la puerta y cuando me di cuenta, ya estábamos dentro de la tienda.

    Ven me dijo mientras me agarraba por el brazo, al fondo tengo la cocina y un aseo. Entramos en la cocina y me dijo que podía dejar la mochila y bastón en el banco. Me indicó donde estaba el banco, y allí dejé la mochila y el bastón después de plegarlo. Quieres ir ahora a mear, o bebemos primero la cerveza.

    Mejor primero mear le contesté.

    Me llevó hasta el aseo y preguntó si necesitaba ayuda.

    Indícame donde está la taza del wáter, que no quiero tirar nada, y menos mear donde no es.

    Ven me dijo mientras me empujaba hasta la taza del wáter.

    Bajé un poco el pantalón del chándal que llevaba y como no llevaba nada más puesto, ya que el bañador lo había sacado por estar mojado y lo llevaba en la mochila, saqué la polla y procurando apuntar bien me disponía a empezar a mear.

    Espera me dijo él. Y de pronto noté su mano agarrarme la cadera mientras me iba girando para colocarme mejor y no meara por fuera. Ahora echó la mano a mi poya y la dirigía al hueco de la taza del wáter.

    Deja que no hace falta le dije. No te preocupes que la vergüenza ya hace tiempo que la perdí.

    Ya no aguantaba más, así que empecé a mear.

    Cuando terminé de mear, él viejo se puso a menearme la polla para que no quedaran gotas.

    La verdad es que se me estaba empezando a poner morcillona la polla, y la cara colorada como un tomate.

    Te estás poniendo cachondo me dijo el viejo. Se ve que llevas tiempo sin hacerte una paja.

    Pues sí, le contesté.

    ¿Y hace tiempo que no follas?

    Pues de eso ya casi no me acuerdo, fue antes de tener el accidente, le dije.

    Pues eso tiene fácil solución me decía el viejo, sin dejar de menearme la polla.

    Como veía que no le decía nada y me había quedado quieto, el viejo se iba animando, y ahora me estaba bajando poco a poco el pantalón del chándal.

    Primero me sacó los huevos y a la vez que me los agarraba, con la otra mano me iba bajando por detrás, para que me quedara el culo al aire.

    Empezó a acariciarme el culo con la otra mano mientras me decía que tenía un culito muy bonito.

    Siempre me fijaba cuando pasabas, que tenías un buen culito, y no me equivocaba.

    ¡Dios! Ya estaba con la polla tiesa a más no poder, y una calentura y ganas de que me dieran por el culo, que hacía mucho tiempo que no recordaba.

    Ven me dijo el viejo tirando de mi polla. Ponte aquí, que te voy hacer un buen tratamiento, que veo que lo estás necesitando.

    Me puso delante del lavabo, mientras terminaba de bajarme el pantalón del chándal.

    Se agachó y agarrando la polla se la metió en la boca.

    ¡Dios! Me hizo gemir de placer y las piernas me empezaban a temblar ¡ooohhhh! Gemía mientras sujetaba su cabeza con mis manos.

    Ahora saco la polla de la boca, y se metía los huevos en la boca, y con su lengua me lamía el escroto y pirineo.

    Yo me abría de piernas todo lo que el pantalón del chándal me dejaba, a la vez que me apoyaba sobre sus hombros.

    Con sus manos me sacó los playeros, haciéndome sacar el pantalón del chándal.

    Así estarás más cómodo, me dijo.

    Se puso de pie a la vez que con las manos me sacaba la camiseta que llevaba puesta. Cuando tenía las manos arriba y sin terminar de sacarme la camiseta, se apoderó de mi boca, y aunque a mí al principio no me agradaba, no tenía escapatoria tal y como me tenía. Terminó por meterme la lengua en la boca y saborear todos mis jugos.

    Fue bajando luego por el cuello cosa que me hizo estremecer de placer y soltar un fuerte gemido, ¡ooohhh! Y las piernas empezaron a temblar con más fuerza, cosa que al viejo le agradó al ver cómo me hacía gozar.

    ¿Te gusta lo que te estoy haciendo gozar mi niño?

    Claro que sí mi niño, tu papi te está haciendo gozar, ya verás cómo te va hacer gozar hoy tu papi. Hace mucho tiempo que tenía ganas de tenerte así, hoy te voy hacer gozar como nunca te han hecho gozar.

    Hoy quiero que seas mío, quiero follarte ese culito que me vuelve loco. Quiero llenártelo de leche y dejarte preñado.

    Te voy abrir ese culito con mi polla que te va hacer gozar y vas desear que te folle siempre.

    Había terminado de sacarme la camiseta, y ya se había sacado su pantalón y calzoncillo, cuando agarró mi mano y la llevó a su polla. Mira como me tienes mi niño, está deseando que le des cariño, y le dejes entrar en este culito tan bonito que tienes.

    ¡Joder! Menuda polla que se gastaba el viejo tendero, aquella polla me iba reventar el culo. Hacía 5 años que no me daban por el culo, y aquella polla era mucho vergajo para mi pobre y hambriento culito.

    Me colocó las manos en los hombros, a la vez que me empujaba hacia abajo y me decía, anda cómela un poquito ya verás que rica sabe.

    Me agaché y sujetándome sobre sus piernas, dejé que me fuera metiendo aquella polla en mi boca.

    ¡Dios! Ya me tocaba la campanilla aquella polla, y aún quedaba un buen trozo fuera. Chupé cuanto pude, y después de al menos 5 minutos, ya no podía más; las piernas se me cansaban de estar en cuclillas, y necesitaban estirarse un poco.

    Me ayudó a ponerme de pie haciéndome girar hacia el lavabo, y quedara mi culito a su disposición. Me hizo colocar las manos sobre el lavabo, y que quedara inclinado para tener un mayor acceso a mi culito.

    Con sus manos abrió mi culito, a la vez que iba pasando su lengua por todo el culo hasta llegar al esfínter, pararse en él, y tratar de meter la punta de su lengua.

    Yo no paraba de temblar y la polla me estaba empezando a chorrear semen sin parar.

    Se puso en pie, y arrimando su polla al huequito de mi culo, empezaba a empujar tratando de abrirlo.

    Ya empezaba a entrarme aquella gran polla que se gastaba el viejo tendero, y el dolor que me estaba produciendo era tanto que no me dejaba relajar.

    Estás muy tenso mi niño, anda relájate y deja que te entre mi polla.

    No puedo, hace mucho tiempo que no me han dado por el culo, y tu polla es mucho vergajo.

    Entonces espera que le vamos a aplicar un poco de crema, y lo suavizamos un poquito.

    Echó la mano a una botella, y con su mano me fue esparciendo aquel líquido por mi culito.

    Es un poco de jabón líquido, me decía mientras lo iba esparciendo y a la vez con su dedo iba abriendo mi huequito.

    Al notar como su dedo se iba introduciendo dentro de mi culo, me hacía suspirar y gemir, ¡oooohhh! ya, ya prueba ahora, le dije.

    Se volvió a colocar en posición, y nada más colocar la punta de su polla en mi culo, me sujetó por las caderas, y de una estocada, me clavó toda la polla.

    ¡Aaaahhh! Solté al notar como entraba aquella polla dentro de mí, ¡uuuffff! Espera un poco le pedí.

    Se quedó parado con toda la polla dentro de mi culo, se colocó mejor y arrimándose más a mí, empezó a mover poco a poco las caderas y su polla iba saliendo y entrando de nuevo. Poco a poco iba imprimiendo mayor velocidad, hasta que ya me arremetía con todas sus ganas.

    Así, así, ¡aaahhh! Como me gusta tu culito mi niño, ¡ooohhhh! Que gusto, que ganas tenía de follarte este culito tan bonito que tienes, ¡oooohhh! Como me gusta.

    Yo sudaba y temblaba de placer, ¡oooohhhh! Cuanto tiempo deseando que me dieran por el culo, y aquel viejo tendero sin yo pensarlo, me estaba volviendo hacer gozar como hacía años que no gozaba.

    Llevábamos un buen rato follando, y Venancio, el viejo tendero, no tenía trazas de terminar. Cada vez me daba más fuerte y profundo que hasta me levantaba los pies del suelo, y aquello me estaba llevando a mi clímax. Estaba seguro que yo no tardaría mucho en correrme; mi polla ya hacía mucho tiempo que no paraba de chorrear semen, y cada vez que aquella polla rozaba mi próstata, me hacía delirar de placer hasta hacerme poner los ojos en blanco.

    ¡Oh dios! Me estaba corriendo y aquella máquina de darme por el culo que no era otra que la polla del viejo tendero, no paraba de taladrarme el culo, ¡ooohhh! Me estoy corriendo, ¡oooohhh! Me corro, tartamudeaba yo.

    Goza mi niño, goza y disfruta. Suelta tu lechita, que tu papi te va hacer gozar y te va preñar esta noche.

    Ya me había corrido como hacía mucho tiempo que no lo hacía, y el viejo tendero, seguía sin trazas de terminar. Pasaron por lo menos 5 minutos, hasta que noté como me clavaba sus dedos en mi cintura, y dándome clavadas mucho más profundas, empezaba a correrse dentro de mí.

    Así, así, toma lechita, ¡oooohhhh! Toma lechita mi niño, ¡oooohhh! Que culito tienes, como me está haciendo correr, ¡oooohhhh! Ya, ya, mi niño, tu papi se está corriendo.

    Terminó de correrse, y apoyando su cabeza sobre mi espalda, seguía diciendo ¡ay que culito! Que ganas tenía de probarlo, quiero que volvamos a follar otra vez, y otra vez, y todas las veces que quieras mi niño.

    Sacó la polla de mi culo, sacó una toalla, y con ella nos limpiamos los 2.

    Quédate así en pelotas, y vamos ahora a la cocina a beber esa cerveza que te prometí.

    Nos fuimos a la cocina, nos sentamos en el banco, trajo 2 botes de cerveza, las abrimos y mientras bebíamos, volvimos a encender un cigarrillo, y seguir hablando. Ahora el tema solo era sobre el sexo, y que quería seguir follándome esa noche, y todos los días que yo quisiera.

    Volvimos a beber otras 2 cervezas, y mientras bebíamos estas cervezas, el viejo tendero, se había arrimado a mí, y cada vez que podía me acariciaba con sus manos, con la boca me iba mordiendo por todo el cuerpo. En una de las veces llevó mi mano a su polla, y me decía mira como está de nuevo mi polla, es por tu culito tan bonito que tienes mi niño; bueno y gracias a la biagra que tomo.

    Si quieres y no tienes prisa, me gustaría volverte a meterla en este culito, me decía a la vez que me acariciaba el culo con su mano.

    Anda arrímate a mí y deja que te de calorcito con mi cuerpo. Me arrastré por el banco hasta quedar pegado a él, y él con sus manos iba acariciando mi polla y con la otra la metió por debajo de mi culo, hasta que consiguió meterme un dedo en el culo.

    Lo tienes aun calentito y ahora ya lo tenemos abierto y listo para recibir mi polla.

    Deja que te chupe un poquito esa pollita que tienes, para que te vaya calentando un poquito, y luego te vuelva a follar, mi niño.

    Se echó sobre mí, y agarrando mi polla se la llevó a la boca. Me chupó todo lo que quiso, y con su lengua me volvió a lamer todo el pirineo, escroto, y huequito del culo.

    Ya volvía a tenerme a mil, y con ganas de volver a sentir su polla dentro de mi culo. Desde que me había quedado ciego en aquel accidente, no había vuelto a follar ni a ser follado, buscar quien te diera por el culo, se había puesto prácticamente imposible. Ser ciego y gay, y querer tener intimidad y privacidad, es muy complicado. Además está el que la gente se aparta como si los fueses contagiar, así que esa noche aprovecharía y me dejaría dar por el culo todas las veces que el viejo tendero quisiera. No es que fuese la persona que deseara, pero mi culo estaba desde hace mucho tiempo necesitado de una polla que le diese placer.

    Ven mi niño, siéntate sobre mi, y deja que te vaya metiendo la polla en el culito tan bonito que tienes.

    Me puse de pie, y pasando entre sus piernas, me coloqué sobre él. Espera, abre el culo con las manos, y ve sentándote poco a poco.

    Así lo hice, y poco a poco se fue metiendo de nuevo aquella polla dentro de mi culo.

    Así, así, ya la tienes toda dentro, ahora ve subiendo y bajando con cuidado para que no te salga fuera.

    Apoyándome sobre la mesa, iba subiendo y bajando sobre aquella polla que estaba dentro de mí.

    Cada vez iba cogiendo más ritmo, y ahora ya era como si estuviera cabalgando. Mi polla ya soltaba alguna gota de semen, y es que la polla del viejo tendero, no paraba de rozar mi próstata y me estaba haciendo gozar otra vez, como hacía poco tiempo que lo había hecho. Era un placer que hacía algo más de 5 años que no sentía. Como echaba en falta sentir de nuevo aquel placer.

    Llevaba un buen rato cabalgando sobre aquella polla que tanto placer me estaba haciendo sentir de nuevo, cuando de nuevo me volví a correr, ¡oooohhh! Me corro, ¡oooohhh! me corro, Me estoy corriendo.

    Así mi niño, así, goza y deja que salga tu lechita. Ya Veras como te va hacer gozar esta noche este pobre viejo.

    Cuando terminé de correrme, tuve que parar de cabalgar sobre aquella polla, ya que las piernas me temblaban, y apenas tenía fuerzas para levantarme.

    Descansa un poquito, me decía el viejo mientras seguía con su polla dentro de mi culo, a la vez que con su mano me acariciaba la polla, y su boca me besaba por toda la espalda.

    No puedo más le dije al viejo, me tiemblan las piernas y apenas tengo fuerzas.

    Levántate me pidió el viejo, vamos a cambiar de posición para que estés más cómodo.

    Me levanté dejando que el viejo saliera del banco en que nos encontrábamos, y llevándome por la mano, me colocó junto a la mesa. Espera que voy apartar lo que hay en la mesa, me pidió. O prefieres que subamos y sigamos en la cama.

    No, le contesté, si quieres en la cama, lo hacemos otro día. Es que hoy ya es tarde y estoy algo cansado, y seguro que al final me quedo dormido.

    Te dicen algo en casa, me preguntó el viejo. No, pero no me gusta que sepan dónde estoy y que es lo que hago.

    Me cogió por la cintura, y apoyando mi culo sobre la mesa, me empezó a besar, para seguir por el pecho, parándose en las tetillas. Luego me sujetó por las piernas y me hizo sentarme sobre la mesa. Terminó acostándome sobre aquella mesa, y levantándome las piernas, me volvió meter aquella polla que tanto me estaba haciendo gozar, en el culo.

    Empezó a moverse a un ritmo suave, para ir poco a poco imprimiendo mayor velocidad.

    ¡Dios! Ahora sí que me estaba clavando la polla bien profundo, y hasta me hacía dar gritos de placer, ¡aaahhh! Vas acabar conmigo, me vas reventar el culo.

    Esta noche te voy dejar preñado, mi niño. Tienes un culito muy apetecible, ¡ooooohhh! Como estaba deseando poder follarte este culito, ¡oooohhh! Que gusto me está dando, quiero que seas mío, quiero darte por el culo todos los días y que goces de la polla de este pobre viejo, como nunca has gozado.

    Cuando ya llevaba un buen rato follándome, empezó a gritar, ¡ya, ya ya! Me corro, ya me corro, ¡ay mi niño! Te voy preñar bien preñado este culito.

    Terminó de correrse, y sin sacar la polla de mi culo, me agarró la polla, y se puso a menearla. Suelta tu lechita, anda se bueno y deja que vea como gozas de mi polla, mi niño.

    Termine por echar 2 gotitas, y le pedí que parara que ya no podía más.

    Sacó la polla de mi culo, y agarrándome de los brazos, me puso de pie. Espera que voy por la toalla y nos limpiamos un poco antes de nada.

    Trajo la toalla, me ayudo a limpiarme un poco, luego le pedí que me ayudara a encontrar mi ropa. Me trajo la camiseta, la cual me puse, luego me ayudo a poner el pantalón del chándal, aprovechando a sobarme una vez más el culo, luego sentado sobre el banco, terminé por calzarme los playeros.

    Terminamos de beber las cervezas y fumar otro cigarrillo, y después de ponernos de acuerdo en repetir aquello, me acompañó hasta el portal de mi casa.

    Esa noche iba dormir como hacía mucho que no lo hacía, el culito bien abierto, lleno de semen, y por supuesto bien follado.

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