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Suegrita linda (2): Viuda lujuriosa

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  • Sin dejar de sujetar su rebeldía el metisaca con intensidad y fuerza necesaria para consumar el desvirgue del ano, entrando y dilatando, abriéndome paso en sus entrañas, bombeo con toda la pasión acumulada

    Esa tarde, en su cuarto, un polvo rapidito, con la hija cerca no podía gritar, era la oportunidad, sacarla y terminar dentro del culo. Aguantó sin gritar, se tragó todo.

    La causalidad nos encontró en un momento de abstinencia sexual por viudez de doña Linda, y quien relata mal atendido por que su hija se obstina en no entregar sexo hasta que haya libreta.

    La doña había escuchado tras la puerta las excusas de su hija y las masturbaciones como alternativa, esto sumado a los más de tres años sin sexo fueron los condicionantes para que la “causalidad” de la ruleta de la vida me hiciera acertar el pleno de conseguirnos como amantes.

    La permanencia de la hija en la casa complicaba volver a repetir esa primera vez de sexo, pero a las dos semanas otra salida de mi novia con sus amigas para ir al cine, nos dio la oportunidad de tener unas horas para el sexo.

    - Ven rápido estoy ardiendo, por favor rápido

    - Espérame, pero desnudita, cuando abras quiero verte desnuda.

    Ese pedido siempre es ganador, también ahora que estaba hecha una puta, después de esos primeros polvos quedó con sabor a poco, ahora habría entendido el mensaje de su cuerpo pidiendo carne masculina.

    No necesité ni tocar el timbre, estaba en la mirilla, tan pronto me acerqué se abrió la puerta, doña Linda, estaba con una bata de raso blanca, abierta para mostrar su desafiante desnudez.

    Ahí mismo en el recibidor me senté en el sofá, solté el cinto, ella terminó de bajarme el pantalón, se quedó en las rodillas. Mientras ella me lo baja aproveché para tomarla y forzarla a montarme, ahorcajadas, sentí la conchita pletórica de jugos tibios sobre mis pendejos, le hice guiar mi poronga hasta la entrada, tomada de sus cintura halé hacia abajo, de un golpe se la ensartó a tope.

    El efecto sorpresa produjo un molesto sentón, el fondo de su vagina fue el topetazo brusco pero incitante, de ahí en más todo fue energía en movimiento, elevando mi pelvis se la enterraba hasta hacerla vibrar. Exigí acción, que se mueva, la torpeza inicial trocó en intuición para aprender a dejarse conducir en el zarandeo de cadera. Autodidacta de la movida sexual, pasó los brazos para tomarse del respaldo, eso le permitía balancearse, subir y bajar a su antojo, ser artífice de su propio placer.

    Tampoco era cosa de hacérsela fácil, quería gozarla antes de permitirle el orgasmo tan pronto

    - Desmonta, te quiero arrodillada, entre mis piernas y que me la chupes.

    - Como usted mande señor.

    Arrodillada comenzó a mamar, entendía que debía hacerlo sin dejar de mirar a su hombre, entender sus necesidades y complacer al macho. Aprendía y le gustaba chupar pero se negaba a que le terminara en la boca, de alguna manera posponía esa forma de terminar el acto.

    Debido a que ella había descubierto, con su marido, que era alérgica al látex, no había posibilidad de hacerle sexo con condón, de ese modo siempre tenía que terminarle fuera de la vagina, se mostraba reticente a que me corra dentro de la boca, y por el ano, no había pasado de jugar un poco con mis dedos pero tan pronto se lo tocaba se le fruncía, un poco por virgen y otro poco por temor al grosor.

    Luego de una suculenta mamada volvió a cabalgarme, aferrada del respaldo comenzó a hacerlo con todo el vigor de una abrasadora calentura que le había encendido las mejillas. Los gemidos y quejidos cuando la dejaba caer a tope la estremecen, toma ritmo de cabalgata en una atropellada de los últimos metros de carrera. El estallido emocional del orgasmo fue increíble, me costaba sostenerla en la tensión de su espalda, aprieta sus rodillas contra mis muslos, balancea sus pechos y me los friega en la cara, avanza el torso y retrocede, todos sus movimientos son vibrantes y desordenados, sube a la cima de su mundo de lujuria, una pausa para tomar aire y nuevamente repite la escena de agitación y locura.

    La descarga de adrenalina aportada por el orgasmo se hace sentir en su cuerpo y la mente, se desvanece la carga de agresividad sexual, se me viene encima abraza y por primera vez besa en la boca, busqué su lengua, respondió buscando la mía. Me comió la boca, haciéndome respirar dentro de la suya, Linda había perdido la cordura, se deja llevar en este torbellino de pasión y desenfreno.

    Deviene en momentáneo relax de quietud física y contención emotiva, disfrutó ser doblegada por el miembro que abrió su intimidad, sus pechos fueron presa fácil de mi voraz deseo de succionarlos, este estímulo la fue poniendo nuevamente en la carrera hacia el prometido orgasmo.

    Nuevamente volvemos a tomar el ritmo, le cedí el manejo del acto, gozar y ser gozado, ella la que tiene la tarea de llevarme a la cima, exprimir mi calentura hasta la última gota.

    No le costó demasiado trabajo ponerme al límite, aunque en medio de esa tarea ella disfruto un segundo orgasmo breve pero disfrutado. Nuevamente me recuerda que no me venga dentro de ella, cuando el tiempo apremia le aviso, desmonta y se coloca entre mis piernas, pajea y esparce la abundante y tibia lechada sobre sus pechos.

    Antes de levantarme le urgí una lamida sobre la cabeza del pene, quería que aprenda a sentir el sabor de la leche, acostumbrarla, sin otra opción accede y los gestos demuestran lo poco que le agrada sentir el contacto de su lengua con el semen.

    Se limpió el profuso lechazo, unas cervezas calmaron los sudores propios del verano y de la feroz calentura.

    Mientras ella buscaba las cervezas pensaba en la forma de poder terminarle dentro del ano, pero si me retaceaba la boca, no me sería fácil vencer la resistencia de dejarme hacerle el culo, éste era realmente bueno y firme, sin ninguna duda me gusta mucho más que el de su hija. Se nota que puede leerme el pensamiento. – Me estabas mirando el traste, te veo muy interesado en él.

    - Bueno, soy un macho y lo tienes bien bueno.

    - Sí, lo sé, pero… siempre eso fue algo prohibido, además con esto (me la toca) tan gordote, no me entraría

    - Sí que entra, ninguna mujer muere por recibir una verga.

    - Está bien pero… aún no es mi tiempo, entiéndeme sí?...

    Nuevamente volvíamos a la postergación, dilatación, dejar para otra ocasión, que habría oportunidad, todas eran formas de ganar tiempo mientras yo acumulaba ganas de no seguir largando mi leche fuera. Entiendo que me había vuelto un poco recurrente y obsesivo.

    La hija seguía siendo el obstáculo para tener sexo, en el mientras tanto en cada oportunidad que se nos daba de estar en algún lugar a solas nos pegamos una buena apretada, hasta una mamada y paja incluida.

    Con la mamá dándome sexo cuando se podía no necesité estar cargoseándola para conseguir esas migajas de erotismo, de ese modo seguíamos en lo mismo, ella gozando yo regando su vientre o tetas con los chorros de leche.

    Hasta que… esa calurosa tarde, con amigos disfrutando en la piscina, doña Linda les ofrece ir por bebidas y emparedados para todos, por esa causalidad, me propuso como ayudante, era la ocasión propicia para un rapidín.

    - Ya tengo todo preparado, ese tiempo es todo nuestro, vamos tengo prisa por sentir tu pija.

    Desde la ventana de la cocina podíamos observarlos, me deshice del short, levante su falda, corrí la bombacha y le metí mano hasta conseguir ese momento donde se aloca y pide verga. Senté sobre la mesa, con las nalgas colgando del borde, la ensarté de una estocada, a fondo y con la violencia que impone la limitación del tiempo.

    Enterrado a fondo, aferrado a su cintura, sus piernas enlazadas en mi espalda y sus manos estrujando mi cara entre sus tetas, nos movíamos como poseídos, sobre todo ella cargada de la adrenalina de entregarse a un polvo desafiando al peligro de ser descubiertos. Nada importaba, ella se había transfigurado, apurando las sacudidas hasta estallar en ese orgasmo obligadamente silencioso, sus gemidos se ahogaron en mi cuello. Breve y silencioso pero vibrante y estruendoso en latidos y contracciones.

    - Ahora vamos por el tuyo… bájame que me apoyo sobre la mesa.

    Apoyó el busto sobre la mesa, separa las piernas para recibirme, todo ese culazo es una tentación difícil de respetar, pero fui directo a entrarle por la conchita. Los empellones fueron con inusitada violencia, aferrarse a los bordes de la mesa para contener los embates del macho bravío.

    Es una postura ideal para dominar y someter, el tiempo se termina, la tentación crece, la calentura rige el rumbo de que está por suceder. La tengo ensartada como nunca, este culazo es desde hace tiempo la atracción fatal, premeditación y alevosía para consumar la necesidad que subyace dentro mío de poder venirme dentro de esta deliciosa madura. Negado hacerlo en la vagina, sin protección es impensado, con el condón no por la alergia al látex, en la boca le produce asco y arcadas, el único y delicioso nido donde poder sembrar mi esperma es este hoy delicioso y caliente que calienta mi pasión y turba mi razón.

    Es el ahora o nunca, la tengo entrampada en su madriguera, gritar o quejarse produciría un escándalo, solo le queda aguantarse mi locura por venirme dentro de ese tentador hoyo.

    Todo debía ser con la precisión de un acto quirúrgico, sacarla de la vagina y apoyarla en el hoyo, sujetarla hasta que pueda entrarle. Sujeté con fuerza y precisión, para cuando intentó desasirse del abrazo forzado ya la cabeza de la verga pugnaba por abrir el esfínter, resiste sacudiéndose, una palmada con fuerza y precisión me dio el tiempo de distracción para entrarle toda la cabeza.

    Siente la intrusión, se agita, vuelve a intentar salirse, empujo un poco más adentro. Es tiempo de calmarla para que deje de resistirse.

    - Tranquila, no pasa nada, la primera vez duele un poco, menos si te relajas y dejas de pelear.

    - Claro como no es tu culo el que están rompiendo… Ayyyy me duele (muy bajito)

    - Si no peleamos terminaré pronto, estoy recontra caliente, déjame hacerlo, muero por acabarte dentro.

    - Hijo de puta, me estás rompiendo… me estás rompiendo el culo!!!

    Asume que no tiene más remedio que ser sodomizada, su negativa a dejarse hace incrementar mi deseo por consumar el acto, sobre todo evitar que se salga de ese estuche tan apretadito que la penetración se siente como delicioso paso a la inmortalidad de los placeres.

    Sin dejar de sujetar su rebeldía el metisaca con intensidad y fuerza necesaria para consumar el desvirgue del ano, entrando y dilatando, abriéndome paso en sus entrañas, bombeo con toda la pasión acumulada.

    - Ya estoy, ya estoy llegando, siente como me vengo dentro.

    - Dale, dale, por favor, no seas hijo de puta, no te demores, acaba, acaba de una buena vez. Me estás rompiendo el cu…

    No pudo terminar la frase, cuando el golpe de pija anunció el primer chorro de semen, un segundo empellón sirvió para meterme todo lo adentro que permitía la anatomía, el resto de los chorros se corrieron con levísimo movimiento, siempre dentro, entrado a top.

    El bufido propio de la liberación de la energía acumulada marcó el fin de la eyaculación, sus gemidos siguen ahogados contra la mesa, los latidos de la expulsión del semen y los que se suceden luego de una acabada tan brutal se transmiten a su cuerpo.

    - Me está doliendo, me duele, pero no te salgas, espera que pierda un poco, sale despacio porfa…

    Me retiré despacio, de todos modos cuando salió la cabeza sentí como que estaba descorchando una botella de champan. Los sonidos propios de cuando se bombea tan efusivo se producen acompañando con las burbujas de semen blanquecino que asoman del orifico anal, que va comenzando a cerrarse.

    Permaneció tumbada, de bruces sobre la mesa, las piernas abiertas y el culito destilando semen. Con papel de cocina limpie el ano y mi pija, bajé la falda y ayudé a sentarse, lo hizo de lado.

    - La puta madre, sos un hijo de puta, me sometiste, ahora me está doliendo el culo, me duele mucho.

    Nos sabía cómo hacer para calmar su bronca reprimida, no podía quejarse, solo simular que caminaba con cierta dificultad aduciendo que se había tropezado con el escalón cuando volvíamos con los emparedados y las bebidas.

    En la despedida volvió a recriminar lo salvaje de la cogida y las molestias, que hasta le había dejado rastros de sangre saliendo del culo abierto. Le dije que tomara un baño de asiento con agua helada, que no pasaba nada, que era algo común en la primera vez. – Común tu hermana! Como no fue a vos a quien le rompieron el culo! No me vas a volver a coger más…

    Regresé con todas la ínfulas del haber consumado esa asignatura pendiente, con ganas de volver a repetirlo. Las palabras e insultos de doña Linda eran la forma la forma de sincerarse en su justificación por haber sido sometida.

    A los pocos días todo se había calmado, aunque para volver a terminar corriéndome en su ano debí esperar que le calmara el ardor propio del debut en el sexo anal, a partir de ahí muchas veces terminaba eyaculando en la “colectora”, como le decíamos.

    Todo ese verano fueron mis vacaciones en su piscina, doña Lina mi mujer, luego tomamos caminos distintos, no tuvimos más sexo pero seguimos siendo amigos entrañables y tal vez en alguna ocasión…

    Te lo relaté tal y como lo recuerdo para contártelo [email protected] a tu disposición.

    Lobo Feroz

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