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Era caprichosa, mimosa y traviesa (Parte 3)

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  • Sor Patricia le quitó la camisa blanca y sor María, el cinto y le abrió la bragueta del pantalón de tergal. Apareció el bulto de la polla en el calzoncillo. Mery, se metió entre las dos monjas, le bajó el calzoncillo a su padre

    El sábado siguiente, por la tarde, las dos monjas volvieron a llamar al timbre del pazo, Félix, las vio en la pantalla de la cámara del telefonillo, y le dijo a su hija:

    -Ahí están tus amiguitas.

    -¿Lina y Pili?

    -No, las monjas.

    -¡Sabía que volverían! Una para ti y otra para mí. Pero habrá que pagar otra vez.

    -Por dos virguitos se paga lo que haga falta.

    -Abre el portal, y desaparece hasta que las tenga calientes...

    Mery les abrió la puerta del pazo y las mandó pasar. Se sentaron en el mismo sitio de la vez anterior.

    -¿Qué os trae por aquí?

    Le respondió sor Patricia.

    -El cheque.

    -¿Qué le pasa al cheque?

    Se lo devolvió.

    -Queremos que nos haga dos cheques, uno a mi nombre y el otro a nombre de sor María. Vamos a dejar el convento y vivir juntas.

    -Vaya, lo que puede hacer el poder del sexo.

    -Del amor, señorita, el poder del amor.

    -Necesitaréis más dinero. ¿Qué os parecería si os hiciese un cheque por 24.000 euros?

    Sor Patricia, le preguntó:

    -¿Qué deberíamos hacer?

    -Ayudarme a darle un masaje al diablo... y a follarlo bien follado.

    Las monjas se persignaron. Ahora la que preguntó fue sor María.

    -¡¿Conoce a Lucifer?!

    -No, conozco a Félix, y es un diablo en la cama.

    -¿Quién es Félix?

    -Mi padre.

    -¡¿Ha fornicado con su padre?!

    -¿Qué tiene más delito, follar con dos monjas o con el padre de una?

    -Esta es la casa del pecado.

    -¿Vais a seguir pecando y os extiendo el cheque grande u os extiendo el pequeño?

    Sor Patricia, no tenía dudas.

    -El grande. Ya va siendo hora que mi chochito sepa lo que siente con un rabo dentro.

    Sor María era más reticente.

    -¿Y si el viejo es feo y le huele mal el aliento y...?

    Félix, con su pelo cano y su tipazo y cara de galán, entró en la sala de estar, y le dijo a sor María:

    -Ni soy feo ni me huele el aliento.

    Sor María, al verlo, cambió de opinión.

    -Si hay que hacer un sacrificio, se hace.

    Mery, estaba impaciente.

    -Vamos para mi habitación.

    Ya en la habitación, les dijo Mary a las monjas:

    -Desnudar a mi padre.

    Sor Patricia le quitó la camisa blanca y sor María, el cinto y le abrió la bragueta del pantalón de tergal. Apareció el bulto de la polla en el calzoncillo. Sor Patricia le quitó los zapatos y lo calcetines. Mery, se metió entre las dos monjas, le bajó el calzoncillo. La polla tiesa quedó mirando hacia delante. Sor Patricia, exclamó:

    -¡Es enorme!

    La polla no medía más de 15 centímetros y era delgada, pero como las monjas no habían visto otra, también para sor Patricia era inmensa.

    -¡Nos va a romper el chochito!

    Meri, se puso en cuclillas, cogió con la mano la polla de su padre y comenzó a hacerle una mamada. Sor María, le dijo:

    -¡Cochina!

    Sor Patricia, le preguntó:

    -¿A qué sabe, señorita?

    -Prueba, Patricia, prueba y lo sabrás.

    Sor Patricia, no se cortó, se agachó, metió la polla en la boca, la mamó, y masturbando a Félix, tal y como había visto hacer a Mery, dijo:

    -Sabe a pecado, a lujuria. Sabe tan bien que estoy mojando las bragas. ¿Prueba, hermana?

    -¡Dios me libre!

    -No se me haga la recatada que nos quedamos sin el cheque grande. Dele una mamada. Le va a gustar

    -Bueno, una mamadita, pero una sola.

    A esa mamadita, siguió otra y otra... hasta que la otra monja se la quitó de la boca para mamar ella. Al final se turnaron. Hasta que dijo Mery:

    -Échate boca arriba en la cama, papá.

    Mery, se desnudó, las monjas se iban a desnudar, pero le dijo Félix:

    -Vestidas, os quiero follar vestidas. Quitaos sólo las bragas, y dármelas.

    Sor María ya iba lanzada.

    -¿Y no nos va a comer las tetas?

    -Claro, las tetas y el coño, pero a su debido tiempo.

    Se quitaron las bragas negras, mojadas, y se las dieron. Mery, de propina, le dio la suya, blanca, y con un lamparón tan grande como los que tenían las bragas de las monjas. Félix, boca abajo sobre la cama, comenzó a oler las bragas. Mery cogió el aceite de masaje, y le echó un poco por las espalda y por las nalgas. Sor Patricia, masajeó su cuello y su espalda, Mery le masajeó las nalgas, el periné y el ojete, lo masajeó y después lo penetró con un dedo. Sor María, obsesionada con la polla, metía su mano por debajo y se la meneaba. Al rato largo, Félix, se daba la vuelta. Su polla estaba tiesa. Sor María se lanzó sobre la polla como una leona se lanza sobre una gacela y comenzó a devorarla. Mery, le dijo

    -Despacio, María, que si se corre tendremos que esperar para poder follarlo.

    -¿Cómo sabe eso?

    -Internet. Tengo mucha teoría.

    Félix, sonriendo, le dijo a su hija:

    -Tranquila, hija. Tomé una pastilla de viagra. Hay polla para todas. Sube. María.

    Sor María subió el hábito y cogió la polla con la mano. Félix sintió la humedad del coño y el contacto de los pelos con su glande mientras veía como sor Patricia le comía las tetas a su hija. Sor María puso la polla en la entrada del coño empapado. Empujó y no soltó ni un "ay". La fue metiendo despacito, apretada, apretadísima, pero disfrutando todo el rato. Al clavarla a tope, buscó los labios de Félix y lo besó con suma dulzura, al principio, pues poco después, cuando sintió que se iba a correr, lo comió a besos. Cuando se corrió. Soltó un grito:

    -¡¡¡Me mueeero!!!

    En el portal del pazo, Fermín, el padre de Félix, un hombre de 75 años, libertino, al que apodaban "Pichón", con la ventanilla abierta de su Mercedes, le daba a un mando a distancia y abría el portal del pazo. Oía el grito, y decía:

    -¡Fiesta, fiesta fiesta! Allá voy...

    ... Sor Patricia montó a Félix. Subió el hábito como sor María y la clavó sin rodeos. Ella sí que chilló. "¡¡Aaaaay!" En grito guio a Fermín, que al llegar a la puerta de la habitación y ver el cuadro, exclamó:

    -¡Carnavales anticipados! ¡Fiesta, fiesta, fiesta!

    Luego vio que una de las jóvenes era su nieta, y le dijo:

    -¿Quién trajo las putas, María?

    Ni Mery ni las monjas se sobresaltaron. Estaban demasiado cachondas.

    -Son monjas, abuelo.

    -Y yo soy cura.

    -Calla y hazle a sor Patricia lo que me haces a mí. Seguro que le gusta.

    Fermín cogió debajo de la cama una zapatilla con forma de conejo peludo y con piso blanco de goma, le levantó el hábito a la monja y al ver su culito blanco, le dijo a su hijo:

    -Parece una monja de verdad.

    -¡Y lo es, hijo puta! ¡¿Desde cuándo juegas con mi hija?!

    -¡No jodas¡ ¡¿Es una monja de las de verdad?!

    -No me contestaste.

    No le iba a contar. Le dijo a sor Patricia:

    -Soy tu ángel de la Guarda. Te me has descarriado. ¡Mala!

    El viejo le dio con la zapatilla en las nalgas a la monja.

    -¡¡¡Plas, plas, plas!!!

    Después de darle dos veces en cada nalga, se las lamió, le besó el periné y el ojete, y acto seguido se lo folló con la punta de la lengua.

    -¿Quieres purgar todos tus pecados?

    -Sí, castígueme más.

    El viejo le volvió a besar y a lamer las nalgas y a chupar y a follar el ojete con la punta de la lengua mientras la polla de Félix entraba y salía de su coño. Cuando más lo disfrutaba, le dio otra vez con la zapatilla.

    Sacó la polla. No era un "pichón", era un pichín, pequeño y delgado, Sor María, al verla, y antes de cogerla, meterla en la boca y mamarla, sonriendo, le dijo:

    -¡Qué bonita!

    Mientras se la chupaba, Fermín siguió follando el ojete de sor Patricia con su lengua y azotándole el culo con la zapatilla.

    Merí, celosa de los zapatillazos, le puso el culo en posición a su abuelo. Fermín le comió el coño, luego le folló el ojete con la punta de la lengua, y después le preguntó:

    -¿Quieres que te caliente el culo, muñequita?

    -Sí, Pichón, sí.

    A Fermín lo comían los demonios cuando lo llamaban por su apodo.

    -¿¡Pichón?! ¡La madre que te parió! ¡¡Las quieres llevar fuertes!!

    -¡¡¡Plas, plas, pas!!!

    Mery, masturbándose, quería más.

    -¡Más, abuelo, más!

    El viejo le dio más y más fuerte.

    Mery ya echaba por fuera.

    -¡Cómemela, cómemela, cómemela!

    El viejo le comió el coño y Mery se corrió en su boca.

    Sor Patricia, gemía. Sus gemidos ya eran de pre orgasmo. Fermín se la clavó en el culo. Sor Patricia comenzó a correrse. Inundó con su flujo vaginal los cojones de Félix. Con el placer que le produjo el orgasmo de la doble penetración, perdió el conocimiento, y lo perdió en el momento en que Félix le sacaba la polla para correrse en su vientre y Fermín le llenaba el culo de leche.

    La cosa siguió. Hubo... ¡Fiesta, fiesta, fiesta!

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

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