INICIO » Categoría » Era criada y la convirtieron en puta (Segunda parte)

Era criada y la convirtieron en puta (Segunda parte)

  • 12
  • 9.724
  • 9,79 (19 Val.)
Lola se agachó y se la metió en la boca, aunque le daban. Empezó a chuparla con desgana, pero Manuel le obligó a ir más rápido sujetando su cabeza y moviéndola adelante y detrás. Al poco se corrió. Se corrió en la boca de Lola y le cerró la boca obligándola a tragar todo su semen

Para Lara, mi más fiel lectora.

Lola se levantó al día siguiente temprano. Quería olvidar lo que había ocurrido, y pensar que todo lo que le ocurrió era una pesadilla, pero no era así. Tras desayunar, hizo lo propio para sus señores, Manuel y Josefina. Por un momento se le pasó por la cabeza contarle a Josefina lo que su marido había hecho con ella, pero luego se contuvo. Estaba segura de que la despedirían si le decía algo.

Cuando hubo preparado todo, como ellos no bajaban, decidió llamar a su tía y contárselo.

-Tía, soy Lola. Le dijo. Tengo que contarte algo.

-¿Y qué es? Supongo que será importante para que me hayas llamado tan temprano.

-Es qué... me da vergüenza.

-Anda, no será para tanto. Cuéntame.

-Manuel ha abusado de mí.

-¿Qué dices? ¿Estás sola en casa?

-Sí, estoy sola, ¿por qué lo dices?

-Para que nadie te oiga. Mira, me ha costado mucho conseguirte este trabajo. Yo hablé personalmente con Manuel y al principio no quería darte el trabajo y al final accedió porque me dijo que tendría que follar con él para que te lo diera.

-¿Follar? ¿Qué es eso?

-Hija, pareces tonta. Follar es lo que ha hecho contigo. Es el poder que tienen los hombres de tomar lo que ellos quieren y hacer con una mujer lo que les dé la gana.

-Pero yo te vi a ti haciéndolo con un hombre aquella noche y no parecía que te obligase a nada.

-¿Estabas despierta esa noche? Vaya, pensé que te habías tomado las pastillas.

-No, no las tomé. No sabía que eran y las dejé allí.

-Estaba haciéndolo con Julián, el de la tienda a la que fuimos para comprarte la ropa. Una vez me acosté con él para pagar mi ropa, porque no tenía dinero, y aquella noche lo hice porque quería. Me apetecía follar con él para demostrar mi poder.

-Yo nunca pensé eso de ti. ¿Y el tío qué pensaría si se enterase?

-Tu tío solo me folla cuando le apetece. Me usa cuando quiere. Me levanta el camisón y me la mete sin más, sin excitarme primero y sin preocuparse si disfruto yo o no. Pero ahora tú tendrás que dejarte hacer si quieres seguir trabajando en esa casa.

-¡No, tía! ¡No voy a dejar que abusen de mí!

-Tienes que aceptarlo. Manuel tiene el poder y te usará cuando quieras, te guste o no.

-Pues entonces me iré de esta casa.

-¡Ni se te ocurra! ¡Manuel te buscará!

-Lo dices por algo, ¿eh? No volverá a follar contigo, seguro.

Ahora, por primera vez en su vida, había dicho la palabra follar.

Justo en ese momento, Manuel y Josefina bajaron la escalera y Lola tuvo que colgar el teléfono.

-Buenos días Lola, le dijo Manuel, veo que has preparado ya el desayuno.

-Las tostadas deben estar frías, volveré a calentarlas. Es que me levanté muy temprano y...

-Tranquila, no pasa nada. Le contestó Josefina. Esperaremos sentados.

Lola se puso a calentar las tostadas. Manuel no le quitaba ojo de encima. Se acercó a decirle algo al oído a su mujer. Esta asintió con la cabeza.

Más tarde terminaron de desayunar y Lola recogió los platos. Manuel se levantó y se puso detrás de ella.

Al principio Lola no se dio cuenta, pero enseguida notó como Manuel le tocaba el culo y se lo sobaba.

-¿Qué pasa señor?

-Nada, Lola, que hoy te he visto muy guapa y vamos a hacer algo.

No podía creer que su mujer estuviera ahí enfrente sentada, mirándolos a los dos. ¿Quería decir eso que ella consentía lo que su marido iba a hacerle?

Lola no podía pensar mientras Manuel le levantaba la falda. Le bajó las bragas y le dio la vuelta.

Él se bajó el pantalón y el calzoncillo, su polla erecta apuntaba a su cara.

-Ahora agáchate y chúpamela.

Lola obedeció como un autómata. Se agachó y se la metió en la boca, aunque le daban arcadas como aquella vez.

Empezó a chuparla con desgana, pero Manuel le obligó a ir más rápido sujetando su cabeza y moviéndola adelante y detrás.

Al poco se corrió. Se corrió en la boca de Lola y le cerró la boca obligándola a tragar todo su semen.

Lola casi vomita. El sabor del semen era asqueroso para ella y lo había llegado a saborear un poco antes de tragárselo.

Se levantó mientras Manuel, aun desnudo de cintura para abajo, la miraba sonriente. Se fijó en que su pene goteaba algo de semen. Ahora ya sabía que era el semen y lo había probado a su pesar.

En ese momento Josefina se levantó de la mesa y se dirigió a ella. Lola seguía con las bragas bajadas y con su sexo expuesto.

Josefina metió un dedo en su sexo y empezó a masturbar a Lola.

-Señora, no puede...

-No te resistas. Eres nuestra y tienes que obedecer.

No sabía dónde se había metido. ¿Eran un par de pervertidos o qué?

Josefina seguía masturbándola. Lola estaba empezando a disfrutar. Parecía que solo una mujer sabía cómo hacer disfrutar a otra. ¿O no? Su tía también había disfrutado con aquel hombre. Los pensamientos se agolpaban en su cabeza. Quería cerrar los ojos y abandonarse al placer que estaba sintiendo. Pero por otro lado le daba miedo.

Al final Josefina aceleró el ritmo y le metió dos dedos y Lola no pudo más y se corrió.

-¡Aaaaah! ¡Aaaaah!

Se sentó en el suelo extasiada. Los dos la miraban de pie. Lola no se levantó al principio.

Josefina agarró la polla de su marido y empezó a masturbarle.

En poco tiempo, el volvió a empalmarse. Josefina hizo un gesto para que Lola se levantase y esta, no sabiendo cómo, se levantó.

Manuel la apoyó contra el fregadero y le levantó la pierna derecha y la penetró.

-Uff, gimió Lola.

Manuel comenzó a bombear. Solo que ahora Lola se dejaba hacer. No opuso resistencia.

Este entraba y salía de ella con fuerza, mientras su mujer los miraba.

Al poco, Josefina se acercó y le quitó la blusa y el sujetador, dejando los pechos de Lola al aire.

Empezó a sobarlos, mientras su marido seguía follándose a Lola. Luego el matrimonio se besó.

Lola lo miraba todo como si no fuera ella la que estuviera viviendo todo eso. Parecía de locos lo que le estaba pasando y que ella se dejara hacer.

Pensaba que tal vez, habían echado algo en su café sin que ella se diera cuenta, o que, lo que más temía, es que se estuviera convirtiendo en una puta. Una criada, que ahora era la puta de Manuel y también, porque no decirlo, de su mujer.

Siguieron besándose los dos. Un rato más tarde, Manuel volvió a correrse. Lo peor de todo es que sus lenguas estaban entrelazadas en ese beso de pasión, cuando Manuel eyaculó dentro de Lola.

Al fin todo terminó y Manuel se salió de Lola. Josefina se arregló la ropa y sin decir nada, salieron de la cocina.

Lola ya sabía qué hacer, y tras vestirse, limpió el suelo de algunas manchas de semen y sudor que había quedado en él.

Al día siguiente Manuel quiso comprobar que Lola no podía pegarle ninguna enfermedad y mandó a esta al consultorio del doctor Sánchez, un médico de toda confianza.

Lola no entendía nada. Ella era virgen y nunca había estado con un hombre. Así que ¿qué enfermedad podía pegarle? Además, si pensaba que podía pegarle algo, ¿porque no se puso protección? Solo que ella creía que el motivo realmente era otro. Que no quería que se quedase embarazada.

Llegó a eso de las 11 a la consulta. Estaba en un bloque grande de pisos. Llamó al ascensor y subió hasta la 7ª planta.

En la puerta ponía: José Luis Sánchez. MEDICO DE CABECERA. Tocó el timbre y abrieron. Era el propio doctor.

-Tú debes ser Lola, ¿verdad? Toma asiento, enseguida estoy contigo.

El medico volvió a entrar en su despacho.

Lola obedeció y ojeó una revista. Se oiga a alguien dentro de la consulta.

Como diez minutos después, una señora mayor salió y se despidió del doctor.

-Ahora podré atenderte, le dijo.

Lola se dio cuenta de que el medico echaba el pestillo a la puerta de la calle.

Entraron en la consulta y Lola pensó que la haría desnudarse y que se la follaría, pero no fue así. Es verdad que la hizo desvestirse, pero no hizo nada sucio con ella. Solo le pasó un palito por sus partes y lo guardó en tu tubo. Examinó también su vagina, pero no vio que el hombre se excitara ni nada por el estilo.

Después le pidió que se vistiera y la acompañara a otro cuarto.

-La enfermera ha tenido que irse antes, así que te haré yo los análisis de sangre. Tranquila, es solo un pequeño pinchazo y ya hemos terminado.

Tras acabar, el doctor le dijo que esperará en la salita.

El doctor llamó por teléfono y habló con alguien. Lola al principio no oía nada, pero más tarde se dio cuenta de que estaba hablando con Manuel. Le decía algo de sífilis y gonorrea y por supuesto, le habló de embarazo, tal y como ella había temido.

Terminó la conversación diciendo que le mandaba con ella dos cajas de preservativos para que lo hiciera siempre con protección. O sea que el medico estaba al tanto de que Manuel se estaba follando a todas las que habían sido sus criadas.

Acabó la llamada y le entregó a Lola dos cajas envueltas en papel que metió en una bolsa de plástico. Eran los preservativos.

Se despidió y salió de la consulta y de la casa.

Para atajar hasta su casa, bueno donde servía, Lola se metió por el parque de San Esteban que estaba cerca de allí. Pasó por debajo de un puente y vio a alguien a lo lejos. El corazón se le aceleró, pero se tranquilizó al ver que era Tomás, el jardinero.

Se saludaron y pensó que pasaría de largo, pero Tomás se paró.

-Qué guapa te veo hoy Lola, le dijo. Se habían conocido hacia poco tiempo en el pueblo y hasta el día en que llegó, Lola no sabía que trabajan en la misma casa.

-Gracias, Tomás, aunque no me he arreglado mucho hoy.

-Estás muy guapa. ¿Qué llevas ahí?

-Un encargo para Don Manuel.

-Anda, déjame verlo.

-Qué no, qué no, que es privado.

Le cogió la bolsa y miró dentro. Vio que eran los condones, pero no dijo nada.

Siguieron andando y Tomás se quedaba detrás mirando como su culo se iba bamboleando a cada paso.

Lola tropezó en una piedra y cayo de bruces en el suelo. Su falda se levantó antes de caer y Tomás pudo ver sus bragas rosas.

La ayudó a levantarse.

-Gracias.

En ese momento la besó. Lola se resistió, pero Tomás estaba muy excitado y siguió besándola y tocándola.

La apoyó contra un árbol. Aunque era temprano, nadie pasaba por allí, por lo que no los verían. La levantó la falda y le bajó las bragas. Acto seguido se bajó el pantalón y los calzoncillos y la penetró.

-¿Tú también? ¿Es que no vais a dejarme en paz ninguno?

-El jefe te folla, agh, agh, dijo jadeando. ¿Por qué no iba yo también a probarte? Siempre te miraba en el pueblo cuando lavabas la ropa en el río, agh, agh, siempre me pusiste muy cachondo y me pajeaba a escondidas mirándote. Agh, agh, agh, siguió hablando. Y aquella vez que te vi desnuda bañándote. Me hice una paja y salpiqué tanta leche que no me lo creía ni yo.

Lola creía que estaba a punto de acabar porque dejó de hablar.

Pero entonces, la sacó, la giró y se la volvió a meter de espaldas.

-Tienes un culo divino Lola. Ahora acabaré contigo así.

Lola se agarró al árbol y se dejó hacer. Ya estaba claro que la habían convertido en una puta y estaba terminando de aceptarlo.

Tomás siguió dándole un poco más y al poco terminó. Lola sintió como se corría dentro de ella, como su semen se derramaba en su interior. Tomás no había querido usar uno de los preservativos de su jefe, para que este no castigara a Lola por haber perdido uno de ellos. Y porque Manuel pensaba que era solo para ella.

Tomás se salió de ella. Lola se giró, se subió las bragas y se arregló el vestido.

-¿No vas a limpiarme? Le dijo el, burlón.

-Arréglate tu solito.

Lola cogió la bolsa con los preservativos. Afortunadamente no se habían perdido, estaban en el suelo junto a ellos y se marchó, dejando a Tomas con la polla al aire ya perdiendo la erección.

Al día siguiente Lola se levantó con otra mentalidad. Necesitaba el trabajo y no podía dejar que la despidieran. Así que aceptó mentalmente lo que le pasaba. Si su jefe quería hacerlo con ella, no le quedaba otro remedio. Si su mujer quería estar presente, pues qué remedio. Y si a Tomás el jardinero también le apetecía follársela, no le quedaba otra que aceptarlo.

Así llegó la hora de la comida. Manuel le comentó que ahora tendría que llevarle la comida a Joaquín, el mecánico que tenían trabajando para ellos. Tenían tanto dinero que disponían de dos coches. Para esa época era mucho.

Lola llegó al garaje con la bandeja de la comida. La dejó sobre un bidón que había fuera y llamó a la puerta. Una voz se oyó desde el interior:

-Pase, está abierta.

Lola entró en la penumbra del taller, pero no vio a nadie.

Joaquín salió de debajo del coche. Llevaba el torso desnudo y manchado de grasa. La visión de este puso nerviosa a Lola, a la que le tembló la bandeja. A punto estuvo de caérsele.

Se presentaron y Joaquín se puso una toalla por encima. Charlaron un rato y finalmente se despidieron.

Lola llegó al baño muy azorada. Se sentó en la taza, tras bajarse las bragas y se masturbó con ganas. Estaba muy húmeda. Había aprendido gracias a Josefina.

La visión de Joaquín la había dejado excitada.

Cuando se corrió, se relajó. Recuperó la respiración y se quedó sentada en la taza. Nadie la llamó.

Pensaba que si alguien iba a obligarla a follar, solo deseaba que se lo hiciese Joaquín.

  • Valorar relato
  • (19)
  • Compartir en redes