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Vidas encontradas

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Cuando la vida de algunas personas se cruza con otras diferentes

Le gustaba visitar las exposiciones, las películas de estreno y las salas de pintura, su ruptura matrimonial la había dejado un poco desencajada, de eso ya hacía tres años, aunque estos últimos días había tenido alguna esperanza, esfumada y decepcionada al mismo tiempo. El transito era muy fluido a esa hora, pero había prometido una visita a su amiga Nati. La cual la esperaba en la terraza del bar.

– Pensaba ya no vendrías Eva

– Para nada Nati, el tráfico… sabes que siempre que voy a ver a mi madre procuro pasar a verte.

– Te veo algo decaída, un consejo de amigas, haz tu vida, no pienses más en él, todo paso.

– No todo el mundo lo ve desde tu perspectiva Nati, tú lo has superado, se te ve radiante, por cierto, me gusta tu nuevo peinado tiene más volumen, tu color es exuberante.

– Bueno, quizás el ser pelirroja influye, siempre me había sentido algo acomplejada de ello pero me he acostumbrado.

– No digas tonterías, siempre has sido guapa, eres atrayente.

– Jejejeje, haber pasado los cuarenta te da esa seguridad digamos.

– Si, ya no somos niñas adolescentes la verdad.

– ¿Y fue por eso Eva que el otro día te fuiste tan apresurada? ¿Qué te pasaba, no te encontrabas a gusto con mi otra amiga?

– Nati, me sentía… no sé cómo decirlo… Esos chicos tan jóvenes…

– No seas tan orgullosa, quizá no estaban a tu altura según tú. Aunque tienes que ser más modesta, distes la impresión de aires de grandeza.

– ¡No! No es eso te equivocas. Además estaba cansada y tenía que ir a ver a mi madre, y sí, puede que estuvierais algo alegres.

– No sé qué problema puede haber que junto con mi amiga nos divirtiéramos un poco. Sabes, tendrías que hacer lo mismo. Yo de tanto en cuanto me suelto la melena y me hago un monumento. Y te lo aconsejo, de verdad Eva, te relaja mucho.

Todo el trayecto iba pensando en la conversación mantenida con Eva, puede que tuviera razón por muy frívola que fuera, aunque era hora de cenar y se hacía tarde. Entró en el restaurante que le gustaba tanto, de platos de vanguardia, una autentica gozada para su fino paladar. Ya era de noche, aún le faltaban varios kilómetros para llegar a casa de su madre, estaba sola y con disertaciones sobre su vida, pensando en lo que le había dicho su amiga. A no mucha distancia de donde se encontraba el local donde se había referido Nati, de eso hacía una semana, y sí, puede padeciera ese rencor de la separación y estaba enfadada con el mundo. Aunque a tenor de lo visto ese día sus amigas se comportaban como auténticas adolescentes con esos jóvenes.

Dio una vuelta por los alrededores, y allí, volvía a estar presente ese local, el cual le quedaba a la vuelta de la esquina. En un sin querer queriendo se vio caminando hacia allí. Estaba ya escuchando el sonido de la música del local y con decisión entró. El local parecía salvaje, con colores chillones, había no mucha gente, pidió un Gin Fizz ante el aparente asombro del camarero y tardando un rato se lo sirvió; fue en ese momento que el camarero se dispuso a hablar con un joven de la barra, cuando se vio observada de forma penetrante por esa persona. En un recuerdo vago, creyó que era uno de los que la semana pasada se divertían con sus dos amigas.

La persona susodicha mencionada, era en efecto el de la semana pasada. Apodado el Santos. Era un macho híbrido y musculado, el cual tenía unos registros importantes de hazañas follamentísticas con el género femenino, dotado por la naturaleza de un poder descomunal en su entrepierna. Su única obsesión eran sus triunfos mujeriegos y el apuntarse “una más”. Como es lógico en personajes mencionados, nada más entrar nuestra protagonista se pusieron en marcha los sensores de su radar, detectando movimiento y poniendo en su punto de mira a la recién llegada.

– Que me aspen si esa no es la que estaba con las dos de la otra noche – dijo el camarero.

– Sí, lo es, desde luego se hizo humo rápido el otro día, se la ve muy creída y arrogante, aunque le tengo ganas a la hembra.

– Por cierto, ¿cómo llego a terminar la otra noche la cosa con las dos esas…?

– Yo me levanté la pelirroja.

– Eres un fiera, Santos.

– Digamos que me gusta cagar al primer apretón.

– Entonces te la llevaste, ¿qué tal fue?

– Sí, eran carne de cañón, la disfruté arriba; incluso al final me puso culo.

– ¡No me digas!

– Sí, la finiquite en una soberana enculada.

– Entonces le gustaba por ahí.

– Solo con decirte que le entraba hasta la empuñadura, desde luego era un culo profanado.

El contraste de los personajes – Eva y Santos – era un contrasentido, pero en la vida hay tantos que el azar lleva por otros derroteros los designios de la vida. Y nos encontramos de nuevo con Eva, la cual pidió un segundo Gin Fizz mientras estaba con sus divagaciones mentales, abstraída de la realidad, tras lo cual, y no estando muy habituada a la bebida le daba esa especie de confort falso de la mente que como bien se ha dicho la evadía. Como bien pasa en estos casos de debilidad volvió a pedir su tercer cóctel. A partir de ese momento, el Santos, vio la ocasión e inició el ataque correspondiente al ver su oportunidad: se levantó como si tuviera un resorte: estirado, echándose una mirada al espejo de la barra para cerciorarse de su categoría y camino con paso largo y balanceo de brazos hacía nuestra querida Eva.

– ¿Qué tal guapa? – dijo, con naturalidad postiza.

– Bie… bie… bien, gracias.

– Te invito a otra copa – dijo, mientras levantaba la mano al camarero en un ademan chulesco.

– No sé si me conviene, aunque… no… bueno. – contesto mientras el camarero ya se lo servía y al mismo tiempo tenía una mirada de complicidad con Santos.

– No tendría que tomar más, debo llegar, o debería estar en otro sitio.

– Bueno, no tiene nada de malo nena tomarse algo, para desconectar.

– Ya, en verdad… pues no…

La maquinaría había empezado a funcionar en el mecanismo de Santos, todo iba según lo estipulado la situación no podía ser mejor: aparentemente frágil, algo achispada y, sobre todo, la figura estilizada de Eva, con esos pechos como flanes, delgada, con ese atractivo femenino era lo que determinaba la decisión de nuestro protagonista. Siguiendo el curso de los acontecimientos paso lo más evidente:

– Me siento algo descompuesta, tengo que salir.

– Suele pasar, tranquila, te acompaño. Quizá quieras descansar un poco antes de proseguir tu trayecto, por mi encantado – dijo él con entusiasmo.

– Pudiera ser, me convendría, no soy capaz de conducir.

Se levantaron, ella algo dubitativa; él con tronío, se sentía observado y le gustaba esa sensación de gloria delante de la concurrencia, le daba ese valor añadido, inclusive se ocupó de los trámites de abonar las correspondientes bebidas a su amigo el camarero, no exenta de una breve conversación:

– ¿Ya? – dijo el camarero.

– Sí, la veo a punto, te puedo asegurar que en menos de media hora ya la estaré gozando.

– Eres un cabronazo, ¡qué suerte!

– Sabes, a mi me gusta cagar al primer apretón – dijo con una sonrisa socarrona y victoriosa.

Una vez en la calle, donde la noche dejaba vislumbrar los faros de los coches y algo de bullicio el Santos la tenía abrazada en señal de protección y nada más ver unos amigos que aparcaban le rodeo el cuello y le asesto un soberano morreo de dinosaurio. Desorientada ella se sintió estimada y algo más segura.

– No puedes conducir, lo sabes.

– Ya, soy consciente de ello.

– Justo en la esquina vivo en uno de esos apartamentos.

– Bueno, solo un rato entonces.

Así fue como fueron subiendo las escaleras del edificio hasta llegar al lugar. Al entrar ella no estaba acostumbrada a tan reducido espacio, con una decoración algo vulgar y macarra al mismo tiempo; y es que no nos engañemos, estaba metida en un habitáculo donde las necesidades primordiales, eran la cópula y todas sus vertientes. Es decir: un picadero o un follodromo. Nada más llegar ella sintió ganas de ir al baño, allí se limpió la cara e hizo pis. Al salir del baño frente a ella, de pie, y solo con los bóxer puestos y con su majestad de poderío estaba él:

– Me tienes palote, sabes – dijo mientras se cogia el abultado miembro que se vislumbraba.

– Yo no-no-no estoy segura…

– Te voy a dar chorra como ninguno te la ha dado, como a una puta.

Como un león sobre su presa se abalanzo sobre ella y le saco el vestido en un abrir y cerrar de ojos, inclusive tiro de su sostén y bragas quedando ella como una presa ante el verdugo. Se bajó el bóxer y su miembro salió rebotado como si llevara un resorte y acto seguido la sentó en el sofá poniéndole a la altura de su cara su cipote empalmado y tensionado erigiéndose ante ella como una torre palpitante con ligeros movimientos convulsionantes. Así, ante él estaba nuestra Eva, la cual fue incitada por Santos con un:

– Toma biberón so puta… cómela, seguro que no has tenido nada en tu vida de tanta calidad.

Tras lo cual ella empezó a tragar dicho miembro viril en un envite a su boca de nuestro personaje, el cual le iba cogiendo la nuca y haciéndole tragar todo el sable, atragantándose ella, babeaba, sus ojos estaban rojos. Por su parte él gozaba, retrocedía y avanzaba para adentrársela en esa boca pintada.

– Venga, que tú puedes – dijo con bravura mientras le introducía todo el miembro en su boca.

Al mismo tiempo le tapo la nariz, ella resoplaba como un tubo de escape, era una masa de carne jadeante de la cual surgían breves murmullos.

– ¡Uhhh, aaahhh, aaaggg! – tosía con una mezcla de respiración fuerte e hiperventilada.

– Aguántala un rato con toda dentro, vamos, 1-2-3-4-5 – Al instante que ella sacaba su boca para poder respirar, pero no dando ninguna tregua y volviéndosela a remachar en la boca.

– Hasta diez esta vez, 1-2-3-4-5-6-7-8-9-10.

La retiro y ella quedo cogiendo aire, era un ser subyugado baja la batuta de un macarra, lo sabía y no le quedaba otra. Apenas se sentía desahogada la tendió en el suelo abriéndole las piernas, para el colocarse – cogiéndose el miembro y poniéndolo en ángulo directo hacía la vagina – en postura de acometida para estar bien posicionado para tener un buen empuje. En una tacada sonora la empezó a bombear, parecía la embestida de un toro. El bombeo era constante y el ritmo de sus revoluciones corporales aumentaba.

– La sientes bien adentro – dijo, mientras quedaba parado con todo su miembro dentro.

Ella jadeaba se retorcía, su vagina chapoteaba (plof, plof, plof).

– ¡Sí, sí! No pares ahora.

– ¿La flipas, no? Ahora sabes lo que es un macho de verdad ¡Flípala, flípala! – gritaba con desespero.

–¡Me vengo! ¡Me vengo ya! La noto, la siento, ¡me voy a venir! ¡¡¡Me vengoooo!!!

Como si de una descarga eléctrica de alto voltaje se tratara ella empezó a convulsionar, al mismo tiempo que se podía observar como de su vagina salían flujos vaginales. Entonces él, en un movimiento rápido se levantó y enfoco su miembro hacia su cara, estallando esperma a chorros considerables sobre la cara de Eva. Su finalidad era que ella ingiriese dicho elemento, aunque su descarga fue apresurada, por lo que tras su deslefe le restregó el glande esparciendo su semen hasta su boca. Quedaron tendidos uno al lado del otro. Sudor, respiraciones profundas:

– Has flipado como una cerda, se nota que no estás acostumbrada a que te hagan gozar.

– Estoy mareada… quiero limpiarme – dijo ella, con la cara sucia de semen que ya estaba pegado a su cara.

Entonces se levantó tambaleándose y se lavó la en el baño. Al salir ella, nuestro protagonista pegaba caladas a un canuto mirándola con ojos escrutadores y sentado en pose de gallito. Al llegar, se sentó en la butaca a su lado. En un acto de afabilidad achulada él le paso el canuto. En su juventud había probado algunas veces, teniendo un vago recuerdo de sus efectos. Fumaron, ella se adormilo. Se despertó de su morriña, notaba que le friccionaban el clítoris y le dedeaban su zona anal.

– Lo tienes muy cerrado – dijo él.

– Yo nunca… no… – contesto ella balbuceante y algo confusa debido a los efectos del canuto.

Como pueden deducir aprovecho la ocasión y no tardo en levantarse y traer un bote de vaselina. Se unto el índice y lo inserto en el conducto anal, lo subía lo bajaba. Ella emitía ligeros quejidos, no tardo en intentar introducir dos, la vía empezaba a dilatarse, al mismo tiempo que ella decía:

– ¿Qué haces?

– Abrírtelo algo antes de encularte.

– ¡No, no! – dijo ella algo desorientada.

– Ponte en el suelo a cuatro patas.

Una vez en el suelo y con ella en dicha posición, él se unto su miembro de vaselina y semiflexionado a horcajadas le entro el glande y empujo, encontrando algo de resistencia. Empezó unos empujes lentos hasta media verga.

– ¿La notas?

– ¡Sí! Me duele algo…

– Pronto la tendrás toda, así que es mejor que te relajes, lo tienes muy cerrado – dijo mientras con las manos le separaba las nalgas para ver su penetración.

– ¡Ten cuidado! Por Dios…

– Prepárate a la de tres te la inyecto toda so puta, ya te he dado bastante margen.

– ¡Espera! ¡No! Aún no.

– A la de una, dos… y tres – de una embestida rápida y enérgica se la incrusto toda.

– ¡Ayyyy! ¡ufff! – exclamo ella.

Concluido el primer tramo de la sodomización la dejo insertada hasta el fondo, sus testículos se observaban antepuestos a la vagina, señal inequívoca que la penetración era profunda y todo el pene estaba introducido en dicha vía. En esta postura se mantuvo un pequeño intervalo de tiempo. Entretanto ella gemía y maullaba como una gata arañando la alfombra. A continuación empezó bombeos cortos y a medida que veía la viabilidad penetrante los iba intensificando, arqueando la espalda y dando más intensidad a sus movimientos mientras gritaba:

– ¿La flipas? ¿La flipas? Tómala toda so cerda.

– La siento muy adentro, es como si tuviera un ser vivo en mis entrañas – grito ella.

Semiflexionado en la trasera de ella y arqueadas sus piernas empezó un intenso mete-saca, a ratos saltaba como si de una rana se tratara. No tardo en emitir bufidos guturales, era la señal evidente que iba a eyacular.

– Toma, toma, toma, toma; tómala y que por el culo te la echo y por la boca lo eches ohhhhh.

El tiempo quedo parado, ella se había desplomado al suelo y el encima aún con su verga dentro, la saco, el ano estaba rojo y lleno de esperma; él se levantó aún con su glande goteante de semen, estaba sudado, cogió el vestido de ella y se limpió su sudor para después limpiarse su miembro viril.

– Me gustaría lavarme, tengo que irme – dijo ella en un susurro.

– ¿Te crees que esto es una casa de acogida? – contesto él.

EPILOGO

Apenas podía caminar, le dolía al sentarse al volante, notaba como su asiento se mojaba que su culo iba dejando; paro en una gasolinera para ir al lavabo; se sentía sucia y usada. En el corto trayecto hacia el lavabo, pudo oír como dos operarios cuchicheaban “vaya putón, la has visto, apesta a lefa y la lleva incluso por el vestido, vaya nochecita la guarra.

En el otro lado de la balanza el Santos volvía a entrar en el bar de copas con aires de gran gigolo; se sentó en la barra que horas antes había estado.

– ¿Ya de vuelta? ¿Has triunfado? Han pasado apenas unas horas -dijo el camarero.

– Ahora la he terminado – contesto él.

– ¿Y qué tal, como ha ido?

– Le he hecho un completo, inclusive he estrenado un precioso culo echado a perder.

Y así, con esa demostración del poder y de la gloria de nuestro personaje termina la historia. Como todo en la vida, tiene sus perdedores, sus ganadores, sus vanagloriados y los humillados.

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