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Mi primera vez con una trans (Cuarta parte)

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Así terminaba mi anterior confesión de "Mi primera vez con una trans - Tercera parte", que creo yo que lo tendría que re-titular, como "MI PRIMERA TRANS":

"¿La próxima vez no te gustaría probar hacer alguna que otra cosa más?", me preguntó…

"No sé... Podría ser... Bueno... PUEDE ser... "

Esa pregunta de Sylvia me quedó por días y días zumbando en mi cabeza, y muchísimo más la respuesta que le di: "Puede ser".

¿En realidad yo quería que Sylvia actuara, esta vez, como hombre? Pues me sentía como infiel hacia mi Primo, pues realmente, a mi Primo, lo amé, lo amaba en esos momentos y todavía, hoy en día, lo sigo amando. Pero, no dejaba de soñar ser cogido por otro, que no fuera él. Era algo superior a mi razón. Los sueños se hicieron casi diariamente. Incluso para tener relaciones con mi señora, aprovechaba esos pensamientos, para que mi pene tuviera una buena erección para poder tener con ella nuestras relaciones sexuales. Suena mal. Pero, es la verdad.

Pero bueno, soñé, y hasta soñé despierto con Sylvia dentro de mí. Y unas semanas después, la fui a buscar a nuestra esquina.

"¡¡Hola, mi amor!! La verdad creía que por lo que te había propuesto, te había perdido para siempre. ¡No sabés la alegría que me das! ¿Decidiste algo o querés seguir haciendo lo mismo que hasta ahora?", -me dijo, mientras me acariciaba mi muslo derecho.

"Estuve pensando mucho en vos. Muchísimo. En lo que hemos hecho hasta ahora, pero principalmente, en la proposición que me hiciste cuando descansábamos después de pasar una hermosa hora. Mi respuesta, es: ¡¡sí!! Quiero "probar alguna que otra cosa más", que sólo vos me podés dar.", -le dije mirándolo fijamente a los ojos, e inclinándome hacia ella para darle un hermoso beso lleno de amor (no confundir amor con pasión. Son dos cosas muy distintas. Fue un beso de amor), mientras le pasaba mi mano izquierda por su entrepierna, sintiendo su bulto todo a lo largo de ésta, ya que por ahí se lo ponen, para que no se les note. Y agregué: "Pero, ¿cuánto me vas a cobrar por hacerme ese algo más?"

"¡¡¡Mi amor!!! Capaz que no me creés pero yo también todos estos días estuve pensando en vos. Y también muchísimo. ¡¡A vos no te voy a cobrar nada más!!", -y me dio un hermoso beso lleno de pasión.- "Arrancá. Rápido. Vamos al mueble. Estoy que reviento de deseos. ¡¡¡Vamos!!!", me dijo.

"¡¡¡Yo también estoy que reviento, mi vida!!!", y arranqué hacia el mueble.

Llegamos al mueble, guardé el auto, en uno de los garajes, me bajé para cerrar la cortina metálica y cuando me doy vuelta, ella ya estaba esperándome a los pies de la escalera. Me tomó de la mano, me acercó a ella, se la llevó a su entrepierna y me dio otro beso apasionado, pero esta vez, además, lleno de lujuria, mientras me pasaba la otra mano por mi cola. Dejamos de besarnos y subimos las escaleras, ella delante de mí y sin soltarme la mano. Llegamos a la habitación, fui al baño a higienizarme el pene. Mientras lo estaba haciendo, entró ella se me acercó, para darnos un beso labial, y fue hacia el bidé para higienizarse el ano, y mientras lo hacía, empezó a jugar con su pene, el cual se le fue poniendo erecto, pero cuando se dio cuenta que la estaba mirando, lo tapó en seguida con sus manos. Luego que ella se levantó, me dio otro beso y fue hacia el cuarto. Lo que yo hice fue acercarme al bidé, sentarme y comenzar a higienizar también mi ano. Acto seguido salí del baño, entro al cuarto y la veo a ella, ya acostada, dándome la espalda, con su codo izquierdo apoyado en la cama y su cara mirando hacia atrás, para verme salir del baño.

"¡¡¡Mi amor!!! ¡¡¡Qué divino que sos!!! ¡¡¡Vení de una vez a la cama!!!"

Por supuesto que no la hice esperar. Me acosté contra ella, haciendo "cucharita", mientras nos dábamos hermosos besos apasionados llenos de lengua y amor. Demás está decir, que al darnos esos besos, no pude contenerme más, y con mi mano derecha fui directamente a agarrarle su pene, que en esos momentos, YA estaba bien pero bien erecto, duro y calentito.

Al sentir mi mano agarrando su pija, Sylvia me dijo:

"¿Te gusta mi pija, mi amor?", mientras agarraba mi mano y comenzó a pajearse con mi mando y la de ella.

"Sí. Me gusta. Está bien calentita", le dije, y la seguí besando.

Al responderle, se dio vuelta y quedó boca arriba, con lo que su pedazo de unos cuantos centímetros de largo (no lo sé exactamente, porque nunca supe calcularlo), y el ancho, hermoso, apetecible, quedó erecto, tal verga de barco, a la vista de mis ojos. Recuerdo que lo primero que hice besar a Sylvia con muchísimos besos con mucho amor, para luego comenzar a besarla apasionadamente.

"Bajá, mi amor. Metete mi pija en tu boca. Saboreala", me dijo.

"Ni falta hace que me lo pidas", le dije, y quedando perpendicular a ella, le besé esas hermosas tetas bien formaditas, sin dejar de agarrarle la pija, hasta que mi boca fue directamente hacia ese hermoso pedazo de carne caliente y me lo fui metiendo muy de a poco dentro de mi boca. ¡¡¡Qué placer sentir esa tibieza dentro de mi cavidad bucal, en mi paladar, y en mi lengua!!! Se la empecé a chupar con una suprema avidez y le pasé la lengua como si fuera un helado de cucurucho. ¡¡¡Y qué cucurucho!!! Mientras se la chupaba se la iba pajeando, y Sylvia, se meneaba de tal manera que me cogía dentro de mi boca.

"Así mi amor. Así", me repetía a cada instante, "Te quiero, mi amor. Te quiero. Te deseaba desde el primer día que me subiste a tu auto"

Al escuchar eso, se la empecé a chupar cada vez con más pasión y ligero, mientras ella, también me empezó a coger en la boca cada vez más ligero y con fuerza que sentía su pija cómo llegaba a mis amígdalas.

"¿Te gusta mi amor?", me preguntó.

"Mmmm", le respondí sin dejar de chupar y moviendo afirmativamente mi cabeza, confundiéndose con el movimiento que estaba haciéndole al chuparle la pija.

En eso siento su mano derecha aprisionando la mía, comenzando a pajearme.

¡¡"Mi amor. No seas angurriento. Yo también quiero comerte tu pija!!", -me dijo, por lo que acerqué mis caderas hacia ella, quedando acostados los dos, en paralelo, y pegados, para que ella me la empezara a chupar. ¡¡Qué placer!!

Y los dos empezamos a cogernos nuestras bocas, hasta tal punto que en muy pocos segundos, yo le acabé a ella en la boca, tragándose todo mi semen.

"Mmmm, qué rico mi amor... me encanta tu lechita", -me dijo. Y agregó:- "... Ay... estoy por acabar yo ahora. ¿Qué hago? ¿Te acabo en la boca o la saco?"

"Mmmmm... NOOO... no la saques. ¡¡¡Acabame en la boca!!!", le respondí.

Y así fue. En dos segundos empecé a sentir las emisiones de su leche en mi boca. Sabroso elixir. Delicioso. La tragué prácticamente toda, pero me quedé con un poco en mi boca, para llevarle a su boca, su propia leche mientras nos dábamos un hermoso, húmedo y tibio beso, donde nuestras lenguas se repartían su leche. Luego de ese delicioso beso, me quedé con mi cabeza apoyada sobre sus tetas, y con mi mano derecha acariciando su semi fláccida pija, mientras ella jugaba con su dedo mayor alrededor de mi ano, y de vez en cuando, lo introducía un poquito dentro del mismo.

"Mi amor. ¿Te das cuenta que yo te doy todo lo que vos deseás? Unas buenas tetas para chupar, un lindo culo para coger y una buena pija para que vos también la goces en tu boca o... ¿no querés que te haga gozar ahora, sintiéndola dentro de tu hermoso culito?", me dijo, y empezando a besarme con su lengua muy, pero muy suavemente. A lo que le correspondí los suaves besos, y le dije que sí, que me cogiera, pero despacio.

"Quedate tranquilo, mi amor. Te voy a hacer gozar lo que nadie hasta ahora."

Por supuesto, que a esto, no le contesté, pues yo ya sabía lo que era sentir un buen pedazo de pija en mi culo, gracias a mi Mentor: mi Primo.

Me inclinó hacia mi derecha para quedar acostado de espalda contra la cama, y ella empezó a besarme las tetillas moviendo ligero su lengua sobre ellas, para luego seguir pasándome la lengua por mi abdomen, y con ésta levantó mi pija que estaba apoyada sobre mi pubis, se la metió en la boca sin usar sus manos, y comenzó a chuparla. Mientras lo hacía, se fue corriendo hacia abajo, hasta quedar los dos en línea. "Abrió" mis piernas hacia ambos costados. Sus piernas quedaban fuera de la cama. Si nos miraban de arriba, parecíamos el signo de la paz de los hippies. Una vez en línea, siguió chupando mi pija mientras con su dedo, no sé de qué mano, ni me importaba, empezó a jugar y metérmelo dentro de mi ano, que sinceramente, yo lo sentía que latía y que sólo se iba abriendo (aunque no pasara realmente). Como dije, me puso un dedo, y comenzó a cogerme con él. Dejando de chupar, me dijo:

"¿Te gusta, mi amor?"

"Ayy, sííí... uff... me... encanta... seguí..."

"¿Qué te gusta? ¡Que te chupe la pija o el dedo en tu culito?"

"Tu dedo en mi culito... y también que me chupes la pija".

"Ahora te voy a poner otro dedo, para que empieces a gozar mucho más."

Y dicho y hecho. Me metió otro dedo más y el placer en este momento se duplicó, y ahora me cogía con dos dedos. Mientras, fue subiendo cada vez más hasta enganchar mis partes traseras de mis muslos con sus hombros, por lo que mi ano quedaba, cada vez que ella subía, más levantado de la cama. Al llegar a estar en esta posición, dejó de chuparme la pija y empezó a lamerme mi ano, una y otra vez, hasta que empecé a sentir, que introducía parte de su lengua dentro de mí. Y cuando su lengua estaba adentro, la movía de una manera exquisita. ¡¡¡Ay, ay, ay, por favor... qué placer que me estaba dando!!! Siguió chupándome el culo hasta que dejó de hacerlo y empezó a subir cada vez más hasta quedar arrodillada en la cama, quedando su pija en la misma entrada de mi culo. Se inclinó y nos dimos un hermoso beso de lengua. Mientras nos besábamos sentí su pija rozar mi culo, me ericé todo y la miré a los ojos, como pidiéndole algo.

"¿Querés que te la meta, mi amor?"

No le respondí, simplemente, la miré otra vez a los ojos y moví afirmativamente mi cabeza, entrecerrando mis ojos. Creo que no daba ni para decir una palabra.

Se retiró de mi boca, se apoyó en sus rodillas, se puso saliva en sus dedos de la mano derecha, la pasó en y dentro de mi culo, agarró su pedazo, y empezó a penetrarme. Como se lo había pedido: despacio. Muy despacio. Era tanto el placer que sentía, que en determinado momento, le pedí que me la metiera de una vez.

"Dale. Metémela. Por favor. Meteme toda tu pija dentro mío. ¡¡Daleee!!"

"Tus deseos son órdenes para mí", me dijo, y empezó a meterla más y más fuerte hasta que finalmente, sentí un dolor, y que prácticamente su pija, tocaba mi próstata.

Una vez toda adentro mío, comenzó a cogerme. Yo con mis piernas hacia arriba apoyadas en sus hombros, y ella agarrándolas para no caerse y además, para abrirlas o cerrarlas más, según lo que ella quisiera que yo sintiera.

Y qué les voy a contar con respecto a lo que yo sentía, que ya no sepan algunos de los que están leyendo esto ahora. Placer. Placer. Y más placer...

Cada vez que ella entraba más en mi culo, yo levantaba mis caderas, como para que su pija entrara más y más adentro mío, por lo que ella me dijo:

"Mi amor. ¡¡Cómo te movés!! ¡¡Qué hermoso culito que tenés!! ¡¡Me enloquecés!!".

"Seguí, mi vida. Seguí cogiéndome."

"¡¡Ahí voy, mi amor!! Estoy por... a... ca... bar... teee... agghhhh", y sentí fácil unos cuatro estertores de su cuerpo y los "chorros" dentro de mi culo, y ella se tiró arriba mío apretando mis piernas sobre mi pecho, y comenzamos a besarnos en forma apasionada primero, para pasar a besarnos con pequeños besos llenos de cariño y amor después.

"Mi amor. Te pasaste. Gracias por darme tu hermoso culito", dijo mientras me seguía besando delicadamente.

"No, mi vida. Gracias a vos, por darme tu hermosa pija. Me hiciste viajar por todo el universo.", le dije, devolviéndole esos besos tan delicados.

"¿Cuándo pasás a buscarme otra vez?"

"En cuanto pueda, mi vida. En cuanto pueda. Vos también me enloqueciste. Te adoro. Te repito. Me encantó sentir tu pija dentro de mi culito, como le dijiste vos."

"Es la verdad, mi amor. Me encantó tu culito".

Ella salió de encima mío, y nos quedamos los dos boca arriba, mirando el techo, y recién ahí nos dimos cuenta que éste era todo un espejo. Nos miramos nuestras pijas, y con mi mano derecha empecé a acariciar suave y mimosamente su pija. Ella, a su vez, con su mano izquierda empezó a acariciar de la misma forma mi pija. Nos miramos al espejo del techo, nos reímos, nos inclinamos, y nos dimos un hermoso y apasionado beso de lengua de despedida, que ninguno de los dos quería que sucediera. Pero fue de despedida.

Ya nos veríamos alguna que otra vez más.

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