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Jubilada necesita emociones fuertes

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  • Se jubiló, ahora necesita vivir emociones fuertes, sentir la carne joven, disfrutar de las pequeñas perversiones, la rudeza salvaje de ser avasallada y sodomizada, sentirse bien putita

    Ese vienes, último día de trabajo de doña Rosario, encargada de liquidación de sueldos, los compañeros habían preparado un brindis en la oficina como saludo, los más próximos en el bar, un after office recargado.

    Con poco más de 55 de edad y 30 de trabajo, se retira del servicio activo, pero viéndola moverse en un improvisado “perreo” al ritmo del reggaetón pensaría que se equivocó el calendario, los tragos de más y las ganas de divertirse la hicieron el alma de la fiesta.

    El motivo y la animación alargó la festichola mucho más de lo habitual, los invitados se fueron retirando, el encargado del sector me pidió que hiciera el favor de no dejarla conducir en estado, que la llevara a la casa.

    No estaba tan ebria, sino diríamos “bien entonada”, las bromas y juegos los siguió hasta su domicilio, utilizó esa condición para pedirme que la acompañe, risueña dijo que para llegar a salvo.

    -Tomamos un trago, bebé?

    -Mejor un café. No le parece doña…

    -Doña, ¡las pelotas! No soy más tu jefa, la doña quedó en la oficina. Rosario o Nené como me llamas mis íntimos. Sí!, ah lo de bebé es como un mimo, sos todo un macho…

    La seriota mandona quedó atrás, es otra mujer, risa fácil y juguetona, me pidió que hiciera café mientras se cambia de ropas.

    Regresó subida en sus zapatos de tacón alto, medias bucaneras, cubierta con sutil bata celeste que permitía entrever la silueta de dos tetazas libres del sostén, sentó en el sofá cruzando las piernas lentamente al mejor estilo de S. Stone en bajos instintos, el efecto fue el mismo que en la peli. Ella jugaba a seducirme, yo a… ya ni sé a qué, confundido y excitado, quedé absortó perdido en esa visión que me había turbado la razón.

    Rosario manejaba la situación sabía, entendía, comprendía y deseaba sacar el deseo, mostrar el interés por lo que me ofrecía en bandeja.

    -Qué pasó? No me habías imaginado así? Estamos solos, mi marido fue de pesca, vos podes ir “a la pesca” de esta mujer, ¿te animas?

    -Claro, está bien buena.

    -Hmmm… me gusta, no te haces rogar, te voy a hacer sentir cómo no te imaginas.

    Olvidamos el café, ella había puesto “toda la carne en el asador” la sorpresa inicial se derritió cuando Nené comenzó a desprender el pantalón, hacerme una felatio de órdago, una mamada con estilo, sabiendo cómo y dónde accionar los resortes eróticos que me encendían como una brasa. Lamía con ansiedad, su boca era una boa devorando mi carne, sus ojos no perdían el mínimo gesto para acrecentar mi calentura, sabe frotar sus dientes sobre el tronco, encerrar el glande entre sus labios moviendo la lengua hasta el delirio.

    Sabia en manejar los tiempos, me sacó de su boca, sentada en el sofá, abrió las piernas hizo a un lado la tanga, abrió los labios, los dedos navegando en el húmedo nácar de la vagina, me invita a degustar el mar de su deseo. Arrodillado, entre las piernas, lamiendo la herida ardiente de su calentura, saboreando la textura de sus feromonas, cegada por el placer, perdida en el goce producido por mi lengua, me incrusta hasta frotarme con los vellos húmedos.

    El orgasmo la sorprendió, subida en la cresta de la ola contra los acantilados, sacudida y latiendo epítetos, pidiendo más acción, zarandea su pelvis, estruja sus pechos, muerde los labios. Todo a la vez, agitada, temblando, solo aflojó la tensión cuando dejé de asediar su deliciosa cuevita.

    -Vamos, vamos a la cama, no me aguanto, necesito esta cosota dentro…

    Me llevó tomado de la “cosota” sin parar de elogiarla por gruesa y por dureza, que había tenido un amante así de dotado, que ahora está alucinando con tenerlo en su otra boca.

    Era una mujer que sabía lo quiere, directa, me tumbó de espaldas, se tumbó encima, mamando y pajeando a todo dar. Solo se la sacaba para amenazarme con que me mataría cogiendo, que ahora sentiría lo que es una hembra caliente, una perra ardiente.

    -Bebé ahora vas a sentir lo que es una concha bien apretada. Desde el parto me la dejaron más estrecha que antes de parir, todos cuantos pasaron elogiaron esta cualidad, ahora te toca probarla.

    Sin darme tiempo a nada, se ahorcajó, separó los labios y se fue dejando caer, despacio, sentía como esa boca pulposa se abría dejando entrar la verga. La pausa fue solo para sentirla latir dentro, apoyó sus manos en mi pecho, despacio comenzó el subibaja, echando el torso hacia adelante, lento y pausado.

    Es la quietud que precede al huracán, mueve y agita su cuerpo, la dinámica del erotismo en su máxima expresión, sabe gozar y hacer gozar, la pelvis toma el ritmo de los labios vaginales. Es una máquina que succiona mis sentidos, todo nervio, todo lujuria, los gemidos llenan el cuarto de música.

    No afloja, exige y se entrega al placer de dar y recibir, me cuesta seguirle el vibrante ritmo de la cogida, tomé sus tetas con las manos, estrujando y apretando más de lo usual.

    -Sí, sí, así, apriétame las tetas! Sí, fuerte, fuerte, no se rompen, dale, dale! Más, más…

    Galopa en el corcel desbocado de la desmesura, los gemidos se tornan gritos, las caricias nalgadas, todo comienza a girar al son de esta máquina de garche. La naturaleza de la excitación la eleva, agita y sacude en el torbellino del orgasmo, explosivo y contundente.

    Se dejó caer con todo el peso de su cuerpo sobre el pene, un momento de silencio y elevarse para retomar el ritmo, una segunda y otra y otra… vez con el efecto devastador de sus orgasmos llevados al paroxismo sexual, los labios vaginales siguen moviéndose aprisionando la verga.

    Mientras ella dibuja su placer puedo demorar y prolongar el mío, ahora es mi tiempo, las manos bajo las nalgas ayudan a elevarse, sus manos agarradas de los barrotes de la cabecera de la cama ayudan a moverse, contagio el ritmo, un nuevo orgasmo esta en ciernes, mi eyaculación llega a la cúspide de la lujuria.

    -Me voy, me voy mamiiii

    -Apura, apura, más, más voy también...

    Llegamos juntos, el mismo grito, la misma gloria. La pausa, el silencio, la risa sin sentido, la sintonía perfecta. Desmonta del empalamiento, las fauces del carnívoro seso liberan mi verga del encierro, emerge totalmente bañada con el semen eyaculado.

    Sin perderse uno solo de mis gestos comienza a lamer el semen escurrido sobre el miembro, relamió los labios para no perderse una sola gota. Sin solución de continuidad, volvió a mamar, había quedado con sabor a poco, su carne pedía más sexo.

    Ansioso y excitado me tiré sobre sus tetas, sobando, manoseando, alucinado con devorar esas carnes que parecen no sentir el tiempo de uso, nuevamente a mil, empoderado por la potencia sexual que tenemos a los casi veinte años, el físico da para todos los excesos, sobre todo cuando una hembra como Nené aparece como regalo de la vida. La calentura y la incitación a dejar las delicadezas para una novata, ella quiere todo, si rudo y salvaje tiene mejor sabor.

    -Dame vuelta, boca abajo. De perrita me gusta más, puedo moverme y cogerte mejor.

    Arrodillada esperó con las cachas abiertas que fuera a dominarla, tomado de sus caderas, de un solo golpe se la mandé toda, seguía apretadita, complaciente esa queja era su grito de triunfo, el mío enterrarme con la fuerza y potencia de un pendejo que se está haciendo a esta vieja con mejor disposición y ganas que las pendejas de mi barrio.

    Montando, comencé a “darle máquina”, empinado sobre sus nalgas, el peso y la vehemencia del bombeo pudo más que sus piernas, la almohada, doblada, bajo el vientre y se tendió sobre ella para que su sexo estuviera expuesto a pedir de mis ganas. Ahora era tiempo de galopar a todo dar.

    -Dale, dame, dame fuerte, no me vas a romper… tal vez desarrugar… Dame pija guachito lindo!

    Grita, se mueve, se queja, sacude sus caderas al ritmo que impone su calentura, literalmente es ella quien me esta cogiendo, la dejo hacerlo, disfruto esa forma tan viril de coger. El acto se convierte en un revoltijo de emociones, no quien domina, ella moviéndose y apretando los labios vaginales o soy yo que bombea sin compasión, incitado sigo nalgueando al ritmo de la cogida. Las nalgas rojas y con la marca de mis dedos, ella en un ruidoso orgasmo pidiendo mi esencia viril.

    -Vamos bebé, vamos, me vengo, me vengo… Dame mi leche, dame mi leche!!!

    Con esta mujer no hay forma de negarse, pide, exige, disfruta la entrega de mi esperma. El golpe fuerte hasta el fondo en el primer chorro de semen, luego los otros, latiendo en los fuertes labios de la vagina que exprimen como a un limón. Nené me sacó hasta la última gota de leche.

    Perdí la noción del tiempo, pude despegar los ojos, pegado al cuerpo de esta mujer tan especial, el pene erecto a full fregando la vulva la reviven, arquea el cuerpo y se ofrece, gira más hasta ofrecerse para hacer la tijera con las piernas, el miembro se desliza fácil, deslizarse entre jugos y restos de semen, nos movemos despacio, de lado buscando el placer del roce tan sensual. Salió del encastre para ir al baño, al regreso sentada me dio un beso que me comió la boca, y que bien besa.

    Mientras pajeaba para sostener la erección, ja, cómo si hiciera falta!

    -Te quedaste con ganas de más, yo también. Pero ahora quiero que me lo hagas por atrás, me encanta que me hagan el culo, comenzó despacio, lo tengo apretadito pero hace más de dos años que no tengo sexo por ahí, y esta cosota es grosa. Me pongo culo p´arriba y me haces el orto, te lo traje bien limpito…

    No paraba de sorprenderme, se lo había estado tocando y hasta entrando un dedo mientras la montaba pero no me animé a pedirlo, ahora ella me lo entregaba, tan fácil.

    Ya conozco sus gustos, el sexo áspero y rudo, nada de sutilezas durante el garche, la pasión justifica todo, ni me importa ser su sex toy, tampoco la pequeña perversión de hacerme su fetiche sexual, me da todo lo que un joven puede desear, todo un parque de diversiones sexuales dispuesto.

    Nuevamente la almohada eleva el culo en pompa, un par de metidas en la conchita para calentar motores, el dedo jugando con el marrón, saliva y jugos lubrican el aro, el glande hace presencia, empujando suave pero firme, sus manos abren las cachas, presiono hasta que pase toda la cabeza, la pausa para relajarse y comienza el baile.

    Prontamente todo se convierte en un revoltijo de pasiones, gemidos, quejas, gritos, nalgadas, todo al mismo son del bombeo impiadoso y continuado. También puede mover a su antojo el esfínter apretando en la entrada, aflojando en la salida, disfruta la rudeza incesante del bombeo, sus manos accionan en la vagina. El anillo muscular se frunce al ritmo de la excitación de ella, el nivel de calentura es insostenible, los gemidos del orgasmo vibran, reproducidos en el apriete anal, inquieto por no poder sostener la calentura, comienzo el avance final.

    Un par de sonoras nalgadas previas a tomarme de sus cabellos y comenzar a montarla, salvaje y hasta cruel por momentos, inicio esta segunda parte, diría que le tomé el gusto a la pequeña perversión de darle el castigo que me pide, disfrutado, empujo dejando aflorar esa actitud de macho castigador que exige. El momento es tormentosamente sublime, no encuentro adjetivos para reflejar ese momento vivido y sentido por ambos.

    Sentí como un estruendo en mis oídos cuando estalló el primer chorro de semen, solo pude emitir un bufido propio de una bestia en el momento de aparearse. Por influjo de las circunstancias y dejarme llevar por la forma de sentir el acto sexual dejamos aflorar los instintos más primarios, más honesto y auténticos de una pareja en el acto de la entrega incondicional goce.

    Cuando volví a despegar los ojos la mañana es joven, seguíamos en cucharita, volteó para mirarme, su boca volvió a comerse la mía.

    -Llévate el auto para volver a tu casa, cuando despiertes me lo regresas y si tienes ganas… yo también tengo, siempre tengo ganas de más…

    El lunes cuando estaba haciendo café en la oficina, la encargada del sector me preguntó:

    -Cómo lo pasaste?

    Ahí entendí, todo había sido causal, armado por sus compañeras, yo era su regalo de despedida, el premio a su jubilación. Sonreí, nunca se habrían imaginado que para mí, ella era el premio.

    Alguna jubilada tiene algo para decir, te escucho: [email protected]

    Nazareno Cruz

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