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Le pelé el culo con la lengua y el dedo

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  • Me encontré este pedazo de nalga esperando que alguien la usara y yo me tomé la tarea en serio

    Este es un relato que refleja una situación de mi vida real, no es para que nadie me juzgue. El hijastro de mi hermano es futbolista desde que está en la escuela- Se llama Abel. Ha jugado por toda su adolescencia y tiene una piernazas de futbolista, gruesas, lampiñas, tucos de piernotas que terminan con unas nalgas demasiado paradas y grandes, casi como si fueran de una puta operada. Cuando camina una nalga mueve la otra y en su adolescencia me desesperaba verlo crecer como si fuera inalcanzable.

    Finalmente se graduó de la secundaria y ya era todo un hombre rebelde. Blanco, como de 1.75, cuerpazo, cabello castaño, labios rosados y carnosos, usaba dos aretitos y tenía noviecitas correteándolo. Por motivos de trabajo quedó haciendo la práctica profesional donde trabajo en Santiago y allá se quedó conmigo varios fines de semana. Uno en especial había una patronal y fuimos juntos. Ahí lo vi bajando pintas como loco. Yo seguía viendo este muchachón riendo y tomando con sus amigos y solo pensaba en esos nalgones y muslotes. Decidí patrocinarles una botella de whiskey, un billetón me gasté pero que al final valió la pena. Le servía generosamente y ya veía a Abelito trastabillar. Sus amigas estaban cabreadas de la conversación entre hombres y se fueron retirando una por una. Cuando quedamos solo cuatro hombres en la mesa los veía conversar entre ellos y reírse tontamente. Pensé que siendo yo demasiado mayor para ellos, tenían sus vainas y así era. Uno le pasó a Abel un cigarrillito de crispy y pensó que yo no lo había visto. Al rato se acabó la parranda y cada uno agarró para su casa. En el camino le dije a Abel que prendiera el crispy y comenzamos a fumarlo. Cuando llegamos a la casa aún no me había hecho efecto pero si a él y fuerte. Creo que no era el primero de la noche. Se metió al baño a mear y yo esperé un rato sin escuchar nada hasta que me acerqué y entreabrí la puerta del baño. Abelito estaba sentado en la taza del servicio, mirando al piso y en calzoncillos.

    Me le acerqué y lo levanté y lo fui llevando a su cama. Solo de sentir el olor a sudorcito, la marihuana y el guaro me sentía yo súper arrecho. Me le acerqué y sin que se opusiera comencé a besarlo, suavecito, casi como una nenita. Le agarré las nalgas y el paquete pero el casi no respondía, parecía un zombi. Lo volteé y le bajé los calzoncillos, ahí estaba esa nalgona grandotota, dura, casi sin vellitos. Regresé al baño por una toalla mojada enjabonada y una rasuradora. Le separé los dos tucos de piernas y procedí a rasurarle los pocos pelitos que asomaban en su culo.

    No se imaginan la arrechura que cargaba, tanto que el crispy se me pasó de una vez. Metí mi cara entre sus nalgotas y sentí el aroma a macho más rico del mundo. Me pegué a mamarle el culote, demasiado rico ese culo. Abel ni se movía. Le metí dos almohadas debajo y lo levanté para poder seguir comiéndome ese culo con gusto. Le tomé fotos, videos, lo nalguee y le comencé a meter los dedos mojaditos con saliva. La baba la tenía espesa y el culo estaba demasiado apretado, ahí fue que se quejó un poquito pero seguía tirado del batazo y la borrachera.

    Pensé en culeármelo pero así dormido no tenía mucha gracia. Lo que hice fue separarle con una mano las nalgas para verle el ojo del culo y pajearme. La leche se la tiré encima. Me acosté a su lado y le puse una mano en su nalgona y me quedé dormido enseguida.

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