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Noche con un desconocido (2)

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  • Yo miraba por el retrovisor cómo seguían a lo suyo. Empecé a tener una erección al oír a Eli otra vez con sus jadeos además de tener una especie de ataque de celos. Es lo que queríamos, pensaba yo, pero de imaginarlo a verlo y oírlo va un mundo de nervios

    Al salir me di cuenta de que aquella situación ya no dependía de mí. Íbamos camino del coche y ellos dos iban abrazados como novios en celo, besándose sin reprimirse delante de la gente que se nos cruzaba.

    Llegamos al coche y sin tiempo para decir nada, abrieron la puerta de atrás y entraron ellos dos como si se tratara de un taxi y yo el taxista.

    -¿Quieres que demos una vuelta por la ciudad? pregunté a Sergio sin esperar respuesta.

    -Ya veo que estáis bien ahí detrás.

    Pasaban de mí como si no hubiera nadie al volante. Eli estaba entregada a Sergio, quien no dejaba de meterla mano, morreándola, se la estaba haciendo suya y ella jadeaba como hembra en celo.

    Dirigí el coche hacia dónde íbamos a ir en principio, y digo en principio porque a los pocos minutos Sergio con voz nerviosa me dijo...

    -Vamos a mi hotel ahora, tu mujer y yo queremos acabar lo que hemos empezado.

    Con voz entrecortada me atreví a decirle a Eli...

    -Cariño, ¿quieres ir al hotel?

    Ella llevaba su minifalda por la cintura y el top había desaparecido y dijo... quiero y lo deseo.

    -Entonces vamos allá pero quiero que sepáis que también quiero participar.

    Yo miraba por el retrovisor cómo seguían a lo suyo. Empecé a tener una erección al oír a Eli otra vez con sus jadeos además de tener una especie de ataque de celos. Es lo que queríamos, pensaba yo, pero de imaginarlo a verlo y oírlo va un mundo de nervios.

    Llegamos a las cercanías del hotel y aparqué a unos 300 metros de la entrada.

    -Ya estamos aquí pareja, dije esperando que se arreglaran para no dar el cante al pasar por recepción.

    Como en las películas, me aparecían el bien y el mal sin cesar...

    ¡Es lo que deseabas desde hace tiempo, déjala disfrutar con este tío, total ella ya está entregada y tú los verás en vivo...!

    ¡Aún estás a tiempo de parar esta locura, sólo tienes que decirles que no te sientes bien con lo que ves...!

    Mi erección y mis latidos querían que subiéramos al hotel pero mi cabeza no, no, no... ¿Voy a dejar que un tío que hemos conocido hace apenas dos horas se folle a mi mujer? Y una vez en la habitación del hotel ¿qué? ¿Me masturbaré mirándolos?

    Ingenuamente me autotranquilicé pensando... Eli dijo que no habría penetración...

    Abrí mi puerta del coche mirando a los amantes y les ordené como pude que salieran para continuar en la cama porque ya veía que no me hubieran hecho ni caso si les hubiera dicho que se acababa ahí la historia.

    Se medio arreglaron y salieron del coche y sin dejar de abrazarse entramos en el hotel, saludamos tímidamente al recepcionista y cogimos el ascensor en total silencio. Durante los escasos minutos que tardamos en entrar en la habitación de Sergio, ellos volvieron a morrearse mientras yo los miraba con ganas de unirme a su pasión pero mi momento no era ese, esperé que llegara en breve.

    Llegamos a la puerta de la habitación y Sergio la abrió sin soltar a Eli.

    Ya nada volvería a ser como antes entre Eli y yo desde ese momento.

    Por mi cabeza pasaban imágenes de mi mujer dando y recibiendo placer carnal con sus anteriores amantes. Imaginándola en Cap d'Agde entregándose a varios hombres a la vez delante de su pareja.

    Sentía que la estaba perdiendo, pero ya nada podía hacer más que reconocer que si quería seguir con ella, debía aprender a compartirla.

    Cerré la puerta y dejé a los amantes entregados a su pasión limitándome a observarlos.

    Serví unas copas y me acomodé en el sillón mientras ellos se besaban y magreaban.

    -Pareja, ¿queréis brindar por este momento tan ardiente?

    -Claro que queremos dijo Eli acercándole la copa a Sergio. Me levanté y me acerqué a ellos. Eli me besó con ese brillo en los ojos que solía tener cuando sentía la ilusión de que algo maravilloso iba a pasar y me dijo al oído...

    -Quiero que mires cómo me entrego a él porque es lo que ambos habíamos deseado desde hace tiempo.

    -Dijiste que no habría penetración y ahora me dices que te vas a entregar a él... ¡eres una zorra! dije rabioso y enrojecido de celos.

    -Te prometo que lo vas a disfrutar tanto como nosotros, dijo ella acariciándome el paquete.

    -Y como sentencia final, me dijo...

    -Si crees que no lo vas a poder soportar... puedes esperarme en el coche, pero no creo que resistas más allí que aquí viéndonos, tonto, te quiero...

    Por un momento, sentí la necesidad de salir corriendo para no ver la realidad de lo que allí iba a pasar.

    Sergio se iba a follar a Eli, mi mujer.

    Sergio me miró y sin cortarse un pelo espetó... vas a ver como disfruta tu mujer en manos de un corneador.

    Como de una orden se tratara, volví al sillón con mi copa y miré embobado cómo volvían a besarse, magrearse.

    Eli volvía a jadear de deseo en brazos de su amante, quien acariciaba sus pechos por encima del top que no podía ocultar sus pezones pidiendo ser lamidos, pellizcados, mordidos.

    Como si lo hubiera hecho siempre, Sergio desabrochó la minifalda de mi mujer sin dejar de comerle la boca, los hombros mientras ella no dejaba de gemir de deseo.

    Observé que ella ya no llevaba el tanga de hilo y comprendí que se lo había quitado Sergio en el coche.

    La mano de él llegó al coñito de Eli con sus labios carnosos. No había ninguna duda de que estaba empapada de flujos de deseo por lo que el amante introdujo dos dedos en su interior provocando un grito de placer en mi mujer. Luego fueron tres dedos, cuatro... Eli se agachó y sacó de su prisión el pene de Sergio que luchaba inútilmente por salir aún con los pantalones puestos. Bajó la cremallera y sus pantalones cayeron hasta los pies y los ojos de mi mujer estaban abiertos como los de un niño al ver su regalo de cumpleaños. Sin mediar palabra, Eli bajó el bóxer de su amante y sonrió mirándome de reojo como diciéndome... mira lo que me voy a comer, cariño... ummmm.

    Sergio le decía...

    -¿Te gusta la polla de tu macho putilla?

    Ella se limitó a besarla, lamerla por un lado y otro volviendo a mirarme de reojo.

    A Eli cuando está muy caliente le gusta una barbaridad que le digan putilla y otras palabras así porque se sentía muy puta, la más puta.

    Aquello que mis ojos veían me provocó una tremenda erección y sin dudarlo me quité los pantalones y el slip y me empecé a masturbar.

    -¡Cómeme la polla como sólo tú sabes puta!, decía Sergio. -¡Te la voy a clavar hasta donde nunca ha llegado nadie y te vas a tragar la leche, mamona!

    Eli se llenó la boca de carne a la orden de su amante al tiempo que masturbaba aquél pedazo de tranca de casi veinte centímetros.

    Yo seguía a lo mío, meneándomela mientras sentía mi corazón que estaba a punto de estallar viendo y escuchando a aquel macarra tratando a mi mujer como una puta, que en realidad es lo que a ella le gustaba.

    Ahora él también jadeaba mientras Eli le masturbaba y comía su envidiable polla, ya enrojecida.

    -¡Levántate puta!, ordenó el macarra. Ella obedecía porque ya estaba entregada del todo. Le quitó la camisa a su amante y él hizo lo mismo con el top de ella, quedando únicamente con sus tacones.

    Sergio se echó boca arriba en la cama y mi mujer sabía qué tenía que hacer. Se colocó en posición de 69 y se comían, mejor dicho, se devoraban sus sexos.

    Yo estaba a punto de correrme, así que tuve que parar de masturbarme unos minutos en los que aproveché para desnudarme del todo esperando a ser invitado a la fiesta.

    Sergio sólo podía decir...

    -Así zorra, así puta... ohhhh qué bien la comes mamona... la de pollas que te habrás comido para hacer estas mamadas pedazo de puta!!!

    Eli con la boca bien llena de polla apenas podía emitir unos apagados aunque insistentes gemidos.

    Puedo asegurar que lo estaban disfrutando a tope y sinceramente, yo también ya volviéndome a masturbar.

    Cambiaron de postura. Él se sentó apoyando su espalda en el reposacabezas de la cama y ordenó a Eli que se sentara encima de él.

    -¡Eres mi puta esta noche!

    Ella abrió sus preciosas piernas y obedeció.

    Se besaron como si nunca lo hubieran hecho, se comían los morros mientras el macarra azotaba las nalgas de mi mujer y ella gritaba sin importarle el resto del mundo... ni yo, que estaba a un metro masturbándome.

    Él mordisqueaba los pezones de mi mujer como si supiera que eso la volvía loca sin cesar de azotar sus nalgas ya enrojecidas.

    La cogió de su media melena rubia y acercó su cara a la de él y le ordenó que se montara en su polla.

    ¡¡¡Eres mi puta y esta noche vas a tener una polla de verdad en tu coño y sentirás mi leche muy adentro de tu coño pedazo de golfa!!!!

    Ella no aguantaba más y cogió aquel pene ardiente y lo colocó en la entrada de su dilatado coñito, ese coñito que me volvía loco.

    Pude ver cómo iba desapareciendo en su interior mientras bajaba hasta los huevos de Sergio.

    Yo, tímidamente me atreví a decir...

    -Tengo condones...

    Ni caso, mi mujer había perdido la razón, no era ella, era una inconsciente entregada al abismo de la lujuria.

    Yo sólo pedía que no tuviera contagio de sida.

    Ya estaba, mi mujer era la mujer de un macarra que la trataba como a ella le volvía loca, como una auténtica puta y eso a mí me provocó una copiosa corrida que descargué en mi mano mientras oía a Eli jadear, gemir, gritar y decir a su amante...

    -si si si uffff amorrrr neneee qué gustazooo que pollaaa amorrrr...

    La veía subir y bajar con esa polla dentro y aquel tío comiéndole las tetas mientras botaban en su cara.

    -Cómo te gusta mi polla puta!!!

    -Siii Siiiii... Te quiero Sergiooo mi amorrr Soy tu putaaa follameee asiiii cielooo Soy tuyaaa Asiiii ahhhh

    Mi mujer se estaba corriendo con la polla de un tío que había conocido esta noche y yo me había corrido viéndolos a un metro de distancia.

    Sentí un ataque de cuernos muy fuerte por lo que fui al baño a limpiarme.

    Estuve unos minutos despejándome sin dejar de oírlos. Me veía desnudo en el baño de un hotel pero no podía quedarme ahí, sólo, sabiendo que mi mujer estaba gozando con otro hombre.

    Volví y la escena era la misma de minutos antes. Ella montada encima de Sergio con los ojos en blanco suplicando más y más. Él al verme sonrió como corneador que demuestra al cornudo cómo se satisface a una hembra.

    Me senté en el sillón y a los pocos minutos sentí una nueva erección al ver a Eli con las nalgas rojas y los pezones a punto de estallar.

    Me volví a acariciar la polla así como con otra mano pellizcaba mis pezones.

    Eli se levantó de la cabalgadura de su amante muy despacio, como no queriendo vaciarse de esa polla ardiente que tanto placer le estaba dando. Entonces Sergio le ordenó que se pusiera a cuatro patas.

    Obediente como una puta sumisa, ella se giró y se colocó en la posición que había ordenado su follador.

    -Y ahora tú, marido cornudo, abre bien los ojos porque vas a ver cómo esta polla que tanto le gusta a tu zorrita, la vuelve loca cuando me la folle y la sienta hasta donde nadie ha llegado y menos tú.

    Eli esperaba ansiosa a su macho y yo deseaba más que nunca verla gozar con él mientras seguía masturbándome.

    La cogió por las caderas y ví cómo aquel mástil de carne caliente se paseaba por la raja del culo de mi mujer, arriba y abajo, rozando su coño a cada movimiento. Luego se la cogió con una mano y rozaba su punta con los labios de Eli que más se parecían a un mejillón grande por tanto roce y anteriores penetraciones.

    -Mira bien, cornudo, fíjate cómo disfruta tu recatada mujercita con un macho de verdad que sabe sacar la puta que lleva dentro.

    No podía dejar de mirar su polla desapareciendo en el coño de Eli otra vez. La metió hasta el final y ella gritó rabiosa de pasión...

    -Siii Ahhh Ohhh Dameee. Soy tuya neneee

    -¿Te gusta esto verdad puta? ¡¡¡Cómo disfrutas con un macho de verdad!!! Así puta, dile a tu maridito lo que es sentir un verdadero macho dentro... Díselo puta!!!

    -Siiii Auuughhh

    -Díselo puta, díselo!!!

    -Siiii José... Aughhhh mira cómo me folla... Soy su puta José... Dame más Sergio amorrrr te quiero neneee

    Yo estaba a punto de correrme otra vez así que dejé de masturbarme y acerqué una mano para acariciar a

    Eli, sus pechos bailando a cada embestida de su macho. Me senté frente a su boca y me cogió la polla y empezó a masturbarme al ritmo que marcaba Sergio con su mete-saca.

    Ella me sonreía feliz. No sé si por poder estar con los dos a la vez o porque yo fuera tan complaciente y dejar que Sergio la estuviera follando como a una perra.

    Me dijo que se había corrido varias veces teniendo su polla dentro y otras tantas en el coche.

    -Cállate y come, puta, ordenó el macarra.

    Ella, obediente, siguió haciéndome una mamada que no olvidaré nunca porque a cada embestida de Sergio se le introducía un poco más mi polla en su garganta.

    Aquél tío parecía no tener límite con su polla dentro de mi mujer. Ella me miraba con los ojos en blanco sin dejar de comerme la polla.

    De soñar con follar con otro a tener a su marido y a otro hombre follándosela no era de extrañar que perdiera el mundo de vista.

    Sergio parecía llegar a su límite y empezó a embestirla cada vez más fuerte azotándole más salvajemente sus nalgas, cosa que a ella le hacía mucha gracia porque a cada azote sonreía.

    -Yaaaa puta Yaaaa

    -Siii cielo dámela toda neneee Lléname toda amorrrr

    Sergio descargó toda su virilidad dentro de mi mujer arrancándole la sonrisa más bonita que le he visto en la vida. Eso provocó que yo también me corriera en su boca.

    Quedamos inmóviles los tres, exhaustos, vacíos. y ambos sonrieron

    Sergio seguía dentro de mi mujer, ella relamiéndose de mi semen en su boca y yo con las piernas temblando.

    Tardamos varios minutos en recuperarnos.

    Me levanté de la cama y me dirigí al baño a lavarme.

    Al volver, los amantes seguían en la misma postura. Ella a cuatro patas y su macho dentro. Al sacarla, cayó un reguero de esperma del coño de Eli, quien dio un alarido final al salir la polla del todo.

    Mi mujer acercó su cara a la de él y ambos sonrieron felices, besándose como verdaderos enamorados.

    Me coloqué al otro lado de ella mientras ellos se decían cosas como...

    -¿Te ha gustado verdad, preciosa?

    -Claro que me ha gustado tonto, eres un amante de primera y ser tu puta... ha sido maravilloso.

    -Me ha gustado mucho veros así de ardientes a los dos, dije ya calmado.

    -Y para mí ha sido un inmenso placer que vinierais a mi cama, de verdad os lo digo.

    -Pues para mí ha sido genial tener a dos hombres para mí solita... ummm

    Eli se levantó y fue al baño a ducharse y me quedé a solas con Sergio en la cama, qué cosas, yo en la cama con este tío que se acababa de follar a mi mujer.

    -Tienes una buena polla, le dije.

    -Sí, eso me dicen todas y tú eres el primer tío que me lo dice jejeje

    -Te felicito por la mujer que tienes, es una hembra de primera, hermosa, dulce, caliente y está buenísima, por eso me fijé en ella en el bar.

    -Tú le gustaste mucho en el bar, por eso te dije que te acercaras.

    -Ya sabía que erais morbosos pero no imaginé tanto.

    -Vaya!!! Veo que ya sois buenos amigos jejeje, dijo Eli al volver del baño.

    -Sí, ya ves, dos hombres en la cama jejejeje

    -A ver si os vais a liar entre vosotros y tendré que quedarme a mirar jejejeje

    -Nunca se sabe, dije yo jejejeje

    -¿Nos vamos? dijo Eli.

    -Sí, cariño. Me aseo un poco y nos vamos.

    Me dirigí al baño dejando a mi mujer sentada en la cama con Sergio desnudo con toda su polla al alcance de Eli.

    En los pocos minutos que pasé en el baño, me extrañó no oírles hablar.

    Cuando volví comprendí por qué.

    Mi mujer se estaba despidiendo de su amante regalándole una mamada que duró más de diez minutos.

    Sergio me miraba con cara de felicidad haciéndome un gesto como diciéndome que era iniciativa de Eli, a lo que le respondí con otro gesto, levantando el pulgar.

    Nuestro amigo jadeaba nuevamente con los chupetones de mi mujer que no cesaba de masturbarle al mismo tiempo.

    -Sigueee Ohhhh Siiiii Putaaa Sigueee

    -Joder, qué mamona la tía. Cómo te gustan las pollas putaaaa

    Siiiii Siiii Asiiii mamonaaa

    Yaaa Yaaaa Yaaaaa El regalo de despedida acabó llenando la boca de Eli, de donde caía a los huevos de Sergio.

    De repente y no sé ni cómo ni por qué, acerqué mi boca a la de mi mujer y nos besamos regalándonos la leche del hombre que la había follado tan a gusto.

    Sergio no daba crédito a lo que estábamos haciendo.

    -Esto no lo había visto nunca y estoy alucinando, sois la leche los dos uffff

    Nos limpiamos con la toalla y dejamos a Sergio atónito y sin palabras.

    Nos despedimos dejándolo agotado en su cama de hotel y Eli le dio un último beso en la polla como agradecimiento por aquella noche inolvidable.

    De regreso a casa Eli me acariciaba como una enamorada y nos sonreíamos.

    Cualquier ataque de celos y cuernos quedó en el olvido.

    Llegamos a casa y nos metimos en la cama y al poco Eli recibió un sms de Sergio dándole las gracias por ser suya esta noche y a mí por compartirla.

    Sergio pasó a ser un buen amante también en MSN donde contactábamos a menudo compartiendo ardientes momentos con otros hombres a quien él mismo deleitaba contando su experiencia con nosotros.

    Él y Eli mantuvieron también contacto por teléfono con apasionadas conversaciones que tuve la suerte de compartir y otras en que no estuve presente. Siempre se desearon y creo que siempre será así.

    Desde esa noche inolvidable, reconozco que nuestra relación no ha sido ya la misma de antes. Entendí que Eli no es mía ni de nadie y si su cuerpo ha sido de otros, doy por sentado que seguirá siendo así y debo compartirla si quiero seguir con ella. Es una hembra caliente como ninguna y no la voy a cambiar.

    Desde aquella noche chateamos juntos con hombres que la desean y los afortunados que la hacen suya saben desde el principio que es mujer casada y que yo debo estar presente aún sin participar si se diera el caso. Es así como somos felices y espero que sea así por muchos años.

    FIN

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