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Lobas (El ermitaño)

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Un viernes por la tarde, estaba Diana en un bar con una amiga, rubia como ella y con un cuerpo que quitaba el hipo. Las dos estaban contentillas. Diana, le preguntó:

-¿Crees en los hombres lobo, Soraya?

-Todos los que conozco comen más con la vista que con la boca.

-Me refiero a un hombre lobo de verdad.

-Esas criaturas no existen. Existen los vampiros.

-¿Y dónde los has visto tú?

-En el banco.

-No estoy de broma. Yo conozco uno.

-¿Cómo se llama?

-Saulo, y es tío mío.

-¿El ermitaño? ¿Ese que dicen que vive en La Montaña del Diablo?

-Ese. Follé con él y volveré a follar. Es una bestia metiendo y sacando.

Soraya, le echó un trago al gin tonic, y después le dijo:

-¡Qué poco aguantas la bebida, cariño!

-Nada tiene que ver la bebida con lo que te estoy diciendo.

Soraya, con tono burlón, le dijo a Diana:

-Hoy comienza la fase de luna llena. ¿Vas a ir a follar con el hombre lobo?

-No follé con él de noche, follé con él de día.

-Claro, claro. No cojas la moto para volver a casa, hazme caso. ¿Quieres que te acerque yo?

-Sí, esta noche no me gustaría estar sola. Puede que el semen que depositó dentro de mi haga que me transforme en mujer loba. Quisiera que me ataras a la cama por si eso ocurre.

-Original.

-¿Lo qué?

-La manera de decirme que quieres follar conmigo.

-No quiero follar contigo.

Soraya no la creyó y fue al ataque.

-¿Desde cuándo te gusto? Tú a mí me gustaste desde la primera vez que te vi.

-No me gustas como mujer, bueno, sí, -se puso colorada- me gustas, pero no soy lesbiana.

-Ni yo, bueno un poquito, ¿Pero no somos todas las mujeres un poquito lesbianas?

-Supongo que sí.

-¿Dejarías que te hiciera el amor?

-No sé, puede que no, o puede que sí.

-Yo ya hice algún dedito pensando en ti. ¿Y tú?

-Pensando en ti, no.

-¿Y en otra chica?

-Sí.

-¿En quién pensaste la última vez?

-¡A ti te lo voy a decir!

-Te digo con que amiga nuestra me acosté si me dices tú en quién pensaste.

Diana era demasiado curiosa. No se lo pensó dos veces.

-En Sonia. Pensé en Sonia cuando me hice el último dedo.

-Yo me acosté con ella.

En la boca de Diana se dibujó una hermosa sonrisa.

-¡¿De verdad?!

-De verdad de la buena.

-¿Es dulce en la cama?

-Sí, su chochito sabe a miel de colmena. Tengo unas ganas locas de comerte el tuyo. ¿Te llevo a tu casa?

-Lleva.

Diana, que trabajaba de modista, vivía sola en una casita que alquilara a las afueras del pueblo. La casita estaba al lado de un monte, y allí la llevó Soraya en su moto.

Diana, al entrar en su habitación, le dijo a Soraya, que la había cogido por la cintura y la besaba en el cuello:

-Hueles a pecado.

-Soy un pecado húmedo, muy húmedo -le giró la cabeza con tres dedos y la besó- un pecado que te va a hacer pecar.

Soraya le bajó la cremallera del vestido. Le quitó el sujetador y le magreó las tetas mientras seguía besando su cuello y sus labios. Le quitó las bragas, se agachó, la cogió por la cintura, y le lamió el periné y el ojete. Diana abrió las piernas y Soraya le pasó la lengua desde el coño hasta el ojete. Al rato, Diana, se dio la vuelta y Soraya le comió el coño a conciencia. Después se levantó, comió sus tetas y la besó... Al rato, Diana, desnudó a Soraya y le comió las tetas, unas tetas con grandes areolas rosadas y gordos pezones... Se agachó y le comió el coño. Al levantarse y después de volver a besar a su amiga, se echó sobre la cama. Soraya la volvió a besar y a comer las tetas... Metió su cabeza entre las piernas y comenzó a comerle el coño...

Ya estaba a punto de echar por fuera, cuando le dijo Diana:

-Átame, cielo, átame no vaya a ser...

Soraya, con una sonrisa en los labios, le dijo:

-¡Qué viciosilla eres!

Con cuatro cintas la ató de pies y manos a la cama de la habitación, y le dijo:

-Vas a saber lo que es bueno. Voy a hacer que te corras seis o siete veces.

Media hora más tarde, llegó la noche, y con ella la luna llena...

Soraya le comía el coño y le acariciaba las tetas cuando Diana se empezó a convulsionar. Pensó que se estaba corriendo otra vez, (ya se corriera tres veces en su boca) y siguió lamiendo. De repente vio que le salían unos grandes pelos rubios en las piernas. Levantó la cabeza y vio como le aumentaban de tamaño las tetas, los muslos, como le salían unas uñas que se hacían garras... Horrorizada, quiso gritar, pero la voz no le salía de la garganta. Quiso moverse. El miedo la paralizaba. Al rato, Diana, con la cara y el cuerpo cubiertos de pelo, y con unos grades colmillos que enseñaba al gruñir, rompió las ataduras. De un salto salió de la cama. Soraya, se desmayó. Al verla como muerta sobre la cama. Diana, desnuda saltó por la ventana y se perdió en medio del monte.

A la mañana siguiente, Diana, despertó con el cuerpo ensangrentado. Al lado de ella tenía a un jabalí, al que le faltaba un trozo del muslo y que estaba destripado. Volvió a su casa. Tuvo suerte. Nadie la vio. Soraya ya se había ido.

Estaba a punto de caer la noche cuando Diana llegó a la cueva del Ermitaño. Metió la moto dentro. Saulo no estaba. Se desnudó. Sabía que no tardaría en transformarse. Así fue, al rato aullaba:

-¡¡¡Auuuuu!!!

En la entrada de la cueva apareció El Ermitaño transformado en hombre lobo. Era un bicharraco de casi dos metro. La mujer loba, al verlo, saltó sobre él. El hombre lobo no le iba a hacer daño porque era hembra. La agarró fuertemente. La puso a cuatro patas. Le agarró las tetas con las garras e hizo amago de clavárselas. La mujer loba gimió como una perrita sumisa. El hombre lobo, con su tremenda tranca erecta, le puso sus brazos sobre la espalda y se la clavó hasta el fondo. La loba echó la lengua fuera y comenzó a jadear... Cuando el hombre lobo se corrió dentro de la mujer loba, le clavó las garras en la espalda, y aulló:

-¡¡¡Auuuu!!

Después de follar, el hombre lobo salió de la casa y la mujer loba lo siguió. Poco después se unía a ellos una manada de lobos.

Saulo y Diana despertaron uno al lado del otro, en la cueva. No se acordaban de nada de lo que hicieran, pero al estar cubiertos de sangre, Saulo, supo que le había jodido la vida a su sobrina.

-Lo siento, Diana. No fue mi intención...

-No lo sientas. Estuve leyendo sobre los licántropos y somos inmortales.

-Cambiarás de idea. La nuestra no es vida, es una aberración.

-Las noches de luna llena, el resto del mes podemos vivir como reyes con tu herencia. Te he traído ropas limpias para que vuelvas a la ciudad.

-Iré contigo. Te lo debo. Ahora vamos a lavarnos a la fuente.

Las portadas de los periódicos del quiosco del pueblo llevaban una foto con una noticia en letras grandes: "HIJO DE GRANJERO FOTOGRAFÍA UNA MUJER LOBA COMIENDO UN CERDO EN LA GRANJA DE SU PADRE".

En su casa, Soraya, cogia alguna ropa y la metía en una bolsa con la idea de ir en busca de su amiga Diana y su tío.

Saulo y Diana sintieron el ruido de una moto subiendo los caminos de tierra de la ladera de la montaña y se taparon los oídos. Al llegar al lado del pequeño huerto, Soraya, se bajó de la moto, quitó el casco y unos tapones que traía en los oídos, y les dijo a Saulo y a Diana que estaban comiendo una sandía:

-¡Familia de monstruos! Me habéis condenado a una vida de perros.

Saulo, miró para su sobrina, y le preguntó:

-¿Te acostaste con ella?

-Se acostó ella conmigo.

-¡Tenías la rabia y no me lo dijiste, zorra!

-Te dije que podría estar contagiada.

Soraya, se abalanzó sobre Diana, diciendo:

-¡Te voy a hacer un traje de hostias, puta!

Diana la recibió con un puñetazo en el estómago.

-¡Y una mierda, come coños!

Se enzarzaron a hostias. Luego, a tumbos por el suelo, se rompieron las ropas y las bragas, después, ya medio desnudas, al tirarse de los pelos, sus bocas se rozaron. Se escupieron a la cara una a la otra. Volvieron a dar tumbos pegadas como lapas. Sus tetas y sus coños se rozaban. La pelea las excitaba, ya que las dos tenían el interior de los muslos húmedos, y aquello, sudor no era... Cuando ya estaban calientes, en los dos sentidos, Saulo, las separó.

Las dos muchachas intentaban zafarse de Saulo para seguir dándose de leches, aunque yo creo que lo que se morían era por comerse las bocas, las tetas, los coños, se morían por comérselo todo.

Diana, con los ojos inyectados en sangre, una teta fuera de la camisa y con las bragas en los pies, le dijo a Saulo:

-¡Suéltame que la como!

Soraya, con las dos tetas al aire, el vestido rasgado, el coño al aire y cara de abrevada, le dijo a Saulo:

-¡Suéltala, suéltala que me la zampo!

-Tenéis toda una eternidad para pelearos.

Lo de la eternidad calmó a Soraya. Le preguntó a Saulo:

-¡¿No moriremos nunca?!

-Si en fases de luna llena venimos a la cueva, no.

Los ánimos se fueron calmando, y más se calmaron cuando les dijo Saulo:

-Estáis escandalosamente sensuales.

Diana, le preguntó:

-¿Quién está más apetitosa?

-Ella.

Soraya le dijo a Diana:

-¡Jódete!

Saulo no dejó que la cosa fuese a más.

-Haya paz, haya paz. Dije que estás tú más apetitosa porque a mi sobrina ya la caté, pero estáis igual de sensuales. Lo que no sé es cuál de las dos folla mejor.

Soraya miró para el Pecho lobo. Le gustó lo que estaba viendo. Le dijo:

-Eso tiene fácil solución, si ella quiere. ¿Podrás con las dos?

-¿Te apetece un trío, Diana?

Diana, mintió.

-¡No! Que te folle ella primero. Yo te follo después y comparas.

Se metieron en la cueva. Saulo se desnudó y se echó sobre la cama. Iba a dejar hacer.

Soraya se desnudó. Subió a la cama de piedra. Le cogió la verga a Saulo, la descapulló, le lamió la cabeza, se la mamó mientras se la meneaba, luego lamió de los cojones al glande, mirando para Diana, que se había sentado en una piedra. Diana la miraba a ella. Ya no había rencor en sus miradas. Había otra cosa. Soraya se dio la vuelta, le puso el coño en la boca a Saulo y le siguió mamando y masturbando la verga.

Diana, sin dejar de mirar a Soraya, se metió dos dedos en el coño y se masturbó... De vez en cuando, sacaba los dedos del coño, los llevaba a la boca y los chupaba mirando para su amiga. Soraya sacaba la lengua y lamía los labios, lo que ponía a Diana aún más cachonda de lo que ya estaba.

Al rato largo, Soraya, se volvió a dar la vuelta, le dio las tetas a mamar a Saulo, después cogió la verga y pasó la cabeza por los labios con ella y luego metió la cabeza. Un gemido escapó de su boca al tenerla dentro.

Diana, subió a la cama. Le olió el culo a Soraya. Se lo lamió y se lo folló con la punta de la lengua sin dejar de masturbarse. Le quitó la polla del coño y se la puso en la entrada del ojete, Soraya empujó y metió la cabeza, Siguió metiendo. Cuando iba por la mitad, se la volvió a sacar y se la llevó al coño. Los gemidos de las dos muchachas anunciaban que sus orgasmos estaban muy cerca. Diana dejó a Soraya y le puso el coño en la boca a Saulo, Soraya, al ver como se lo comía sintió que se venía. Saulo lo notó y le dio caña al estilo motosierra. Soraya se corrió inundándole de jugo la verga y los cojones.

Al acabar de correrse Soraya, le dijo Diana:

-Aparta.

Soraya se quitó de encima. Diana, dándole la espalda a su tío, metió la verga en su coño. Estaba tan cachonda, que fue meterla, echar el culo hacia atrás una docena de veces y empezar a correrse. Saulo sentía como el jugo de la corrida de su sobrina, anegaba sus cojones cada vez que se abría y se cerraba apretando su verga. No aguantó más y le lleno el coño de leche.

Fue una tarde muy larga y de muchos orgasmos. Ellas se corrieron como lobas y Saulo como un lobo.

Se agradecen los comentarios buenos y malos.

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