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Nuestra amiga argentina liga en el gym con una madura

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  • En ese momento me empieza a acariciar el brazo, yo me quedo inmóvil, así, sin hablarnos estuvo un rato, acariciándome el brazo, el pelo, y yo nada, luego me acaricia la cara, la miro con una sonrisa obligada, no se la quería hacer fácil, me pone las dos manos en las mejillas, e intenta besarme

    Hola hermosos,

    Resulta que en el gym, hay una mujer que yo le calculaba 45/50 años (después me dijo que tenía 48), muy buen cuerpo para la edad que tiene, unas tetas ¡enormes! que siempre me miraba, más que un hola y a veces salíamos y caminábamos juntas un par de cuadras, pero nada más, yo siempre presentía que algo me quería decir pero no se animaba.

    Hoy salimos juntas del Gym, y la verdad que la busqué yo, no lo voy a negar, ¡no sé porque soy así!, le digo “que lindo para tomar un cafecito”, y me dice “dale, vamos, busquemos un barcito con mesas afuera al sol así nos fumamos un puchito”.

    Caminamos unas cuadras y no encontramos ningún barcito así, entonces me dice si no quiero ir a tomar el café a su casa que ya estábamos a la vuelta, le dije que sí, ¡no había motivos para decirle que no!, ¿ven? ¡Eso es lo que me pasa!, soy buscona, encuentro lo que quiero y me empieza a matar esa adrenalina de no saber lo que va a pasar, porque yo estaba segura ¡que era lesbiana!

    Llegamos tomamos un café hablamos boludeces, hasta que ella empieza a sacar el tema, me pregunta si yo estaba de novia le digo que sí, y le pregunto cómo era su vida y me dice que estuvo en pareja hasta hace poco… pero con una mujer… si eso me molestaba, le digo que no que cada uno hace lo que quiere.

    Me empecé a calentar solita, ya sabía lo que venía, sentía como me iba mojando de solo pensar que me iba a dejar coger por esa mujer mucho, mucho más grande que yo, y con muchas más experiencia que yo, ¿cómo sería?, ¡me preguntaba mil cosas!

    Tuvimos un diálogo que más o menos fue así:

    Ella: ¿nunca estuviste con una mujer?

    Yo: no nunca (quería que me sedujera, que me convenciera, que pensara que iba a ser mi primera vez con una mujer, todo ese juego me calentaba)

    Ella: ¿nunca pensaste en probar?

    Yo: ¡no! ¡Jamás!, yo solo salgo con mi novio (jeje)

    En ese momento me empieza a acariciar el brazo, yo me quedo inmóvil, así, sin hablarnos estuvo un rato, acariciándome el brazo, el pelo, y yo nada, luego me acaricia la cara, la miro con una sonrisa obligada (no se la quería hacer fácil), me pone las dos manos en las mejillas, e intenta besarme, yo no abrí la boca, así tres veces. Hasta que abrí un poco la boca y bastó para que me besara con su lengua, nos besamos suavemente con la lengua, mientras ella empieza a acariciarme las piernas, y no tardó mucho en apoyar su mano en mi concha.

    Ahí es como que me sobresalté la miré, y me dice, “déjame probar, vas a ver que te va a gustar, no te vas a arrepentir”, le contesté con un beso, me empieza a meter la mano por debajo del jogging hasta que me toca la conchita, vio que estaba mojadita, me dice “¿ves que te gusta?, hoy vas a saber lo que es gozar ¡con una mujer!”, y le digo que sí, que quiero saber cómo es, ¡que me haga gozar!

    Me lleva a su cuarto, me saca el jogging, la bombachita, yo me saco la remera, ya estaba desnudita, y me empieza a chupar la conchita, que bien lo hizo, ¡cómo le gustó!, me decía “que concha hermosa que tenés pendeja, te la voy a comer toda, vas a gritar de placer”, y mientras me metía sus dedos, mis gemidos y mis movimientos empezaban a aparecer, diciéndole que me gustaba lo que me estaba haciendo.

    Siguió un rato hasta que me hizo acabar, ella se termina de sacar la ropa, nos quedamos acariciándonos en la cama, nos rozábamos nuestras conchas, le bese las tetas, por dios, ¡que tetas tiene esta mujer! me lleva mi cabeza para que le chupe su conchita, yo nunca le había chupado la conchita a una mujer de esa edad, como gozaba, me pedía que le metiera más la lengua, los dedos, ¡cómo se movía! Hasta que ella ¡también acabó!

    Se levanta, se pone un arnés, me dice que no me asuste (jaja como si nunca me hieran cogido con eso), pero esa pija ¡era muy grande! le digo que no, que no me voy a asustar, me lo pone en la boca y empiezo a chupar como una putita, y me decía chupa putita chúpala, yo le hacía caso, todo eso veía que a ella la calentaba mucho, pero casi no me entraba en la boca, pensaba con esa pija la colita ¡me la destroza!

    Me pide que me ponga en cuatro, me besa la cola, con mucha dulzura, me acaricia, me tocaba la conchita, yo ¡ya estaba a mil!, me gusta estar con mujeres porque son más dulces, saben cómo hacer para que una ¡se caliente!! Y esta mujer sabía muy bien cómo hacerlo.

    Estuvimos así un rato hasta que siento que me empieza a poner un gel en la cola, me mete los dedos con este gel, yo gemía, gozaba, me preguntaba si me gustaba, le decía que sí, ¡que me gustaba!

    Una vez que tenía la cola dilatada me empieza a coger por el culo. “¡Despacio!” Le grito, me la empieza a poner de a poco, como me gustaba, me dolía pero me gustaba, y me la terminó poniendo toda, me la ponía y me la sacaba, me decía “pendeja preciosa, ¡cómo te gusta que te coja!”, yo le decía que si ¡que me gustaba!, “como te voy a coger”, me decía.

    Bueno la cosa es que me cogió en otras posiciones, me hizo acabar varias veces, hasta llegué a eyacular otra vez, pero esta vez fue gracias a ella, supo cómo hacerme eyacular la hija de puta, como me hizo calentar, ¡quedé temblando!

    Nos quedamos en la cama desnudas un rato, me decía que hacía mucho que no se cogía una pendeja como yo, que la volví loca, que me va a querer coger mil veces más, que se dio cuenta lo que yo gocé.

    Lo cuento porque para mí es algo nuevo, yo me acosté con chicas, pero de mi edad, nunca con una lesbiana, lesbiana como esta, y la verdad es que me puso reloca, A ella obvio que le gustó, con 48 años, cogerse una pendeja de 23.

    Bueno les cuento como siguió la cosa. Yo sabía que esta mujer, llamémosla Silvia, muchos lunes a la mañana va al Gym, la verdad es que me dejó muy calentita el otro día, y estuve pensando el fin de semana si ir o no, obvio, como me pasa siempre, que busco el límite, busco la adrenalina, fui ¡y estaba! La veo que estaba en los aparatos, nos saludamos, me dice que estaba segura que yo iba a ir, y me pregunta si quiero que nos vayamos ¡juntas! Y yo con mi mejor cara de nena resignada a que se la van a coger, levantando mi hombrito le digo “está bien”.

    Se ve que esto a Silvia le puso loquita, porque me dice, si no quiero que nos vayamos ¡ahora! Yo sé cómo soy, pero cuando la cosa se da tan rápido, no se me pongo nerviosa, me da esa adrenalina que siempre cuento, porque pensé que nos íbamos a quedar un rato en el Gym, pero no me iba a echar atrás, así que le dije que sí.

    Salimos, caminamos una cuadra y me agarra la manito acariciándola, yo ¡me quedé! Y me dice que no me asuste que parecemos mamá e hija, pero yo sabía ¡que no era así! Iba de la calle de la mano con una mujer que me iba a coger, ¡como una lesbianita!, ni yo puedo creer las cosas que me estoy ¡animando hacer! ¡Me estaba mostrando como una lesbiana! Si me encontraba con alguna amiga ¡que le iba a decir!, pero no me importaba, eso me excitaba.

    Llegamos al departamento, entramos de la mano, y el portero me miro fijo, esperamos al ascensor y entra una chica de más o menos mi edad para tomarlo, subimos las tres juntas, la chica iba al mismo piso (son esos edificios de muchos departamentos por piso).

    Cuando entramos en el departamento, le pregunto si el portero sabía que ella era lesbiana, y me dice que sí, y que la chica que subió con nosotras ¡también!, me acababan de ver como una ¡lesbiana!, no sé porque pero me hizo calentar ¡eso!, me daba vergüenza pero me gustaba, me preguntó si eso me molestaba y como ella es mucho más grande (de físico que yo) me pongo en puntas de pie y le respondo con un beso ¡en la boca!

    Como le gustó ¡eso!!, nos fuimos para el sofá, yo me senté arriba de ella, poniéndome frente a ella y mis rodillas al lado de sus piernas sobre el sillón, y nos besamos, como me besaba, jugábamos con nuestras lenguas, me acariciaba, hasta que me empieza a poner su mano por debajo del jogging, me acariciaba la cola, me pasaba los dedos por la rayita de la cola, todo lo hacía muy, muy despacio, yo estaba caliente, mojada, me empieza a bajar el pantaloncito, despacio también, no me lo saca, deja mi colita al aire y la sigue acariciando (esta es la gran diferencia con una mujer lesbiana, lo hace todo despacito haciéndome desearla, yo quería que ya me meta los dedos y ser suya, ¡no daba más!)

    Me baja un poco más el pantalón y yo me lo termino de sacar dejando toda mi colita para ella, ahí sí, me empieza, por atrás a tocarme mi conchita, yo me acomodaba para que pudiera tocarla mejor, me saco la remera, yo ya estaba desnudita y ella vestida. Esto es otra cosa que me excita mucho, yo estar desnuda y ella vestida, me siento indefensa, ¡entregada!

    Me empieza a meter sus deditos, y me besaba las tetas, ¡me las mordía! No sé cómo explicarlo, pero me hizo estallar en un orgasmo, ¡que no me podía quedar quieta!, me preguntaba si me gusta y le decía que sí, que me gustaba ¡mucho!

    Nos vamos al dormitorio y me dice “Te voy a enseñar como desvestir a una mujer” (sic), me quedé, no sabía lo que me decía. Y me sigue diciendo “sácame la ropa, pero muy de a poco, como si fuera la última vez, y disfruta cada prenda que me sacas”.

    Le hice caso, le empecé a bajar el pantalón, muy, muy despacio mientras besaba cada parte de piel que veía, no sé cuánto tardé, pero notaba como se calentaba, como deseaba que la desnudara de una vez, y así hice lo mismo con su remera se sacó el corpiño y me perdí entre esas enormes tetas, y la seguí besando toda hasta que terminé besando su conchita y tuvo su primer orgasmo.

    Después, me dice que me va a enseñar como estallar de placer rozándonos nuestras conchas (yo eso ya lo había hecho alguna vez, pero ella me enseño como hacerlo bien), me iba diciendo lo despacito que lo teníamos que hacer, me acaricia las piernas, me besaba, la verdad que sí, sabía muy bien cómo hacerlo, hasta que nos empezamos a calentar las dos, y cada vez nos frotábamos más fuerte, que lindo sentir ¡una conchita en mi conchita!, y seguimos, gemíamos, otra vez me preguntaba si me gustaba, le decía que sí, ¡que mucho! Y seguimos, seguimos, hasta que las dos acabamos juntas a los gritos, que lindo orgasmo tuvimos ¡a la vez!

    Estábamos las dos muy calientes, yo más que ella, era la primera vez que una mujer me estaba haciendo gozar ¡tanto!

    Silvia me dice que me cueste, me pone un par de almohadas debajo de mi cabeza y me dice que me va a hacer gozar como nunca, que me entregue a ella, yo ya estaba entregada hacía rato jaja.

    Empieza besándome mi concha, acariciándola, acariciando y besando mi clítoris, así un rato, me empieza a meter sus dedos, yo ya no podía parar de moverme y gemir, agarra un consolador y me lo mete mientras hacía presión con su mana, así lo saca lo pone, yo ya sentía lo que iba a venir, me la besaba, empiezo a no controlar mis movimientos y ella seguía, no paraba seguía, y acabe eyaculando como nunca lo hice, ella se tragaba el líquido, mis piernas temblaban y ella me pone de nuevo el consolador, le pedía que no, que por favor ¡basta!, no podía quedarme quieta y sigue y otra vez eyaculo, así tres veces.

    Terminé muerta, no daba más, me acuesto en la cama, de costado apoyándome en ella, nos quedamos en silencio, mientras me acariciaba, no sé si me quedé media dormida, tenía una paz que no sé cómo explicar.

    Así nos quedamos un rato largo, ella me acariciaba, y me acariciaba la cola, y me empecé a calentar de nuevo. Silvia aprovechaba mis juguitos para meterme un dedo en la cola, yo le pedía que ya basta, que por favor ¡no!, pero yo me movía, ¡me gustaba! ¡No lo podía controlar!, me pidió que me acueste boca abajo, me abrió mis piernitas y sentía su lengua en mi cola, sus dedos y después el consolador, mis movimientos y mis gemidos hablaban por mí, levanté la colita para que me tocara también la conchita y así con un dedos en la concha y el consolador en la colita me hizo estallar de nuevo en un orgasmo, creo que todo el piso lo escucho jeje, ¡cómo me puso!

    Nos quedamos un ratito nada más, porque ella tenía que ir a trabajar, desnudas en la cama, ¿saben lo que me dijo? Que no había dejado de pensar todo el fin de semana en mi conchita, en mi cuerpito, en mi cara de goce cuando me hacía acabar, y me propuso irnos este fin de semana que es largo a Pinamar, que ella tiene un departamento ahí, que vamos en su auto, que no gastaría nada, que ella me pagaría todo, le dije que no, viendo como es me va a querer coger hasta en la playa y aparte que tampoco ella tendría problema en que nos mostráramos como dos lesbianas ¡por todo Pinamar! ¡Yo me muero de vergüenza!

    Les cuento como terminó la historia con Silvia. Terminó porque no voy a ir más a ese gimnasio así no la veo. Yo la quería terminar para que ella no se confundiera y no me complicara la vida y otra porque ¡soy así!, me saco las ganas con las cosas y ya está, así me pasó con Matías, con Benja, con el portero y con todo jeje

    Ayer a la tarde voy al Gym, pensando que no iba a estar, porque nunca va a la tarde, estuve un rato, cuando estoy en la puerta del Gym yéndome, ella llega (que cagada, porque la verdad no tenía ganas de verla) y hablamos (de lo que me acuerdo, más o menos así)

    Silvia: si querés vamos a casa y dejo la clase

    Yo: no, no quiero que te confundas,

    Silvia: ¿qué me confunda?

    Yo: si, vos sabés que yo no soy lesbiana, está bien, lo pasamos bien juntas, me gustó, pero ya fue.

    Silvia: No te preocupes, yo no me confundo, sé que no sos lesbi, yo tengo amigas que no son lesbi, y vienen a casa a tomar un café ¡y no pasa nada! la que no se si lo tiene claro sos vos, no tiene nada de malo que seamos amigas, podés venir a casa y tomar un café, yo no te voy a obligar a nada.

    Yo: ya sé que no me vas a obligar a nada, y estoy segura de lo que digo.

    Silvia: bueno, no seas pendeja, vení a tomar un café, si lo pasamos bien charlando, o te tenés miedo a vos.

    Para que me habrá dicho eso, lo peor que pueden hacer es desafiarme, me embola, sé que soy pendeja, caprichosa y todo, pero no me gusta que me desafíen.

    Yo: yo estoy muy segura, vamos.

    Bueno, nos fuimos caminando a su casa, obvio no de la mano como la otra vez, llegamos, tomamos un café, hablamos boludeces y yo le saqué el tema de nuevo, que no se confunda, que no lo íbamos hacer más, y todo eso. Ella me decía que está bien, que yo no me preocupe, que ella tenía las cosas claras.

    En un momento le pido un té, porque hacía frío y a mí me gusta tomar un té cuando hace frío, y me dice que sí, que vaya a la cocina a calentar el agua mientras ella cambiaba el CD.

    Yo estaba en la cocina y aparece Silvia atrás mío, me pasa las manos por la cintura, me empieza a besar el cuello, y le digo que no, por favor ¡que no! ¡Que ya lo hablamos!

    Mientras me decía que no me iba a obligar a nada, que iba a hacer solo lo que yo quiera (es una hija de puta sabe ¡que soy calentona!), me empezaba a acariciar la pancita, y yo le decía que no, ¡que no quería!, ¡que la terminara!, pero no la podía sacar, me gustaban sus caricias y ella ¡se daba cuenta!

    Me seguía acariciando la pancita, mientras yo le decía que basta y de golpe baja la mano, me la pasa por debajo de la bombachita y ¡me toca la conchita! Que ya la tenía mojada (y a mí cuando se me moja la conchita la cabeza deja de pensar jaja)

    Me decía “¿ves que te gusta?”, yo le decía que no, pero abría las piernas para que me tocara mejor, y seguía tocándome, y tocándome, y yo ¡dejé de pedirle que no siguiera!

    Con la otra mano me baja el jogging ¡y la bombachita! Y yo me la terminé de sacar, otra vez ¡ya estaba entregada!, no podía parar (como me pasa siempre), me acaricia la cola, la concha, me mete los dedos, yo ya estaba recalentita, tanto que solita me saqué la remera, el buzo el corpiño, me quede desnuda y gemía, gemía, gozaba sus caricias, no lo podía evitar, me gustaba, me excitaba mucho, mucho. Yo desnuda y ella vestida, me sentía desprotegida, dominada, y eso me gustaba mucho.

    Me hace sentar en la mesa de la cocina, y empieza a jugar con mi conchita, la besa, me muerde los labios, me mete los dedos, mientras me decía que era una putita, mejor dicho me decía que yo era su putita, yo le decía que sí, me preguntaba si me gustaba, le decía que sí, que me gustaba, a todo le decía ¡que sí!, saca un consolador que tenía ahí (la hija de puta tiene consoladores en todos lados), me lo pone, me lo saca, hasta que me dijo algo así “decime que te gustan las mujeres” yo le decía que no, y ella seguía, “decime que te gustan” yo le decía que no, pero cada vez estaba más caliente, y la hija de puta el consolador apenas me lo ponía, ya no daba más de la calentura, quería sentirlo todo, ¡todo adentro!, me estaba haciéndola desear (que hija de puta, ¡como sabe manejar a una pendeja como yo!)

    Así siguió hasta que me dice “decime que sos lesbi, que estas recaliente conmigo” yo no daba más, quería sentir el consolador adentro y acabar y en un grito le digo “siiiii, soy lesbi, cojéeme” me lo empezó a poner y sacar, poner y sacar, apretaba mi conchi con su mano, me empezó a temblar el cuerpo, empecé a transpirar y otra vez acabé eyaculando, me hizo eyacular ¡otra vez más!, no me podía levantar de la mesa.

    Me quedé así, desnuda recostada en la mesa y Silvia después me acerca la ropa, y me dice algo así como “ves que la que no estaba segura ¡eras vos!” y obvio era cierto.

    Lo loco de esto es que Silvia lo hizo únicamente para humillarme o demostrarme no sé qué, porque ella ¡ni siquiera se desnudó!, solo gozó con ver mi calentura.

    Por eso decidí no ir más a ese gym, es la única manera de terminar con esto.

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