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Milagros

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  • Conocí a Milagros una tarde calurosa, dando un paseo. Ella era una mujer morena; risueña y atractiva. Le declaré mi intención de acostarme con ella. La invité a merendar. Fue durante la merienda cuando ella aceptó. Pedimos churros

    I

    De lejos la vi, lento caminaba,
    pues este calor hacía que sudara. 
    Su piel era morena, reflejaba, 
    refulgía del sol; redonda, su cara. 
    Cuando me aproximé, ella se 
    tocaba
    sus dos pechos bajo su blusa clara;
    el sostén le apretaba y se lo quitó. 
    ¡Tal visión de pezones fue!, me turbó.

    II
    Me acerqué a ella y le pregunté su nombre:
    "Milagros", dijo, "da el tuyo, atrevido."
    Alegre y risueña era; no os asombre,
    que me he empalmado cuando su voz he oído:
    "Me llamo Diego"; "Umm, masculino, de hombre,
    ¿qué quieres, señor Diego, estás salido?";
    "Transparentáronse, vi tus encantos, 
    gozar de ellos deseo sin atragantos."

    III
    La invité a churros; ella los mojaba
    en chocolate caliente y viscoso. 
    En su boca los metía y me miraba, 
    manchada su boca, rostro jocoso. 
    Su lengua por sus labios repasaba:
    "Umm, rico está el churro, no seas celoso, 
    que el tuyo más tarde también probaré, 
    mejor tendrá que ser, ¡qué hambre, me hincharé!"

    IV
    Paseamos juntos; yendo de camino; 
    y su ancha cadera rozó con la mía, 
    el vaivén de su culo, ¡ay, qué divino! 
    Pensé su desnudez, y me dió alegría:
    su blanda carne tiembla y mi pepino
    traspasa su coño: así me correría, 
    en su caliente urna amorosa abierta;
    unido a cuerpo de hembra, así me vierta. 

    V
    Fuímos a un hotel, tomé una habitación. 
    Vamos, nos besamos en el ascensor. 
    Abrí la puerta y entramos con decisión. 
    Milagros se descalzó: "Ven, follador", 
    me ordenó, la falda cayó de un tirón. 
    Su chocho velludo mostró sin pudor. 
    Su camisa desabroché y la tumbé. 
    Saqué mi polla y en el colchón la follé. 

    VI
    "¡Ay!", chilló, "¡Ah!", exhaló, "Hombrón, vaya cipotón."
    Sus tetas mordí, suaves y calientes: 
    "Milagros", murmuré, "tú eres un bombón";
    "Dame más, Diego, más", pidió entredientes;
    "Te doy, Milagros, qué me gusta, un montón";
    "¡Ah, Diego, ah!": que oí sus gemidos ardientes, 
    que derramé en su coño todo mi ser, 
    en su grieta honda y mullida de mujer.

    VII
    Debi quedarme dormido al instante, 
    mis recuerdos ahí nublados quedaron. 
    Y me despertó una caricia, no obstante, 
    en la punta de mi glande: bastaron
    sentir humedades, baba chorreante, 
    calentura de lengua; me indicaron
    de Milagros mamada mañanera:
    "Me corro"; "¡Umm!, dame tu corrida entera." 

    VIII
    De mi polla, sedienta, el semen sorbió:
    se deleitó dando suaves lametones;
    Suspiró de placer, y a mí me rindió. 
    Dijo: "Hoy, umm, desayuno, umm, de cuajarones, 
    ¡lo que más me gusta!". Después me pidió:
    "Cómeme el coño", y lo hice, ¡qué cojones!:
    parecía que moría, fue delicioso:
    "¡Ay, Diego, ay, oh, ah, sí, qué lengua tuya, ay, oh, de oso!" 

    IX
    Milagros miró el rejoj: "Me he de marchar."
    Saltó de la cama y quedé alucinado.
    Pensé: "Vaya tía me acabo de zumbar,
    tetas rollizas, culo bien plantado,
    cara bonita, con ella me he de atar."
    "Milagros, ¿llamarte puedo?"; "¡Qué osado!
    ¿me querrás o sólo piensas en follar?";
    "Milagros, contigo me quiero casar."

    X
    Playa paraíso, noche calurosa;
    viaje de novios, seguimos el hilo;
    arena tan fina, la mar espumosa;
    Milagros me la chupa con sigilo. 
    Su cabeza en mi regazo revoltosa
    baja y sube, sube y baja; y vigilo
    que no nos molesten; sintiendo el roce
    de sus labios sobre mi polla, ah, oh, y mi goce.

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