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La esclava del año (Cap. 3)

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Ya de regreso en casa de su Amo; Mara empezó a cumplir con todas las tareas impuestas, la primer orden de la lista era entrar a 4 patas, orden que Mara decidió no cumplir creyendo que su Amo al no estar presente no se enteraría si su esclava entraba o no a 4 patas, sin embargo el Amo ideó una manera para darse cuenta si su nueva perra obedecía todas y cada una de sus órdenes.

El punto número dos era barrer y trapear toda la casa, cuarto por cuarto, rincón por rincón. A Mara se le hizo fácil ir por la escoba y barrer de pie y solo estar en 4 patas cuando estuviera su Amo presente, sin embargo su dueño se le había adelanto sabiendo lo mañosa que era su nueva esclava, por lo que echó a la basura el jalador solo dejando la jerga, así como también rompió en varios pedazos el palo de escoba dejando solo el cepillo, lo que obligaba a Mara a tener que barrer y trapear a cuatro patas lo quisiera o no.

El siguiente punto era limpiar y dejar brillando los baños, pero cada escusado debía ser limpiado solo con la lengua, y más le valía a Mara no usar productos de limpieza, ya que si recuerdan, esos eran los sitios permitidos para ella beber agua, así que no se arriesgó a usar químicos y evitar que al beber agua pudiera intoxicarse y enfermar. Cada punto de la lista tuvo que ser cumplido al pie de la letra en tiempo y forma, llegó el tiempo de recoger al Amo de la oficina.

Cuando llegó la perra a recoger a su Amo, al ver que venía a lo lejos, le cargó nuevamente el portafolio, le abrió la puerta para cerrársela una vez que su dueño estuviera dentro del coche. Le fue ordenado dirigirse hacia una clínica veterinaria y comprar ahí el alimento canino, el despachador y el collar que quedara justo a la medida de su perra, y así recordara a quien pertenecía y el motivo por el cual terminó siendo perra, después de ahí se dirigieron al sex shop para comprar su uniforme de esclava.

Al llegar a casa la esclava abrió una vez más la puerta para que bajara del auto su Amo y señor, después se puso a cuatro patas para entrar a casa tal y como debía hacerlo según las ordenes de su señor, pero justo al adoptar esa pose, su Amo le dio semejante patada en la cola que le dejo marcada la forma del zapato y sin más le dijo a su perra, “ese castigo fue por no entrar a cuatro patas en la mañana como te lo ordené.

Una vez más la esclava no pudo evitar preguntarse cómo es que su Amo se daba cuenta de lo que no cumplía en su ausencia, pero como tenía prohibido hablar, no quiso arriesgarse a recibir otro castigo igual o peor. Inmediatamente después de haber recibido semejante recordatorio que esté presente el Amo o no ella tiene que obedecer y cumplir las órdenes, se le indicó vestir su nuevo uniforme de perra y que bajara de la cajuela del auto el pesado costal de croquetas de perro si es que deseaba comer después de cumplir sus obligaciones.

El Amo ordenó a su perra servirle de comer y mientras el disfrutaba sus alimentos, la esclava debía permanecer lamiendo y besando los pies a su amado dueño. Una vez que el Amo concluyó con sus alimentos, se dirigió a al salón de descanso que había sido de ambos en su tiempo, pero al ser ella ahora una vil esclava sin derecho solo él tenía el privilegio de uso de dicho salón, y la perra su único privilegio permitido era servir a su Amo.

Cuando el Amo estaba gozando y descansando en la privacidad de su cuarto privado gozando de un buen rato fuera de todo problema llamó a Mara y le dio la orden de lavar toda su ropa interior a mano, después la debía planchar y guardar, y que se diera prisa, ya que en dos horas iba a llegar una amiga íntima y debía estar a su servicio todo el tiempo, Mara bajó la cabeza en señal de haber entendido la orden. Mara se retiró a cumplir con sus obligaciones en el tiempo ordenado.

Poco antes de cumplirse las dos horas, el timbre de la casa sonaba, era la cita romántica que tenía el Amo, la perra abrió la puerta, se arrodilló y besó los pies de la invitada para después llevarla ante su dueño. El Amo, dueño y señor de Mara dio la bienvenida, le pidió que se sintiera como en su casa, enseguida le beso suavemente la boca y le dijo que la perra que le había recibido lamiéndole los pies era su antigua esposa, pero que por circunstancias especiales había terminado a sus pies, por lo que ella podía sentirse libre de ordenarle lo que se le fuera antojando.

Ella ordenó a la perra traerle un whisky y para el Amo en ese momento solo le apetecía un refresco con hielo. La esclava poco tardó con los aperitivos y a su regreso, esa belleza que había llegado ya estaba en las piernas de su Amo besuqueándose, y aunque no le gustó ver esa escena, tampoco tenía derecho a decir nada, y menos después que ella hacía lo mismo, pero a ella si le pagaban antes de haber sido descubierta.

El Amo al ver que ya estaba de regreso su perra con los aperitivos, chasqueó los dedos para ordenar que los dejara asentados en la mesa y que ella se dedicara a estarlos abanicando, ya que hacía demasiado calor. La esclava de inmediato fue por ese abanico que apenas compró su Amo para que ella lo usara en él. Un par de horas después de tanto besuqueo en el salón del Amo, le fue ordenado a la perra poner a calentar el jacuzzi para que mientras ellos gozaban de un momento romántico en el jacuzzi, ella mantuviera su tiempo trayendo bebidas y continuar abanicándolos.

Pasaron un par de horas muy candentes y tanto el Amo como su amiga cachonda terminaron exhaustos, por lo que te acostaron a descansar en total desnudez y sin quererlo quedaron dormidos durante toda la noche mientras la esclava cumplía sus obligaciones.

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