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Tigre hotel (parte 1 de 2)

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Morena es una mujer muy inteligente, al punto de dejar su carrera de modelaje ya que odiaba que la valoren por su cuerpo antes que por su cerebro. La conocí hace unos diez años, justo cuando hacía ese click en su vida, cuando dejaba las pasarelas para abocarse de lleno a su pasión, la robótica industrial, apenas tenía veinte.

Ella siempre tuvo ideas muy progres, por lo que solo forjamos nuestro amor en la convivencia del día a día, nada de papeles, nada de formalidades.

En los casi ochos años que pasaron desde que somos pareja formal no tuvimos hijos, ella literalmente se niega por el momento a esa posibilidad, todos sus esfuerzos están concentrados en su carrera.

Morena es especial, se adivinan sus facciones de modelo a la distancia, de una altura inusual para una mujer, pasa por poco el metro noventa, delgada, muy delgada, de largos y delgado brazos, de largas y delgadas piernas, de tez blanca como la leche y cabellos largos y negros que recorren su interminable espalda hasta llegar a su cintura, tiene una cruel semejanza al personaje de Morticia de los locos Addams, aunque su sensualidad se acerca más a la de una peligrosa vampiresa.

Es ese tipo de mujer que o lo tomas o lo dejas, no hay término medio. Morena sabe sacar provecho a sus años de modelo, sabe vestirse bien, sabe maquillarse, sabe peinarse y sabe hacer todo cuanto haga falta para no pasar desapercibida, y créanme que lo logra con creces.

Hace un año ya que ocurrió esta historia, ella había ganado en su empresa un premio por su dedicación y constancia, un fin de semana todo pago en un hotel a elección para dos personas.

Hacía tiempo que no hacíamos un impase, así que tuvimos la excusa perfecta.

Elegimos Tigre Hotel, un lugar perfecto para un escape perfecto, alejado de la ciudad, del ruido y de los problemas.

Llegamos el viernes al atardecer, hicimos el check-in y nos dirigimos a la habitación para acomodar las cosas, nos bañamos y bajamos a cenar.

El lugar se mostraba lujoso, la habitación era enorme, con un led como de cincuenta pulgadas, aire frío calor, alfombrada y de una arquitectura moderna, baño con porcelanatos y bañera con hidromasajes, teníamos a disposición piscina externa e interna climatizada, canchas de tenis, de futbol, mesa de pool, masajistas y demás cosas que sería imposible numerar.

Esa primera cena fue muy íntima, no había mucha gente en el lugar, apenas un matrimonio de avanzada edad y unos tipos que seguramente estaban en algún evento de alguna empresa.

Subimos al cuarto e hicimos el amor hasta quedarnos dormidos.

Y la mañana siguiente también fue normal, desayunamos, paseamos por el parque, almorzamos, todo según lo previsto.

Por la tarde, decidimos ir a la piscina climatizada, aprovechamos que solo estábamos nosotros para pasar un poco los límites, para tocarnos bajo el agua y besarnos, Morena tenía un traje de baño de sostén bandeaux y culote en negro que se me hacía muy sexi, sonreíamos en la complicidad de nuestras caricias hasta que todo fue interrumpido por un tipo que llegó en el momento menos oportuno.

Apenas cruzamos unas miradas, el hombre nos sonrío en un tono cortes de respeto, aparentaba unos cincuenta años, por cierto los llevaba muy bien, con su cabello entrecano y unos lentes de aumento de fino marco. Se mostraba delgado pero atlético, con algunos anillos y una cadena dorada en su cuello que dejaron intuir un buen pasar económico, se puso a nadar de lado a lado evidenciando que practicaba el nado en forma cotidiana.

Morena y yo habíamos perdido la magia de esa intimidad por lo que luego de un rato decidimos volver a la habitación, no sin notar como el extraño posaba discretamente los ojos en el cuerpo de mi amada mientras ella se envolvía en su gruesa bata, esto para mí fue solo un detalle, ya estaba acostumbrado a que mi esposa llamara la atención de cuanto hombre se cruzase en su camino.

Al anochecer se me había adelantado, mientras yo tomaba una ducha ella ya estaba lista, con unas calzas súper adheridas que le marcaba demasiado su argolla regordeta y un top haciendo juego en un marrón chocolate que la hacían ver muy sugerente, cortado por una chalina multicolor que contrastaba con el tono monótono de sus prendas, me dijo que iría al bar del hotel por una copa mientras yo terminaba de prepararme.

Tiempo después bajé para encontrarla, pero para mi sorpresa no estaba sola, el tipo que había interrumpido nuestra tarde en la piscina estaba a su lado, en la barra y parecían platicar efusivamente.

Me acerqué sin desconfiar, puesto que Morena no era de hablar con pesados extraños, al menos que el tipo valiera la pena, al notar mi presencia el invitado casual se presentó

-Buenas noches! Enrique Cervantes Iglesias, un placer…

-Buenas noches, Julián Belmonte…

Su acento me dejó saber que era español, su vestir que tenía dinero y su forma de hablar que tenía educación, cruzamos unas palabras más, asegurándose de no incomodar a Morena y no provocar mi orgullo, al fin se retiró diciéndome

-Hombre! os dejo, no quiero importunarlos, tengo que felicitarlo, es muy guapa la mujer que lo acompaña, tómelo como un cumplido…

Morena sonrió por el halago y francamente yo no supe que responder, fuimos a cenar a unas de las mesas del lugar, pasaron un par de horas en las cuales noté a mi esposa raramente excitada, jugando al juego de la seducción, perversamente, haciendo preguntas sobre nuestro casual ‘amigo’, sobre hipotéticas situaciones, relaciones, preguntando por mis sentimientos y todo me llevó a una espiral ascendente de locura, además, Enrique estaba sentado bastante cerca de nuestra mesa y cada tanto cruzábamos miradas y sonrisas, como intuyendo de que hablábamos…

El tipo calculó los movimientos y cenó a la par nuestra, cuando tomábamos unos cafés se acercó a nosotros y me dijo

-Oye tío, que tan bueno eres para jugar al pool?

Al preguntar me indicó levantando las cejas hacia la mesa de juego que estaba en el hall de recepción

-Bastante bueno, creo… - respondí con la mirada perdida en los ojos de mi esposa

-Vamos tío! Juguemos una partida

Pronunció el desafío al tiempo que me golpeaba por el hombro como si fuésemos viejos conocidos de toda la vida, ahora los ojos de Morena brillaban y se mostraban inquietos y dubitativos, mirándome a mí y al español alternadamente, como no respondíamos apuró la respuesta

-Vamos! muéstrame un poco de la hospitalidad argentina, joder… estoy un tanto aburrido en vuestra patria, solo una partida…

Morena inclinó la cabeza de manera de dar un ‘si’, por lo que nos levantamos y nos dirigimos los tres a la mesa de paño verde.

El rompió el juego con un poco de torpeza, así que en mi primer tiro tomé la delantera jugando con las lisas, una tras otra fueron ingresando a las troneras ante continuos fallos de su parte, mostrándolo como un principiante, no tardé mucho en ‘despacharlo’ y mirarlo con una sonrisa burlona, Morena a un costado solo era una atenta espectadora, Enrique meneando la cabeza negativamente dijo al tiempo que atizaba la punta del taco

-Coño, eres bueno, dame la revancha, prometo hacerlo mejor…

Acepté con un aire de grandeza, subido en la nube del éxito. Adivinando que esto se prolongaría Morena se había pedido un trago.

La segunda vuelta transcurrió sin mayores novedades, mi pobre rival de turno casi no tuvo oportunidad, y mi esposa se mostraba muy entusiasmada con la pequeña rivalidad que nacía, nuestro amigo insistió en seguir jugando y proseguimos un buen rato entre risas y copas.

Luego de cinco partidas invictas Enrique exclamó desafiante

-Vamos hombre, esto es una mierda, juguemos una partida por algo, por algo que duela!

-A que te refieres? – pregunté rápidamente

-No sé, juguemos por dinero, tengo suficiente… cuanto puede valer para ti una partida, vamos, por un número. – respondió apurando mi respuesta

-Yo no tengo dinero, no soy un potentado – dije para salvar la situación

-Mira tío, hagamos una cosa – dijo con su tono español, tomándome por un hombro y mirando directamente a Morena largó el rollo – tu solo pon un número, eres un campeón, no tienes de que preocuparte, no?

-Y si pierdo?

-No puedes perder… pero suponiendo que pasara, cosa que no sucederá, bueno… me permitirías que esta noche lleve a tu esposa a mi habitación, que dices?

Miré a Morena y ella me devolvió la mirada, era loco, era arriesgado, pero yo no podía perder, fue ella, que había permanecido en silencio solo observando quien tomó la palabra

No es bueno que me disputen como un trofeo, como a una puta, ni siquiera me han consultado, pero asumo que es excitante que dos hombres se disputen mi compañía…

Morena tenía un brillo especial en sus ojos, tal vez por las copas que había tomado, tal vez porque realmente la excitaba toda esta seducción que había empezado horas atrás en el bar, como fuera dio el visto bueno para ser una perra en disputa, asumiendo que el dinero nos vendría muy bien y que no tendría posibilidad de fracaso, aunque estuviese en juego tener que acostarse con nuestro amigo casual.

Esa noche aprendería una importante lección, nunca hay que subestimar a un oponente, como un tonto inocente entré en su juego, caí en su trampa, todo lo tenía planeado, en ese último partido noté desde el principio que Enrique me llevaba la delantera. ‘mágicamente’ había aprendido a jugar y manejaba la situación a su antojo, noté que en verdad sabía jugar muy bien y que solo había simulado no saber hacerlo. Fue lo suficientemente astuto para llevar parejo el partido, sin tratar de gozarme en ningún momento, cuando metió la bola negra supe que todo había acabado…

-Tío… suerte de principiante – dijo, pero los tres sabíamos que era mentira

Mi hermosa mujer no salía de su asombro, mirando con ojos exorbitados y adivinando como deberíamos pagar nuestra apuesta, Enrique tenía una sonrisa libidinosa en su rostro, y yo quedé mordiéndome los labios en mi impotencia.

Traté de cambiar las cosas, de disuadirlo, pero el español nos había engañado…

Me apretó fuertemente la mano, como caballeros y me deseó buenas noches, tomó de la mano a Morena y gentilmente la llevó a su lado, los vi desaparecer por el largo corredor que daba a las habitaciones, ella en silencio se alejó de mi vista, casi sin mirarme y yo, como un estúpido, esperando que la puta de mi mujer se negase.

Fui a la barra pedí otro trago, y otro más, rebobinaba la historia una y otra vez, no podía creer lo de mi esposa, siempre me decía que era único para ella, que no podría estar con otro hombre, que no podría serme infiel, y sin embargo, en la primera oportunidad, se iba a coger con este viejo que podría ser su padre…

A las tres de la mañana fui de regreso a mi habitación, la cama parecía enorme en ausencia de Morena, no podía sacarla de mi mente, la imaginaba haciendo el amor con el viejo, maldita, maldito, malditos…

La estará pasando bien? estará disfrutando? Y si le gustara demasiado como la cogiera este tipo? Los fantasmas de las dudas rondaban en mi cabeza, sentía pánico, y si fuera la primera vez de muchas futuras veces, o peor aún, y si no fuera la primera vez?

La amaba demasiado y el miedo a perderla se hacía sentir como un frío puñal atravesando mi corazón.

Y que estarían haciendo? Se la estaría mamando? Estaría gimiendo como puta? Estaría gozando?

El cansancio al fin me venció y tuve horribles pesadillas, me despertaba a cada rato, trataba de abrazarla pero era en vano, ella no estaba…

A las seis de la mañana ya estaba nuevamente de pie, solo en mi habitación, bajé a desayunar tan rápido para encontrarla que caí en la cuenta que aún no eran las siete, hora en que habrían el bar por la mañana.

Me senté intranquilo en una mesa, solo, solo en mi soledad, observando como las camareras daban los últimos retoques.

Al fin pude comenzar con mi desayuno, café con leche, facturas, queso y dulce, un jugo de pomelo y un yogurt de frutilla.

Tomé todo el tiempo necesario, mirando cada tanto hacia el largo corredor donde la había visto desaparecer la noche anterior, pero nada, ella no aparecía, se hicieron las ocho, las nueve, estaba por entrar en pánico, cuál sería la habitación del tipo este, por qué demoraría tanto en bajar?

Estaba por ir a averiguarlo cuando su silueta espigada se dejó ver, pronto ella llegó a mi lado, me dio un beso de buenos días y se dirigió a preparar su desayuno.

En esos minutos noté sus cabellos húmedos como si recién se hubiera bañado, su rostro se notaba demacrado, como si hubiera estado de fiesta toda la noche, pero también se la notaba feliz, como si se la hubieran cogido bien cogida.

Volvió a mi lado, frente a frente, en silencio comenzó a untar con manteca una tostada, con toda la paz del mundo, rompí el silencio en una madeja de nervios, exasperado por los celos que me carcomían

-Y? la pasaste bien?

-Si… estuvo bien

CONTINUARA

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