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Noche loca con una desconocida

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Volvió a la carga con sus besos mientras encajaba su rodilla entre mis piernas. Noté el empuje de su cadera sobre mi sexo y yo también gruñí. Su mano bajó directamente hacia mi coño. No sé cuándo habían desaparecido mis bragas, pero sus dedos no tuvieron problema en encontrar lo que buscaban

Allí estaba yo, en un pub de lesbianas, pequeño y lleno hasta los topes. No sé ni cómo me vio, ni como la vi, pero me pareció la mujer más sexy que había visto nunca.

-Esa tía te está mirando -me dijo mi amiga Tere.

-No, que va.

-Ahora me ha mirado a mí -me dijo de nuevo.

Era verdad. Miraba a mi amiga y a mí, intentando descifrar si teníamos algo, pero llego la novia de mi amiga y la besó. La desconocida esbozó una sonrisa y volvió a mirarme, esta vez, directamente a los ojos.

El calor que sentí por esa mirada, se redujo a un punto exacto entre mis piernas. Tragué saliva y también le sonreí.

Nunca había entendido el término ojitos hasta aquel día, pero me miraba de una manera sexual y lasciva, y a mí me estaba consumiendo.

-Madre mía, niña. Te va a comer con los ojos -dijo la novia de Tere.

-Sí. Me está poniendo nerviosa -contesté mientras cruzaba las piernas.

El rubor cubría mis mejillas, pero aquella mujer seguía mirándome. La observé durante un momento. Era alta y fuerte, llevaba vaqueros que se ceñían perfectamente a sus piernas, una camiseta de nadadora dejaba ver un cuerpo atlético, y su cara era preciosa. Llevaba el pelo largo, recogido en una cola de caballo. Definitivamente, era sexy y atractiva.

-Vamos a bailar -dijo Tere tirando de mí.

Sonaba una canción de moda, no puedo recordar cual. Solo puedo acordarme de sus ojos que me miraban mientras yo movía las caderas.

Después de cinco canciones, mis amigas desaparecieron, y yo me fui al baño.

El aseo era más grande de lo que esperaba. Varios cuartos con sus urinarios, tres lavabos y un sofá en forma de besos ocupaban la estancia.

Cuando uno de los baños quedó libre, entré pero noté una mano en la espalda empujándome detrás de mí.

La puerta se cerró, y yo sabía que no estaba sola. Me armé de valor dándome la vuelta, dispuesta a darle una patada en culo a la que se había metido conmigo en el baño. Pero me encontré con aquellos ojos. La miré, me miró, y en menos de un segundo me encontré contra la pared lateral, y unos labios ardientes besándome. No lo dudé ni un segundo y yo también la besé. Su lengua era dulce y sabía todavía a cerveza, pero me gustaba. Nunca había hecho algo así con una desconocida, pero estaba totalmente dispuesta a que me hiciera lo que quisiera.

Sentí su mano bajando por mi cara mientras rompía el beso para mirarme. Deslizó el pulgar por mis labios y yo lo rocé con la punta de la lengua. Ella suspiró, y volvió a besarme. Bajó su mano por mi cuello, y rozó ligeramente mi pezón. Me agarró las dos manos y las subió por encima de mi cabeza, me inmovilizó las muñecas con una sola mano, y no dejó de besarme en ningún momento. Yo estaba tan mojada que pensaba que se notaría a través de mis vaqueros.

Mi desconocida me mordió el labio y gruñó algo que a mí me excitó muchísimo. Bajó por mi cuello rozándome con su lengua húmeda. Con su mano libre atrapó uno de mis pechos con firmeza. Mis pezones estaban erectos y, ella al notarlo, metió su mano debajo de mi camiseta encontrándose con el sujetador. Me acarició ligeramente, y volvió a mirarme a los ojos cuando levantó el sujetador y me pellizcó el pezón con suavidad. No me habló, pero podía ver el deseo en sus ojos.

Bajó su boca a mis pechos y succionó lo que encontró a su paso. Acarició con su lengua mi aureola, y mordió mi piel erecta. No pude evitar gemir, todo aquello era como un sueño. Sentía su boca jugar con mi pecho y me estaba volviendo loca.

De nuevo regresó a mis labios, y besó mi boca. Yo quería tocarla pero me tenía atrapada con su brazo en mis muñecas.

Sentí como desabrochaba el botón de mis pantalones y me los bajaba. Yo, ni corta ni perezosa, me deshice de ellos en el suelo. Ella me soltó por un momento, agarró mis vaqueros y los puso sobre la tapa del inodoro. Aproveché para tocarla, pero era más rápida que yo, y volvía a quedar de espaldas contra la pared.

-No -fue la única palabra que escuché de sus labios, aparte de gemidos y gruñidos.

Volvió a la carga con sus besos mientras encajaba su rodilla entre mis piernas. Noté el empuje de su cadera sobre mi sexo y yo también gruñí. Su mano bajó directamente hacia mi coño. No sé cuándo habían desaparecido mis bragas, pero sus dedos no tuvieron problema en encontrar lo que buscaban. Estaba tan mojada, que su mano se deslizó por mi clítoris con facilidad haciéndome ahogar un gemido en sus labios. Pasó su mano varias veces apretando con la palma la zona más sensible de mi cuerpo. Me miró de nuevo cuando me penetró sin vacilar con dos dedos. Yo la miré a los ojos y me mordí en labio para no chillar por el placer. Me embistió con fuerza varias veces, y yo moví las caderas en respuesta. Me besó y sacó sus dedos con cuidado para volver a meterme uno más. Esta vez no pude remediarlo y gemí contra su boca. No dejaba de empujar, cada vez más profundo. Me miró sin apartar sus dedos, y yo solo pude dar mi consentimiento. Metió de golpe sus cuatro dedos dentro de mí mientras con la parte superior de su mano me golpeaba el clítoris. Ella no paraba de moverse dentro de mí. Cada vez más fuerte y más rápido. Me abrí más de piernas para recibir toda su mano, estaba casi lista. Ella embistió una vez más y yo me corrí mordiendo su cuello para no chillar demasiado fuerte. Me besó con una dulzura extrema. Se dio la vuelta y desapareció. Cerré con pestillo y me puse los vaqueros sin bragas, ya que no las encontraba. Supuse que mi desconocida estaría tras la puerta y podríamos hablar, pero cuando salí no había nadie, solo una chica borracha sobre el sofá.

No la volví a ver. Fui al local cada fin de semana y nunca la vi. Desapareció con mi ropa interior y dejándome con ganas de repetir.

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