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¿Jugamos?

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Sacó el arnés de mi coño y me dio la vuelta poniéndome tumbada en la cama. Empezó a comerme las tetas y después volvió a penetrarme. Esta vez estaba sobre mí y la abracé con las piernas, sintiendo aquello cada vez más dentro de mí

Cuando conocí a Vitoria no me imaginaba como le gustaba jugar, parecía tan cariñosa tan tranquila.

Nos conocimos en internet, en una página de contactos, yo sólo buscaba amistad porque tenía pareja, aunque la verdad es que estábamos bastante mal y yo había pensado en dejarlo.

"Se busca chica para amistad o lo que surja" pinche su perfil y vi que era de mi ciudad, así que le dejé un mensaje:

"Hola, soy Sara y estoy buscando amistad me gusta pasear, el cine. Soy sincera y amiga de mis amigos".

A la semana recibí una contestación dándome su email e invitándome a chatear; yo acepté sin pensar y al día siguiente comenzamos a hablar y nos hicimos amigas. Ella me confesó que buscaba pareja pero que podíamos ser amigas ya que yo tenía a alguien. Nos mandamos fotos y resultó ser guapísima, morena de ojos marrones más alta que yo y con carita de ángel. Al final, después de una semana, nos decidimos a quedar y cuando la vi lo primero que pensé fue en acostarme con ella. Tenía unos labios perfectos para morderlos y lo poco que pude distinguir de su cuerpo, porque llevaba un chándal, fueron sus pechos pequeños. Noté que ella también me miraba de arriba a abajo, yo llevaba unos vaqueros y una camiseta ceñida con un escote que dejaba ver bien el canalillo que hacían mis dos tetas, las cuales, eran más grandes que las suyas. Al ser yo bajita y no de complexión delgada, creí que como mujer no le gustaba pero me sorprendió cuando al verme me soltó:

- ¡Qué guapa eres y vaya ojazos verdes!

- Tú sí que eres guapa -contesté.

Estuvimos juntas como tres horas hablando. Yo ya le había contado que lo iba a dejar con mi pareja porque no estábamos bien.

- ¿Sabes Vicky? -así la llamaba yo- Hoy voy a romper con ella -le dije.

- ¿Y por qué hoy? -me preguntó.

- Pues porque hoy tengo un motivo más. Es que ya no la quiero y además me gustas mucho y no quiero serle infiel - contesté.

- Tú también me gustas pero no quería decir nada porque ya tenías a alguien -me dijo ella.

Cuando nos despedimos, yo ni corta ni perezosa la besé, ella me devolvió el beso. Fuimos un poco más allá; yo metí la lengua en su boca y ella hizo lo mismo. Al sentir el contacto, un escalofrío recorrió mi cuerpo; yo quería más y la abracé mientras seguía besándola. Estábamos cerca de donde había aparcado porque yo la había acompañado hasta allí, así que Vicky me empujó contra el coche y me metió la lengua en la boca buscando la mía. Yo la agarré por las nalgas pegándola más a mí; ella gimió en mis labios y subió una mano hasta uno de mis pechos llegando a encontrar mi pezón debajo del sujetador, haciendo que me estremeciera. Con su pierna izquierda me abrió las piernas rozando con su muslo mi sexo, ella empujó para hacer más presión y yo la agarré más fuerte del culo.

La cosa se quedó así; no pasó nada más porque las dos teníamos que trabajar. Así que quedamos para el fin de semana. Yo ya estaría soltera y no tendría ningún problema para llevar a Vicky a mi casa porque mi ex habría vuelto con sus padres.

Cuando llegué a casa dormí en el sofá, aunque antes me masturbé pensando en todo lo que había pasado.

Al día siguiente lo dejé con mi pareja. Creí que sería peor pero ella también lo había pensado y quería dejarlo; además luego me confesó que había conocido a un chico que le gustaba mucho. "Es lo que tienen las bisexuales" me dije, "lo mismo te dejan por una que por otro". Ella dijo que se iba a casa de su madre, que yo me quedara el piso porque era la que había encontrado aquel alquiler tan maravilloso y tan barato. El viernes ya no había ningún rastro de mi ex en la casa.

Durante esos días, Vicky y yo nos habíamos mandado whatsapp; yo contándole todo lo que había pasado y diciéndole las ganas que tenía de verla. Ella me contestaba que quería verme desnuda, ducharse conmigo y follar como perras porque se había puesto muy caliente en nuestra cita. Yo estaba deseándolo así que, cuando llegó el sábado me puse sexy, adecenté la casa para que ella la viera bonita, compré cava y lo preparé todo para una noche perfecta. Pero Vicky tenía otros planes.

Habíamos quedado en el mismo lugar que la primera vez, así que fui para allá, enfundada en mis mejores vaqueros y mi camiseta más sexy. Vicky apareció con unos vaqueros que le hacían un culito que yo quería tocar todo el tiempo y un camiseta con un ligero escote que dejaba poco a la imaginación.

- ¡Madre mía!, estás tremenda -dije acercándome hasta ella y besándola profundamente.

Ella respondió agarrándome del culo directamente y apretándolo.

- Ufff como me pones -me dijo- Tengo una sorpresa para ti, así que vamos a mi casa que está aquí al lado.

- Vale, me parece bien -dije ardiente de deseo.

Cuando llegamos a su edificio y nos metimos en el ascensor, me pegó contra el espejo de la pared y me besó mordiéndome los labios y pasando su lengua por ellos; yo le agarré uno de sus pechos para que supiera que estaba dispuesta.

- Te lo haría aquí mismo -me susurró al oído consiguiendo que me subiera la temperatura y se humedeciera mi entrepierna.

Me gusto su casa. Era grande aunque sólo tenía una habitación; estaba decorada con gusto, con muchos Budas y un cuadro enorme de una bailaora con los pechos al aire. Me encantó, tenía más cuadraditos pequeños, algunos eran fotos de ella con animales y otros eran escenas lésbicas de mujeres desnudas practicando el cunnilingus y tijeras imposibles.

Vicky me ofreció una copa y acepté. No quería beber mucho alcohol, o al menos no emborracharme, quería enterarme muy bien de lo que pasaría aquel fin de semana. Me excusé para ir al baño porque quería limpiarme, no quería que se diese cuenta de lo mojada que estaba y si seguía así me iba a traspasar el pantalón. Cuando entré en el lavabo vi que tenía más cuadros. Esta vez era un hombre desnudo masturbándose; era un dibujo a lápiz y al tipo le habían dibujado un miembro enorme. Me excité un poco más al imaginar aquel pollón dándole bien a alguien. El otro cuadro era de una chica de espaldas, desnuda con un tatuaje que parecían unos huesos recorriéndola. Después de orinar y limpiarme bien para que no se me notara tanto la excitación, salí del baño y cuando llegué hasta la zona del salón todo estaba lleno de velas y olía a rosas y fresas. "qué romántico" pensé.

- Espérame un momento preciosa -dijo dirigiéndose ella también al baño- Estás en tu casa.

Me senté en el sofá. En la mesita de café había unos dados debajo de una revista, los cogí y advertí que eran de los que te dan maneras de jugar; de esos que en un lado pone lamer y en el otro pone pezón. Los tiré en la mesa y salió en uno morder y en el otro oreja, me hizo gracia y cuando volví a cogerlos apareció Vicky.

- ¿Qué ponía? -preguntó sentándose a mi lado.

- Esto... -dije yo aprovechando la situación.

Me acerqué a ella y pasé mi lengua por su cuello hasta llegar al lóbulo de su oreja y mordí ligeramente, succionando un poco donde tenía el pendiente ella. Reaccionó lanzándome de espaldas contra el sofá y poniéndose a horcajadas sobre mis caderas. Yo le acaricié los muslos y subí la mano más hacia su cintura, incorporándome para besarla pero me agarró de las muñecas y las puso sobre mi cabeza mientras me pasaba la lengua por los labios.

Me estremecí al sentir sus pechos sobre los míos; con mi boca agarré su lengua como si se tratara de un Chupa Chups y chupé, succionando hacia adentro, consiguiendo que sus labios chocaran con los míos y siguiéramos besándonos. Yo jugaba con su lengua y la mía, habría ligeramente la boca y sacaba un poco la lengua para rozar sus labios y ella intentaba atraparla entre los suyos.

- Te gusta jugar ¿eh? -me dijo jadeando.

- Mucho -le contesté soltando mis manos y cogiendo su cuello, enredando mis dedos en su pelo y agarrando su culo con mi mano libre para así besarla apasionadamente.

Vicky se tumbó sobre mí abriendo mis piernas con su rodilla para que pudiéramos rozarnos con la parte inferior de las caderas. Estaba cardíaca, seguíamos besándonos cuando noté como una de sus manos subía por debajo de mi camiseta, levantando mi sujetador para dejar libre uno de mis pechos y poder tocarlo a gusto. Empezó a jugar con el pezón pellizcando y tirando de él ligeramente; también pasaba el dedo rápidamente de un lado a otro dándome la sensación de que era su lengua la que lo movía. Yo metí las manos por su espalda y desabroche el sostén. Le quité la camiseta y le arranqué el sujetador, la levanté un poco y me fui directamente a chuparle las tetas. Los pezones estaban duros pero deliciosos, les pasé la lengua, los succioné y los mordí. Volví a besarla, ella me quitó la camiseta y me mordió el cuello. Nuestra respiración era totalmente descompensada de lo excitadas que estábamos. Sin más, la mano de Vicky estaba en mi entrepierna, empujando, mientras yo le arañaba la espalda. Me levantó del sofá, me cogió de la mano y me llevó hacia la habitación; pero antes de llegar, me puso contra la pared del pasillo y me quito los pantalones y el tanga. Yo no me quedé quieta y también se los quite a ella quedándonos desnudas. Volvimos a besarnos; yo todavía llevaba el sujetador, así que intente quitármelo pero ella me dio la vuelta y me puso contra la pared. Me quitó el sostén y me agarró las dos tetas mientas apretaba su sexo contra mi culo. Ella comenzó a moverse pasándome la lengua por el cuello hasta llegar a mi oreja.

- Ahora eres mía, mi chica, y te voy a dar lo que nadie te ha dado -susurró mientras pellizcaba mis pezones.

- Ufff... sí -gemí.

Ella bajó por mi espalda besándome y cuando llegó a mi culo lo agarró y mordió las nalgas, produciéndome un placer extremo.

- Date la vuelta -me exigió.

Yo obedecí girándome y exponiendo mi cuerpo desnudo totalmente. Me abrió un poco las piernas y pasó su lengua por todo mi coño hasta encontrar mi clítoris. Comenzó a lamerlo con efusividad; yo levanté la pierna y la puse sobre su hombro para que tuviera mejor acceso. Vicky gruñó y enterró su cara en mi sexo, lamiendo, chupando, sorbiendo. Me agarraba las nalgas con las manos acariciándome el ano de vez en cuando con su dedito; yo estaba extasiada gimiendo. Si seguía comiéndome el coño a ese ritmo, me iba a correr muy rápido.

- Todavía no. Tengo más para ti -me dijo levantándose de golpe y besándome con fuerza.

Me cogió de la mano y me llevó a la habitación. En la mesilla de noche pude ver varios consoladores de diferentes tamaños, bolas chinas y un arnés doble; todo con un botecito de vaselina.

- ¿Has probado estas cosas? -me preguntó Vicky sentándose en la cama y atrayéndome hacia ella.

- Si... una vez probé un arnés -contesté.

- ¿Y fue para ti o para la otra? -me preguntó mientras me cogía del culo y me besaba el pubis.

- Pues... me lo puse yo y luego la otra... o al revés. No recuerdo -contesté un poco entrecortada porque los besos que me estaba dando me ponían muy cachonda.

- Si algo no te gusta solo dilo ¿vale? -dijo ella.

Yo asentí y agaché la cabeza para besarla. Antes de que me diera cuenta, Vicky estaba a horcajadas sobre mis caderas; su sexo rozaba el mío, así que empezó a moverse apretando cada vez más hacia abajo para darme más placer. Yo le agarré las tetas y tiraba de sus pezones; ella me agarró las manos y juntas tocamos sus pechos. Luego me agarró las muñecas, sacó unas esposas de debajo de la almohada que yo no había visto y me las puso. Yo no podía tocarla, así que me dejé hacer.

- Ahora vas hacer que me corra para ti -me dijo colocándose con las rodillas abiertas, cada una al lado de mi cabeza.

Yo sonreí y pasé mi lengua desde su vagina hasta su clítoris; saboreando bien toda esa humedad. Sabía tremendamente bien, así que seguí comiendo como una loca. Le metí la lengua hasta dentro y la oí gemir bien fuerte; no paraba de mover las caderas, así que seguí lamiendo su clítoris hasta que estalló sobre mi cara. Yo seguía chupando porque me gustaba su sabor.

- Ahora te toca a ti. Te vas a correr como nunca lo has hecho -me dijo.

Yo estaba chorreando y lo notaba. Vicky cogió uno de los consoladores y lo chupó como si fuera un caramelo. Seguidamente lo deslizó por mi coño de arriba abajo.

- Estás tan mojada que no te hará falta el lubricante -me dijo metiendo el consolador directamente en mi coño.

Grité, no de dolor, sino de gustó. Abrí las piernas para que entrara mejor y Vicky lo movió de adentro afuera varias veces. Yo no dejaba de gemir y estaba a punto de correrme así que ella sacó el consolador. Yo la mire esperando el próximo paso, seguía esposada y con los brazos por encima de la cabeza por lo que no podía hacer nada. Vicky agarró uno de los consoladores más pequeños y el bote de lubricante.

- Esto te va a encantar -dijo.

Lubricó el pequeño consolador y luego me echó a mí un chorro sobre el pubis. Se mojó la mano llenándose toda de lubricante; puso mis piernas abiertas y con los pies sobre el colchón y con la mano lubricada acarició todo mi ano. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, nadie me había tocado esa zona. Luego, poco a poco, fue metiendo el consolador y sacándolo para que mi culo se habituara al objeto. No dolía, me gustaba y mucho. Cerré los ojos para disfrutar de la sensación. Vicky paró de mover el consolador y cogió algo de la mesa; yo seguía con aquello en el culo y noté como volvía a meter su mano en mi coño comprobando mi humedad.

- Estoy muy excitada -le dije moviendo las caderas mientras notaba como Vicky metía una bola dentro de mí coño y volvía a mover el consolador del culo de adentro afuera.

Yo no dejaba de moverme y gemir; entonces, con su mano libre, Vicky cogió el cordón de las bolas y con la que tenía fuera empezó a golpearme el clítoris, empecé a chillar y me corrí escandalosamente. Ella se sentó sobre mi pierna para rozarse el coño y se corrió también.

- ¿Te ha gustado? -me preguntó dejando sus juguetes en la mesilla.

- Me ha encantado -le dije.

- Pues todavía no hemos terminado -dijo quitándome las esposas.

- ¿Cómo que no hemos terminado? -pregunté sonriéndole y besándola.

- ¿Quieres terminar? -preguntó mientras me acariciaba.

- No -dije yo besándola como si nadie la hubiera besado antes.

Nos excitamos de nuevo y volví a sentir como ella movía sus caderas.

- Me vas a matar -dije entre jadeos.

- Sólo quiero follarte, no matarte -contestó agarrando el arnés y colocándoselo. Era doble y tenía un consolador grande y grueso para penetrar y otro que se lo tenía que meter la que se lo ponía.

- Ponte a cuatro patas, quiero follarte desde atrás -me dijo ella.

Yo me excité pensando en lo que me iba a hacer; así que le di la espalda y le ofrecí mi culo. Ella empezó a sobármelo y acariciar con el arnés la entrada de mi coño.

- Te voy a follar como nunca nadie te ha follado -dijo.

- Hazlo -contesté- Fóllame bien fuerte.

Vicky me penetró desde atrás bruscamente y empezó a darme golpes con sus caderas en las nalgas. Me gustaba tanto que empecé a gritar y moverme hacia delante y hacia atrás. Ella me agarró las tetas y volvió a darme tan fuerte como pudo, cada vez más rápido. Como yo también le daba placer a ella, la escuché gritar también.

- Me encanta follarte -me dijo gimiendo.

- Y a mí que me folles -contesté.

Sacó el arnés de mi coño y me dio la vuelta poniéndome tumbada en la cama. Empezó a comerme las tetas y después volvió a penetrarme. Esta vez estaba sobre mí y la abracé con las piernas, sintiendo aquello cada vez más dentro de mí. Vicky se movía fuerte y me golpeaba el clítoris con el pubis dándonos así placer a las dos. No dejaba de moverse adentro y afuera consiguiendo que mi placer aumentara.

- Córrete para mí -dijo en mi oído- y yo me correré para ti.

Eso me encendió tanto que tuve el orgasmo más impresionante que jamás había tenido, haciendo que Vicky se corriera al mismo tiempo. Acabamos exhaustas abrazadas en la cama.

- A partir de ahora eres mía Sarah. Mía y de nadie más.

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