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Sexo compulsivo con mi hija, primer trío

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Porta los genes de la lujuria de su padre y los celos de su madre, la voracidad erótica compulsiva es algo que ella misma desarrolló ejercitando su sexualidad.

De su madre aprendió la forma de manipular y acosar para conseguir sus propósitos, su cuerpo y las habilidades demostradas en el sexo las herramientas para concretarlo.

En el capítulo anterior nos habíamos quedado en esa tarde, con poco tiempo y muchas ganas, ella me provocó y acosó de tal modo que no tuve otra salida que acceder a volver a casa para hacerle el sexo por segunda vez. No puedo venirme dentro, no utiliza ninguna protección, y haciéndolo en la posición de perrito tenía el ano en oferta. La forma compulsiva de forzarme a tener sexo estaba latente, el hermoso ano, tan cerradito y lampiño era una invitación imposible de evitar, el grosor del miembro sería un obstáculo en caso de pedirlo, tomarlo por asalto era la única y válida opción, venirme dentro el objetivo.

Es una muchacha joven pero con la madurez mental y física para manejar con malicia esa actitud eróticamente y perversa, la experiencia anal, aún dolorosa, enriquece y estimula para otra de sus fantasías.

El aprendizaje necesita voluntad y decisión, ella tiene de ambas y muchas, podría decirse que juntos somos dinamita, claro ella es la que enciende la mecha, el coqueteo, sus insinuaciones y provocaciones el precursor que termina por hacer detonar el deseo explosivo.

Seducción, coqueteo y malicia son las formas sutiles de manejarse, mohines y gestos de bebota caprichosa el plus necesario para esmerilar la resistencia masculina, sobre todo cuando me dice: “no podrías negarte a los pedidos de tu nenita, recuerda que siempre soy tu nenita bien putita, solo para ti”.

En los días siguientes seguimos teniendo relaciones con las prevenciones e incomodidad de estar bajo la vigilancia de la madre, celosa o intuyendo que sucede algo entre nosotros.

Como era temporada de vacaciones, la madre pasaba mucho tiempo en casa, ambas circunstancias no contribuían en darnos muchas opciones, pero siempre se hacía un momento para buscarme y hacerlo a como diera lugar aún en los lugares más insólitos. Una mamada furtiva o un “rapidín” servían para mantenerla callada y armonizarle el nivel de excitación.

Poco a poco y por influjo del acoso a que me sometía fue diluyéndose el sentido de culpa por el incesto contumaz y reiterado, dejando lugar a una moralina opend mind, bien laxa, donde solo contaba el sexo con exclusión de la relación parental. Los nombres de ambos no tenían la connotación de la relación formal, solo era la forma de nombrarnos, ella sería nena o nenita, yo su papi, para lo demás solo un hombre y una hembra entregados al sexo.

Durante ese tiempo vacacional hubo sexo en los lugares más insólitos, en el garaje, dentro del auto, en el lavadero, sentada sobre la lavadora durante el lavado, yo de pie haciéndole sexo, con toda la adrenalina cuidando de que la madre no nos pesque haciéndolo, mucho sexo expres, pocas veces anal, la mayoría por la vagina y cuando las fechas no lo permitían ella gustosamente se tragaba el semen del papi.

Cuando comenzó la temporada escolar y todos retomamos el ritmo habitual de actividad, se relajó la vigilancia materna, hubo más facilidades y sobre todo tiempo para que ella pudiera hacer su voluntad: tener sexo.

Para evitarnos el riesgo de un embarazo y sin conocimiento de la madre, visitamos a un ginecólogo amigo para colocarse el diu, de ese modo hacerlo sin condón y evitarnos estar rezando cada mes por la llegada de la regla.

Esa misma tarde, saliendo del ginecólogo aprovechamos ese par de horas libres para hacer un alto en el camino a casa, tomando un turno en un hotel para parejas, sería su primera vez en la comodidad de un hotel, bien merecido lo tenía. Por un par de semanas no estaba indicada la protección del diu, en esa ocasión hicimos el mágico 69, terminando con un final a toda orquesta, sometiéndola por segunda vez a un prolongado y exigente, sexo anal.

Terminad de higienizarse, un par de cervezas nos dio un tiempo extra, propicio para el relax y la conversación, somos dos amantes en el post de una eufórica sesión de sexo pasional, ésta condición me había hecho reflexionar e imponer la claridad de conceptos para evitarnos problemas éticos provocados por esta relación incestuosa, tan impropia como placentera, un conflicto de conciencia.

Contenida entre mis brazos, su cabeza reposa tranquila sobre el pecho paterno, hablando sin mirarnos, solo dejarnos fluir, insistía en hacerle entrar en razón que lo que estábamos haciendo no era bueno ni honesto.

- Entonces no te gusta hacerlo con tu nenita?

- No, no, nooo, no es eso…

- Entonces es qué ya no quieres hacérmelo más.

- Sí, sí, quiero pero… a ver cómo te explico…

Por una vez no sabía cómo hablar, teníamos una relación con límites difusos, la pasión arrasa con las buenas intenciones, en realidad pretendía hacerle entender que podríamos seguir siempre y cuando lo que había nacido entre nosotros no se vaya fuera de control. Propuse seguir, que fuera solo sexo pasional, y no sexo emocional, solo relación física sin involucrar sentimientos, luego el silencio…

- Sí, papi, será todo como digas, pero… te necesito, mi deseo es contigo y solo para ti.

Sus palabras no eran las de la pendeja, era una mujer plena, tan sincera como la compulsión sexual que la domina y me contagia, pero luego ya ni sé cómo ni de qué modo se volteó, mirándome, tomó mi rostro en sus manos, miraba con la intensidad de quien está mirando la vida al borde del abismo.

El beso en la boca era casi natural, hacerlo de ese modo abriendo los míos y buscando con su lengua llegar a la intimidad que propone un beso con el profundo contenido del erotismo emocional hizo flaquear todas mis convicciones del momento previo. Dos besos con la misma emoción cerraron el diálogo.

Mientras nos estábamos vistiendo para dejar el lugar me volvió a coquetear, juguetona y desenfadada, retomar el contexto de la relación caliente.

- Nenita, eres una muer que sabe lo que quiere, y cada vez me pones la vara más alta, hasta diría que… eres mucha mujer para un solo hombre.

- Papi!! eso quiere decir que me entiendes bien, que sabes qué y cuánto te necesito. Por qué no me complaces. Qué fue eso de que soy mucha mujer para…? Sí, quiero, quiero… otro más? Solo si estás tú, no de otro modo. Tu nena quiere, quiere…

- Sí? Te gustaría?

- Si me gustaría qué cosa?

- Que fuéramos más de dos?

- Hmmm, te dije que sí, o no fui clara. Sí! Quiero, que me veas como lo hago, te excito y luego me tomas con un salvaje como cuando te amenacé con contarle a mami y volviste a casa y le rompiste el culito a tu nena. Me dolía, pero me gustó sentirte loquito, que me lo hacías castigándome por ser una nena mala, muy mala. Hmmm,

El “hmmm” lo hacía con el gesto recurrente de fruncir la nariz “haciendo conejito” y la expresión de bebota presumida, es su forma de seducir y dominar mi voluntad, hábil manipuladora de las emociones, había desarrollado un inquietante apetito sexual.

- Si papiiiitooo! Quierooo probar todo, el sexo contigo es lo primero, pero necesito que me lleves de la mano en la búsqueda de nuevas experiencias…

No se volvió sobre el tema, pero había dejado clavada la espina de la propuesta inconclusa. En un par de días mi nena retomó la asignatura pendiente, su fantasía, de ser más de dos para el sexo, que estaría bueno hacer un trío, nuevamente ella toma la iniciativa, supuse por donde rumbea su alucinado deseo. Puse como condición sine qua non que el primer trío fuera trayendo a otra mujer a nuestra cama.

Ahí surgió el primer obstáculo, cómo y con quién, sobre todo por el vínculo parental de ambos, por lo cual le propuse que buscara entre sus amigas, a condición que fuera confiable, reservada y discreta, obvio sin mencionar nunca el vínculo entre ambos.

Esa mañana durante el desayuno me comentó que tenía la chica indicada, su compañera de colegio, que lo habían hablado y le entusiasmó la idea, solo faltaba acordar cuándo reunirnos.

- Estás segura que no me conoce?

- Claro, nunca vino a casa, es Giselle, seguro me escuchaste hablar, esa que alguna vez me permitiste quedarme a dormir en su casa.

- Ah, sí, si recuerdo. Bueno si estás bien segura que es confiable… pero le explicaste que tienes un amigo para hacer cosas... y que ella quiera ser parte del trío?

- Claro, con ella hemos tenido sexo cada vez que me quedaba a dormir en su casa, tampoco es virgen, tiene sexo con su primo. Ahora es tu turno, buscar dónde y cómo hacerte el banquete con dos pendejas… Te gusta papito? Hmmm –mohines de bebota consentida.

Durante toda la semana estuve buscando la forma de comerme a las pendejas. Cuando la pasión puede más que la razón, la cabeza pensante es la de abajo, nos sentimos más audaces y decididos y cuando los astros están alineados es el momento de actuar y aprovechar la bonanza. Así me surgió la idea de llamar a un compinche de correrías, desconectados desde que comenzó esta locura incestuosa, le dije que tenía dos pendejas pero no tenía dónde llevarlas, ahí mismo me dijo: - Eso no es problema, tengo un “bulo” (apartamento para trampas) que puedes usar con total libertad, ya te estoy enviado la llave.

Armado un plan arriesgado, para incentivar los deseos y perversiones más atrevidas, Giselle había tramado con su tía para que dijera que pasaría con ella toda esa noche, Loly, que se quedaría con Giselle, yo la visita a un cliente del interior. Tenemos los ingredientes para una tormenta perfecta, erótica y pasional al ciento por ciento y dos días para calentar motores esperando el gran día.

Recogimos a Giselle, me presentó como “mi papito”, de inmediato se estableció ese feeling propio de quienes se identifican y comparten el placer del sexo y el erotismo.

El loft de mi amigo las sorprende gratamente, amplio y luminoso, un gran espejo de cuerpo entero proponen una visión integral de la acción sobre la cama súper King size, que Loly aprovechó para salta en ella sentarse y decir:

- Está buena, espaciosa y suave para que papi se revuelque con las dos pendejas.

- Wowww, un jacuzzi!! –exclamó Giselle - Para que papi se bañe con las dos.

Las primeras cervezas hicieron todo más relajado, Giselle recorrió el loft, se vino con una botella de tequila, que sirvió para iniciar el juego de bodyshot.

- Bueno chicas, que comience el juego. Quitarse las ropas, quiero ver mucha piel.

Mi hija tomó el centro de la escena, mostrando sus atributos juveniles en flor, alta, delgada y trigueña con reflejos rubios en su cabellos sueltos sobre el pecho, en tetas, pequeños y deliciosos limones, pezones rosados, rugosos y sabrosos como fresa madura, tanguita de hilo dental, brevísimo triángulo de encaje blanco cubriendo los abultados labios del lampiño y cerradito sexo.

- Vamos putita, muéstrate lo bonito que tienes a mi papito.

Giselle comenzó a desnudarse, curvas para causar vértigo, senos opulentos, el soutién apenas puede cubrir la areola grande y contener la erección de los gruesos pezones, piel muy blanca y cabellos muy negros, bombacha de tiro alto, súper cavada, en el vértice apenas cubre el monte de venus y pugna por retener dentro los enrulados vellos púbicos.

Nunca una antítesis de cuerpos fue tan deliciosamente amoral, el contraste estimula los sentidos del hombre que las come con sus ojos. Cabello trigueño y negro, pechos que me llenan las manos y senos que las rebasan, coñito lampiño y estrecho, conchita peludita y labios aleteando deseo. Las dos pendejas solo en prendas interiores, exultantes y dispuestas a darme una noche lujuriosa.

- Bueno chicas que comience el juego

- No señor, sacarse todo para nosotras. Todo, te queremos en bolas.

Desnudo total, sentadas en la cama sonríen y susurran viendo como me desvisto, la visión de esos cuerpos jóvenes y dispuestos para mi placer, me habían calentado de tal modo que la erección abultaba el bóxer, me arrimé a Loly para esa caricia por encima, pero fue Giselle quien me lo bajó y pudo tenerlo en su mano.

- Wowww, sí que la tiene gordota, mucho más que la de mi primo. Todo esto te estás comiendo? Y cómo te lo debe haber dejado…

Entre los dos desvestimos a Giselle, recostada sobre la cama, Loly colocó dos secciones de sal sobre su vientre y una rodaja de limón en la boca. Loly lamió una parte de sal, un shot de tequila y a morder la rodaja de limón de la boca de Giselle, se besan con ardor. A mi turno, lamí sal del vientre, el shot de tequila, mordí la rodaja de limón de su boca. Me tomó de la nuca, me besó, intenso hasta que se nos acabó el aire.

La segunda ronda fue sobre el vientre de Loly, en último término del ritual sobre mi vientre, pero no me pusieron rodaja de limón, luego del shot de tequila Giselle fue directo a tragarse mi verga, de un trago se la metió en la boca hasta donde le daba por que la tiene pequeña pero se sentía bien caliente.

De ahí en más todo estaba dado para comenzar el juego, me dejaron acostado para lamer y sacudirme el miembro, turnándose para chupar y lamer la carne hinchada y turgente. Excitado a mil, reclamé por mis derechos a lamer sus coñitos, Loly me llevó al de Giselle, abrió los labios de la vulva para colocar los míos.

Metí la cabeza entre las piernas de la muchacha y comencé a gastarle la conchita de tanto lamerla, los dedos metidos dentro de la vagina suplantan mi boca cuando me robo la eléctrica reacción de mordisquear el clítoris.

Agitada y conmociona por la pasión que pongo en lamer su sexo, Loly de mamar sus pechos hasta que la atosigamos excitando sus zonas erógenas para estallar en un estruendoso orgasmo que nos tomó por sorpresa, la forma de gritarlos y las convulsiones casi epilépticas producidas por los nosotros dos.

No le dimos respiro, hasta dejarla totalmente rendida, laxa y desconectada de la realidad, totalmente desencajada, gemía y reía, vocifera groserías y pide que la dejen respirar, que la estamos matando…

Hace tiempo que no era testigo de un orgasmo tan brutal, nos quedamos a su vera, acariciando su cuerpo, dándole contención y velando el éxtasis de una guerrera triunfante en la carrera del orgasmo.

Giselle está siendo la protegida de mi hija, todas las atenciones para ella, disfruto ver como la va guiando a que vuelva a mamar la verga, ella aprovecha para colocarse debajo de su cuerpo para meter sus dedos en su conchita y llenarse la boca con los jugos de la amiga.

Nuevamente excitada, abre su coño peludito y me monta, dejándose caer despacio hasta que voy todo dentro de ella. Comienza a moverse mientras le exprimo esos melones, oprimiendo los pezones ente el pulgar y el índice, le gusta sentirlos bien apretados, disfruta ser tomada con rigor, estamos en la misma frecuencia, sexo fuerte y profundo.

La calentura adquiere tono épico y salvaje, le gusta que estruje sus pechos, apriete fuerte los pezones, las nalgadas son caricias al momento de subir el nivel de calentura. Sin salirse me deja ir arriba, en misionero, patitas al hombro, entrando a fondo, las manos de Loly le da un frenético masaje al clítoris, nuevamente le inquieta y crispa el incremento de la calentura, sobre todo que le voy retaceando ritmo y agitación del miembro para bajar el nivel de excitación, demorando al máximo el orgasmo.

Retiré la boca de Loly, deja de lamer el clítoris y la verga de su papi, no quiero que termine tan pronto, prolongar la excitación asegura un estallido mayor al momento del orgasmo.

Volteo, de rodillas, el culo empinado, para que Loly pueda reptar bajo el vientre de Giselle, poder mamarle la conchita mientras la penetro desde atrás. El chasquido de las nalgadas escoltan al chapoteo de la pija entrando y navegando en los jugos vaginales, más nalgadas, más bombeo salvaje y profundo nos van llevando a un estado de tensión y locura.

Montado sobre sus nalgas comienzo el bombeo, intensivo y brutal, tomado de los cabellos puedo someter y domar.

- Vamos yegua, mueve, muévete.

Menea sus caderas acompaña el metisaca vibrando en cada embestida, la boca de mi nena alterna las lamidas con caricias en mis testículos. El orgasmo de Giselle comienza a gestarse, percibo sus contracciones en la presión sobre la pija, los movimientos enérgicos, casi convulsivos por el doble acoso. El gemido gutural, ahogado contra la almohada estalla en fuertes latidos que se irradian por su cuerpo.

No pude apreciar si fue uno bien largo o varios pequeños sin solución de continuidad. Sentía la boca de Loly muy activa, atorada por el exceso de jugos, lamiendo a destajo, tanto que la calidad del orgasmo venció mi concentración por demorar el mío, ante la proximidad de mi momento de gloria, pregunté si podía terminarle dentro.

- Sí papito, podes venirte dentro. –dijo Giselle

- Queremos tu lechita, acaba dentro, queremos tu leche. –replicó Loly.

Un rugido venido desde el fondo de mi ser fue el sonido triunfal de ese instante donde me parecía que se acaba el universo, perdía contacto con el mundo real, solo sentía ese brutal chorro de semen que salía de mi poronga, unos dos o tres o más no fueron suficientes para vaciar mis testículos.

Al retirarme de la conchita sentí como el último disparo de semen fue recogido por la atenta boca de Loly, que no quedó satisfecha, sino quedó para recibir el goteo de la energía láctea vertida por su padre dentro de su amiga.

Mientras Loly quedó limpiando todo el exceso de semen, la boca de Giselle limpió los últimos vestigios del polvo.

La intensidad y calidad de esta sesión de sexo amerita recrearla sin cercenar ninguna parte de este relato, por lo extenso dejaré para la próxima continuar con la segunda parte de nuestro primer trio, esta vez con una mujer.

Continúa mañana.

Loly y el Lobo Feroz, te esperan en: [email protected]

Lobo Feroz

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