INICIO » Categoría » La ingenua Michelle y su viejo vecino

La ingenua Michelle y su viejo vecino

  • 60
  • 11.594
  • 9,56 (18 Val.)
Una joven universitaria se adentra en un arriesgado juego donde las emociones y las consecuencias pueden ser altas

La joven Michelle se despertó casi de un salto de su cama. El celular sonaba ya en su tercera alarma y marcaba para su horror las 7:30am lo que indicaba que iba a llegar tarde a la universidad. Como pudo eligió la mejor ropa para lo que se sentía que iba a ser un agradable día de primavera, peino su lisa cabellera negra que hacia un gran contraste con su piel blanca, casi pálida y salió como una bala hacia la cocina.

—Vas a llegar temprano querida hija, te deje unas tostadas hechas en la mesada —Dijo Marta con su característico tono sarcástico con un pequeño toque de reproche, era su forma de dirigir ese hogar sin parecer muy rezongona, aunque de todas formas confería autoridad.

—Llego bien, gracias má —Respondió en voz baja Michelle, ya en parte para evitar confrontación con su madre y en parte para poder salir lo mas rápido hacia la universidad.

—Mira que hoy hay paro de autobuses y funcionan solo las líneas básicas michi – Le recordó de forma casi alegre su hermana menor Lucia de 18 años que se estaba aprontando para ir al secundario.

Que manera mas desmotivadora de arrancar el día pensó. Desde que su padre se vio obligado a tomar un segundo empleo por un giro en la situación económica de la familia este estaba ausente de la casa desde muy temprano, a las 5am y volvía altas horas de la noche. Por ende ni él ni su madre la podrían llevar en auto.

Abrió el portón del frente de casa y salió con gran apuro hacia la parada de autobuses no sin antes recibir el ya casi rutinario saludo a la distancia de su viejo vecino de al lado que estaba regando el jardín de su casa.

—Buenos días vecina ¿Por qué vas tan apurada? —Dijo en forma jovial.

—Buen día Alberto

Estaba ya tan alterada que ni siquiera respondió la pregunta del “jubilado panzón”, como se referían en broma ella y su familia. Si bien habían sido vecinos de hace muchos años siempre habían tenido una relación cordial, no cálida ni nada por el estilo pero si donde se ayudaban en cosas referentes al vecindario o favores con la casa, etc… De todas formas Marta, su madre, siempre tuvo ciertos reparos con Alberto, como si que algo en el no le daba buena espina, para Michelle en cambio no había nada malo en ese hombre y no entendía porque su madre lo veía así.

Concentrándose ahora en regar bien sus plantas el viejo Alberto decidió esperar unos segundos antes de volver a seguir con la mirada a Michelle. A pesar de la forma humilde y recatada en la cual vestía Alberto no podía dejar de apreciar el cuerpo de esa joven. Estaba muy bien “proporcionada” pensaba en broma el viejo, recordando las pinturas renacentistas, aunque con una diferencia, que esta joven estaba mas tonificada por el ejercicio. Además le estimo lo que serian unos 1,70 de altura y donde seguía conservando muchos rasgos juveniles que le conferían un aire de inocencia. Esto hacia que fuera un paquete muy apetecible, sin caer en lo lujurioso de culos y tetas enormes que eran el estándar de belleza en estos días.

Pero sin dudas otra de las cosas que atraían al viejo a esta chica era lo poco que conocía de su personalidad. Era de perfil bajo, muy solidaria y humilde, no como las demás jóvenes de su edad que actuaban casi asqueadas de su presencia por el hecho de ser una persona mayor. Es como si ella no hubiera conocido aun el mal del mundo y todavía conservaba su inocencia. Solo en pensar lo que era esa joven mando un cosquilleo en su entrepierna, lo que sería disfrutar una jovencita como esa se decía el viejo a sí mismo.

Con 68 años, mucho tiempo libre y sin nada que hacer Alberto se encontraba constantemente mirando mujeres jóvenes y deseándolas. El hecho de que viviera solo casi toda su vida no ayudaba en absoluto, desde que comenzó a envejecer su suerte con las mujeres declino, con una caída abrupta cuando estaba en sus cincuentas. Ya no era el Ingeniero con mucho dinero, carismático y que con dulces palabras, un poco de trabajo o alguna mentira podía llevarse a una mujer a la cama. Ahora era un viejo con avanzada calvicie y fuera de forma, que disfrutaba de sus últimas décadas en un aburrimiento del cual siempre estaba intentando escapar. Para ello tomaba constantemente nuevos hobbies y proyectos. Para su suerte él era ágil mentalmente y no le costaba tanto aprender cosas nuevas, incluso aunque se tratase de tecnología.

Volviendo a Michelle esta ya se encontraba en un autobús rumbo a la universidad. Estaba de pie agarrándose como podía de una de las barandas del techo en aquel abarrotado vehículo se puso a pensar en todo lo que había cambiado su vida en los últimos meses. Por la situación económica del país el estándar de vida su familia había decaído y su padre estaba casi siempre ausente debido al segundo empleo que se vio obligado a tomar, su madre también comenzó a trabajar y todavía se encarga de dirigir la casa y sus integrantes. De esto estaba muy agradecida ya que si bien sus padres eran un poco estrictos, se esforzaban siempre en darle lo mejor a sus dos hijas. Es así que ellos se hacían un gran esfuerzo para poder pagarle la universidad privada donde Michelle estudiaba una carrera de la rama artística.

Para ella era la mejor carrera del mundo ya que podía hacer lo que más le gustaba, sus estudios implicaban diseño gráfico, dibujo, fotografía y historia del arte. Eran de las cosas que más alegría le traía y le encantaba aprender cosas nuevas, estaba constantemente buscando consejo de cómo mejorar y le encantaba hablar con sus compañeros y profesores sobre el tema.

Un repentino movimiento producido por un bache en la carretera provoco que se saliera por un momento de sus pensamientos. Algunas personas comenzaban a abrirse paso a la puerta de atrás del bus ya que faltaba poco para la próxima parada, Michelle trato de pegarse lo mas posible al asiento que tenia frente para dejar pasar a las personas por detrás en el pasillo. El respiro y espacio libre que se produzco al bajarse los pasajeros en la parada duro poco ya que ahora más personas abordaban el autobús, llenándose nuevamente todo el espacio que había sido liberado y formando así un tumulto de personas apretadas.

Es así que Michelle sintió el soplido de una respiración un poco saturada y profunda en la parte de atrás de su cuello. El incesante abordaje de pasajeros hasta el tope del autobús hizo que las personas se tuvieran que comprimir aun más para permitir el ingreso de más pasajeros lo que hizo que Michelle terminara apretada contra el costado de un asiento. Ahora no solo la respiración sino que también el cuerpo del individuo que estaba detrás de ella terminaron pegados contra la parte de atrás de su cuerpo.

Como odiaba viajar en buses llenos, sabía muy bien que algunos individuos aprovechaban esas situaciones para “apoyarse” en las mujeres. Michelle si bien era humilde y hasta un poco inocente en algunos aspectos sabía lo que ser una joven de 19 años provocaba en los hombres. Una cerrada curva la obligo a sujetarse con firmeza a la baranda del techo del autobús pero lo que hizo que se sobresaltara aun mas fue sentir el rose de la mano del individuo de atrás que también ante la sorpresa de la curva se vio obligado a repentinamente sujetarse de la baranda del techo para no perder el equilibrio, la joven corrió un poco su mano para no estar en contacto con la mano de aquel hombre.

De todas formas a pesar que ya habían pasado la curva seguía sintiendo la presión de aquel hombre por detrás y para su horror se dio cuenta de que él había aprovechado para acomodarse un poco y ahora estaba apoyando su entrepierna en la cola de la joven. No solo eso sino que también ahora el sujeto había colocado su mano en la baranda mas cerca de la suya.

El temblor y bamboleo del autobús sobre el camino no ayudaban en lo absoluto y el hombre ya casi restregaba una mediana erección que se podía sentir a través de los pantalones en las nalgas de Michelle. ¿Cómo podía ser que se le apoyara sin ninguna vergüenza? Estaba viajando en un autobús y todavía no entendía como podía sufrir un asalto tan personal a su intimidad.

La situación al momento le parecía repulsiva, si bien era algo que sucedía en poquísimas ocasiones ella nunca se había animado a enfrentar al agresor y hacer un escándalo. No era parte de su forma de ser, no le gustaba ser confortativa.

Para su suerte al mirar por la ventana reconoció una famosa tienda, eso indicaba que su parada estaba ya a tres cuadras, era señal de que se tenía que bajar. Trato de escabullirse por un costado no sin antes pedir permiso. La gente en su alrededor salió de sus ensoñaciones y se movieron un poco, luego escucho una voz ligeramente ronca detrás de ella, que respondía al pedido de permiso de la joven.

—Cómo no bombón, pasá. —Dijo en un tono cargado con cierta malicia.

Michelle levanto la mirada y apenas tuvo un vistazo de la asquerosa sonrisa que aquel hombre canoso le estaba confiriendo. Enseguida aparto su mirada y se abrió paso entre el mar de pasajeros hacia la puerta trasera del autobús, para luego bajarse en su parada y caminar hacia la universidad.

—Mira como estas pendeja que ojete que tenés —Pensó para sí mismo Alberto mientras suspiraba. Ya ni siquiera podía sentarse en el pórtico de su casa sin ser estimulado por alguna jovencita que pasara frente a su vereda.

Y es que a pesar de su avanzada edad el viejo todavía se excitaba al ver mujeres atractivas. Era una bendición y a su vez una maldición para él. Por un lado parecía un veinteañero en constante estado de excitación, solía masturbarse con frecuencia de 6 a 8 veces a la semana. Pero por otro lado en su exterior no era el joven que solía ser, y en consecuencia las mujeres lo trataban (o lo ignoraban) sin ningún interés.

Este estado de constante de excitación combinado con todo el tiempo libre que disfruta un jubilado lo tenia en un estado de frustración sexual que cada vez iba creciendo. Había adoptado numerosos hobbies y pasatiempos para mantener ocupada la cabeza pero el deseo por el contacto humano con el sexo opuesto era algo muy difícil de suprimir. Su soledad y falta de amigos no ayudaba para nada.

Alberto transcurrió el resto del mediodía y tarde tendiendo su gran jardín. Ese era otro de los pasatiempos que había adoptado para pasar el tiempo y si bien de a poco se estaba aburriendo del mismo, por lo menos lo ayudaba a pasar los días. Se quedo pensando en que otra actividad podría hacer para no aburrirse pero la verdad que no se le ocurría nada mas.

Eran ya cerca de las cuatro de la tarde y mientras organizaba y podaba algunas de sus plantas del frente de su casa, Alberto detecto que una chica venia caminando suavemente por su vereda, era Michelle. Enseguida Alberto se levanto de su banquito y desde su jardín saludo de nuevo a su vecina.

—Te noto mas tranquila ahora ¿Qué paso que saliste tan apurada? —Pregunto de forma amigable el viejo, casi como bromeando con su vecina. Michelle enseguida sonrió y se puso colorada, aquella mañana había sido una locura.

—Si emmm —Dejo de caminar, hizo una pausa y sonrió de nuevo aun colorada—. Podría decirse que fue una mañana estresante, me levante tarde, había paro de autobuses y justo hoy tenia que entregar un trabajo para la universidad.

—Apa día difícil —Contesto con una risa un poco forzada queriendo caerle bien – Bueno al menos estas en una sola pieza y no te paso nada— Continuo riendo mientras la miraba de arriba abajo como corroborando que a la joven no le faltase ninguna parte.

—Por suerte salió todo bien y pude entregar el trabajo al final.

—Vos estudiabas ingeniera en sistemas ¿No? O algo de computadoras si mal no recuerdo.

La pregunta le causo gracia y ternura a Michelle. Aquel hombre que vivía solo de hace muchos años quería entablar una conversación, sin duda para él hablar con una persona debía de ser algo que anhelaba y que seguramente alegrara su día. Sabiendo que podía alegrarle la tarde al hombre con solo conversar con él, la joven termino riendo y dándole charla.

—¡No! Estudio licenciatura en artes visuales —Contesto a modo de reproche amigable—. Hay algo de computadoras si por la parte de diseño grafico pero nos dedicamos también a la fotografía y dibujo.

—Vas a tener que saber perdonar a este pobre viejo jeje. Esas carreras nuevas me suenan tan raras ¡Ni se lo que hacen! —Enseguida pensó en algo mas que agregar— Creo que solo se que es fotografía, compre hace unos meses una cámara de las ultimas pero nunca supe como usarla, son muy complicadas.

A Michelle enseguida se le encendieron los ojos, justo estaba en medio de una materia donde estaba aprendiendo a usar cámaras réflex y los principios básicos de la fotografía. Había encontrado un punto en común con el cual hablar con ese viejito. Contesto rápidamente y con entusiasmo.

— ¡Es súper fácil!... Bueno en realidad no tanto, pero no es muy complicado. Pasa que hay que saber por dónde empezar… – La voz juvenil y femenina estaba intoxicando al viejo, ya con tenerla frente a él entablando una conversación había hecho que una respetable cantidad de sangre se moviera a un órgano en su entrepierna.

—Para vos que sos joven es fácil, ya cuando te empiezan a atacar los años se complica eh —Dijo guiñando—. Me vas a tener que enseñar algún día ¿Qué decís?

La verdad que Michelle no quería entrar en tanta confianza con el vecino. En seguida reparo en una de las plantas que había cultivado Alberto y cambio de tema rápidamente, evitando contestar la pregunta que le habían hecho.

— ¿Es eso una margarita? —Pregunto con genuino interés.

—Lo es, estoy viendo de plantar más flores en el jardín del frente ya que en el de atrás de casa esta bastante lleno. Estoy trayendo algunas de esas plantas para el frente para ver como quedan ya que me estoy quedando sin espacio en la parte de atrás.

— ¿En serio? Los patios de nuestras casas son bastante grandes ¿Cómo hiciste para plantar tantas flores?

—Bueno pasa que no solo hay flores, hay varios tipos de plantas, además instale una fuente e hice traer unas estatuas, hice todo un ambiente bastante lindo, una pequeña muestra del jardín del Edén podría decirse— Bromeo.

Mientras su vecino le contaba que era lo que había hecho en su jardín de atrás Michelle escucho el ruido del auto de su madre estacionando frente al garaje, miro al frente de su casa y vio a su madre y a su hermana abrir el baúl del auto para sacar una gran cantidad de bolsas de compras de supermercado. Esto le dio una excusa para despedirse de su vecino.

—Bueno me voy a ayudar a entrar las compras a mi madre que si no me mata, nos vemos – Se despidió con una sonrisa y se dispuso a irse

—Chau, y nos queda pendiente que me enseñes a usar la cámara eh.

Michelle simplemente miro para atrás y sonrió mientras se alejaba camino al baúl del auto de su madre. Se encontró con la mirada de su hermana que tenía una expresión pícara y curiosa:

— ¿De qué hablabas con el jubilado panzón?

—Y... de la vida y sus misterios.

Ambas rieron a la vez, tenían un humor que solo se entendían entre ellas y siempre se estaban haciendo bromas. Lucia se conformo con la respuesta y enseguida se apuraron a entrar las compras a su casa antes de que su madre les dijera algo.

Alberto volvió a sentarse en su banquito para continuar con su labor botánica, la conversación lo dejo con una media erección. Se puso a pensar enseguida como podía generar mas interacción con su vecina, tan solo había sido una conversación de 5 minutos pero tener a una fémina tan cerca lo había puesto a mil.

Daba ya por descontado que iba a comprar una cámara, le había mentido sobre que el tenia una, pero en vista de que a la joven le interesaba tanto el tema del diseño y la fotografía decidió que iba a comprar una bien cara y compleja, tal vez así podría generar mas interacción con ella. Decidió que aquella noche iba a encargar una a través de alguna tienda online, total dinero le sobraba.

Eran ya cerca de las once de la noche y Michelle se dispuso a dormir. Acostada en su cama en la obscuridad y mirando hacia el techo iluminado por una tenue luz que entraba por las persianas se puso a pensar en muchos de los trabajos que tenía pendiente para la universidad. Había un par de consignas para un par de asignaturas creativas para las cuales no había decidido que estilo y lineamientos creativos iba a tomar, mientras pensaba de qué se podía tratar su siguiente serie de dibujos de naturaleza muerta se acordó de lo que le había pasado esa mañana.

Recordó como aquel hombre horrible la “apoyo” durante el viaje en autobús. Lo que mas le impactaba era como era posible que estos individuos hicieran semejante cosa de forma tan descarada. La verdad que le había costado un poco borrar la sensación del miembro de ese hombre apoyado en su cola, por suerte para ella las clases de la universidad y sus temáticas eran lo que mas le gustaban y había podido de a poco olvidar el encuentro por el resto del día. De todas formas ahora que estaba acostada siguió recordando partes de aquel encuentro, de cómo invadieron su espacio personal, como aquel hombre había acercado su mano a la de ella en la baranda y como sintió la respiración en su cuello. Había algo tremendamente poderoso en aquel acto, como la había podido doblegar y pasar por arriba su intimidad, sabiendo tal vez que ella no le diría nada. ¿O era acaso que el hombre pensaba que a ella le gustaría y por eso ella no dijo nada? Mientras mas se ponía a ahondar en tema mas rara se sentía. Seguramente aquel hombre del autobús sabía que no tenía ninguna chance con ella en un cortejo normal y por ende se impuso de aquella manera, la única manera en la cual podía tener contacto con su joven y atractivo cuerpo.

Era el hecho de verse como un objeto de deseo, ser usada, ultrajada, era lo que le estaba despertando una sensación de rara excitación. Perdida en sus pensamientos se sorprendió al darse cuenta que su mano derecha estaba ya por debajo de su short de pijama y bombacha acariciando el exterior de su vagina la cual estaba entrando en un estado de humedad. Decidió rendirse e introducir un par de dedos en su interior, mientras se estimulaba no dejaba de pensar en aquel encuentro. Que hubiera pasado si aquel hombre hubiera sido aun más audaz y con su mano libre la hubiera manoseado. Se imaginaba a aquel señor pasando la palma de su mano por la parte de atrás de sus muslos hasta llegar a la cola y desde ahí dándole unas buenas apretujadas. O tal vez si pasara la mano alrededor de ella por debajo el brazo y se centrara en sentir y tocar su vientre para luego subir y tratar con dureza sus pechos. Mientras pensaba en aquello Michelle continuaba cada vez mas empedernida en su estimulación, ahora con su mano izquierda apretando y morreando sus pechos como para simular lo que haría aquel hombre. Manteniendo ese ritmo se estaba acercando al orgasmo, por ultimo pensó en la cabeza del hombre inclinándose sobre ella para olerla, tal vez para tocar su pelo, o para decirle algo al oído. La sensación de estar doblegada a la total merced de un pervertido era extremadamente morbosa, no entendía porque, se suponía que le tenía que causar desagrado.

De todas formas su organismo le decía otra cosa, la idea le parecía cada vez más salvaje y provocadora mientras mas se adentraba en ella. La estimulación continuo mientras se imaginaba al viejo tomándose mas libertades con su cuerpo. Se imagino el contraste entra la rugosa mano de aquel sujeto contra su blanca y suave piel, el contacto, no pudo contenerse mas.

La espalada de la joven se arqueo hacia adelante y para suprimir sus gemidos se mordió el labio inferior. En cuestión de segundos tuvo un poderoso orgasmo que la dejo rendida en su cama, su bombacha y el short estaban hechos un desastre por los fluidos que había liberado, pero en aquel momento no le importo y se dejo caer un placentero sueño.

—Buenos días vecina.

—Buenos días Alberto —Contesto con una leve sonrisa mientras le daba un saludito con la mano a la distancia. Siempre se ruborizaba.

Al pasar caminando frente a el Alberto no pudo despegar la mirada de su preciado cuerpo. Esta vez ella iba vistiendo un pantalón de jean semi-ajustado que marcaban sus piernas y hermoso trasero y una camiseta blanca de algodón estilo hombre, además llevaba una mochila. Había algo en esta chica que transmitía cierta energía, como si esa joven estuviera cubierta todavía por un manto de ingenuidad. A medida que la joven se iba alejando la distancia Alberto no pudo comprender que era, sin duda despertaba lujuria pero no solo quería satisfacer eso, necesitaba poseerla en varios niveles. Todos estos pensamientos despertaron de nuevo a su amigo en la sección de abajo.

Respiro hondo, ya habría tiempo para hacerse una paja a salud de Michelle mas tarde, ahora tenía que concentrarse en regar sus plantas. Recordó también que hoy le traían el paquete que había encargado ayer, un “Photographer starter kit” era el nombre de la promoción de una tienda en asociación con una conocida marca de cámaras fotográficas. El paquete traía una cámara réflex semi-profesional más un juego de 3 lentes de distintos tipos, no solo eso sino que también venia con otros accesorios. La verdad que apenas sabía de que se trataba todo eso pero el viejo guardaba esperanza de poder captar el interés de su vecina y así pasar mas tiempo con ella.

El resto de la mañana fue rutinaria, durante el mediodía recibió su paquete, lo abrió, lo miro y lo volvió a guardar, no entendía nada y no quería romper o desconfigurar la cámara. Eran las dos de la tarde y el sol todavía estaba un poco fuerte a pesar de ser primavera. Decidió tomar una corta siesta ya que quería en la tarde trabajar en el jardín del frente. Se puso a pensar, estaba un poco entusiasmado por trabajar el frente de su casa… o era el hecho de poder encontrarse con Michelle lo que le atraía. La verdad que nunca trabajaba mucho en el frente de su casa, prefería la privacidad del jardín del patio trasero, pero ahora que sabía que podía encontrarse con su vecina no solo en la mañana sino también en las tardes hizo que le gustara la idea de trabajar en el jardín del frente.

Se despertó perdido, la luz que entraba por las persianas daba un tono naranja y además no era mucha, se había quedado dormido y ya estaba entrada la tarde. Suspiro, había perdido la oportunidad de encontrarse con Michelle por ese día, no lo afectaba mucho ya que lo podía hacer todos los días pero igual, se sentía entusiasmado de todas formas de la posibilidad de interactuar con ella. Se levanto y camino hacia el living en un estado semi-dormido hasta que su corazón dio un pequeño salto.

Vio a través de su ventana como Michelle se arrodillaba frente a unas de las margaritas que había plantado ayer en uno de sus canteros, luego noto como sacaba su celular y comenzaba a hacerle fotos a la flor. Una descarga eléctrica fue a la entrepierna del viejo, ya se estaba excitando con verla.

Silenciosamente salió a su pórtico y se quedo mirándola, todavía llevaba la mochila puesta y la misma ropa con la cual había salido esa misma mañana, probablemente acababa de retornar de la universidad.

Ella por su parte estaba muy concentrada sacándole fotos a las margaritas, pero tanto la baja calidad de la cámara del celular sumado a la falta de luz debido al horario no estaban ayudando en nada y las fotos salían malas. Si tan solo pudiera sacar unas buenas fotos tal vez le pudieran servir para uno de sus trabajos…

— ¿Te gusta mi flor? —Pregunto en voz alta el viejo, Michelle se puso de pie casi de un salto, como si la hubieran descubierto haciendo algo malo. Estaba tan sorprendida que ni siquiera reparo en el doble sentido de la pregunta.

—Si son muy lindas, estaba pasando por acá y al verlas se me vino un momento de inspiración, le estaba sacando fotos porque capaz me sirvan para un proyecto de la uni.

— ¿Ah sí? A ver mostrame como van quedando.

El viejo camino hasta posicionarse al lado de la joven, tenerla cerca, sentir su calor y aroma, sentir su titubeo a la hora de mostrarle las fotos lo estaba volviendo loco. Tenía ganas de abalanzarse sobre ella, pero se conformo con apoyar su mano en su hombro de modo inofensivo.

—Estas son algunas de las que saque, no están muy buenas, pasa que con la poca luz y la cámara del cel… —Decía mientras iba pasando las fotos que había hecho, el viejo se inclino aun mas sobre ella, aprovecho para contemplarla un poco mas cerca.

—Que lastima, igual están buenas, tendrías que sacarlas cuando haya mas luz no? Aunque de eso sabrás mas que yo jeje.

—Si, te molestaría si mañana… le saco unas fotos? – Se ruborizo al hacer la pregunta como si le estuviera pidiendo un gran favor.

— ¡Pero claro que no mija no hay problema! —Se agarro el mentón por unos segundos mientras pensaba—. ¿De qué es este trabajo que estas haciendo?

—No es de una temática en particular, pero ahora se me había ocurrido en hacerlo en algo relacionado con la naturaleza.

—Ahh interesante ¿Sabes que? Vení te quiero mostrar algo que te puede servir, vení.

Y en eso el viejo se enfilo al portón que conducía al jardín del fondo. Michelle enseguida quiso declinar la invitación pero el hombre ya estaba yendo al portón por la cual decidió no decir nada y seguirle.

Luego de abrir el pequeño portón ambos caminaron por un estrecho corredor al costado de la casa hasta llegar al patio trasero, era ahí donde estaba el famoso jardín o “pequeña muestra del Edén” como le llamaba su dueño.

—Bueno aquí esta, mi gran obra —Dijo el viejo girándose hacia su visitante, noto que la joven estaba sorprendida mirando todo lo que ofrecía aquel lugar.

Y es que no era para menos, el lugar en si tenía varios años de meticuloso trabajo y buenas sumas de dinero puestos en él. La disposición del lugar era no solo amplia sino que también estaba excelentemente decorada. Había dos replicas de esculturas clásicas que adornaban las dos paredes de los costados y al fondo había una fuente funcional incrustada a la pared la cual con el correr del agua creaba un sonido y ambiente relajantes. Además había una estructura metalúrgica que iba de pared a pared donde múltiples enredaderas se encargaban no solo de esconder el metal, sino también de resguardar al patio del sol, esto también le confería al lugar un gran ambiente de privacidad y relajación. Además de esto múltiples especies de plantas y flores decoraban el lugar y se integraban fluidamente a la decoración y arquitectura del lugar. Para ponerlo en pocas palabras, era un lugar maravilloso.

—Mira, deja la mochila ahí en la mesa y veni, que por acá tengo una sección de flores que te puede interesar para tu trabajo.

La joven accedió, el viejo no podía creer su suerte mientras miraba con ojos hambrientos como la joven de espaladas a él, se despojaba de la mochila y la dejaba sobre la mesa. No pudo evitar hacerle un buen repaso visual sobre sus piernas y cola, ese jean le quedaba a la perfección.

—Pasá por acá Michelle —Dijo mientras la guiaba por aquel lugar, aprovecho para colocar su mano derecha en la cintura de la joven mientras que con la mano izquierda señalaba y gesticulaba las explicaciones sobre los distintos tipos de flores que había en el lugar.

Enseguida Michelle se sintió incomoda, si bien su vecino parecía estar súper concentrado en contarle sobre el lugar y sus plantas la sensación de tener la mano de él sobre ella la estaba desconcentrando y le estaba costando prestarle atencion sobre lo que le estaban contando. Era tan raro que por esa clase de contacto físico se estuviera poniendo nerviosa y sintiera cierta vergüenza.

—Si, esta flor es un Gladiolo, muy bonita pero sus cualidades de cuida…

Y mientras el viejo explicaba sonó a todo volumen el celular de Michelle.

—Perdona pero tengo que atender —Y aprovecho para soltarse del agarre de su vecino.

—Dale no pasa nada

Atendió enseguida y sin siquiera ver quien llamaba, al poner el celular al oído escucho una voz muy familiar.

— ¿Dónde estás Michelle que se esta haciendo tarde? —Era su madre y por el tono de su voz sabía que estaba molesta.

—Em... ya estoy llegando mamá no te preocupes.

—Bueno, acordate que me tenés que ayudar a ordenar el placard de abajo, adiós.

Y corto, miro su celular, ya eran las 19:27, estaba empezando a obscurecer. Guardo el celular y volvió con su vecino, le dijo que se tenia que ir.

— ¿Ya vecina? Apenas habíamos arrancado el tour —dijo con cara de bromista—. Bueno queda para mañana entonces, la verdad que la poca luz no le hace justicia a lo que es el jardín, tenés que verlo durante el día te va a encantar.

Y así el anfitrión condujo a su invitada hacia el pequeño portón por el estrecho corredor que conectaba el fondo con el frente del jardín. Alberto que iba detrás de Michelle no pudo dejar de apreciar su cautivante figura, un comentario de la joven lo saca de su trance.

—Ay me olvide de la mochila – Dijo dándose vuelta para volver

El viejo en vez de darse vuelta y volver por el corredor decidió pegar su espalda contra la pared para permitir que ella pase por delante y vuelva sola a buscar la mochila.

—Pasá, te espero acá —Comento de forma casual, señalando el estrecho pasadizo que la pared y su cuerpo formaban, donde incluso contrajo un poco la barriga como para facilitarle el paso a la joven.

Michelle se dispuso a desplazarse por el lugar cuando se dio cuenta rápidamente de lo que eso iba a implicar. Se vio envuelta otra vez en una situación incomoda ¿Pero que le podía decir al hombre? ¿Que no entraba? ¿Que fuera el a buscar su mochila? Decidió hacer lo mas fácil y pasar frente a él.

No quería cruzarse con su mirada por la vergüenza y decidió darle la espalda. Se puso de costado y se dispuso a dar un paso largo de costado para pasar. Enseguida sintió un poco de la barriga en su espalda baja y a medida que pasaba sintió la cadera del hombre rosando el costado de su cola. Llegando a medio camino comenzó a sentir la inconfundible forma de un falo masculino en un estado de semi-erección rosando sus glúteos, tal cual como lo había sentido la mañana del día anterior en el autobús.

Un torrente de emociones invadieron su cuerpo en aquel momento, lo cual la hizo cerrar los ojos y detenerse en el lugar, a medio camino. Y es que el coctel de sentimientos que pasaban por su cabeza no eran de menos, sentía excitación, peligro, morbo, ansiedad, lujuria. Todo esto la había paralizado.

Michelle no era la única que estaba experimentando una catarata de sensaciones, Alberto por su parte se lo estaba tomando de otra manera. Apenas la joven se dispuso a pasar por su frente, el viejo tomo aire para de alguna manera comprimirse y hacerle mas fácil el paso. El hecho es que apenas comenzó a sentir la cola frotarse contra su erección no pudo evitar cerrar los ojos y echar su cabeza hacia atrás. Era como si se hubiera enlentecido el tiempo, poder sentir de una forma tan explícita y repentina el cuerpo de esa muchacha lo había mandado a otra dimensión. Dejo escapar el aire de sus pulmones de forma lenta y relajada por su boca, estaba en el cielo.

Escuchar a Alberto exhalar aire hizo que Michelle enseguida despertara de su trance e hizo que de forma apresurada y hasta un poco brusca se abriera paso hacia el otro lado. Camino de forma veloz por el corredor hasta llegar al jardín trasero donde desapareció de la vista de su anfitrión. ¿Qué había sido eso? Su respiración estaba muy acelerada, estaba acalorada y roja como un tomate. Debieron de haber sido tan solo 4 o 5 segundos en los que se había quedado quieta frente a él, pero lo que había experimentado en esos segundos era algo extremadamente abrumador. Tomo su mochila y se dirigió al corredor, para su suerte su vecino ya había abierto el portón y la esperaba del otro lado, en el jardín del frente, listo para despedirse.

—Nos vemos mañana vecina, que descanses.

—Hasta luego Alberto —Ni se animo a mirarlo a la cara, se sentía avergonzada por lo que había pasado.

Mientras veía marcharse a su hogar a aquella jovencita Alberto no pudo dejar de reflexionar en lo que había sucedido. De verdad no se esperaba que pudiera darse algo así tan pronto, había sido algo no intencional, hasta un accidente podría decirse, pero sentirla a ella de esa forma tan cercana era algo que lo había dejado anonadado. Algo que noto también fue la manera acelerada, casi como de escape, en la cual la joven se salió de esa posición y la manera en la que camino para dejar el lugar. Por esa razón decidió no presionarla y abrir el portón para que ella no se sintiera tan incómoda, la verdad era que lo último que quería hacer Alberto era espantarla, tenía que jugar sus cartas con cuidado si quería cosechar una relación con ella. Tenía que ser asertivo, lo sabía, pero un error grave y podía echar todo por la borda, había que actuar con precaución y hacer avances precisos.

De todas formas no pudo evitar pensar en la manera en la que ella había actuado en esos escasos segundos ¿De dónde venían esas actitudes? ¿Por qué se prolongo, aunque sea por unos escasos segundos, ese contacto físico tan estrecho? Una mueca de satisfacción se fue dibujando en la cara de Alberto, tenía que seguir escarbando, pero por lo que intuía sentía que había un terreno muy fértil delante de él.

—Estas en la luna Michelle ¿me podes pasar las toallas? —Insistió nuevamente su madre que estaba frente a un placard, aguardando que su hija le alcanzara lo que le estaba pidiendo.

—Perdoná, acá están —Dijo luego de salir de un remolino de pensamientos.

Le costó concentrarse en el resto de sus tareas en lo que quedaba del día. Llegada la hora de dormir su cabeza no dejaba de engranar en lo que había pasado esa tarde. Comenzó a intentar recordar lo que había sentido en aquellos momentos, por un lado se sintió incomoda y con vergüenza, algo que le parecía natural ante tal contexto. Pero por el otro no podía negarse a sí misma la emoción y el morbo que había sentido, la situación no correspondida, la excitación, sumisión y tensión del momento. Se pregunto cómo sería posible que su cabeza le diera esas emociones ante esas situaciones, nunca antes había sentido algo así, ya sea con su vecino o con el hombre del autobús. ¿Qué podía explicar ese cambio en su actitud? Se había dejado con su novio de 2 años hace 4 meses. ¿Tal vez el hecho de estar sin sexo por ese periodo de tiempo la tuviera así? No creía que esa fuera la causa, aunque podía contribuir. Tal vez todo el estrés debido a los cambios y dificultades económicas que su familia estaba pasando podría ser otro factor, capaz que era la manera que su cuerpo tenia para lidiar con el estrés adicional era avasallándola con emociones mas… ¿Placenteras? No, no era placer lo que sentía, era lujuria y morbo. Podía ser también su mente diciéndole que tenía que desconectarse de todos sus problemas y buscar algo… ¿Distinto? Últimamente todo lo que hacia que era estudiar y expresarse artísticamente, lo cual amaba, pero tal vez tenía que salirse de su zona de confort y experimentar cosas nuevas. No sabía que palabras poner para describir la sensación de expectación que sentía ante todo aquello.

Al igual que ayer Michelle sucumbió ante las fantasías que su cabeza proyectaba. Ahora con menos vergüenza y culpa descendió sus dedos en sus partes íntimas y comenzó a estimularse. Recordó la sensación del miembro de su vecino en sus glúteos. El solo pensar que había tenido contacto tan crudo y grosero con su masculinidad de forma tan inesperada solo ayudo a echar más leña al fuego. ¿Por qué le atraían esas situaciones indebidas? Era como que desde el momento en el que Alberto puso una mano sobre ella que comenzó a sentir cierta tensión, cierta energía. Sabía que Alberto como cualquier otro hombre la podía desear sexualmente, pero la idea de sentirse venerada por alguien de su tipo lo hacía mas tabú. Era extraño, no podía explicar que era pero le producía una cosquilleo de cómo quien hace algo indebido. Sentirse acechada y deseada por un hombre mayor le producía una emoción intoxicante.

No le llevo demasiado tiempo alcanzar un clímax y si bien a medida que los efectos se iban disipando la fantasía se seguía manteniendo. Igual reflexiono que una cosa era la fantasía y otra mucho mas diferente seria hacerlo en la realidad, hacer esto último sería impensable para ella. Al final entre idas y vueltas cayó en un profundo sueño.

Los siguientes dos días transcurrieron con normalidad. Michelle aun conservando cierto pudor por lo que había pasado anteriormente se mostraba mas esquiva frente a Alberto que intentaba generar conversación cuando se cruzaban. De esta forma Alberto recibía como respuesta a sus avances monosílabos y contestaciones educadas.

Él no quería presionarla mucho de todas maneras, sabia por su actitud de que tal vez ella sintiera cierta vergüenza. Era mejor dejar que se relajara y presionar un poco mas en el futuro. Aun así quería mantener el momento, decidió que en uno de estos días la invitaría a su jardín, ella era muy buena e inocente y seguramente con un poco de insistencia aceptaría la invitación de un pobre viejo. Tenía tiempo.

Un resonante bostezo y posteriores sonidos guturales inundaron la habitación mientras el viejo Alberto se desperezaba en orden para empezar su día. Miro el reloj en su mesa de luz que marcaba las 9am, eso indicaba que había dormido mas de lo habitual. No se culpaba por no cumplir su horario normal ese día, en los últimos días le había costado conciliar el sueño con todas sus imágenes y fantasías sobre su vecina. Solo luego de masturbarse dos veces logro relajarse y conciliar el sueño.

Luego de vestirse y desayunar se pregunto como podía proceder su jornada. Michelle ocupaba una gran parte de sus pensamientos, hace mucho tiempo que no se sentía tan vivo y entusiasmado por algo, se sentía varios años mas joven. En vista de que era muy tarde para cruzarse con ella cuando iba rumbo a la universidad eligió por seguir con su día como lo hacía siempre.

Alrededor de las cuatro de la tarde se dispuso a trabajar en su jardín frontal a la espera de su vecina favorita. Aquel día primaveral estaba un poco ventoso y él estaba un poco nervioso y expectante, quería verla de nuevo y con suerte pasar más tiempo con ella. Esperaba ansioso su llegada y quería invitarla al jardín trasero de su casa para mostrárselo en toda su gloria y por supuesto… hacer mas avances en ella. No tuvo que esperar mucho ya que media hora mas tarde visualizo a media manzana a su objetivo.

Para Michelle había sido un día productivo en la universidad y se sentía contenta, horas de trabajo retratando distintos objetos en su clase de dibujo le habían despejado la cabeza. Camino a su casa iba pensando en artistas del art nouveau como Mucha y Rennie hasta que al mirar a la distancia, una cuadra por delante, vio a su vecino sentado trabajando en sus plantas.

Enseguida sintió como su corazón se aceleraba, afortunadamente esa mañana no se había cruzado con él, pero ahora no tenia salida, todavía sentía un poco vergüenza por lo que había pasado dos días antes. Tomo aire y coraje y se dijo a si misma que esto no era la gran cosa, solo tenía que pasar caminando y saludarlo, como había hecho antes, no había que escalar la situación ni nada por el estilo.

El viejo en tanto espero que ella estuviera al alcance, espero a escuchar los pasos a la cercanía y levanto su mirada para saludarla con una cara picara.

—Buenas tardes vecina ¿Cómo andás?

—Buenas tardes Alberto. —Ella por su parte apenas lo miro y siguió caminando sin siquiera detenerse para contestar la pregunta.

Esta vez Alberto decidió insistir un poco mas ante la actitud evasiva, le comento rápidamente.

—Hey pará —Eso hizo que Michelle se detuviera y girara su cabeza para atrás, daba la sensación de estar apurada—. Te quería preguntar si querías venir a ver el jardín ahora que hay mucha luz —Agrego el hombre, poniéndose de pie.

—Ehmm... Estoy un poco ocupada tengo varias cosas para hacer para la uni… —Respondió sonando poco convincente, girando sobre sus talones para enfrentar a su vecino. Estaba colorada.

—Daaale, va a ser rápido, además ¿No te iba a servir para tu trabajo sacarle fotos a las flores ahora que hay buena luz? —Preguntó como para darle razones para que viniera— Además todavía no te mostré la cámara que me tenés que enseñar a usar ¿Eh? —Y le dio un guiño.

Una sensación de expectativa y excitación invadieron el cuerpo de Michelle. Ahí estaba frente a una invitación a lo que no correspondía, a lo indebido, a lo morboso. Sabía muy bien por lo que había sucedido que ese hombre la deseaba y que aceptar su invitación la haría participe de un juego de persecución donde ella era el premio. Aunque le costara admitirlo y como descubrió en los últimos días, ser parte de ese juego la excitaba. La idea ser el objetivo y que estos hombres trataran de doblegarla, invadirla e intentar hacer lo que quisieran con ella la excitaba en gran medida. Le provocaba la idea de que este hombre mayor inventara cualquier excusa para pasar tiempo con ella, todo en un esfuerzo para intentar seducirla aunque estuviera fuera de su liga. El contraste entre juventud y vejez, el ser el objeto preciado, la noción de poner al alcance del viejo su propia fertilidad y hermosura. Sus fantasías de los días anteriores volvieron a su cabeza.

Se humedeció en solo pensar en todo aquello. Aunque de todas formas al final no necesariamente tenía que pasar algo, podía simplemente disfrutar del juego de la provocación. Se auto convenció dándole la razón al viejo, ya que si iba podría sacar las fotos que necesitaba para sus proyectos universitarios.

—Bueno esta bien, pero vamos rápido que después tengo cosas que hacer —Dio a torcer la joven.

—Excelente vecina te va a encantar el lugar, vas a ver que es mucho mas lindo que como estaba ayer —Y así levanto sus utensilios de botánica y fue hacia el portón.

Abrió el portón que conducía hacia el jardín trasero y dejo ingresar al corredor a su vecina antes que él.

—Después de ti, hermosa —Dijo haciendo un ademan caballeresco.

—G-gracias —Replico con un ligero titubeo, ruborizada.

Apenas paso por delante de él y hacia el corredor el viejo dirigió instantáneamente su mirada hacia la irresistible anatomía de Michelle. Vestía los mismos jeans semi-ajustados y championes estilo all star del día anterior, solo que ahora usaba una remera amarilla de algodón estilo femenino. Al ver lo que había dejado ingresar a su jardín, el anfitrión supo enseguida lo difícil que se le iba a hacer mantener la cordura ante semejante espécimen femenino.

Una vez ingresada Michelle no pudo dejar de sorprenderse ante la hermosura del lugar, la manera en la que la maleza y plantas estaban integradas con la arquitectura, la decoración, la fuente y las estatuas. Alberto tenía razón, la poca luz de la tarde de ayer no le hacia justicia al lugar, pero ahora ver como la luz se filtraba entre las fisuras de las enredaderas y arboles era cautivante. Enseguida aprovecho a sacar su celular para hacer una foto del lugar, era un sitio inspirador y honestamente se veía algún día con un canvas y pinceles retratando aquel lugar. Un comentario de su vecino la saco de su ensoñación artística.

—Vecina ponete cómoda acá en la mesa que yo voy a buscar la cámara adentro de casa, ya vengo —Dijo mientras le señalaba la mesa rodeada por dos sillas que había en el patio, él por su parte abrió una puerta corrediza e ingreso a su hogar.

Michelle procedió a dejar su mochila sobre la mesa, tal cual había hecho antes, y se acomodo en uno de los asientos. Mientras esperaba no pudo evitar pensar en la creciente cosquilleo que estaba sintiendo. Estaba en el jardín de un hombre que rondaba los setentas, el mismo la deseaba y se había mostrado un poco toqueteador en su última visita, se sentía expectante de lo que pudiera suceder.

—Bueno querida mira que lo que tengo por acá —Y apoyo un practico maletín ancho, el cual abrió. —Es esta la cámara y los accesorios que compre hace tiempo ¿Será que le podes enseñar a este pobre viejo como funciona todo esto?

Ella se levanto de su asiento y se acerco a la mesa donde estaba apoyado el maletín. Al mirar adentro pudo encontrar el cuerpo de una avanzada cámara réflex y al menos 3 lentes de distintos longitudes focales. Casi por instinto tomo el cuerpo de la cámara, selecciono un lente y se puso manos a la obra, seteando y familiarizándose con el aparato. La fotografía era un área a la cual le hubiera gustado experimentar mas, el problema era que su familia no podía gastar 600 dólares en una cámara, eso la limitaba a solo trabajar con cámaras dentro de la universidad, lo cual la limitaba bastante.

—Será que me la podés configurar —Comento de forma ligeramente sugerente su vecino con una expresión pícara —Se me hace difícil hacerlo yo solo eh, pero yo se que vos me podes ayudar.

Ella por su parte movió su mirada de la cámara hacia él y solo le devolvió una expresión ruborizada, curiosa y con una ceja levantada. Como cuestionando si aquellos dichos estaban cargados o no de doble significado.

—Voy a buscarnos algo para tomar, vos seguí con eso que yo ya vengo.

Y así el hombre ingreso de nuevo en su casa. Michelle por su parte apenas podía mantener sus manos secas y temblorosas mientras sostenía la cámara. La estaba emocionando ese pequeño juego. Durante toda su vida había sido una chica de bien y que hacia casi a la letra lo que le decían sus padres, nunca había experimentado nada peligroso y emocionante, siempre fue una joven tranquila. Pero en cambio ahora se sentía mucho mas viva, quería experimentar y ver lo que podía suceder. Decidió entonces que le seguiría la corriente a su vecino.

Alberto estaba en su cocina decidiendo que le podía llevar para tomar, llevar alcohol sería demasiado para lo que vendría a ser algo casual, agua sería muy poco, no tenia bebida cola… Visualizo una caja de jugo sin abrir, era jugo artificial multifruta, seria suficiente, agarro la caja del liquido y dos vasos de vidrio y salió hacia el patio.

—Bueno vecina, vamos a refrescarnos con este jugo —Dijo mientras colocaba los vasos sobre la mesa y comenzaba a llenarlos. —Vos sabes todavía no probé este gusto nuevo todavía, usualmente me gusta mas el de naranja o banana que son los gustos clásicos. Algo me dice que a vos te debe gustar el de banana.

El comentario le saco una carcajada a Michelle la cual se vio sorprendida ante tal pregunta. Enseguida respondió:

—A mí más que el jugo me gusta hacer licuado de banana con mucha leche y azúcar —Mientras levantaba el vaso para darle un trago, mientras ambos se miraban a los ojos.

—No dudo de que te deben de quedar deliciosos —Dijo arrastrando esa ultima palabra para darle mas énfasis, esta vez el viejo rompió el contacto visual con los ojos de la joven, solo para bajar y apreciar sin ningún disimulo el cuerpo de la misma. Michelle al notar esto se estremeció.

Tomaron asiento y pasaron la siguiente hora hablando de trivialidades mientras disfrutaban de sus bebidas aquel día de primavera. Hablaron del vecindario, sus estudios y varias cosas en general como para conocerse mas. El ambiente era distendido con el ocasional chiste gracioso de Alberto sumado a algún comentario con doble sentido el cual Michelle inocentemente disimulaba no notar o entender.

—Bueno y decime ¿Tenés novio? Recuerdo de haberte visto con un muchachito hace algún tiempo atrás ¿Es ese el afortunado?

—Era, ahora ya no lo es —Contesto divertida.

—Ahh, así que ahora andas soltera eh jeje, dicen que son las calladas como vos de las que hay que tener mas cuidado.

—Ay esa frase esta tan trillada, no tiene porque ser verdad.

—Mira que el diablo sabe mas por viejo que por ser el diablo, y yo soy los dos.

Ambos rieron ante esa frase. Entre los comentarios indirectos y chistes que le hacia su anfitrión Michelle aprovechaba también para familiarizarse con la cámara y de vez en cuando hacer una foto sentada desde su lugar.

—Se está haciendo tarde vecina ¿Qué te parece si termino el tour del ayer?

—Bueno, aunque no se si me va a dar el tiempo para sacar las fotos que quiero, va a empezar a obscurecer dentro de poco.

—No hay problema dejamos para otra ocasión las fotos, un día que puedas venir temprano.

—Dale, muchas gracias

—Por favor vecina —Contesto para luego ponerse de pie. —Venga por acá.

Y así la guio hasta la sección donde habían quedado hace dos días. Enseguida se pararon frente al cantero Alberto aprovecho para poner una mano sobre la cintura de la joven como había hecho antes. Michelle al sentir la mano sintió un excitante escalofrió el cual su vecino noto enseguida.

— ¿Tenés frio querida? —Aprovecho para frotar su mano de arriba abajo en la cintura de la joven y para atraerla un poco más cerca hacia el—. No creo que esta brisa te vaya a hacer mal.

—No, no es nada, está un poco fresco nada mas.

—Yo tengo un calor tremendo jeje

Continuaron el tour que les había quedado pendiente, si bien era una oportunidad perfecta para el viejo para sentir el cuerpo de la joven, él no descuido de todas formas su muestra y exposición del lugar. Sentía cierto orgullo ante lo que había logrado crear con años de trabajo y eran muy escasas las ocasiones en las cual podía mostrarle su creación a alguien. Además de sentir orgullo también se sentía exultante, no todos los días un viejo como él podía pasearse por el jardín agarrado de una chica tan joven.

—Mira tenés que oler esta flor, te va a encantar.

Alberto tomo la rama floreada de un Melocotonero y la puso frente a la cara de Michelle. Ella con una mano acomodo su pelo detrás de la oreja para darle una mejor vista de su rostro al viejo y se acerco sensualmente a oler la flor. Cerro sus ojos y se dispuso a absorber el aroma…

—Mmmm que rico.

— ¿Sabes que es mas rico todavía? —Guio e introdujo su grueso y viejo dedo meñique en el interior de una de las flores, para sacarlo embadurnado de néctar—. Esto.

Coloco su dedo frente a la cara de la joven y luego bajo su nariz para que lo oliera, lo cual ella hizo mientras los dos mantenían un intenso contacto visual. Michelle también noto como la otra mano de su vecino iba bajando cada vez mas desde la cintura hasta quedar descansando en su cadera, donde parte de su mano ya podía sentir la parte lateral de uno de sus glúteos.

— ¿Porque no lo probas?

Tímidamente Michelle recogió un poco del néctar con uno de sus dedos y le dio una probada. Era delicioso, aunque no sabía si eso se debía al gusto dulce de la sustancia o a la creciente tensión de la situación.

—Esta muy rico verdad ¿Por qué no probas el resto? —El vecino le ofreció su dedo.

El ambiente estaba cargadísimo y la situación estaba escalando rápido. Ella se sentía cada vez mas inquieta, no sabía como podía terminar todo si no ponía un freno a eso. De todas formas se sentía excitadísima junto con ese extraño cosquilleo de cuando se hace algo prohibido y morboso. Opto dar el siguiente paso.

Abrió su tierna boca y mientras mantenía sus ojos en los del vecino, se acerco suavemente hasta envolver la punta del dedo meñique de ese hombre con su labios, luego succiono ese preciado y dulce néctar.

Una sonrisa lujuriosa de dibujo en la cara de Alberto mientras sucedía esto, no podía creer lo que estaba pasando y su entrepierna ya estaba portando casi ya una poderosa erección. Rápidamente movió la palma de su otra mano que descansaba en la cadera de la joven hacia su nalga derecha donde le dio una buena repasada para después dedicarle una buen apretujón lo cual hizo que Michelle se levantara brevemente sobre la punta de sus pies y soltara el dedo del hombre de su boca.

Otro apretujón hizo que la joven se estremeciera nuevamente, tuvo que morder su labio inferior para contener un gemido de excitación. El viejo la acerco más hacia él con su brazo y apoyo su erección en costado izquierdo de la joven, luego con su mano libre aprovecho para meterla por debajo de su camiseta, acariciando con la palma de su mano el suave vientre de su vecina.

Michelle por su parte estaba haciendo lo posible para mantenerse compuesta tratando de contener los brazos de su vecino, pero el manoseo constante y entusiasmado lo hacía imposible. No podía evitar gemir y suspirar ante los toqueteos mas invasivos que estaba experimentando. De repente sintió como su vecino se acerco mas para apoyar su erección en el costado de su glúteo izquierdo, sintió también el calor que este emanaba por la cercanía de su cuerpo… y también su aliento en el cuello.

Alberto la tenía casi dominada, lo podía ver en su cara, como tenia su cabeza echada para un costado apuntando hacia arriba y con los ojos entrecerrados, emitiendo gemidos y suspiros que trababa de contener al morderse los labios. Aprovecho que tenia al alcance ese suave tierno cuello y se lanzo a chuponearlo y besarlo.

Ella se sentía doblegada, la situación se le había ido de las manos y había perdido el control. Miro hacia abajo y vio como una de las gruesas manos de Alberto ascendía por debajo de su camiseta hasta llegar a uno de sus pechos, donde le propino una amasada por debajo del sutién.

Envolviéndola la llevo hasta dejarla pegada frente a la mesa, donde se coloco detrás de la joven y restregó su erección en el trasero de la misma, con su mano izquierda comenzó a desabrochar el botón del jean de la joven mientras que con su mano derecha continuaba manoseado sus pechos por debajo de la camiseta y sutién.

Acerco su boca al oído de Michelle que no paraba de suspirar y gemir y le pregunto:

—Era esto lo que querías eh pendeja

Ella se mordió el labio y no contesto, le excito la forma en la que le hablo, el tono de su voz estaba cambiado, parecía un poco mas serio y dominante.

—Te gusta que te hagan esto eh, yo te voy a dar lo que querés jeje

Él con un de sus manos hizo presión en la espalda baja de la joven para que se inclinara y se quedara apoyada sobre sus codos sobre la mesa. Jamás se imagino que iba a tener a su vecina en una posición tan comprometedora, tenía su hermoso trasero y piernas a su disposición, aun debajo de ese jean semi-ajustado claro, decidió hacer algo al respecto. Se bajo sus bermudas y calzoncillos de un saque hasta los tobillos.

Michelle estaba intoxicada en lujuria y excitación, apoyada sobre la mesa y a merced de lo que le pudiera hacer aquel hombre. En medio de su ensoñación vio como su mano izquierda era tomada y guiada hacia atrás fuera de su vista, pensó que su vecino la iba a colocar detrás de su espalda para dominarla, tal cual había envisionado en sus fantasías, pero enseguida sintió como él con su mano la hacía envolver algo grueso y caliente.

Giro la cabeza hacia atrás y su vio su pequeña y pálida mano envolviendo el grueso y obscuro miembro de su vecino, con la mano de él sobre de la suya, haciéndole presión y guiándole para que ella lo masturbara.

—Mira lo que causaste Michelle —Aludió el hombre, refiriendo se a su erección—. No creo que podamos dejar esto así.

De esa manera comenzó a guiar con su propio agarre la mano de la joven, hacia arriba y hacia abajo para que ella lo masturbara. Mientras tanto con su otra mano continuaba sus toqueteos en las partes íntimas de Michelle, la cual no paraba de gemir. Soltó su aferre sobre su blanca mano para ver si ella lo continuaría masturbando, lo cual ella hizo obedientemente.

Estaba sorprendida por el grosor de la herramienta que portaba su vecino, durante su vida solo había experimentado con su primer y único novio. Ahora se sentía poderosa, la cara de Alberto era prueba de ello, lo tenía en un estado de placer y excitación el cual ella era responsable mientras manipulaba su verga. Le dio un suave apretón a su miembro para ver cómo reaccionaba.

—Ahhhhh pendeja me vas matar —Exclamo instantáneamente al sentir el electrizante placer producido por el apretón de Michelle.

Ese movimiento casi mando a Alberto por sobre el orgasmo. Pero no, no quería terminar aun, tenia mejores planes para su vecinita.

Soltó su miembro del agarre de su vecina para colocarse detrás de ella, paso uno de sus brazos por debajo de su torso y la atrajo hacia él, dejando la espalda de la joven pegada a su pecho. Ella en medio de tantas emociones se dejo hacer, sintiendo como él la reducía, rendida echo su cabeza hacia atrás dejándola descansar sobre el hombro derecho de su vecino. El por su parte la sostenía con un brazo morreandole los pechos por debajo de la camiseta mientras seguía apoyando su ahora desnuda erección en el trasero de ella.

Al tenerla así Alberto se acerco a su oído mientras le daba chupones al cuello, y le dijo.

—Te voy a hacer mujer hoy putita —Aprovecho a colar una de sus manos por dentro del jean hacia su entrepierna para estimularla, enseguida sintió a través de la bombacha lo húmeda que ella estaba—. Mira lo mojada que estas pendeja, te hace falta una buena verga. Después de que termine con vos me vas a pedir que te coja de nuevo, ya vas a ver.

Alberto la soltó haciendo que se apoyara sobre la mesa como estaba antes. Termino de abrir el cierre del jean de la joven y coloco ambas manos en los costados del pantalón, para bajarlo lentamente, no quería perderse de ese espectáculo.

Lo bajo despacio, quería disfrutar el momento. A medida que lo bajaba apreciaba con detalle la definida anatomía del espécimen que tenía delante, a la altura de las rodilla dejo de bajarlo y se concentro en la bombacha blanca que tenia ahora frente a su cara.

Lanzo sus dos manos arriba de esas nalgas, apretujándolas, moviéndolas y tratándolas con cierta brusquedad. Coloco la palma dentro de su bombacha comenzó a frotar rápidamente la entrepierna de la joven haciendo que su dedo mayor quedara entre sus labios. Lentamente y asistido por la creciente humedad fue colando un dedo, quería prepararla para lo que venia.

Michelle no podía mas, sus piernas estaban comenzando a temblar del estimulo que le estaban dando, podía incluso sentir un tenue chapoteo producido por la humedad de su concha y los dedos de Alberto. Entre eso y las barbaridades que le decía su vecino, su cuerpo estaba a punto de experimentar un orgasmo hasta que repentinamente el manoseo se detuvo.

Lo siguiente que sintió fue un escalofrió producido por el aire fresco que impacto con sus partes intimas cuando se dio cuenta de que le habían bajado la bombacha. Experimento una enorme sensación de anticipo cuando se percato que probablemente su vecino se estuviera posicionando detrás de ella para penetrarla. Esto se vio confirmado cuando sintió el tacto de una de sus gruesas manos en su cadera seguido por la caliente y húmeda sensación de cuando sintió el glande apoyado en sus labios vaginales.

—Ahhh como soñaba en tenerte así Michelle —Acto seguido movió su glande de arriba abajo por los labios vaginales de ella, recubriendo su entrada de su liquido pre seminal—. No tenés idea de hace cuantos años quise tenerte así Michelle, ahora te voy a hacer mujer.

Michelle se limito a morderse el labio inferior para intentar contener los gemidos producidos por sentir la pija rosando sus labios vaginales. Había algo en ella que todavía la inhibía en el sentido de cómo se expresaba sexualmente, era como que todavía le diera vergüenza soltarse y arrancar a gemir, mostrar su placer y a contestar las barbaridades que le decía su vecino. Era como si le diera vergüenza mostrar ese lado sexual y desenfrenado que había en ella.

La cálida sensación que irradiaba la húmeda vagina de su vecina era intoxicante, el viejo podría estar horas manoseándola o frotando su miembro contra ella. La lubricación era abundante, ambos estaban muy excitados, la vista que tenia era imponente, por fin se iba a garchar a su vecina.

Detuvo la cabeza de su miembro en la húmeda entrada vaginal y comenzó a hacer presión. Quería disfrutar del momento, lo iba hacer bien lento, quería sentir cada reacción que el casi virginal orificio de la joven le iba a ofrecer. Parecía que por la abundante lubricación iba a entrar con facilidad, pero apenas unos centímetros adentro la joven giro su cabeza y reclamó.

— AAAaayyyaaa shh paraaa despaciooo —Su cara estaba colorada y tenia algunos pelos pegados en la frente por la transpiración, su carita era un poema para el viejo.

—Ahh pendeja que sos estrechita, como se nota que nunca recibiste una buena verga eh, ya te vas a acostumbrar

Y así, ignorando algunos quejidos y gemidos de su invitada, siguió presionando a ritmo constante hasta llegar al fondo, el placer que le ofrecía esa cavidad tan estrecha era casi indescriptible para el pobre viejo, después de tantos años de frustración sexual esto era el equivalente al paraíso.

Michelle sentía una mezcla de dolor y placer, si bien no era virgen su experiencia anterior con su novio no se comparaba en absoluto con lo que estaba lidiando ahora. Por un momento recordó también el hecho de que no estaba usando ningún tipo de protección y anticonceptivo, pero las arrolladoras sensaciones que estaba experimentando hicieron que dejara de lado esos pensamientos. De repente sintió como el brazo del viejo la alzaba hacia atrás, quedando su suave espalda contra el peludo y obeso pecho de él. Sintió como el viejo le chuponeaba el cuello hasta que se acerco a su oído y escucho.

— ¿La sentís Michelle? Ya está toda adentro.

Ella que estaba más concentrada en lo que estaba sintiendo su cuerpo por lo que no contesto, lo que provoco que él comenzara un suave y lento mete-saca para generar una respuesta en la joven.

—Dale decime ¿No era esto lo que estabas buscando pendejita?

Michelle lo miro a los ojos pero las sensaciones no la dejaron responder. Lo único que escapo de su boquita eran suspiros y gemidos de placer. Enseguida aparto su mirada y miro hacia el frente, era como si su vecino la quisiese doblegar mentalmente, pasar por encima la poca decencia que aún le quedaba, decirle que si a todo lo que él dijese era como sucumbir en todos los planos ante él.

Segundos después sintió como su vecino hace girar su cabeza tomándola suavemente del mentón, cuando miro hacia él se encuentra con su cara a escasos centímetros frente la suya. Enseguida él se acerca y le propina un húmedo y lujurioso beso en los labios. Al principio intento cerrar los labios pero en cuestión de segundos opto por ceder ante las presiones de la lengua de su viejo vecino, el cual aprovecha para explorar la boquita de la joven.

Ese era simplemente otro nivel de intimidad, otra barrera que habían penetrado en su ser. Sentir la legua del viejo escudriñando su boca, su lengua, intercambiar saliva… Lo hacía todo aun más personal.

Segundos después el viejo rompió el beso, ahora él quería dedicarse a lo que había estado esperando… darle una buena cogida a su vecinita. Soltó su torso lo que hizo que ella volviera a quedar apoyada sobre sus codos en la mesa, luego colocó sus gruesas manos en la cadera de ella, se iba a dar un festín con Michelle

Comenzó luego a acelerar el ritmo del mete y saca, para él era como si el interior de esa chica hubiera sido hecho a la medida para su verga, podía sentir con buena presión las paredes vaginales. La lubricación era abundante también y eso era una de las cosas que lo fascinaba, si bien su vecina no lo quisiera admitir la verdad era que su cuerpo la delataba y era muy probable que ella estuviera disfrutando cada segundo como lo estaba haciendo él.

El ambiente en el apacible y sosegado jardín había cambiado rápido en los ultimos 10 minutos. El sonido del correr del agua y el mover de las hojas con el viento no era lo que primaban en aquel momento. Ahora lo que se escuchaba en aquel jardín era el sonido del sexo. Por un lado se escuchaban los juveniles suspiros y gemidos de la joven Michelle, la cual se sostenía a la mesa como podía ante las vigorosas arremetidas a la cual estaba expuesta. Por el otro lado se encontraba Alberto confiriendo fuertes gruñidos, este se agarraba de la carne de Michelle y se apareaba sin piedad, como si la suerte del mundo dependiera de ello. Si uno prestaba atención también se podía escuchar el sonido del choque de ambos cuerpos, las nalgas y muslos de la joven siendo azotados por el pelvis del viejo en cada arremetida. Y si uno prestaba aun más atención podía escuchar el sonido de humedad de la fricción de los genitales de estas dos personas.

A Michelle le costaba mantenerse firme de pie, sus piernas estaban temblorosas y podía sentir como un orgasmo era inminente. Era raro para ella, todavía sentía ciertas inhibiciones, tener un orgasmo provocado por su viejo vecino seria cierto golpe para lo que le quedaba de orgullo y dignidad ¿Cómo podía ser que una joven como ella estuviera teniendo sexo con un hombre tan feo y viejo y aun así disfrutarlo hasta tener un orgasmo?

Se dio cuenta que lo que lo que la excitaba era el hecho de ser doblegada, tomada, de permitir que este hombre siguiera sus instintos mas bajos e hiciera lo que quisiese con ella. Ella al entregarse también era parte de ese proceso de seguir sus instintos de reproducción y por ende también se hacia esclava de estos impulsos tan bajos y elementales de los seres humanos, dejando de lado todos los estigmas sociales y obedeciendo solamente el aspecto biológico. Era la crudeza de la situación y el poder conectar con esos sentimientos lo que la excitaba, la hacia sentir viva.

Alberto también estaba concentrado, el por su parte se estaba conteniendo, quería extender aquel acto sexual lo mas posible pero se le estaba haciendo imposible, en cualquier momento sentía que podía acabar. Al prestar un poco de atención no pudo evitar notar las claras señales de que Michelle estaba cerca de experimentar un orgasmo, su respiración, los temblores, en ese momento Alberto decidió dejar de contenerse y venirse con ella.

Apenas sintió contracciones en la vagina de Michelle y supo que era el momento de soltar sobre la fémina años y años de frustración sexual.

— ¡AHHHGGG TOMA MICHELLEEEEEEEE! —Grito desde el fondo de su alma, arremetiendo hasta el fondo y agarrándola firmemente de las caderas. Disparo 6 potentes descargas al fondo de su vagina llenando el interior con su semilla.

Para Michelle el sentir ese acto tan primal fue lo que la llevo al límite e hizo que rompiera en un arrollador orgasmo como nunca había experimentado en toda su vida. Jamás se había sentido tan llena y debido a todos los impulsos que anonadaron su cuerpo apenas pudo sentir como Alberto descargo su semilla en su interior. De todas formas era consciente y a pesar de las consecuencias que eso podía traerle no pudo evitar experimentar una extraña sensación de cumplimiento y calma. Una vez los efectos del orgasmo se fueron disipando pudo advertir como Alberto retiraba su ahora flácido miembro de su intimidad. Una sensación de vacío y frescura la invadió pero también el de un fuerte cansancio. Se recostó en una de las cómodas sillas y se relajo, iba a descansar por un rato.

¡BEP!

El sonido de su celular alertando la llegada de un mensaje trajo bruscamente a Michelle a la realidad. Todavía se sentía un poco dormida y aturdida pero a medida que se iba reincorporando se fue de a poco retornando progresivamente al mundo real. Se levanto y miro a su alrededor ¿Por qué estaba ahí? Ya había obscurecido, noto que Alberto estaba recostado en la otra silla del jardín con la cabeza hacia atrás roncando, el notar que estaba desnudo de la cintura para abajo, con su miembro recubierto en sus fluidos y semen seco, le hizo recordar para su horror lo que había hecho momentos atrás.

Enseguida experimento un sentimiento de urgencia, tenia que salir de ese lugar. Apenas bajo sus manos para a subirse su ajustado jean cayó en la realización que el interior de sus muslos estaban también recubiertos en semen seco, la bombacha y partes de su jean tenían manchas de humedad y al subir su mirada hacia su vagina descubrió las marcas que el acto sexual había dejado. ¿Cómo había dejado que le pasase eso?

Fue hacia su mochila y abrió uno de sus bolsillos en busca de algún pañuelo o algo con lo que limpiarse. No encontró nada y mientras seguía escudriñando su mochila escucho a Alberto murmurar algo ininteligible lo cual hizo que se congelara en el lugar. Giro su cabeza hacia su vecino y para su suerte noto que seguía dormido, lo último que ella quería ahora era tener que interactuar de nuevo con él después de lo que habían hecho.

Decidió no seguir probando su suerte y se subió la bombacha y pantalones como estaba, procedió a agarrar todas sus pertenencias y se dirigió al pasillo para salir por el portón. Antes de abrir el mismo se acomodo un poco y trato de hacerse un poco mas presentable. Estaba hecha un desastre y seguramente su aroma la delataría, era entonces para ella cuestión de llegar a su casa y bañarse para borrar la evidencia, su preocupación era no cruzarse con nadie de su familia que pudiera notar algo raro en ella.

Miro su celular y abrió el mensaje que le había llegado hace unos minutos, era de su hermana Lucia y leía “mamá pregunta donde dejaste el secador de pelo”. Se le dio un vuelco al corazón, su madre y hermana ya estaban en casa. Abrió el portón y se retiro de la propiedad de su vecino. Una vez frente a la puerta de su casa se detuvo por unos segundos. Pensó “Actúa normal Michelle, nadie tiene porque pensar nada raro”, tomo aire para luego abrir la puerta y entrar a su hogar.

Adentro escucho su madre en el fondo en la cocina cortando vegetales en la tabla de madera, la saludo a la distancia como hacia todos los días cuando llegaba a su casa

—Llegue má.

—Hola hija —Respondió su madre sin desconcentrarse en la tarea que estaba haciendo.

Michelle siguió por el pasillo en camino hacia su cuarto, iba a dejar sus cosas de la Uni y agarrar ropa limpia para después irse a bañar. Cuando vio abrirse la puerta de cuarto de su hermana.

— ¡Miiiiichi! —Su hermana menor se abalanzo sobre ella para darle un fuerte abrazo, era normal encontrar a su hermanita en ese estado de ánimo tan alegre y juguetón—. ¡Te tengo que contar algo!

—Bueno Lu mas tarde —Se separo de los brazos de su hermana como pudo.

No era normal que ella fuera así de seca con su hermana menor y por ello noto como en la cara de Lucia se le formaba una mirada interrogativa. Enseguida Michelle rodeo a su hermana y desapareció detrás de la puerta de su cuarto.

Una vez en la seguridad de su habitación no pudo evitar en pensar si su hermana había notado algo raro en ella. ¿Habrá notado el olor cuando la abrazo? ¿O tal vez noto alguna de las manchas en su jean cuando se separo y tomo distancia? Por lo que ella sabia y por lo que su misma hermanita le confería sabia que Lucia no era ninguna mosquita muerta y que incluso probablemente tuviera mas experiencia en el plano “amoroso” que ella. ¿Pero sería lo suficientemente atenta para darse cuenta?

Sacudió su cabeza, unos segundos de contacto no eran suficientes para levantar esa clase de sospechas, se dio cuenta de que esta sobre pensando las cosas. Tomo una muda de ropa limpia y se dirigió al baño, por suerte no se cruzo de nuevo con su hermana.

En el baño abrió la grifería de la ducha y dejo que corriera el agua para que se calentara. Comenzó a desvestirse normalmente hasta que llego por ultimo hasta la bombacha donde se detuvo. Era ahora donde iba a poder apreciar con mas detalle el efecto de su encuentro salvaje con su vecino. Puso sus dos manos por dentro del elástico de la bombacha y comenzó a bajarla. La parte de abajo se quedo pegada por unos momentos a su vagina lo que anunciaba ya la cantidad de fluidos que todavía permanecían. La cara de adentro de su ropa interior estaba embadurnada en semen fresco, al mover su mirada en su vagina noto también que estaba un poco irritada debido al salvaje uso que había tenido. Probo colar un par de dedos en su interior y lo que saco fue una cantidad importante de semen.

Opto por terminar de una vez con eso y no prolongar mas su exploración. Una vez bajo el agua se dedico a darse una limpieza profunda con especial énfasis en sus partes intimas. Se cercioro de intentar sacar todo lo que Alberto había depositado adentro de ella, pero el semen no paraba de salir.

Los ojos se le llenaron de lágrimas y comenzó a desesperarse. Por seguir ese jueguito lujurioso había arruinado su vida. ¿Qué pasaría si quedaba embarazada? ¿Cómo se lo explicaría a su familia? ¿Qué dirían sus compañeros de la universidad? ¿Acaso podría continuar con sus estudios y carrera, junto con todos los planes que tenia para su vida? Llevo sus manos a su cara y comenzó a llorar en silencio. Que ingenua y estúpida había sido, como podía haber dejado que aquel hombre la usara. Él ni siquiera le pregunto si se cuidaba o algo, simplemente se descargo dentro de ella. Ahora estaba ante un problema monumental y todo por seguir una estúpida fantasía. Había jugado con fuego y se había quemado.

Tres golpes en la puerta hicieron que Michelle se sobresaltara y dejara de llorar, enseguida una voz femenina siguió.

— ¿Michi donde dejaste el secador al final? —Era su hermana.

—Ehmm, en mi cuarto fijate abajo de la ropa en la silla del escritorio.

—Dale —Se hizo una pausa de unos segundos—. ¿Precisas algo michi?

—No nada, estoy bien.

—Oki

Michelle se quedo unos minutos mas bajo el agua de la ducha. Al salir se miro al espejo y noto en su cuello las marcas rojas de los besos y chupones que le había dejado Alberto. Otra complicación, aunque esta se podía solucionar con maquillaje.

El resto de la noche transcurrió sin mucha novedad. Intento actuar normal durante la cena con su madre y su hermana pero le costó muchísimo, comió rápido y se retiro lo antes que pudo a su cuarto.

No iba a hacer ninguna de las tareas de la universidad esa noche, no le importaba mucho debido a los problemas que ahora enfrentaba. Ya acostada en su cama no pudo evitar enrollarse y seguir llorando, no podía perdonarse por lo que ella también había sido parcialmente responsable. ¿Cómo iba a enfrentar a Alberto después de eso? Lo veía todos los días cuando iba a la universidad. No solo eso sino que también ahora probablemente tuviera que frenar las insinuaciones que él hiciera, sin duda a él le gustaría repetir lo sucedido.

Y el tema del potencial embarazo. ¿Qué haría? Tenía que buscar una solución a ese asunto también. Se sentía agotada, su tarde y noche había sido una montaña rusa de emociones, sin darse cuenta y envuelta en sus pensamientos fue sucumbiendo ante el sueño.

Michelle se despertó como siempre al sonido de la alarma de su celular. Se sentía mejor emocionalmente. Luego de agarrar su celular comenzó a reflexionar y decidió que si iba a solucionar los problemas que la afectaban iba a tener que tomar un acercamiento mas pragmático.

Busco en internet la famosa “Pastilla del día después” que había oído hablar durante algunas ocasiones en su vida pero que nunca había prestado atención. En teoría una chica bien como ella no la necesitaría nunca ¿No? Eso era para chicas fáciles que no se cuidaban.

Sacudió su cabeza y respiro hondo, no era el momento de empezar a cuestionarse de nuevo todo lo que había hecho, tenía que centrarse en salirse del lio que se había metido.

Luego de investigar por varios minutos llego al nombre de la famosa pastilla que solucionaría sus grandes preocupaciones. Se llamaba ulipristal y debía de ser consumida lo antes posible para maximizar su efectividad, dentro de un rango de 5 días. Fácil, la iría a comprar hoy mismo, solo tenía que tomarlo y listo. Entro en la web de una cadena de farmacias que tenia un local cerca de su casa y se puso a buscar el medicamente para confirmar la disponibilidad.

Pero casi se desmaya cuando vio el precio. ¡70 dólares mas impuestos! ¡¿De dónde iba a sacar el dinero para comprar la pastilla?! Ahora sí que estaba agitada, nunca nada era fácil para ella. Es decir tenia un poco de dinero que le daban sus padres pero era muy poco y era para cubrir el autobús y alguna cosa menor, si lo convertía a dólares apenas llegaba a 15. La situación económica en su casa estaba muy complicada en los últimos meses, probablemente sus padres tendrían ese dinero pero no había esperanza que se lo dieran a la ligera. No sin antes hacerle un cuestionario de para que quería ese dinero y aun así no era seguro que se lo dieran. Pensó en su amiga Nadia, sabía que trabajaba después de salir de la universidad, probablemente tuviera dinero, el problema de nuevo era como le iba a dar a la ligera toda esa suma con la situación actual del país. También se sometería a un cuestionario y lo último que le quería decir era que había tenido sexo con su espantoso vecino de 70 años, también se dio cuenta de que no tendría manera de cómo devolverle el dinero lo cual hizo descartar la posibilidad de acudir a su amiga.

Michelle siguió pensando en personas o maneras de conseguir el dinero, la lista se hacia cada vez mas corta y la luz al final del túnel parecía cada vez mas lejana.

PAM PAM PAM

La fuerza de esos golpes en la puerta eran inconfundiblemente de su madre.

— ¡Michelle son 7:50 vas a llegar tarde!

—Si má hoy entro mas tarde —Conesto de forma molesta.

—Bueno, yo me voy, te deje el café hecho hija, te quiero.

—Yo también má.

Ese día no entraba mas tarde a la universidad, pero la situación en la que estaba iba a ameritar incluso que faltara a clases ese día. Tenia que conseguir el dinero para la pastilla. Se levanto y vistió, al llegar a la cocina vacía noto que su hermana también se había ido. Comenzó a tomar el desayuno que le dejo su madre y siguió recorriendo su lista mental de personas y lugares a donde podría recurrir.

Se estaba poniendo cada vez más nerviosa y el nudo que se le iba formando en el estomago le impidió siquiera terminar con la segunda tostada.

De a poco fue aceptando los términos de su situación y para su disgusto se dio cuenta de que iba a tener que recurrir a la única persona que tenia la otra mitad y que era parte de su dilema, Alberto.

Después de todo él también tendría que estar interesado en su situación. Era responsabilidad de ambos si algo sucedía. Pero era el hecho de tener que volver a su vecino en busca de ayuda después de lo que había hecho lo que detestaba. Todavía sentía muchísima vergüenza y cierto resentimiento hacia él. ¿Cómo reaccionaría Alberto hoy cuando lo enfrentara? Quedaría además como una estúpida ante el hecho de que no se cuidaba, odiaba que la pudieran percibir de esa manera. Odiaba también el hecho de que para Alberto ahora ella ya no era una chica “bien” sino que probablemente él ahora la percibiera como una chica fácil y suelta de piernas.

Michelle respiro hondo de nuevo y reflexiono. Peor iba a tener que ser enfrentar a sus padres con la noticia de que estaba embarazada. Peor seria tener que vivir el resto de su vida como una madre soltera y vivir con la constante estigmatización que eso podría generar ante los demás. Todo eso claro en caso de que quedara embarazada, de todas formas no quería tomar ninguna chance ante eso, no iba a jugar a la ruleta rusa.

Arreglo un poco mas su aspecto y se lavo los dientes antes de salir. Ensayo un poco el discurso y la manera en la que confrontaría a Alberto, tenía que ser firme ante él. Al llegar al frente de la casa de su vecino noto que el mismo no estaba regando el jardín frontal de la casa como lo hacía siempre todas las mañanas. Se acerco a la puerta principal y toco timbre. Estaba hecha una bola de nervios y tenia la boca seca.

La puerta se abrió 30 segundos después.

— ¡¿Quién es a esta hora caraj… ?! —Hizo una pausa al notar que era su vecinita y enseguida cambio su tono—. Buenos días preciosa ¿Cómo pasaste?

Michelle enseguida noto el aspecto desarreglado de Alberto y no pudo evitar sentir asco. Él por su parte se acerco a ella y coloco una de sus manos en la cintura de la joven. Michelle enseguida dio un paso atrás para soltarse y tomar distancia, luego le respondió muy seriamente a Alberto.

—Tenemos que hablar.

— ¿De que queres hablar querida? —Él por su parte mantuvo su tono engatusado, casi como tomándole el pelo a Michelle.

— Por lo de ayer.

— ¿Que acaso no la pasamos bien? Jeje

—No es eso Alberto, no usamos protección ayer.

—Y que tiene, yo no tengo ninguna enfermedad querida, así que podes estar tranquila jeje

A Michelle le estaba empezado a cansar el tonito juguetón y estúpido de su vecino. Tenia que ir al grano.

—No es eso Alberto, es que no estoy tomando la pastilla y no estoy bajo ningún régimen anticonceptivo.

— ¿Y... ? —A esta altura Alberto estaba jugando con ella ¿De verdad tenia que deletreárselo?

— ¡Y que puedo quedar embarazada Alberto!

— ¿Y qué tiene de malo eso querida? —Dijo Alberto mientras se le dibujaba una sonrisa de oreja a oreja.

— ¡Alberto!

— ¿No te gusta la idea? —Su sonrisa seguía imperturbable.

El corazón de Michelle se hundió. No puedo evitar bajar la mirada, sus ojos se llenaron de lágrimas, se sentía tan sola y derrotada. No podía acudir a nadie sin revelar lo que había sucedido y Alberto, el único que podía al menos ayudar en arreglar su problema no se mostraba en absoluto interesado en su solucionar lo que había hecho. Michelle intento mantenerse fuerte pero en cuestión de segundos se llevo las manos a la cara y comenzó a sollozar frente a su vecino.

—Bueno, bueno, tranquila, tranquila no llores vecina.

Enseguida Alberto paso un brazo por el hombro de su vecina y la guio hacia el interior de su living donde le dijo que tomara asiento en uno de los sillones.

—Tranquila vecina no te pongas así, estaba bromeando contigo, voy a traer unas bebidas y vamos a hablar de cómo solucionar esto ¿Ok? Quédate tranquila.

Esto reconforto un poco a Michelle, tal vez esto no tendría porque terminar mal al final del todo pensó.

Alberto por el otro lado estaba en su cocina, llenando dos vasos de jugo. Comenzó a recordar en sus años anteriores cuando trataba con mujeres de la edad de Michelle. Rió para si mismo al darse cuenta que algunas cosas nunca cambiaban ¿Acaso esa pendeja le estaba adjudicando la responsabilidad porque ella misma no se cuidaba? ¿Qué culpa tenía el si ella no media las consecuencias y no tomaba responsabilidad por sus acciones? Al final pensó, no le iba a dar una clase de moral y responsabilidad personal pero tal vez pudiera sacarle provecho al asunto. Tomo los dos vasos y se dirigió al living donde Michelle lo esperaba sentada en el borde del sillón, con una mirada perdida.

Coloco los dos vasos en la mesita que había entre ellos y tomo asiento en otro sillón al frente de ella, luego tomo su vaso y hablo.

—Bueno Michelle contame bien cual es el problema.

—No quiero quedar embarazada Alberto y ayer no usamos protección.

— ¿Pero acaso vos nunca te cuidas? Una joven como vos no puede andar por la vida en estas situaciones, tendrías que haber sabido de antes.

— ¡Si ya se Alberto! Yo no soy así, no sabía que iba a terminar como lo hicimos ayer.

—Pero aun así lo hiciste, una jovencita como vos tiene que saber cuándo parar, tiene que ser responsable.

— ¡Pero es tu culpa también! —Michelle se detuvo y respiro hondo, se estaba alterando mucho, lo último que podía hacer era pelearse con él, continuo en voz baja—. Vos no usaste un preservativo…

—Ahh así que yo también soy responsable entonces eh…

—Si…

Alberto giro su cabeza de lado a lado de forma desaprobatoria, como mostrando que no estaba en lo absoluto de acuerdo con lo que le decía Michelle. El hombre se puso de pie.

— Esto tiene que ser una lección para vos Michelle, cuando uno crece tiene que hacerse responsable de sus acciones.

—Alberto… —Michelle no podía creer lo que estaba pasando. Él por su parte camino hasta quedar al lado del sillón de ella, como invitándola a que se ponga de pie para salir.

—Es parte de la vida vecina, lo vas a entender.

Ella seguía sentada en el sillón con una mirada incrédula ¿De verdad no la iba a ayudar?

— Alberto no me podes dejar así por favor —Rogo Michelle.

— ¿Y cómo pretendes solucionar esto? Contame.

—Hay una forma, comprando la pastilla del día después.

—Ahh si la famosa pastilla ¿Y porque no la compras entonces?

Alberto estaba en la gloria, ella era tan linda cuando estaba así, bueno, en cualquier estado era hermosa. Estaba disfrutando tutearla, quería ver que provecho podía sacar de la situación, por ahora la cosa venia bien, aunque nada era seguro. Aguardo la respuesta de su vecina.

—Es que no puedo comprarla, sale muy cara… Cuesta un poquito mas de 70 dólares.

— ¡Más de 70 dólares! Es un montón de dinero eso y más aun por como están las cosas en el país —La verdad que para Alberto no era nada, tenía mucho dinero, de todas formas siguió actuando.

—Si ya se Alberto, pero estaba pensando que si podías ayudarme a comprar esa pastilla.

—Ay vecina en que problema te metiste.

Michelle subió su mirada y lo miro a los ojos. ¿En serio le estaba echando la culpa a ella como si él no hubiera hecho nada?

—Bueno querida la verdad que es un problema. Yo también tengo mis problemas y no espero que los demás me los solucionen. A no ser que…

Michelle lo miro extrañada ¿A dónde quería ir este hombre?

—A no ser que… Me ayudes con un problema que tengo —Instantáneamente una familiar sonrisa horrible se dibujo en la cara de Alberto.

Michelle noto como su vecino comenzó a mover su gruesa mano por el área de su entrepierna. Al bajar la mirada noto como el mismo se estaba frotando el contorno de una importante erección la cual estaba contenida de costado en el short de pijama.

La joven enseguida volvió su mirada a los ojos de Alberto, estaba sin palabras. Sabía muy bien a donde conducía todo esto.

—Alberto no me hagas esto…

El por su parte se acerco y se posiciono frente a ella, dejando su entrepierna a la altura de su cara, acto seguido se bajo el short y calzoncillos, liberando su enorme falo que quedo a escasa distancia de la cara de la joven que todavía permanecía shockeada sentada en el borde del sillón.

—Si te ocupas de este problemita yo te ayudo a solucionar el tuyo, querida.

Michelle sintió que no tenia otra opción ¿Qué más podía hacer? Miro el miembro de ese hombre y observo lo grande, grueso y veneso que era. Al mirar con mas atención noto que había una gota de liquido pre-seminal en la punta, después noto el fuerte aroma que el mismo expedía. ¿Tenía que chupar eso?

Volvió su mirada nuevamente a la cara de su vecino. Esa sonrisa que tenia, le resultaba familiar, como si ya la hubiera visto en otro lado.

—Agarrala con tu manito querida y dale un poco de amor.

Sin mas remedio la joven accedió y comenzó a masturbar lentamente a su vecino. Michelle sintió como sus emociones se iban despejando, dándole lugar a un creciente sentimiento de profundo odio hacia aquel hombre.

—Ahhhg si seguí así pendeja que lo haces bien.

Al mirar abajo Alberto reparo en la carita de su vecina, tenía una expresión muy pero muy seria. “Ay esta enojada la pendejita jeje, nada que no se cure con un poco de verga” pensó con orgullo para si mismo el hombre. La verdad que estaba disfrutando del poder que tenia sobre ella.

—Abrí tu boquita mi michelita.

Michelle trago saliva, de verdad no quería hacerlo pero no tenia otra opción, comenzó a dudar. Sintió como Alberto acariciaba su cara con una de sus manos, pasando el pulgar por su cachete hasta llegar a los labios, donde le dijo:

—Abrí.

Accedió y apenas aflojo sus labios sintió el dedo pulgar colándose en su boca, explorando el interior y tocando su lengua. Segundos después retiro su dedo para arrastrar la mano a la parte posterior de la cabeza de la joven, entrelazando sus dedos con el lacio cabello de ella.

Acto seguido guio el glande hasta la entrada de la boca donde froto la cabeza de su falo en lo tiernos labios de Michelle. Después haciendo un poco de presión se fue adentrando interior.

Michelle intento detener el avance poniendo una mano el pelvis de su vecino pero la presión de la mano que tenia detrás de su cabeza era mas fuerte. Se estaba produciendo cierto forcejeo, sin dudas Michelle no quería nada de lo que le estaban haciendo y no estaba colaborando. Alberto hizo aun mas presión lo que provoco que se resuma el avance, que solo se detuvo cuando se escucho un tosido de Michelle provocado por el reflejo de la garganta.

Alberto retiro su verga y tiro del cabello de la joven hacia atrás haciendo que la misma quedara mirando hacia arriba, las dos caras se encontraron. Al hombre le estaba empezando a cansar la actitud poco cooperativa de su vecina y se lo iba a hacer saber.

—Mira pendejita si queres que te compre la pastillita de mierda vas a tener que chuparme bien la verga ¿Ok? Así que portate bien.

Acto seguido la soltó del pelo y dejo que ella tomara la iniciativa, lo cual hizo. Resignada Michelle guio con su mano el falo y lo llevo hasta su boca lo mas profundo que pudo, luego comenzó a mover la cabeza hacia delante y atrás.

—Ahhhhhggg bien pendeja bien —Gimió el vecino, luego tomo la manito de ella que estaba sobre su falo y comenzó a moverla, indicándole que hacer—. Así mientras me la chupas usa tu manito para pajear esta verga, aaahhhgg siiiii así.

Para Michelle era humillante, estaba haciendo todo lo que él le instruía. Había tenido un poco de experiencia con su ex novio pero esto era diferente, el pene era mucho mas grande y la situación en la que se encontraba no era de su agrado.

—Mirame a los ojos Michelle —La joven obedeció—. Si así, que linda que sos Dios mío, quien diría que un día iba a tener tu carita frente a mí con una buena verga en la boca.

Alberto comenzó a acariciar la cara de la joven, tocando sus agraciadas facciones. Con delicadeza la acariciaba y peinaba su pelo poniéndolo detrás de su oreja. Había un contraste tan grande entre ese delicado gesto comparado con lo que estaba haciendo de forma brusca con el mete y saca de su miembro en la boca de la joven. Luego de un par de minutos retiro su verga de la boca.

—Usa tu lenguita ahora dale una buena lamida.

Michelle no tenia mas opción, tomo el falo de la punta y lo puso vertical, luego se acerco y con su legua afuera, lentamente recorrió desde la base hasta la punta de la verga con su lengua.

— ¡Ahhhg siii!

Ese gesto tan erótico hizo que Alberto se revigorizara, tomo su verga, agarro Michelle por detrás de la cabeza y comenzó a restregarle su miembro por toda su cara, embadurnándola de saliva y sus propios fluidos.

Michelle cerró los ojos, su vecino se estaba poniendo cada vez mas brusco, empezó a temer de que la situación escalara demasiado. Sintió como la mano de su vecino junto parte de su pelo en una coleta y enseguida sintió la brusca irrupción del falo en su boca.

La escena era chocante. ¿Qué hacia un hombre de 70 años forzando su verga en la delicada boca de una joven que tenia menos de un tercio de su edad? A Michelle no lo quedo otra opción que aguantar el asalto, intento frenarlo un poco poniendo una mano en la cadera de él pero el mete y saca y el deseo sexual de Alberto eran muchos mas fuertes. En cuestión de un minuto saliva y otros fluidos comenzaron a dejar la boca de Michelle por la comisura de sus labios. A esa altura la joven solo se concentraba en recibir como podía la verga de Alberto el cual la tenia totalmente dominada.

Alberto no pudo contenerse mas, cogerse la boca de esa hermosa fémina era algo increíblemente morboso e intoxicante. Que un viejo como él lo estuviera haciendo a través de un chantaje lo hacia aun mas excitante. Sabia que no iba a aguantar mucho mas y luego de cuatro minutos disfrutando de la boca de Michelle retiro su miembro de su boquita y comenzó a sacudírsela.

— ¡Toma Michelle, toma!

Gruño fuertemente, dándole paso a cinco potentes descargas las cuales se encargo de desperdigar en toda la cara de la joven.

Michelle recibió humillada la descarga de Alberto, ni siquiera pudo correr su cara porque el hombre la tenia agarrada de los pelos. No solo le choco la sensación de recibir el semen caliente en su cara sino que lo que más hizo mella en ella era la perdida de los últimos vestigios de dignidad que le quedaban frente a aquel hombre.

—Ahhhh... — Suspiro Alberto, los efectos del orgasmo iban disminuyendo gradualmente dándole paso a una sensación de bienestar general —. Que bueno que estuvo eso.

Guio su verga nuevamente a la boca de la joven para sentir su interior una vez más. Su falo estaba perdiendo cada vez mas rigidez, en realidad lo que quería era que su vecina le succionara algún remanente de semen que podía haber quedado en la uretra.

—Chupa un poco mi michelita, limpia esa verga para tu vecino.

Odiaba el hecho de que en ocasiones la llamara “mi michelita”, eso asumía que ella le perteneciera a él lo cual claramente Michelle aborrecía y rechazaba totalmente. Se contuvo esa rabia y comenzó a succionar el ahora flácido miembro de Alberto, sin darse cuenta mientras chupaba trago remanentes de semen que aun quedaban en el pene del viejo, lo cual la sorprendió y asqueo.

—Bien pendejita me encanta cuando te portas bien jeje.

Acto seguido se separo de Michelle y se enfilo hacia la cocina a buscar su billetera, miro para atrás y le dijo:

—Por el corredor a la derecha esta el baño por si te queres limpiar mi michelita, yo voy a buscar el dinero.

Obvio que se quería limpiar pensó Michelle ¿Qué se creía ese viejo? No solo su cara estaba toda sucia sino que también parte de su pelo y al mirar abajo, se dio cuenta de que su camiseta también estaba manchada. Cuando entro al baño y se miro al espejo se sintió derrotada, no imagino que su confrontación con Alberto se fuera a desarrollar de esa manera, dejándola tan humillada y en ese estado.

Se limpio el semen como pudo y volvió al living donde su vecino la esperaba sentado en su sillón esbozando una sonrisa. Él extendió su mano y le alcanzo dos billetes verdes.

—Acá tenés el dinero querida ¿No me vas a decir que fue algo diferente?

Michelle ni siquiera le contesto, agarro el dinero y chequeo la cantidad, eran dos billetes de 100 dólares, era más de lo que necesitaba, pero se lo iba a quedar igual.

— ¿Hey no me vas a decir gracias? Hay un regalito de parte mía ahí —Pregunto gracioso.

Ella lo fulmino con una mirada seria y cargada de odio. Alberto era sin dudas un hombre perverso y lo odiaba profundamente. Michelle noto como la cara de Alberto perdió ese ánimo jovial y se comenzaba a volver mas reservado, era como si su vecino se diera cuenta de lo que ella sentía hacia él.

Hasta que repentinamente Alberto rompió en una sonora carcajada.

— ¿Ay esta mala la nena? —Dijo con voz burlona.

Michelle apretó sus puños y giro sobre sus talones para dirigirse a la puerta mientras escuchaba la risa de su vecino detrás de ella. Cuando estaba abriendo la puerta para salir de la casa escucho a Alberto decir un último comentario.

—Siempre que necesites algo podes venir a mí, querida vecina ¡Jaja!

El sonido de sus carcajadas fueron silenciados una vez Michelle cerró la puerta detrás de ella, no quería volver a ver nunca más a ese viejo manipulador.

Lo detestaba ¿Qué insinuaba con esa última afirmación? ¿Qué podía tener sexo con él para obtener dinero? Lo odiaba, lo odiaba por como se aprovecho de su desesperada situación, lo odiaba porque él no la respetaba en lo mas mínimo y la humillaba, lo odiaba por haber hecho posible toda esa situación.

Pero mientras Michelle caminó el corto sendero hacia su casa cayó en la realización que no solo odiaba a Alberto por todo lo sucedido. No, él no era el único responsable en toda esa situación, ella también tenía la culpa.

Se odiaba a sí misma, por como su ingenuidad y falta de limites personales hicieron que se dejara llevar a ese juego, por como sus fantasías y actitud sumisa la condujeron por ese sendero y por último y más importante se odiaba por una simple razón, sus emociones. Y es que a pesar de haber vivido dos reprobables episodios su cuerpo le decía una cosa, estaba excitada.

5 días después.

La vida iba de a poco volviendo a la normalidad para Michelle, de a poco iba aceptando los términos de sus acciones y todas las emociones que había sentido. La experiencia la estaba ayudando a madurar y la había puesto en un camino de desarrollo personal la cual ella sentía la estaba fortaleciendo. El hecho de que hoy le bajara la regla con un poco de adelanto era señal de que la pastilla había funcionado, sintió que el peso del mundo dejo sus hombros.

Mientras desayunaba con su madre y su hermana comenzó a sentir una renovada sensación de tranquilidad. Se sentía tan feliz de haber podido superar aquel episodio. Todavía se sentía confundida con respecto a algunas emociones conflictivas que experimento durante todos los sórdidos episodios con su vecino pero de a poco iba progresando.

Mientras desayunaba Lucia notaba un cambio de ánimo en su hermana mayor. Había estado comportándose de una forma muy rara en la ultima semana y verla ahora de esa manera, disfrutando su desayuno con una sonrisa hizo se sintiera muy contenta.

Luego de terminar y prepararse las dos hermanas salieron juntas de su casa. Luego de cruzar el patio y al llegar a la vereda se despidieron ya que iban en direcciones opuestas.

Lucia se quedo en el lugar escribiendo un mensaje cuando escucho a la distancia a su vecino saludar a su hermana.

—Buenos días mi michelita.

Lucia al mirar noto como su hermana ni siquiera le contesto, al contrario pareció apurar el paso, le pareció raro dado que días atrás la había visto hablando con él. La otra cosa que le llamo la atención era como la había llamado, “Mi michelita” ¿Por qué? ¿Se tenían confianza? Miro a su vecino y noto como él repasaba con su mirada el cuerpo de su hermana.

Nunca le había inspirado mucha confianza su viejo vecino, era como si siempre estuviera ocultando sus intenciones. Decidió no darle mas vueltas al asunto, debía de ser un viejo verde como cualquier otro, nada nuevo.

Camino al secundario sus pensamientos volvieron a su hermana. Había actuado rara estos últimos seis o siete días. Recordó aquella noche cuando se encontró con ella que había llegado mas tarde de lo habitual, como estaba desarreglada, el olor, su cuello... De repente sintió como todos esos detalles volvían de forma vívida a su memoria. No le había prestado mucha atención en aquel momento y le había restado importancia pero ¿Podría ser que eso estuviera relacionado con el comportamiento de sus últimos días?

Su cabeza era un remolino ¿Y cuando la escucho llorar en el baño? Por Dios pensó Lucia ¿Cómo podía haber dejado pasar todo eso? Es decir su hermana era reservada con su vida personal y había aprendido a dejarle espacio. Pero en este caso podía haber sido que alguien le hubiera hecho algo. ¿Y por qué Michelle no le dijo nada? Miles de preguntas inundaron su mente.

Saco impulsivamente su celular y le envió un mensaje a su hermana, “Estas bien michi?” a los dos minutos recibió una respuesta, “Muy bien y vos hermanita?”.

Lucia le respondió y guardo su celular, se dio cuenta enseguida que iba a ser en vano, no le iba a decir nada por mensajes de texto. Decidió que esa noche iba a hablar con ella, no podía soportar la noción de que le hubiera pasado algo a su hermana mayor y que se lo estuviera ocultando.

Continuará…

  • Valorar relato
  • (18)
  • Compartir en redes