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La nueva vecina

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Por dónde empezar, a ver…

Veinte años, me había independizado de mi familia, primeros pasos de mujer adulta. Trabajaba y estudiaba, no eran muchos mis ingresos, así que a duras penas podía pagar la renta de un modesto departamentito de un ambiente, en un pequeño edificio de tres pisos, un tanto apartado de la ciudad.

El mío estaba en el piso superior, solo se accedía por escaleras, odiaba esas escaleras, subirlas, bajarlas…

Yo vivía sola, estaba lejos de mi familia, de mis amistades, así que solo los vecinos podían transformarse de repente en el mejor aliado, yo vivía en el departamento B, que daba al norte y el A, el opuesto, estaba desocupado, así que ni esa suerte tenía, parecía la princesa atrapada en lo alto de la torre…

Y mi historia sucedió en ese tercer piso, no hace mucho tiempo…

Cada tanto, escuchaba algún movimiento en el departamento contiguo, es que estaba en alquiler y solían hacer visitas para ofrecerlo a los interesados, y yo, típica curiosa, chusmeaba por la mirilla de la puerta a ver que me tocaría en suerte.

Honestamente, cuando la vi por primera vez, no me pareció tener el perfil para mi nueva vecina, solo pude verla de espaldas, mientras esperaba que abrieran la puerta, era muy alta, demasiado, y muy corpulenta, demasiado, una espalda ancha se marcaba bajo un trajecito ajustado, una cola enorme y regordeta bajo una pollera ajustada y fina que llegaba a sus rodillas, pantorrillas preciosas disimuladas por medias de nylon, muy femeninas, para completar, altos y finos tacos negros. Unos cabellos dorados, como de muñeca, envidiables, abultados en rulos caían por su espalda hasta la línea donde comenzaba su trasero, en su mano izquierda movía un humeante cigarro entre dedos inquietos de impecables uñas rojo fuego.

Y como dije, esa mujer a gran escala, se transformó en mi nueva vecina, solo la crucé fugazmente a la distancia en la semana, alguna que otra vez escuché ruidos en su departamento, pero no había tenido oportunidad de presentarme formalmente.

Entonces el sábado temprano preparé un rico pastel, de chocolate y vainilla, mi carta de presentación. Tipo cinco de la tarde, fui a conocerla, a presentarme, llevando la apetecible torta entre mis manos, llegué y di unas suaves pataditas en la puerta, ya que tenía mis manos ocupadas.

Pasaron unos segundos y escuché

-Si?

-Hola! soy Flavia, tu vecina… - respondí a media voz.

-Dame cinco por favor…

Me quedé a la espera, y pasados más de cinco minutos la puerta se abrió un poco, y lo que vi no lo esperaba ver, ese rubio platinado era una simple peluca, el rostro tenía facciones un tanto masculinas, y una cabellera morena a apenas los hombros fue lo que recibieron mis pupilas.

Ella, en verdad era el, una chica trans, y honestamente en ese momento me costó no largar una carcajada, lo contuve con todas mis fuerzas, aunque ella o el, seguro notó mi cara de sorpresa y mi semblante risueño, más al escuchar decir.

-No te preocupes, estoy acostumbrada a esas reacciones… pasa – dijo mientras abría completamente la puerta – puedes llamarme ‘Lulu’

Así fue que me enteré que mi vecina, esa mujer enorme que yo había observado por la mirilla de la puerta, en realidad era o había sido un hombre.

Me contó que no era prostituta, que era lo que yo había imaginado, que sus padres la habían aceptado como era y trabajaba con ellos, en una modesta empresa familiar.

De ese primer encuentro, surgieron varios, y puedo decir que nos hicimos muy buenas amigas…

Ahora un poco de mí, porque mi vida, también tuvo que ver con mi afinidad hacia Lulu.

Siempre fui la típica gordita del grupo, esa chica de rostro de ángel, la que todos quieren tener como amiga, pero nadie como novia, por lo que siempre me sentí un poco como el bicho raro, no es nada lindo sentirse la última opción para un hombre, como las migajas, y siempre tuve un terrible complejo con mi cuerpo.

Hacía un tiempo que luchaba activamente por las minorías de todo aspecto, era de esas chicas activistas, de participar en marchas, y bueno, cuando llegó Lulú como que sus sufrimientos por los problemas de su sexualidad se me hicieron conocidos.

Y la acompañé a varias marchas por el ‘orgullo gay’, y era risueño, en esas marchas se me acercaron algunas chicas, a las que les aclaraba una y otra vez ‘gracias, no soy lesbiana’

También tenía un noviecito, Martín, con el que llevaba una relación de amor y odio, es que yo lo amaba, y él me usaba, el solo venía a mi cuando tenía ganas de coger, y yo en el fondo lo sabía, solo que esperaba tontamente que él se enamorara de mí.

Lulu lo veía, y me lo repetía una y otra vez, y por eso no lo quería a Martín, y Martín tampoco quería a Lulu, para él era solo ‘un sucio puto reprimido’, según sus propias palabras…

Todo se dio un sábado por la noche, había quedado en ir a cenar con mi novio, pero el apareció con una pizza grasienta, había cambiado los planes, yo me había cambiado para él, me sentí ridícula y una pequeña discusión terminó en un terremoto, gritos, llantos, era el fin, estaba sacando toda esa mierda acumulada por tanto tiempo.

Mi vecina, obviamente atraída por los gritos, vino a golpear la puerta con fuerza, y al abrir fuimos tres en la discusión, era la primera vez que veía a Lulu portarse de esa manera, confieso que me asustó, pero el problema con Martín no pasó a mayores solo porque yo me puse al medio, ya no quería más escándalos…

Fue la última vez que vi a mi novio, solo bajó las escaleras lanzando un:

-Chau gorda puta, quédate con la mariquita de tu vecina, hacen una buena pareja…

Me desarmaba en lágrimas, Lulu me tomó por los hombros y dijo

-Vení, no te hagas problemas, vamos a mi casa, no te quedes sola…

Tomé un pañuelo, las llaves y fui a su departamento, necesitaba compañía…

Nos sentamos a la mesa, ella abrió un vino tinto y empezamos a beber, hablamos de nuestras vidas, anécdotas de nuestra niñez, me contó de su transformación de hombre a mujer, sus operaciones, sus amores, poco a poco mis lágrimas se secaron y las risas llegaron, fuimos cómplices en una incipiente borrachera.

Se había hecho tarde y estaba tan necesitada de afecto que le pedí si por esa noche, solo por esa noche podía dormir bajo el mismo techo, ella se rio, me dijo que todo estaba bien, ‘noche de amigas’ dijo…

Pasé al baño mientras ella acomodaba la cama, luego fue su turno, estaba ya con un camisón semitransparente que llegaba a sus tobillos, por el que se dibujaba una tanga negra y a la vez notaba sus grandes pechos ya desnudos, se me hizo muy sexi, solo me quedé raramente embobada…

Dejó la puerta del baño semiabierta y escuché nítidamente como orinaba de pie, claro, recordé que tenía pene… que tonta…

Y fuimos a la pequeña cama, al menos para dos, saqué mi sostén por debajo de la remera ajustada que traía y también mi short, ella por su lado dejó caer ese sexi camisón y por primera vez contemplé su cuerpo casi desnudo, sentí una absurda envidia por la perfección y femineidad de su cuerpo…

Apagó las luces, me sentí ciega en la negrura del cuarto, me acosté de lado, ella se pegó a mí por detrás, fue raro, pero su figura se adhirió a la mía formando una sola, sentí sus enormes pechos en mi espalda, su respiración pausada en mi nuca, me sentí excitada…

-Abrazame amiga…

Le dije susurrando, dejándole notar entre líneas algo más, pero ella solo me rodeó con su brazo libre, busqué algo más, discretamente tomé su mano y la llevé sobre mis pechos, recordé que Lulu aún tenía algo de hombre y empujé con mi culo hacia atrás, buscando sentir ‘eso’…

Ella me dijo pausadamente

-Flavia, no juegues… lo mío son los chicos… pero podemos terminar mal…

Cerré los ojos, solo respondí con mi mano, llevándola entre sus piernas, buscando eso que se escondía bajo la tanga, Lulu comenzó a besar suavemente mi nuca, a acariciar mis cabellos, a mordisquearme la oreja, pasé la mano bajo la tanga y palpé su verga un tanto dormida, pero rápidamente respondió a mi estimulación, se hizo grande, y más grande

-Me estoy mojando…

Le dije para que terminara de calentarse, ella levantó mi remera, su mano entonces acarició directamente mis pechos desnudos y pude sentir la dureza de los suyos refregándose en mi espalda, empujé más con mi culo, ella me giró y me puso boca abajo, terminó por desnudarme y me dijo

-Te voy a dar unos rico masajes, sabes que se dar masajes?

Me dejé llevar, Lulu pareció cabalgarme, la sentí tantear en la oscuridad, percibí que abría un frasco, o un pote, una fragancia exquisita llenó de repente el cuarto, y un tibio aceite llegó a mi espalda, exhalé el aire con fuerza, como vaciando ms pulmones, las yemas de sus dedos y las palmas de sus manos comenzaron a hacer su trabajo, que rico se sentía! mis hombros, mi espalda, mi cintura, su bulto pegado a mi trasero, que rico! solo me inundaba en un mar de placer…

Lulu dejó caer aceite nuevamente, ahora sobre mis grandes nalgas…

Pero los masajes fueron distintos, ahora lo hacía hacia atrás y hacia adelante, pero lo hacía con su dura y hermosa verga…

Me la pasaba provocativamente entre las nalgas, rozando mi esfínter, pegando con sus bolas en mi conchita que a esa altura estaba empapada,

Sus manos apretaban mi espalda, levanté mi culo buscando que me penetrara pero no lo hacía, solo jugaba… al fin le dije

-Cogeme Lulu… cogeme…

Ella se inclinó entonces, sus tetas se pegaron nuevamente a mi espalda, se sintieron tan ricas… al fin se introdujo por completo en mi sexo húmedo… empezó a moverse, era todo tan rico…

Cambiamos de posición muchas veces, fue una experiencia única, diferente, era como tener sexo lésbico, acariciar sus curvas de mujer, sus glúteos prominentes, deslizar mis dedos por sus femeninas piernas, tener en mi boca sus grandes tetas, acariciar mis pezones contra los suyos, sentirla mujer en cada poro de su piel… solo que… tenía una hermosa verga, y sabía usarla muy bien…

Me arrancó innumerables orgasmos, me cogió mucho mejor de lo que mi novio me había cogido, ya solo quería que me acabara… pero ella aguantó todo lo necesario para colmarme, para hacerme sentir plena, y solo en ese momento me dijo

-Ahora quiero que vos me hagas mujer…

Entendí que era hora de devolverle parte del placer, y me sedujo la idea, hacer lo que ella quisiera, como ella quisiera…

Encendió la luz, alcanzó a su mesa de luz, sacó un enorme consolador y lo untó con lubricante, se acostó, levantó sus piernas y no necesitamos palabras…

Empecé a jugar en su culito, poquito a poquito, empujando con miedo a lastimarla, pero mi vecina tenía el esfínter bien estiradito y en segundos el grueso juguete se perdía en su interior, ella empezó a masturbarse, su pija estaba dura y gruesa, absolutamente depilada, se veía enorme y me encantaba…

Ella empezó a gemir, tomó mi mano con la suya he hizo fuerza para que entrara casi todo el vibrador, el enorme vibrador, ella seguía buscando el final, empecé a lamerle las bolas, tan hermosas, apetecibles…

Observaba de reojo la punta de su verga, la sentí llegar, empujé más hasta casi metérselo por completo, se retorció, era el momento, solté presurosa sus bolas y metí su glande en mi boca, empezó a acabar, más y más… solo llené mi boca con su semen sin tragar una gota…

Se quedó mirándome, mientras yo jugaba con su leche tibia, de lado a lado, de cachete a cachete… fui sobre ella, lo dejé caer sobre sus tetas para volver a chupárselas, una y otra vez, tan rico, tan sexi… para terminar, estampamos un enorme y eterno beso compartiendo los jugos de su sexo…

Nos despertamos a la mañana siguiente, y nos adivinamos los mismos pensamientos… había sido todo demasiado raro… ambas queríamos varones para nuestras vidas, pero como ella había terminado con una mujer? y como yo había terminado con una chica trans?

No encontramos respuestas, solo sucedió…

Hoy solo seguimos siendo buenas vecinas y mejores amigas… solo eso… ambas solas en la vida buscando nuestro destino…

Si eres mayor de edad puedes escribirme a con título “La nueva vecina” a [email protected]

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