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Adelita, su padre y su amiga

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Viendo como Adelita gemía y temblaba y sintiendo la lengua de Gerardo en su ojete, Marta, casi se corre, pero al no correrse al mismo tiempo que su amiga, quiso saber que se sentía al ser penetrada analmente

Sábado, 30 de junio de 2018 - 11 de la noche - En un pueblo de Galicia.

Adelita estaba desnuda sobre la cama con una mano en la nuca de su amiga Marta, (también desnuda y con la cabeza entre sus piernas) y la otra agarrando con fuerza una de sus preciosas y enormes tetas. Sus ojos estaban cerrados y de su boca abierta salían gemidos de pre-orgasmo. Moviendo su pelvis de abajo arriba, de arriba abajo y alrededor, le dijo a su amiga:

-Me voy a correr, Marta, me voy a correr.

Adelita, aceleró los movimientos de pelvis y se corrió en la boca de su amiga, jadeando como una perrita.

Al acabar se echaron boca arriba en la cama.

Adelita tenía 18 años y era mulata. Su cabello era negro azabache, rizado y largo. Medía 1 metro 75, pesaba 90 kilos, y sus medidas eran: 112, 90, 124. Su amiga Marta, tenía su misma edad. Era rubia, de ojos azules, y su cabello era cortito. Medía 1.78. Pesaba 58 kilos, y sus medidas eran 86,58, 90. Las dos querían ser modelos, cada una en su categoría.

Gerardo, el padre de Adelita, había escuchado los jadeos. En bata de casa fue a la habitación de su hija, y en el umbral de la puerta, le preguntó:

-¿Estás bien?

Adelita, para disimular, comenzó a gemir, y gimiendo le respondió:

-Estoy gorda como una vaca.

-Estás como una flor.

Adelita y Marta se sentaron en el borde de la cama.

-Como una flor marchita.

-No, hija, eres muy, pero que muy, muy guapa.

-No soy guapa, soy gorda, y las gordas no son guapas. ¡Cómo voy a ser modelo!

Marta, entró en el juego.

-No digas tonterías, eres preciosa.

Gerardo, que era un hombre de 1.82 de estatura, de 42 años, moreno y fuerte, fue al lado de su hija, que lo cogió de la mano para que se sentase en medio de ella y de Marta. Gerardo le apartó el cabello de la cara, le puso un dedo en el mentón, le levantó la cabeza, le recorrió la cara con las yemas de sus dedos, y mirándola con sus ojos de ciego, le dijo:

-Tiene razón tu amiga. Eres la flor más bonita de toda Cuba. Cada día te encuentro más guapa y con la piel más fina.

-Soy un cardo.

Gerardo, le acarició el cabello con una mano, y besó a su hija en la mejilla.

-Eres una rosa.

Adelita le dio un pico en los labios a su padre, que le dijo:

-Eres la cosita más dulce que hay sobre la tierra, Bernarda.

Bernarda, era la madre de Adelita, una cubana que los abandonara tres meses atrás, y al hacerlo, a Gerardo se le fuera la olla.

Marta, le dio otro pico. Gerardo, sonriendo, les dijo:

-¡Ay qué traviesas!

Adelita le llevó una mano a una de sus tetas y Marta a una de las suyas. Gerardo, magreando las tetas, les dijo:

-¡Estáis desnudas! Ya me parecía a mí que aquí olía mucho a chochito. ¿Estuvisteis jugando?

Adelita le preguntó:

-¿Te molestaría si lo hubiésemos hecho?

-En absoluto.

Marta, que fuera a la casa con la idea de follar con Adelita y con Gerardo, le dijo:

-Bernarda se acaba de correr en mi boca ¿Quieres correrte tú también?

-No, no vaya a ser que se marche otra vez.

Adelita recordó el día que había llegado de pasear y su padre la abrazara confundiéndola con su madre. Le diera un beso con lengua casi interminable. Se quedara de piedra. Supo que se le había ido la olla. Al principio le dio pena, pero cuando sintió su verga empalmada cerca de su virginal chochito, se puso tan cachonda que se dejó hacer. Recordaba cómo le quitara la blusa y el sujetador y le devorara las tetas, como de pie le quitara las bragas, le comiera el chochito y se corriera en la boca de su padre. Como la llevara a su dormitorio, como la desvirgara e hiciera que se corriera tres veces más. Adelita, le dijo su padre:

-No me volveré a ir, cariño. Deja que Marta te la mame.

Marta se arrodilló delante de Gerardo, le quitó el calzoncillo y sacó su verga, larga, gorda y flácida. Adelita, le quitó la bata y luego hizo que se echara hacia atrás, le besó, lamió y chupó las tetillas y después le metió la lengua en la boca, Gerardo se la chupó, después ella se la chupó a Gerardo. Se fueron saboreando mutuamente mientras Marta le acariciaba, lamía y chupaba las pelotas. Masturbaba con su mano derecha la verga, le lamía y mamaba la cabeza...

Adelita, pasado un tiempo, fue a la cocina y volvió con un spray de nata, mermelada de fresa, fresas y mantequilla.

-¿Quién quiere que la coman todita?

Sacando la verga de la boca, de la que cayó cantidad de saliva mezclada con aguadilla, exclamó Marta:

-¡Yo!

Marta se echó boca arriba en la cama. Adelita puso todo encima de la mesita de noche, y le preguntó a su padre:

-¿Vas a comer todo lo que le ponga a Marta en la boca, en las tetas, en el ombligo y en el chochito?

-Voy, pero deja que vea como es. A ti ya te conozco, a ella, no.

Gerardo, a tientas, supo dónde estaba Marta, se arrodilló entre sus piernas con la verga tiesa, y con las yemas de sus dedos le hizo un reconocimiento facial.

-Eres hermosísima!

Luego sus manos recorrieron el cuello de Marta. Sus hombros, sus tetas y sus pezones, su cintura y sus caderas, sus piernas, los dedos y las plantas de sus pies. Volvió recorriendo el interior de sus muslos, tocó su chochito empapado, le metió un dedo, -Marta soltó un sensual gemido- lo llevó a la boca, probó el jugo, y le dijo:

-¡Eres la perfección hecha mujer!

Adelita, se celó.

-¿Y yo que soy? ¿Una vaca burra?

-Tú eres una diosa de ébano.

Mientras Gerardo se masturbaba para que no se le bajase la verga, Adelita le puso una fresa en la boca a Marta. La comieron juntas y se besaron. Rodeaba Marta con sus brazos el cuello de Adelita, cuando le dijo Gerardo:

-¿No habías dicho que iba a ser yo el que comiera?

Adelita le puso una fresa en la boca a Marta. Partió otra a la mitad y le clavó una mitad en cada uno de los pezones erectos. Partió una segunda fresa, comió la mitad y la otra se la puso en el ombligo. Le echó mermelada en el chochito, y le dijo a su padre:

-Toda tuya.

Gerardo, tomando la cara de Marta con sus manos, comió la fresa que tenía entre sus dientes y después le comió la boca, -al dejar de besarla él, la besó Adelita- comió las mitades de fresa clavadas en sus pezones y le comió tetas y pezones. -al dejar de comerlas, Adelita, se las magreó- Comió la mitad de la fresa del ombligo, se lo lamió y besó. Fue a por el chochito untado en mermelada de fresa. Al comenzar a lamer ya Marta besaba a Alicia con lujuria y se deshacía en gemidos. Al rato, a punto de desbordar, y con una mano en la cabeza de Gerardo, le dijo:

-¡Sigue, sigue, sigue, sigue, no pares, no pares, no pares, no pares! ¡¡No pares que me corro!! ¡¡¡Me corro!!!

Gerardo, mientras Marta movía el culo alrededor y se sacudía, mantuvo la lengua dentro de la vagina y sobre su clítoris. Al acabar le lamió el chochito, y le dijo:

-Impagables estas aguas tan frescas!

Adelita estaba como una moto. Se echó boca arriba, y le dijo a Marta:

-Échame nata donde tú sabes.

Marta, con el spray, le echó nata, y para que Gerardo se enterase donde tenía que lamer, lo iba diciendo en voz alto:

-Labios... cuello... por ambos lados... tetitas... vientre... ombligo... y chochito.

Al acabar de pringarla de nata, Gerardo, a tientas, fue y le quito a lametazos la nata de encima a su hija... En el chochito se paró un rato. La puso como una loba en celo. Adelita, le cogió la cabeza con las dos manos, se la apartó del chochito, y le dijo:

-Échate boca arriba, Gerardo.

Después de echarse boca arriba, Adelita, cogió un condón en la mesita de noche y se lo puso en la verga. Subió encima de su padre. Le puso el culo en la boca y Gerardo le folló el ojete con la lengua. Al rato, Adelita, se puso en posición, acercó con su mano la verga a ojete, que ya se abría y se cerraba, y se la metió hasta el fondo del culo, pues si la mete en el chochito ya se corre, Marta, le preguntó:

-¡¿Te gusta por el culo, Adelita?!

-Sí. ¿A ti no?

-Nunca me la metieron. ¿Da gusto?

-Después, si quieres...

-Quiero.

Gerardo, le dijo a Marta:

-Ponme el culo en la boca que te lo voy preparando.

Le puso el culo en la boca y Gerardo se lo comenzó a trabajar.

Adelita, besaba a Marta, le comía las tetas y se las magreaba. Marta, le hacía lo mismo a Adelita y además se frotaba el clítoris con los dedos. Algo más tarde, Marta, viendo que a Adelita se le iban cerrando los ojos, le preguntó:

-¿Te vas a correr?

-Siiii.

-¡Que envidia!

Marta se metió dos dedos en el coño empapado.

-Corrámonos juntas. Espera por mí.

-¡No puedo esperar, Marta, no puedo esperar! ¡¡¡Me corro!!!

Viendo como Adelita gemía y temblaba y sintiendo la lengua de Gerardo en su ojete, Marta, casi se corre, pero al no correrse al mismo tiempo que su amiga, quiso saber que se sentía al ser penetrada analmente.

Al quitarse Adelita de encima de su padre. Marta ya iba lanzada a meter la verga en el culo engrasado de saliva. Adelita, la detuvo.

-Espera, no seas impaciente. Ponte a cuatro patas.

Marta se puso a cuatro patas. Adelita untó tres dedos con mantequilla y le folló el culo con ellos. Después le untó el condón de mantequilla a su padre... Marta subió encima de Gerardo. Adelita le puso la verga en el ojete. Marta empujó y lo fue metiendo poquito a poco. Una vez dentro, le dijo Marta a Adelita:

-Creo que me puedo correr así.

No se correría así. A los quince minutos, más o menos, quitó la verga del culo. Le quitó el condón a la verga. Se la metió en el chochito y minutos más tarde, al sentir la leche calentita de Gerardo dentro de ella, se corrió, diciendo:

-Que corrida. ¡Qué corrida! ¡¡Qué corrida!! ¡¡¡Que cooorriiida!!!

Marta, tuvo un orgasmo tan fuerte, que de su chochito salieron a presión chorros de jugo, mientras temblaba como sacudida por una corriente eléctrica.

Domingo 1 de julio de 2018 - 9 de la mañana.

Gerardo estaba arrodillado en el confesionario de la iglesia, y el cura, un cincuentón, le decía:

-¡¿Otra vez, Gerardo?! No vuelvas a confesarte si te sigues acostando con tu hija...

-Está vez fue con mi hija y con Marta, la hija del farmacéutico. Soy un pobre ciego que esta tarde va a volver a pecar...

-Lo que eres es un hijo puta. O compartes o se lo cuento al padre de Marta.

-¡¿Y qué pasa con el secreto de confesión?!

-¡Pasa que me lo paso por el forro de los cojones! Mira, ahí viene el farmacéutico.

-Vale, comparto, comparto.

Se agradecen los comentarios buenos y malos.

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